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Augusto Ardiles: “El electorado del PRO y de La Libertad Avanza dice ‘vayan juntos, déjense de joder'”

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El primero de mayo de 1935 nació Eleuterio Ardiles. Se llamaba así porque el día de San Eleuterio era el cumpleaños de su padre.

Eleuterio fue abogado en La Plata, se dedicó sobre todo al derecho tributario y, hace unas cuatro décadas, ocupó la tesorería del Movimiento de Integración y Desarrollo (MID) bonaerense, el partido de Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio. Era, según su nieto, “muy desarrollista“.

Ese nieto es Augusto Ardiles, subsecretario de Inversiones de la Ciudad de Buenos Aires. De chico acompañaba a su abuelo al estudio y a las reuniones políticas, y entre los cuatro y los nueve años comió “muchos asados” en un comité del MID platense. 



Se crio con él, con su madre y con su abuela, y tuvo con Eleuterio mucho más vínculo que con su padre. “De chico uno tiene un ejemplo a seguir. Mi abuelo fue eso. Fue el padre que me regaló la vida“.

Eleuterio murió el 6 de octubre de 2012. Ardiles menciona la fecha de memoria. “Lo tengo presente”, dice. Poco más de un mes después, el nieto fue a escuchar una charla de economía en La Plata. Hablaba Federico Sturzenegger, quien presidía el Banco Ciudad. A los pocos meses, Ardiles trabajaba con él.

Desde aquella charla, muchas de las puertas que se le abrieron a Augusto las abrió alguien con más experiencia que él. Una, años más tarde, la abrió su propio abuelo.



Los libros del joven Perón

El despacho de Ardiles está en La Boca, en el Palacio Lezama, la vieja fábrica de Canale. 

Todo empezó en 1875, con la panadería que un genovés llamado José Canale creó en la esquina de Defensa y Cochabamba. El negocio creció, se instaló frente al parque Lezama y llegó a ser una de las grandes industrias del sur porteño. En la década de 1920 salieron de ahí los bizcochos que llevaban su nombre. 

En 1985, un incendio arrasó buena parte de la planta y la firma ya no pudo levantarse. Cerró en 2000. Hoy ocupan el edificio varios ministerios porteños, entre ellos el de Desarrollo Económico. 



El trabajo de Ardiles, en el fondo, es buscar a los próximos Canale.

En una esquina asoma la tapa de “Desenredar la Argentina” de editorial Sudamericana. Es el libro del economista Luciano Laspina que Ardiles ayudó a escribir y que salió a mediados de 2023. Según cuenta, lo pensaron como un conjunto de políticas para el caso de que Patricia Bullrich llegara a la presidencia.

De los libros que tiene en su oficina, toma tres y los apoya uno al lado del otro. En 1913, cuando Juan Domingo Perón egresó del Colegio Militar como subteniente, su padre, Mario Tomás Perón, le regaló esos mismos títulos. Al joven oficial le faltaban más de tres décadas para fundar el peronismo y llegar por primera vez a la presidencia.



Ardiles los muestra de a uno y, con cada libro, repite la dedicatoria que, según cuenta, escribió el padre. Las “Vidas paralelas”, de Plutarco, en el tomo dedicado a Alejandro Magno y Julio César, para que aprendiera de los grandes hombres de la historia. Las “Cartas a su hijo”, de Lord Chesterfield, para que supiera manejarse entre los hombres. Y el “Martín Fierro”, de José Hernández, para que nunca olvidara que, ante todo, era argentino.

Para un funcionario del PRO, es una elección auténtica. Aunque esas dedicatorias hablan, además, de quien las repite. Ardiles aprendió temprano a manejarse entre hombres con mucho más oficio que él.

Libros
Augusto Ardiles con los tres libros que el padre de Perón le regaló a su hijo cuando egresó del Colegio Militar.



Un chepibe para Sturzenegger

Su simpatía por Mauricio Macri había empezado mucho antes de la charla de Sturzenegger en La Plata. De chico acompañó a su abuelo, hincha de Boca, a Buenos Aires. 

Augusto, quien es de Gimnasia porque nació y se crio en La Plata, llevaba la camiseta azul y oro y volvió con una foto junto al presidente del club, quien todavía usaba bigote. 

Su madre cuenta que, después de la crisis de 2001, su hijo repetía una frase. “Cuando sea grande y Mauricio sea presidente, quiero trabajar en su gobierno“.



