Hay historias que empiezan mucho antes de llegar a la cancha. Historias que se construyen con los años, con la vida compartida, con la familia… y también con una pasión que se transmite sin darse cuenta. Porque hay amores que crecen en casa y otros que laten fuerte cada vez que rueda la pelota. Y cuando esos dos mundos se encuentran, nacen historias como la de Eugenia y Mauricio.
Eugenia tiene 45 años y hace tres años decidió hacerse socia de Talleres. No fue una decisión cualquiera, fue el resultado de una historia de amor que llevaba décadas escribiéndose.
Mauricio, de Alta Gracia, es socio desde hace más de una década, aunque su vínculo con el Club empezó mucho antes. Desde chico, cuenta, la cancha fue su lugar en el mundo. Ir al estadio siempre fue parte de su vida, una costumbre que nunca se perdió.

Hace 26 años que Eugenia y Mauricio caminan juntos. Durante mucho tiempo, él soñó con compartir también ese ritual tan propio. Venir a la cancha. Y aunque costó, nunca dejó de insistir. Hasta que un día pasó.
“Fue un golazo poder traerla”, dice Mauricio, con la emoción intacta.
Desde entonces, hace ya casi tres años, el Kempes se convirtió en un nuevo punto de encuentro para los dos. Un espacio distinto dentro de la rutina, un momento solo de ellos, donde el amor toma forma entre tribunas, camisetas y abrazos después de cada jugada.

Porque para Eugenia y Mauricio, Talleres no es solo fútbol. Es tiempo compartido. Es sumar recuerdos más allá de la vida diaria, de los hijos, de las obligaciones. Es elegir seguir viviendo experiencias juntos.
Hoy también son abuelos, y la pasión sigue creciendo, sus nietos son socios desde que nacieron. La familia se agranda, pero el sentimiento permanece intacto. Generación tras generación, todo pasa por Talleres.

El último Día de los Enamorados los encontró viviendo juntos la Experiencia Kempes, celebrando de la manera que mejor los representa, en la cancha, alentando, compartiendo y reafirmando que hay amores que se explican solos.
Talleres es familia.
