Las últimas veinticuatro horas condensaron con una intensidad inusual las contradicciones estructurales que atraviesa el proceso de transformación económica e institucional argentino. La sesión de Diputados por la reforma laboral, el paro general de la CGT, el cierre de Fate, la negociación parlamentaria en tiempo real y la ausencia presidencial en Washington configuraron un cuadro de alta complejidad analítica que merece una evaluación técnica rigurosa, alejada tanto de la narrativa oficialista del “triunfo histórico” como del relato opositor del “ajuste antipopular”.
Lo que ocurrió en Argentina este miércoles y jueves es más matizado, más instructivo y, en varios aspectos, más preocupante que cualquiera de esas dos lecturas simplificadas.
El Ejecutivo: fortaleza legislativa con déficit de consistencia técnica
La capacidad del oficialismo para sostener una agenda legislativa ambiciosa en un Congreso donde no tiene mayoría propia constituye, objetivamente, un activo político de primer orden. Conseguir la media sanción de la reforma laboral en el Senado con 42 votos, y encaminar su aprobación en Diputados pese a un paro general que paraliza el transporte, es un logro de gestión parlamentaria que ningún análisis serio puede minimizar.
Sin embargo, el proceso exhibe una fisura técnica que los mercados deberían ponderar con mayor atención de la que le están asignando. El artículo 44 sobre licencias médicas no fue una concesión estratégica negociada con los aliados: fue un error de elaboración legislativa que nadie en el Ejecutivo reivindica como propio, cuya autoría permanece en el anonimato y cuya corrección demandó dos instancias públicas de marcha atrás en menos de setenta y dos horas. La diferencia entre ambas categorías es analíticamente relevante: una concesión estratégica revela habilidad negociadora; un error no forzado revela debilidades en el proceso de construcción legislativa.
Esa distinción importa porque la agenda reformista que el Gobierno proyecta para 2026 incluye iniciativas de mayor complejidad técnica y sensibilidad distributiva: la reforma tributaria con modificaciones al esquema de Ganancias e implementación de IVA dividido, el tratado comercial con Estados Unidos, el acuerdo Mercosur-Unión Europea y, en perspectiva de mediano plazo, la inevitable discusión previsional.
Si el patrón de elaboración legislativa deficiente se replica en esas materias, el costo político de cada concesión se acumula de manera no lineal, erosionando la credibilidad del programa antes de que sus efectos estructurales positivos sean verificables empíricamente.
El problema de las reservas: la variable que el optimismo oficial no resuelve
Debajo del clima de relativa estabilidad cambiaria que los analistas privados proyectan hasta la cosecha gruesa existe una vulnerabilidad macroeconómica que ninguna narrativa de éxito puede neutralizar: las reservas netas del Banco Central cerraron 2025 con reservas negativas en US$ 14.100 millones, frente a una meta revisada de US$ 1.000 millones. El desvío supera los US$ 13.000 millones incluso después de que el FMI había flexibilizado el objetivo original en US$ 6.500 millones.
El Gobierno enfrenta en 2026 vencimientos de deuda cercanos a los US$ 19.000 millones. La estrategia de cubrir esas obligaciones mediante la emisión de deuda corporativa privada, préstamos en moneda extranjera y los flujos de la cosecha constituye un puente financiero que los analistas de LCG e IEB describen como sostenible hasta el segundo trimestre.
La pregunta que esa proyección no responde es qué ocurre si alguna de las variables que sostienen el puente se deteriora antes de que la cosecha aporte sus divisas: una corrección del precio internacional de la soja, una turbulencia en los mercados globales asociada a la política arancelaria de la administración Trump, o simplemente una reversión de la demanda de carry trade ante señales de inflación por encima de las expectativas.
La inflación de enero en 2,9%, superior al consenso del mercado, y la proyección de números similares para febrero y marzo introducen un elemento de fragilidad en el esquema monetario que el equipo de Caputo todavía no ha traducido en una respuesta de política comunicada con claridad suficiente.

El cierre de Fate: síntoma de una desindustrialización que el relato oficial no procesa
El anuncio del cese productivo de Fate en Virreyes, con 900 empleos directos eliminados, no puede ser evaluado exclusivamente desde la teoría de la conspiración que el Presidente insinuó en sus redes sociales. Independientemente del timing del anuncio y de las motivaciones empresariales de la familia Madanes Quintanilla, el dato estructural que el caso expone es de una gravedad que excede cualquier disputa de narrativa política.