 Según contó Eduardo Duhalde, por esa época le ofreció a Macri la candidatura presidencial de 2003, y la respuesta fue que prefería armar algo propio. Ardiles tuvo que esperar doce años.

El día de la charla, Sturzenegger había llegado a La Plata con Gabriel Rouillet, su jefe de asesores en el Banco Ciudad, que con los años se volvió un gran amigo de Ardiles. 

En 2013, durante la campaña de Sturzenegger para diputado nacional, el joven platense lo acompañó a reuniones con empresarios y con organizaciones de la sociedad civil. “Necesitaba un chepibe”, cuenta Ardiles. Después trabajó con él en la Cámara de Diputados. 



En esos años ayudó a armar la primera Juventud nacional del PRO y fue su primer tesorero. El mismo cargo que su abuelo había tenido en el MID.

Un abogado entre economistas

Él se define como un híbrido. “Para los abogados soy economista, para los economistas soy abogado“, dice. Se recibió en la Universidad Nacional de La Plata e hizo la maestría en Derecho y Economía en la Universidad Torcuato Di Tella. Nunca dudó entre una carrera y otra, y si volviera a empezar, asegura, haría el mismo recorrido.

Considera que esa mezcla le da una ventaja. “Si la economía fuera una ciencia 100% matemática, cualquier doctor de Chicago o de Harvard habría venido a la Argentina y habría resuelto los problemas“, sostiene. 



Para él, los equipos económicos que lograron estabilizar un país, y después hacerlo crecer, entendían su idiosincrasia, sus ventajas comparativas y los sectores que había que fortalecer. 

La ilusión y el desencanto

En noviembre de 2015, Macri ganó la presidencia y Sturzenegger pasó a conducir el Banco Central. Ardiles fue con él, como asesor. A comienzos de 2016, recién recibido, se mudó de La Plata a Buenos Aires porque pasaba muchas horas en el Central. 

Recuerda aquel directorio como “un equipo muy bueno”. Estaban Lucas Llach como vicepresidente y Demian Reidel como vicepresidente segundo, entre otros, y también tres directores del peronismo kirchnerista. Uno de ellos era Juan Cuattromo, quien años después presidiría el Banco Provincia y a quien Ardiles describe como “un tipo súper interesante para conversar”.



De esa etapa, una de las cosas que más lo ponen contento es la Mesa de Innovación que el Central lanzó en 2016. 

Según recuerda, en ese tiempo los bancos todavía daban tarjetas de coordenadas, con una grilla de números que el home banking pedía para confirmar cada operación, y las transferencias inmediatas eran bastante menos inmediatas que hoy. Tampoco existía la CVU, la clave que identifica las cuentas de las billeteras virtuales, como el CBU identifica las bancarias. 

El Central la creó en mayo de 2018, y Ardiles la cuenta entre los frutos de aquella mesa. “Creamos toda la arquitectura jurídica para que pudiera crecer y desarrollarse la industria fintech“, dice. Está convencido de que esa industria va a terminar por fusionarse con la bancaria.



Sturzenegger dejó el Banco Central el 14 de junio de 2018. Ardiles tiene a mano casi todas las fechas de su historia, y a esta la asocia con el Mundial de Rusia, que empezó ese mismo día. 

Un mes antes, Llach y Pablo Gerchunoff habían publicado una edición corregida y aumentada de “El ciclo de la ilusión y el desencanto“, el libro que lanzaron en 1998 y que recorre las políticas económicas argentinas desde 1880 como una sucesión de ilusiones y desencantos. 



A Llach y a todo aquel equipo del Central les tocó vivir el ciclo desde adentro. “Pensamos que estaba todo resuelto, pero la macro tembló“, resume Ardiles.

Augusto y la fábrica de billetes

Tras la salida de Sturzenegger, Ardiles dudó durante pocos meses entre volver a lo privado o seguir en el Estado. En septiembre, Luis Caputo dejó la presidencia del Central y Macri nombró a Guido Sandleris, quien llevó como gerente general a Nicolás Gadano. Los dos lo llamaron.



Volvió, y dos o tres meses más tarde le anunciaron que querían sumar a Casa de Moneda a alguien “con empuje, con otra visión“. 

El directorio de esa sociedad del Estado tiene tres miembros que nombra el presidente de la Nación, uno a propuesta del ministro de Economía, otro del de Defensa y el tercero del presidente del Banco Central. 

Para la silla que le tocaba proponer al Central, Sandleris y Gadano le llevaron a Macri un nombre, el de Ardiles, y en 2019 lo designaron.



