
La crisis financiera de Granja Tres Arroyos alcanzó finalmente a las cuatro sociedades que integran el grupo económico. A las presentaciones en concurso preventivo que ya habían realizado Granja Tres Arroyos (GTA) y Wade se sumaron ahora Avex y Holding Agro Industrial (HAISA), que también recurrieron a la Justicia. Las compañías pidieron que los cuatro procesos tramiten en conjunto, aunque manteniendo separados los activos y pasivos de cada sociedad.
El dato que surge de las presentaciones judiciales permite dimensionar la magnitud del problema. GTA declaró pasivos por $529.149 millones, equivalentes a unos u$s350 millones; Wade, por $246.096 millones, unos u$s163 millones; y Avex, por $44.235 millones, alrededor de u$s29 millones. En conjunto, las tres sociedades acumulan pasivos por $819.480 millones, equivalentes a unos u$s543 millones al tipo de cambio oficial vendedor del Banco Nación.
En sus presentaciones, las compañías reconstruyen una combinación de la carga financiera que dejó la operación Cresta Roja, la caída del consumo, el ingreso de pollo brasileño, la dificultad para trasladar los aumentos de costos a los precios, el golpe de la gripe aviar sobre las exportaciones y el encarecimiento del financiamiento, entre otros factores.
Cresta Roja: la compra que terminó demandando millones adicionales
Uno de los puntos centrales aparece tanto en la presentación de GTA como en la de Wade. Según surge en el expediente, la operación para quedarse con Cresta Roja no significó solamente asumir una obligación en dólares por la compra de los activos.
En marzo de 2018, GTA se convirtió en garante de Wade por las obligaciones derivadas de la adquisición de las unidades productivas de Cresta Roja. El precio contractual global de la operación fue de u$s80 millones: u$s70 millones por activos de Proteinsa y otros u$s10 millones correspondientes a 18 activos vinculados con la quiebra de Rasic.
Pero el costo no terminó ahí. Wade tuvo que desembolsar u$s26,34 millones para distintos conceptos vinculados con la operación: u$s15,6 millones para cancelar acreencias laborales en 28 cuotas, u$s5 millones por la antigüedad de trabajadores de Proteinsa incorporados por la compañía y unos u$s5,74 millones para gastos urgentes de conservación. A eso se sumaron u$s5,86 millones pagados a la quiebra de Rasic por bienes retenidos.
Y hubo otro desembolso relevante: unos u$s25 millones adicionales de capital de trabajo que no estaban contemplados en el plan inicial, necesarios para reequipar las instalaciones y recomponer los circuitos productivos debido al estado en que se encontraban los activos adquiridos. Ese monto aparece tanto en la presentación de Wade como en la de GTA, que lo menciona como uno de los efectos que la operación tuvo sobre las finanzas del grupo.
Así, la operación terminó generando una doble exigencia económica: por un lado, afrontar el precio de compra, su saldo y los intereses; por otro, poner capital adicional para recuperar la capacidad productiva de los activos. Wade señala que esta carga absorbió recursos que necesitaba para el giro habitual de la empresa.
Además, GTA quedó expuesta como garante de las obligaciones de Wade. En su presentación, la compañía señala que esa garantía terminó afectando recursos que necesitaba para sus propias operaciones y que las obligaciones derivadas de la adquisición de Cresta Roja fueron una de las causas de su situación de insolvencia
Menos ventas, pollo importado y un negocio con menos margen
A esa carga se sumó el deterioro del negocio avícola. GTA describe en sus presentaciones una combinación, en los últimos tres años, de menor poder adquisitivo, caída del consumo y dificultades para trasladar a los precios el aumento de los costos.
El pollo tiene además una característica que agravó el problema: es un producto perecedero. La compañía explica que no podía acumular stock durante períodos prolongados para esperar mejores condiciones de mercado. Al mismo tiempo, debía afrontar mayores costos de energía, logística, insumos y mano de obra.
En ese contexto apareció con mayor fuerza el pollo importado, principalmente desde Brasil. GTA sostiene que el ingreso de producto brasileño ejerció presión sobre los precios del mercado local y limitó el margen para trasladar los costos internos a las góndolas.
La compañía también señala el impacto de la gripe aviar. La pérdida temporal del estatus sanitario argentino durante 2023 provocó el cierre de distintos mercados externos y afectó una fuente importante de generación de divisas. La producción que no pudo colocarse afuera debió ser redireccionada al mercado interno, justo en un período en el que el consumo también estaba debilitado.
A eso se sumaron otros factores mencionados en las presentaciones: el aumento del costo de los granos después de la sequía de 2022/23, las tasas de interés, el costo de los servicios, el transporte y la menor absorción de costos fijos producto de la caída de los volúmenes.
El deterioro se ve con claridad en las exportaciones de GTA. La compañía había alcanzado u$s175,8 millones en ventas externas en 2022, pero el monto cayó a u$s85,7 millones en 2023, se recuperó parcialmente a u$s105,5 millones en 2024 y volvió a retroceder a u$s87,5 millones en 2025.
En paralelo, GTA redujo su producción. Según su balance, pasó de unas 670.000 aves diarias en 2024 a aproximadamente 610.000 en 2025, una baja cercana al 9%. También cayeron las ventas de pollos enteros y trozados, que retrocedieron 17% durante el ejercicio.
La evolución de Wade muestra un recorrido similar. La sociedad faenó 27,216 millones de aves en 2023 y 27,918 millones en 2024, pero durante el primer trimestre de 2025 procesó apenas 5,605 millones, un 29% menos que en igual período del año anterior. Su participación sobre la faena nacional pasó del 3,7% en 2023 al 3,8% en 2024 y al 3% en el primer trimestre de 2025.