La industria manufacturera argentina opera al 53,8% de su capacidad instalada en promedio. El sector automotriz, en apenas el 31%. Esas cifras no son consecuencia de la gestión Milei en su totalidad: acumulan décadas de distorsiones de política industrial, costos laborales no competitivos, presión impositiva estructural y acceso diferencial a financiamiento. Sin embargo, la apertura acelerada a importaciones de origen chino y brasileño, implementada como parte del programa de desregulación, introduce una presión competitiva adicional sobre sectores que no tuvieron tiempo ni instrumentos para reconvertirse.
El Gobierno tiene razón al señalar que la competencia importada beneficia a los consumidores mediante precios más bajos. El análisis es incompleto si no incorpora simultáneamente el costo de destrucción de empleo industrial en un contexto donde la creación de nuevos puestos formales en sectores alternativos no ocurre a la velocidad necesaria para absorber los desplazados. Con 53,8% de utilización de capacidad instalada, el argumento de que la reforma laboral generará nuevas contrataciones requiere condiciones de demanda interna que los propios datos del sector industrial contradicen en este momento.
La CGT y los gremios: recuperación táctica sin estrategia de largo plazo
La central sindical exhibió en las últimas 48 horas una recuperación de protagonismo político que sus propias debilidades previas hacían difícil de anticipar. Tres paros con adhesión discreta, críticas internas de complicidad negociadora y una imagen pública erosionada cedieron lugar, en el lapso de una semana, a una medida de fuerza con transporte garantizado y convergencia con cámaras empresariales que objetan aspectos específicos del proyecto oficial.
La evaluación crítica de esa recuperación obliga a distinguir entre fortaleza táctica y consistencia estratégica. La CGT logró capitalizar los errores del Gobierno con eficacia política indudable. Pero la alianza con la CAME, la Cámara de Comercio y la Asociación de la Industria Metalúrgica no refleja una plataforma programática coherente: refleja una convergencia de objeciones parciales que podría disolverse una vez que el proyecto sea aprobado y las negociaciones sectoriales retomen su curso normal.

La central no presentó durante este proceso un modelo alternativo de relaciones laborales que responda a las transformaciones tecnológicas reales del mercado de trabajo: respondió reactivamente a las propuestas del Gobierno sin ofrecer una visión propia de cómo debería organizarse el empleo en una economía que enfrenta automatización, plataformas digitales e informalidad estructural.
La oposición política: capacidad de obstaculización sin propuesta de gobierno
El kirchnerismo y los bloques peronistas lograron en este episodio lo que mejor hacen en la oposición: generar fricción, extraer concesiones y debilitar la coherencia del programa oficial. Su contribución al debate sobre las licencias médicas fue legítima en términos sustantivos: el artículo 44 era técnicamente defectuoso y políticamente indefendible. Pero la oposición que objeta ese artículo no presentó ninguna propuesta alternativa sobre cómo modernizar un marco laboral que todos los actores económicos, incluyendo las propias cámaras empresariales, reconocen como anacrónico en aspectos relevantes.
El gobernador Axel Kicillof avanza en su construcción política con una ambigüedad programática que le permite criticar la reforma sin comprometerse con ninguna alternativa concreta. Esa estrategia es electoralmente funcional en el corto plazo pero genera un vacío de representación en el mediano: los trabajadores del sector formal que enfrentan transformaciones reales en sus condiciones laborales no encuentran en la oposición mayoritaria una propuesta que los interpele con seriedad técnica.
Un modelo bajo stress de credibilidad
El balance de las últimas veinticuatro horas sugiere que el programa económico del Gobierno de Milei enfrenta un desafío que no es de naturaleza política sino de consistencia interna. La estabilidad cambiaria es real pero frágil. El ajuste fiscal es genuino pero no resuelve la brecha de reservas. La agenda reformista es ambiciosa pero su elaboración técnica exhibe vulnerabilidades que los mercados aún no están penalizando, en parte porque la alternativa política no genera mayor confianza.
Argentina transita en este momento una ventana de oportunidad que sus propios actores parecen no terminar de dimensionar.
- La combinación de estabilización macroeconómica, acceso renovado a mercados de deuda internacionales, y un ciclo de commodities relativamente favorable configura condiciones que el país no tuvo disponibles de manera simultánea en muchos años.
Desperdiciar esa ventana por deficiencias en la elaboración legislativa, inconsistencias comunicacionales o subestimación de los costos distributivos del proceso de apertura sería un error cuyas consecuencias políticas se manifestarían mucho antes de que los beneficios estructurales del programa sean perceptibles para el ciudadano promedio.
Eso, en última instancia, es el riesgo que ningún análisis optimista sobre Argentina puede permitirse ignorar en este momento.