Tenía 26 años. Gadano estaba convencido de que pasaba los 30 y, al ver el decreto, le dijo que algo no cerraba, que seguro se habían equivocado con su DNI.

—¿Cómo no me dijiste tu edad? —le preguntó Gadano.

—No me preguntaste —le contestó Ardiles.



—Igual, con Guido estamos convencidos. Vamos para adelante.

En su relato, cuando llegó el macrismo, en Casa de Moneda estaba “todo roto”, con el billete de $100 como el de mayor denominación y un gasto enorme por no imprimir uno más grande. “Cuando llegamos tenía 1400 empleados, y cuando nos fuimos, 1100”, cuenta. Según él, además, la dejaron con superávit.



Con la llegada de Javier Milei, Santiago Bausili, el nuevo presidente del Banco Central, le pidió a Ardiles que lo ayudara a revisar los números de Casa de Moneda. Dice que encontró deudas, 1600 empleados y contratos para imprimir billetes de $2000 en nueve países, porque no se había querido emitir uno de mayor denominación. “Fue increíble la capacidad de destrucción que tuvo ese gobierno de Alberto Fernández“, sostiene.

Las puertas de Eleuterio

En 2020, Ardiles pasó a lo privado. Con sus socios armó AB Partners, un estudio especializado en derecho bancario y financiero, con foco en fintech. Con los años sumó tres ramas más, una de administración de inversiones para family offices porteños, otra de asset management, a cargo de un socio radicado en Chicago, y una tercera inmobiliaria, concentrada en clubes de campo y de golf del oeste y el norte del conurbano, con algún proyecto en el sur del país.



Las puertas de esa rama inmobiliaria se las abrieron Fernando Polledo y Santiago Lanusse. A los dos los conocía como clientes porteños de su abuelo. Un día, Polledo lo llamó porque tenía un tema y necesitaba una mano, y después trabajaron juntos. Lanusse murió el año pasado. Ardiles almorzó con Polledo un día antes de la charla con El Economista. “Los dos se convirtieron en personas que aprecio mucho y en amigos“, dice.

Su abuelo Eleuterio, muerto hacía años, todavía le abre puertas.

La última milla

En 2024, el PRO propuso a Ardiles como director del Banco de Inversión y Comercio Exterior (BICE). 



A comienzos de marzo de 2025, con el Ministerio de Desarrollo Económico porteño sin titular, Jorge Macri se lo ofreció a Hernán Lombardi.

Un feriado, Ardiles estaba tranquilo en su casa cuando sonó el teléfono. Era el flamante ministro. “Jorge me ofreció ser ministro de Desarrollo Económico y quiero que seas mi subsecretario de Inversiones“, le dijo.

Estaba cómodo en el BICE, pero Lombardi y Jorge Macri, entre otros, le plantearon que había llegado el momento de decidir si quería “entrar en serio a dar una mano en lo público”. 



A Lombardi lo conocía de las marchas del “Sí, se puede” de 2019, y en la pandemia habían compartido charlas. En Jorge Macri, dice, encontró a alguien “muy ávido de sumar talento joven”. El 7 de abril de 2025 lo designaron subsecretario de Inversiones.

La subsecretaría tiene a su cargo los beneficios impositivos, el área de ciencia y tecnología, la simplificación normativa, la agencia de inversiones y comercio exterior de la Ciudad y el vínculo con el Parque de la Innovación, el ente que desarrolla el predio del ex Tiro Federal, en Núñez, y que Ardiles preside desde hace unos meses.



Además impulsa el RIMI CABA, el régimen porteño de incentivo para medianas inversiones que se articula con el RIGI nacional. “Es la silla que más posibilidades me da de sembrar y de dejar cosas que, estoy seguro, nos van a trascender. La Ciudad permite estar en la última milla, y hacer cambios que la gente sienta en el día a día”, explica.

Ardiles es un abogado rodeado de economistas, formado junto a hombres de extensa trayectoria. Piensa la economía como una ciencia social antes que como un ejercicio matemático, coincide con el rumbo macroeconómico de Javier Milei y ve en la Ciudad el lugar donde las políticas llegan a la vida de la gente. Desde esa silla, en la vieja fábrica de Canale, habla de la coyuntura en este mano a mano con El Economista. A continuación, sus respuestas.



Ardiles
Ardiles piensa la economía como una ciencia social antes que como un ejercicio matemático. 

