
La sensación es que Brasil está ante un abismo, un punto de inflexión, uma encruzilhada. Al menos eso es lo que intentan instalar, con diferentes perspectivas, los dos comandos de campaña que disputan el Poder Ejecutivo de la República.
Altamente probable es que la antítesis se resuelva en dos bloques recíprocamente refractarios: según las encuestas, el Partido dos Trabalhadores y el Partido Liberal, cualquiera de los dos, puede imponerse este domingo 25 por apenas décimas, en un país que tiene habilitados alrededor de 160 millones de electores. Brasil es un territorio partido al medio, al igual que gran parte de Latinoamérica, con el centro y el sur pintados de azul y el nordeste de rojo, donde conviven muy disímiles realidades.
La primera vuelta marcó una diferencia de 2.227.651 votos y 1,87 puntos porcentuales a favor de Flávio Bolsonaro (45), el “moderado” del clan familiar que, de ganar, promoverá enmiendas constitucionales sobre el diseño del Tribunal Superior de Justicia. El nuevo equilibrio de poder en el Congreso, derivado de los resultados electorales, le propicia a Bolsonaro hijo un escenario favorable para el indulto de su padre, actualmente —decisión inteligente— fuera de toda posible imagen de campaña.
¿De dónde sacará el PT tres millones de votos? Es la pregunta urgente que atraviesa a todo el comando de campaña desde la noche del 4 de octubre.
La sensación que dejó el resultado del primer llamado es que el PT, en medio de la actual ola de derecha que eclipsa la región, tocó su techo electoral, evidenciando el desgaste de gestión. “¿Y si la noche del domingo Lula gana con el 50,1 %?”, fantasean los militantes digitales del PT, adjuntando memes increíbles.
El propio Lula da Silva (80) admitió que le sorprendió el resultado: “Es inesperado. Yo estaba convencido de que ganaría en el primer turno”, dijo en el búnker montado en São Paulo.
“Ahora, la segunda vuelta es la oportunidad que tenemos. A partir de ahora vamos a poder mostrar las diferencias de las propuestas que hay en Brasil”, expresó el líder del PT la noche de la primera vuelta. Esas diferencias se exponen en redes sociales y en las calles, dos ámbitos presuntamente separados; el desafío de los equipos de campaña es cohesionar esas dos parcelas, hacer de esa diferencia una unicidad indivisible.
Redes sociales y festival de memes
La estrategia del PT discurrió por distintos ejes: el legislativo (el fin de la escala 6×1, el proyecto para viajar gratis en bus durante el fin de semana en todo Brasil, medidas para desendeudar hogares, etc.); el espacio público, con Lula recorriendo todos los puntos del país-continente, con la idea de persuadir al indeciso y movilizar a quien se abstuvo (nada menos que 33 millones de electores); y el insoslayable espacio digital, con una campaña del miedo que advierte del riesgo terminal para el pueblo que supondría una eventual vuelta al Planalto del apellido Bolsonaro.
De la campaña del miedo del PT nació el Flávio Hipotético del PL: una criatura que monta sobre dinosaurios, extermina homosexuales y minorías, asesina malandros y obliga al pueblo a trabajar 24/7
Al igual que en el aikido y el jiu-jitsu, muy populares en Brasil, Bolsonaro utiliza el impulso propuesto por Lula para copar las redes sociales y desdramatizar el cuadro negro que pinta el PT. De manera paralela, el PL se enfoca en los problemas inmediatos que plantea el elector: el encarecimiento de la vida y la violencia urbana de la inseguridad.
Ese juego de espera y contragolpe se vio bien articulado durante el primer debate entre los candidatos en Band TV, del que Flávio salió mejor parado: sin titubear ni perder el centro, el coaching preciso generó un Lula errático, que llegó desde atrás a los tópicos que explotó el senador, ya convertido en un sólido candidato para la derecha brasileña.
Este viernes 23, desde las 21.20 horas, en Globo, tendrá lugar el segundo y último debate presidencial antes de la votación del domingo.
Asimetría digital, la relevancia de los fierros
La situación tomó relevancia después de la primera vuelta y recordó el escándalo de Facebook y Cambridge Analytica, así como el factor desequilibrante que implica una administración no igualitaria de los recursos digitales.
“Las cuentas del presidente Lula en las plataformas de la empresa [Meta] han sufrido fallas técnicas”, admitió la tecnológica, encabezada por Mark Zuckerberg y propietaria de Instagram, Facebook y WhatsApp. El Partido dos Trabalhadores agita esta situación para instalar la idea de favoritismo en beneficio del candidato Bolsonaro.
Cuando se le pedía a la IA de WhatsApp el diseño de un cartel electoral a favor de Lula, esta devolvía: “No pude generar la imagen que pediste”. Curiosamente, la misma petición sobre Bolsonaro se traducía en apenas segundos en un cartel con las características solicitadas.
El PT denuncia que “Flávio Bolsonaro obtiene casi el triple de interacciones, pese a tener un 17 % menos de seguidores que el presidente Lula”. La compañía de Zuckerberg atribuye la sucesión de incidentes a “fallos técnicos”.
La Fiscalía Electoral de Brasil denunció el jueves pasado que Meta incumplió “algunas determinaciones” judiciales que procuran garantizar un trato igualitario a los candidatos presidenciales.
Fallas técnicas selectivas, asimetría digital, limitación de alcance, desequilibrio en la distribución de contenidos… ¿pueden estos aspectos ser determinantes en el resultado, que además se prevé ajustadísimo, en un mundo donde las redes sociales parecen prevalecer sobre la realidad?
