
El precio del dólar se encuentra en torno a los $1.500 desde hace unos tres meses, en un marco de estabilidad cambiaria, que genera cierta tranquilidad en la City. La estrategia del Banco Central que sostiene ello está basada en el modelo peruano, en el que se mantiene una “flotación sucia”, o administrada, para mantener controlado al billete estadounidense y evitar fuertes oscilaciones en su cotización.
En concreto, este modelo cambiario es el que está permitiendo que en septiembre el precio del dólar aumente 0,3% y en todo 2026 acumule un incremento de apenas 3,9%, mientras la inflación arrastra en los primeros 8 meses del año más de 21%.
Así, el tipo de cambio mayorista, que en la actualidad se ubica en $1.513,5, se ubica muy por debajo de la banda máxima de flotación establecida por el BCRA, en la que no debe intervenir en el mercado con la venta de divisas y que se actualiza en base a los datos de inflación de dos meses previos (t-2), que hoy está estipulada en torno a los $1.900. Es decir, 25% por encima del valor actual en el mercado.
Asimismo, desde hace unos 9 meses, el Banco Central se encuentra comprando divisas para las reservas de manera continua, y ya suma más de u$s14.250 millones.
El plan del BCRA para mantener el dólar en calma
Al respecto, desde la autoridad monetaria el argumento es que este modelo resulta “exitoso” porque el mercado no puede conocer dónde se encuentra el nivel de precio del dólar que se busca establecer, por lo que los actores de la plaza cambiaria no pueden especular para ganar plata con la intermediación en la compra y venta de billetes estadounidenses.
En resumen, en el Banco Central están convencidos que esta imprevisibilidad respecto al comportamiento del valor cambiario es tomada de manera positiva por la City, y que brinda confianza, porque entienden que no se está realizando con fines especulativos, o políticos, sino que la intervención de la entidad regulatoria tiene como objetivo “el buen funcionamiento” del mercado.
Es decir, se intentan evitar saltos cambiarios e impedir que haya volatilidad “sin fundamentos”, para sostener un equilibrio de todas las variables y que no haya nerviosismo en la economía.
“Queremos mostrar que es simétrico el mercado, que el precio del dólar puede subir o bajar, por lo que se puede perder plata si se apuesta a comprar de manera especulativa”, detalla una fuente del BCRA.
Mientras tanto, la entidad considera que “no es tan malo” controlar la cotización cambiaria con intervenciones en el mercado financiero para mantener arbitrado y calmo al valor del billete, sin generar impacto en la liquidez.
Y, al mismo tiempo, en pleno momento de baja liquidación de divisas del campo, se suman compras “simbólicas” de dólares para las reservas, que no mueven la aguja en cantidad, pero que tranquilizan las expectativas y calma a la City.
De hecho, para fin de año se estima un controlado movimiento para el tipo de cambio mayorista, ya que en el mercado de futuros y opciones del Matba-Rofex (A3), se prevé un valor de $1.607 para fin de diciembre.
Cómo es el modelo peruano para controlar de dólar
Este sistema de flotación “sucia”, o control administrado del precio del dólar, implementado por el Banco Central, está inspirado en el sistema que implementó Perú desde 1990, en el marco de las reformas de estabilización monetaria iniciadas tras la hiperinflación de finales de los años ochenta.
El sistema de flotación sucia (o flotación administrada) en Perú es un régimen cambiario híbrido en el que la cotización del dólar se determina principalmente por la oferta y la demanda del mercado, pero con la intervención estratégica del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) ante fluctuaciones bruscas.
En la práctica, este sistema funciona mediante dos componentes básicos:
- Mecanismo de mercado con contención: a diferencia de un régimen de flotación limpia (donde la moneda oscila libremente sin intervención alguna), o de un tipo de cambio fijo (donde el Estado impone una tarifa rígida), la flotación sucia permite que la moneda fluya, pero dentro de márgenes no drásticos establecidos por el regulador.
- Intervención contracíclica: El BCRP actúa como un “amortiguador”, es decir, cuando el dólar tiende a caer de forma acelerada, la autoridad monetaria peruana entra al mercado a comprar dólares. Por el contrario, cuando el precio del dólar sube repentinamente, la entidad vende divisas.
En resumidas cuentas, el objetivo central no es defender un valor predeterminado para el dólar, sino frenar la volatilidad excesiva frente a crisis internacionales o movimientos especulativos.
De esta forma, se protege la estabilidad del sistema financiero, evita desbalances en personas y empresas con deudas en dólares, y permite al país acumular reservas netas como respaldo económico ante posibles crisis.
En este caso, el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) busca garantizar la estabilidad monetaria en fortalecer el valor del sol peruano mediante el régimen de flotación sucia, el cual permite que el precio del dólar sea determinado por el mercado mientras la autoridad interviene estratégicamente para evitar variaciones bruscas.
Así, a través de la compra y venta de divisas, el banco mitiga los efectos de crisis internacionales y previene fenómenos como un salto en la inflación o del precio del dólar.