—Desde que Milei llegó a la Rosada, ¿qué considerás que hizo bien y qué se puede mejorar?

—Bajar la inflación, tener superávit fiscal, reformar la Carta Orgánica del Banco Central. 

Lo que se puede mejorar es profundizar la baja de algunos impuestos. Y entender que hay algunos sectores que la pasan mal y que hay que acompañarlos, porque en todo proceso de normalización algunos sectores de la actividad económica la pasan peor que otros, no porque sean malos ni porque no sean competitivos, sino porque quizás cargan con un peso impositivo mayor. Por ejemplo, el campo.

El campo no es improductivo. Tiene retenciones, y durante muchos años pagó la fiesta de otros. Si se hacen bien las cosas y se bajan las retenciones, se puede lograr incluso el efecto de ampliar la tierra cultivable, o la tierra para producir en materia agropecuaria en la Argentina. 

Quiero que todos compitan. Tenemos que bajar los impuestos para que puedan competir con las cosas que a veces vienen con otra lógica impositiva. 

Probablemente el rubro textil no sea uno para acompañar. Pero sí hay que contribuir con la industria automotriz. Ahí la Argentina es realmente competitiva, y Córdoba tiene una buena política en materia industrial. 

Es interesante lo que hizo Córdoba. Se observa cómo genera dinamismo y cómo genera valor. Y no se hizo sólo en los últimos cuatro años; es una política que Córdoba tiene hace 20 años. 

¿Y cómo se las acompaña? Con medidas concretas, por ejemplo, ingresos brutos cero, con impuestos más bajos para esa vertical en particular.

En la Ciudad de Buenos Aires, si se analiza la torta de cómo genera valor la Ciudad, acompañamos con impuestos prácticamente en cero a todo el sector tecnológico, a todo el Distrito Audiovisual y a todo el Distrito del Diseño. Hay una medida concreta para las verticales donde la Ciudad de Buenos Aires genera más valor, y después hay una vertical concreta en materia de inversión, orientada al comercio, al consumo, al turismo y a la gastronomía, que es el RIMI CABA.

—Para quien quiera entender qué es el RIMI, ¿es como una especie de RIGI a la porteña?

—El RIMI es el Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones, muy focalizado en micro, pequeñas y medianas empresas, donde por cada $100 que se invierten la Ciudad reconoce el 25% como crédito fiscal, para tomarlo a partir del mes siguiente. 

Si alguien invirtió $100, la Ciudad le reconoce $25 para que los tome al mes siguiente a cuenta de Sellos, ABL e Ingresos Brutos.

Vale toda inversión que se haya realizado desde el 28 de mayo de este año en adelante. Una vez que validamos la inscripción y emitimos una disposición de inscripción, la empresa presenta las facturas, le emitimos el certificado fiscal y al mes siguiente ya se toma el beneficio. 

Lo que buscamos es entregar en su totalidad el cupo de $150.000 millones en este 2026, y hacer lo mismo en 2027. Y estamos convencidos con Jorge de que, en un segundo mandato, queremos que el RIMI sea una política de Estado, que el RIMI CABA sea un beneficio que acompañe al inversor que viene a invertir y a apostar por la Ciudad de Buenos Aires.

Vemos mucho interés de las empresas. Doy casos solo a modo de ejemplo. Fantoche, que tiene su planta en Lugano. Dean & Dennys, la de hamburguesas, que tiene su fábrica en Villa Crespo. 

Cuántas empresas se presentaron y con qué importe lo voy a poder dar en base al primer corte, el del 30 de noviembre, durante la primera semana de diciembre.

—Además de las pymes, también llegan marcas de afuera. Mango volvió en octubre a Alto Palermo después de 23 años, y hay otras en camino. ¿Cuánto de esas llegadas se explica por la Ciudad y cuánto por el cambio de rumbo en la Nación?

—Se explica por distintos factores. Por un lado, porque la Argentina vuelve a estar en el mapa. Y por la Ciudad de Buenos Aires, y en particular por la Dirección de Simplificación, que ya lleva simplificadas más de 50 trabas o regulaciones que tenían las empresas para abrir.

Cuando una empresa quiere invertir acá, además de tener una ventanilla única de trámites, tiene en la agencia de inversiones a una persona que, si se acerca y golpea la puerta, la acompaña en todo el proceso administrativo que necesita para, por ejemplo, abrir el primer local. 