En exportaciones, Wade había generado u$s16,5 millones en 2023, con una caída interanual del 28,6%. La compañía también advierte sobre el deterioro de la competitividad frente a Brasil y menciona la depreciación del real como uno de los factores que afectaron la relación entre los costos locales y los precios internacionales.
El retroceso de los volúmenes se produjo mientras la faena avícola argentina en su conjunto tuvo una evolución diferente. Según los datos incorporados en la documentación del grupo, los frigoríficos habilitados faenaron 750 millones de cabezas en 2025, un 1,5% más que en 2024. Los diez principales grupos empresarios concentraron el 65,4% de esa faena.
Avex, la otra unidad productiva del grupo, también muestra el retroceso de la actividad. La compañía, que concentra sus operaciones en Córdoba y tiene plantas de faena, alimento balanceado e incubación, faenó 20,6 millones de cabezas en 2023 y 20,7 millones en 2024.
En el frente externo, el deterioro fue todavía más marcado: las exportaciones de Avex cayeron 54% en 2025, hasta u$s3,9 millones, frente a los u$s8,5 millones del año anterior. La empresa atribuyó parte de ese comportamiento a las restricciones sanitarias y a las interrupciones en mercados estratégicos.
Los números del balance muestran el impacto. Avex tuvo ventas netas por $117.371 millones en 2025, pero los costos de los productos vendidos alcanzaron $115.992 millones. Con gastos de comercialización y administración, el resultado operativo terminó en una pérdida de $24.320 millones. El resultado final, sin embargo, fue positivo en $3.211 millones por otros ingresos que compensaron parte de las pérdidas operativas.
Los balances muestran el impacto: pérdidas, deuda y falta de liquidez
Los números del último balance de GTA muestran cómo esa combinación terminó impactando en las cuentas. Los ingresos de la compañía cayeron 14,9% en 2025, de $649.454 millones a $552.797 millones, mientras que el costo de los productos y servicios vendidos bajó apenas 3,5%, hasta $507.404 millones.
La diferencia hizo que el margen bruto se redujera 63,2% y quedara en apenas 8,2% de los ingresos. El resultado operativo terminó en una pérdida de $40.265 millones.
Sobre ese resultado se montó además el costo financiero. Los gastos financieros y por tenencia, incluido el RECPAM, alcanzaron $80.093 millones, que la propia compañía vinculó con las altas tasas de interés y el aumento de los pasivos.
El resultado por la participación permanente en sociedades controladas aportó una ganancia de $3.688 millones, pero no alcanzó para compensar el resto del cuadro. GTA cerró 2025 con una pérdida de $105.072 millones y un EBITDA negativo de 4,4%.
Wade también terminó en rojo. Después de haber registrado una ganancia de $13.133 millones en 2024, cerró 2025 con una pérdida de $26.135 millones. El resultado positivo del ejercicio anterior, de todos modos, había estado fuertemente influido por resultados financieros y por tenencia.
La situación patrimonial de GTA permite ver el problema de liquidez. Al 15 de julio de 2026, la compañía declaró activos por $730.240 millones y pasivos por $529.149 millones. Dentro de las obligaciones aparecen $153.719 millones de financiamiento, $125.728 millones con empresas vinculadas y otras obligaciones no financieras, $80.580 millones con proveedores y otros acreedores comerciales y $76.932 millones en deudas fiscales y sociales.
También declaró $80.639 millones correspondientes a garantías y avales, entre ellos compromisos vinculados con Proteinsa y Rabobank. La deuda laboral alcanzaba $11.552 millones.
El dato que más muestra el problema de caja es otro: pese al volumen de activos declarados, GTA tenía apenas $503,8 millones en disponibilidades al momento del corte.
Wade, por su parte, declaró $246.096 millones de pasivos y activos por $223.096 millones al mismo 15 de julio. La mayor parte de sus obligaciones estaba concentrada en sociedades vinculadas y otras obligaciones no financieras, por unos $184.088 millones, además de $27.380 millones de deudas fiscales y sociales.
En Avex, el desbalance patrimonial es todavía más evidente: $18.011 millones de activos frente a $44.235 millones de pasivos. La compañía también declaró apenas $440,9 millones en disponibilidades al 15 de julio.
La presión sobre la caja también aparece en el expediente de Wade: la compañía fijó como fecha de inicio de su cesación de pagos el 29 de enero de 2026, cuando no pudo cubrir cheques diferidos por unos $390 millones. Para agosto, además, había pedidos de quiebra contra GTA y Wade por más de $6.291 millones, según la documentación presentada.
En Avex, la fecha de cesación de pagos fue fijada en el 28 de enero de 2026, cuando la empresa no pudo afrontar cheques diferidos por $175,4 millones. Al momento de su presentación acumulaba además $10.093 millones en cheques rechazados
En el caso de Wade, la situación también llegó a los servicios esenciales. La compañía informó que algunos proveedores habían interrumpido el suministro de gas y electricidad por falta de pago y pidió judicialmente garantizar la continuidad, al advertir que una interrupción podía afectar directamente la producción y generar pérdidas sobre la materia prima biológica en proceso.
La crisis también redujo el tamaño de una estructura que durante años fue mucho mayor. Hoy, GTA y sus vinculadas declaran más de 3.000 puestos de trabajo directos en Buenos Aires, Entre Ríos y Córdoba, frente a los más de 6.000 trabajadores que llegó a tener el grupo en su mejor momento. Con las cuatro sociedades atravesando ahora el proceso concursal, una de las principales incógnitas será qué empresa quedará después de la reestructuración y cuántos de esos puestos de trabajo podrá sostener.