Como gobierno, estamos muy orientados a simplificarle la vida al que viene a poner un peso y a invertir acá. Eso explica que en muchos casos elijan primero la Ciudad de Buenos Aires antes que un local en Unicenter, en la provincia de Buenos Aires.

—Y en la región, ¿por qué una empresa elegiría Buenos Aires y no San Pablo, Santiago o Montevideo?

—Por el talento humano que tiene la Argentina, que es increíble, y la Ciudad de Buenos Aires en particular, que tiene 46 universidades e institutos de formación terciaria en total. 

Lo observo en muchas de las empresas de la Ciudad, y también cuando tengo la oportunidad de viajar y conversar con personas que están en otros niveles, a veces en tremendas multinacionales, y me encuentro con que hay un argentino que dirige alguna. 

Y hay algo de esto de que el argentino se crio mucho con el fin del mundo a la vuelta de la esquina, un fin del mundo que rara vez llega, y del atado con alambre hicimos una forma de vida. No importa el problema que haya, lo solucionamos. Y esta incertidumbre permanente, a la que el mundo nunca está acostumbrado pero que para nosotros ya es natural, nos hace mucho más resilientes. 

Si a eso se le suma la gran capacidad, el gran recurso humano, el gran talento que tenemos, es un diferencial claro.

A eso también hay que sumarle que somos el país de Latinoamérica con mejor nivel de inglés, que en carreras duras, como exactas e ingenierías, tenemos muy buenos profesionales y buen ratio de graduados cada mil habitantes. Y lo que buscamos seguir haciendo en la Ciudad, con una lógica de política de Estado, es este esquema de baja impositiva para potenciar determinados sectores.

—En lo político, ¿qué puede aportarle el PRO a La Libertad Avanza?

—El PRO tiene una visión muy clara de adónde quiere ir. Queremos seguir sacando trabas y seguir bajando impuestos. Y es importante, en un segundo mandato de Milei, avanzar aún más en algunas flexibilizaciones del cepo para el flujo de divisas. Es importante avanzar en un segundo mandato en una flexibilización del cepo.

—Muchos votantes jóvenes se pintaron de violeta. ¿Qué encontraron en La Libertad Avanza que el PRO dejó de ofrecerles?

—Milei conecta mucho con una generación joven poscuarentena, con una sociedad que había quedado cansada de que nos encerraran. Y naturalmente encontró ahí una expresión, frente a un gobierno como el de Alberto Fernández que había hecho desastres en la economía. 

Cuando hago un doble clic en estos tres años de gobierno de Milei, a nivel nacional estamos 100% de acuerdo con lo que se hizo para normalizar la macroeconomía, e incluso con muchas de las desregulaciones.

Está el caso de la VTV, que desreguló la Nación y que la Ciudad fue la primera en aplicar en serio. También, el transporte con drones, que es otra cosa en la que trabajamos. 

Aunque, por ejemplo, hubo una caída de la actividad económica en varias de las principales verticales que generan valor en la Ciudad de Buenos Aires. 

Como gobierno de la Ciudad, eso no lo tenemos que dejar de ver, y lo tenemos que acompañar. Por eso, creamos el RIMI CABA. 

—¿Qué puede hacer el PRO para recuperar a los votantes que se fueron con los libertarios?

—Veo un electorado del PRO y de La Libertad Avanza que, en el buen sentido, se confunde mucho, y que cuando charla con amigos o en su casa dice “vayan juntos, déjense de joder, trabajen en una alternativa contra el kirchnerismo, para consolidar las cosas que se hacen bien y ajustar las que quizás haya que ajustar“. 

Y estoy convencido de lo que hicimos como partido para que, dentro de esa confusión bien entendida, el electorado diga “me gusta lo que está pasando”. Y eso es acompañar, abrazar la inteligencia artificial, seguir bajando impuestos, concretamente, y seguir desregulando determinadas restricciones o determinados obstáculos que tenía la producción. 

Es seguir por ese camino y también escuchar. Porque es importante no olvidarnos de que vivimos en sociedad, y de que la tecnología nos tiene que potenciar, pero nosotros no tenemos que perder las habilidades básicas que tenemos como humanos, las de la sociabilidad. Y tenemos que seguir con nuestra formación, para tener habilidades y encontrar lugares donde generar valor en un contexto que en los próximos diez años va a ser totalmente revolucionario en cuanto a puestos de trabajo y a generación de valor.

Como partido, no tenemos que perder de vista que hay algo concreto en acompañar y en generar oportunidades, muchas veces con solo hacer y trabajar con las empresas, que no siempre son las grandes, pero que tienen un valor agregado interesante y piola, para que se potencie mucha de la innovación que sucede a nivel mundial y, en particular, en la Ciudad.

—Si van juntos en 2027, ¿qué tiene el PRO que La Libertad Avanza no tenga?

—Muchos cuadros políticos formados y experiencias concretas de gobierno en distintos niveles. No hablo solo de la Ciudad de Buenos Aires, también de otras jurisdicciones, como Chubut, con Nacho Torres, o Entre Ríos, con Rogelio Frigerio, o distintos municipios de la provincia de Buenos Aires y del interior.

Lo más importante es compartir una visión. La Libertad Avanza y el PRO comparten una visión del país que queremos. Un país más desarrollado en serio, que potencie sectores estratégicos como el oil and gas y la minería, que tenga una educación de calidad y ponga en valor la educación, y que esté dispuesto a dar en serio discusiones a veces incómodas, como qué pasa en materia educativa. ¿Tiene sentido que una persona esté sentada seis años en una carrera universitaria, con todas las disrupciones tecnológicas que hay?

La verdad es que, si se mira toda la lógica educativa, no solamente en la Argentina sino a nivel mundial, es una lógica pensada a finales del siglo XIX, que es más o menos la que estudió Sarmiento. Hernán Iglesias Illa lo explica muy bien en su libro “American Sarmiento”. Sarmiento importa eso, y con ese nuevo método educativo, sumado a otros factores, la Argentina crece enormemente entre 1880 y 1930, durante 50 años de mucho progreso y mucho desarrollo.

El papá de Jorge Luis Borges se fue a vivir a Ginebra con el sueldo de jubilado de un juzgado nacional, un juzgado en lo civil de la Capital, porque el peso argentino valía mucho.

Si se extrapola eso a lo que pasa ahora, quizás, el camino pasa por cosas concretas como las que hacemos en la Ciudad, como el TUMO. 

El TUMO es una formación en robótica para chicos de entre 12 y 17 años que ya tiene dos centros. Uno está en lo que era el Centro Metropolitano de Diseño, que ahora se transformó en BIG, Buenos Aires In Game, y el otro, en el último piso del Parque de la Innovación, en Núñez. El tercero va a estar en Chacarita. Lo que hacemos es brindar capacitaciones extracurriculares a alumnos de secundaria en robótica, inteligencia artificial, informática y programación.

¿Por qué lo hacemos de forma extracurricular? Porque tenía mucho más sentido darles una mano concreta a los chicos que lo necesitaban que cambiar la currícula y pelearse con los sindicatos docentes. 

—Hablás de Sarmiento y de 50 años de progreso. ¿Qué políticas de Estado tiene hoy la Argentina?

—Más por las circunstancias que por lo que hizo, tiene dos.

Una está marcada por la economía del conocimiento. Arranca en 2005 con una ley que impulsa el kirchnerismo, pero en la Ciudad se potencia, y mucho, con una de las primeras adhesiones, la que hace Mauricio a la Ley de Economía del Conocimiento. Eso hace que hoy la Ciudad de Buenos Aires tenga 145 empresas con beneficios por el régimen de economía del conocimiento que damos nosotros, que da una de mis direcciones.

De los 12 unicornios que tiene la Argentina, dos nacieron gracias a una lógica de política pública orientada al sector, por momentos coordinada y en otros descoordinada. Me refiero a Mercado Libre y a Globant.

La segunda política de Estado es Vaca Muerta y todo lo que es oil and gas. Arranca en 2012 con la nacionalización de YPF y se consolida con lo que hace Mauricio para atraer inversiones y empresas a Vaca Muerta. 

Se potencia con la construcción del gasoducto durante el gobierno de Alberto y de Massa. Paradójicamente, ese gasoducto explica gran parte del superávit de divisas que hoy tiene el Banco Central. 

¿Y cuáles son las cosas que hace Milei que consolidan esta visión? Gracias a su buena relación con Trump y a una buena argumentación y defensa jurídica, se termina por poner fin al conflicto por la expropiación de YPF, en el que nos reclamaban US$16.000 millones. 

Y ejecuta el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), cuyas principales inversiones están muy volcadas al oil and gas y también a la minería.

La otra política, donde tenemos muy puesto el ojo y donde Jorge tiene una visión muy clara, es la inteligencia artificial.

La Ciudad de Buenos Aires ya tiene una espiral de innovación que arranca en 2009 con el Distrito Tecnológico en Parque Patricios y que tiene una segunda etapa con el Parque de la Innovación en Núñez, que comienza en 2019. 

El Distrito Tecnológico está orientado a empresas tecnológicas, algunas también del mundo de la economía del conocimiento, y generó toda una política de desarrollo urbano y económico en el sur de la ciudad, en toda la zona de Parque Patricios. Hoy tiene 312 empresas asentadas, 23.000 personas que trabajan directamente en ellas y más de 50.000 empleos indirectos que se generaron.

La segunda etapa de esta espiral es el Parque de la Innovación, que tiene 80 startups y está enfrente de la cancha de River.

Y está en marcha el Distrito de Inteligencia Artificial en el microcentro. 

Son tres, el Distrito Tecnológico en Parque Patricios, el Parque de la Innovación en Núñez y el Distrito de Inteligencia Artificial.

Cuando llegó Jorge, el Parque de la Innovación en Núñez tenía poco menos de 20 startups, y desde que lo agarramos nosotros tiene más de 80 de base científico-tecnológica. 

El ITBA está haciendo dos edificios para mudar ahí parte de sus clases y de sus facultades. Hay también un complejo de viviendas, unos domos inmersivos y tres proyectos más, orientados a la innovación, que vamos a anunciar en los próximos tres meses.

Otro punto es el esfuerzo fiscal. El Distrito Tecnológico tiene un fuerte apoyo por parte de la Ciudad de Buenos Aires, con una exención del 100% de Sellos, Ingresos Brutos y ABL para las empresas que se radican en Parque Patricios. 

Y la tercera pata de esta espiral de la innovación es el Distrito de Inteligencia Artificial, que va a estar en el histórico microcentro de la ciudad, entre la avenida 9 de Julio, Santa Fe, el Paseo del Bajo, Leandro N. Alem y la avenida Belgrano. Es un proyecto que Jorge envió a la Legislatura en marzo.

—¿Y por qué todavía no se aprobó?

—Todavía no se aprobó porque trabajamos para terminar de juntar los votos. Nos falta terminar de juntar los consensos políticos. Trabajamos para eso con La Libertad Avanza, con los radicales y con un par del peronismo. El proyecto está ahora en la Comisión de Desarrollo Económico de la Legislatura.

—En mayo, León XIV publicó “Magnifica humanitas”, su primera encíclica, dedicada a la inteligencia artificial y a la dignidad humana. ¿Compartís su preocupación por que no se pierda el factor humano?

—Sí, lo humano no se tiene que perder. La inteligencia artificial es un gran acelerador y un gran exponenciador de capacidades, pero hay que tener esas capacidades. 

A nosotros, que nos formamos a base de estudiar, razonar y pensar de forma propia, la inteligencia artificial nos sirve mucho, y obviamente nos acorta procesos. 

Si tengo que hacerle una propuesta a un inversor para que venga a la Ciudad, antes iba a los papers de trabajo que tenía y arrancaba con esos papers de base, según la vertical del inversor.

Hoy puedo generar un paper de cero con inteligencia artificial y tener una propuesta muy buena en una hora y media o dos, si tengo los datos necesarios ya cargados y listos. Aunque lo importante es que yo ya sé cómo generar esos datos y cómo los recopilé. Por eso, la inteligencia artificial no tiene que ser una diagonal que nos quite la capacidad de pensar y la capacidad de formarnos.

Eso no es un riesgo para nosotros. Es un riesgo para los que se forman ahora, si no nos enfocamos primero en enseñarles las habilidades blandas y las habilidades técnicas, y en darles instrumentos para que no sea la inteligencia artificial la que termine por pensar por ellos.

Hay algo en lo formativo que es importante y que no tenemos que perder, porque si no vamos a crear una generación que no va a pensar, y lo principal es que piense. Y hay algo en lo vincular que la inteligencia artificial nunca puede reemplazar.

Dicho esto, trabajo todos los días para que Buenos Aires sea un hub regional de innovación y para que muchas empresas de inteligencia artificial elijan la Ciudad de Buenos Aires para instalarse. 

Trabajamos mucho con una de las tres principales empresas de computación cuántica del mundo, porque en esta espiral de innovación otro punto es una Buenos Aires con capacidad cuántica propia. 

Cuando digo Buenos Aires, no quiero decir que la Ciudad vaya a traer una computadora cuántica y que vaya a ser de la Ciudad, sino que hay una empresa de primer nivel que busca traer la primera computadora cuántica de gran capacidad de procesamiento y constituir en la Ciudad de Buenos Aires un centro de procesamiento cuántico similar al que existe en Basilea.

Se va a instalar en Buenos Aires, para toda Latinoamérica, la primera computadora cuántica por fuera de Estados Unidos, Suiza y China. Y no es una empresa china, es una empresa estadounidense. 

La idea es que esto suceda a finales de 2027. La computación cuántica es realmente otra cosa. Lo cuántico va a tener una utilidad enorme, porque va a ayudar a procesar datos de una forma mucho más eficiente y a aplicar algoritmos de inteligencia artificial de una forma mucho más eficiente. Y va a permitir, por ejemplo, tener todos los semáforos de la ciudad conectados a una computadora cuántica que, según los flujos vehiculares, cambie en vivo las secuencias o las lógicas de combinaciones. 

Así se van a poder resolver embotellamientos de tránsito, gracias a tener la red de semáforos conectada a la computación cuántica. ¿Esto significa que se va a implementar a finales de 2027? No, para nada. Primero tiene que estar la computadora, y después se tiene que testear. 

—¿Tiene fecha precisa lo de la computadora cuántica?

—No, fecha precisa no tiene. Finales de 2027. Ojalá se pueda adelantar.

—En 2025, la Ciudad anunció un plan de 400 puestos de carga para autos eléctricos en dos años, a partir de 42 estaciones, todas privadas. ¿Cuántos funcionan hoy? ¿Se va a poder cargar el auto en un poste de luz? ¿Y cuándo va a haber más autos eléctricos en la calle?

—Tenemos una normativa sandbox [un régimen de prueba que permite ensayar tecnologías] que ya aplicamos, y gracias a eso vamos a poner 60 cargadores de baja tensión en postes de luz, como los que hay en Londres, por ejemplo. Eso va a estar operativo en los próximos meses. 

También acompañamos, en conjunto con otras tres empresas, la instalación de cargadores de alta potencia en el espacio público. Esos cargan a veces en pocos minutos, en 40 o 50 minutos. Y en definitiva los de poste de luz, son cargadores que cargan en siete u ocho horas y están pensados para la noche.

¿Qué hizo la Ciudad de Buenos Aires para incentivar los autos eléctricos? Sacó una ley para no cobrarles patente durante dos años a los autos eléctricos que se radiquen en la Ciudad, y después se cobra de forma gradual.

—¿Van a ir por la reelección?

—Vamos por la reelección.

—¿Con qué números de inversión van a defender estos cuatro años en la campaña?

—Con el mapa de inversiones que lanzamos. A principios de este año nos pusimos con Jorge a mapear, básicamente, todas las inversiones que se hicieron, se hacen o se van a hacer en la Ciudad de Buenos Aires entre 2025 y 2030

Hoy, en ese período, tenemos casi 1900 inversiones, entre inversiones de real estate de más de 1000 metros, empresas franquiciadas como Mango o Miniso, cadenas como Dean & Dennys, obras públicas como la línea F o la remodelación del autódromo y obras privadas impulsadas por concesiones de la Ciudad, por casi US$20.000 millones.

Es una forma de comparar, pero eso representa casi la mitad de las reservas del Banco Central. Y lo que queremos es profundizar este camino. Queremos que, para el final del segundo mandato de Jorge, el equivalente al 100% de las reservas del Banco Central sean inversiones en la Ciudad. Y diría que más que duplicar. Queremos tener como mínimo casi US$ 45.000 millones para el tercer año del segundo mandato, y terminar el cuarto año con US$ 50.000 millones. Que en ocho años se haya invertido en la Ciudad de Buenos, con este criterio metodológico, US$50.000 millones. 

—¿Cuánto depende todo eso de Milei? Si no es reelecto, ¿la Ciudad puede duplicar igual la inversión?

—Sí, porque quien elige la Ciudad de Buenos Aires la elige acompañe o no el Gobierno nacional. La Ciudad de Buenos Aires, incluso en los primeros ocho años de Mauricio, con un gobierno de Cristina en nación, también era una zona de atracción.

La Ciudad de Buenos Aires tiene una política clara en cuanto a baja de impuestos, simplificación de trámites e inversiones. Y cuando a veces se pone más complicado lo nacional, es más foco de atracción. 

“Queremos que, para el final del segundo mandato de Jorge, el equivalente al 100% de las reservas del Banco Central sean inversiones en la Ciudad”

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