En todo el mundo se vienen desarrollando distintas políticas de salud pública para disminuir la tasa de fumadores y promover una nueva categoría de productos de nicotina menos dañinos para la salud que el cigarrillo tradicional. La evidencia científica indica que al fumar un cigarrillo tradicional, la mayor afectación a la salud viene de la combustión.
Por este motivo se viene desarrollando toda una línea de productos que contienen nicotina, pero permiten su consumo evitando el proceso de combustión.
La línea claramente predominante es la adopción rigurosa de las medidas propuestas por la OMS bajo el Convenio Marco para el Control del Tabaco. Ese tratado internacional, que entró en vigor en 2005, obliga a los países firmantes a aplicar medidas basadas en la ciencia para disminuir el consumo del tabaco y la exposición al humo. La creación de ambientes 100% libres de humo, la prohibición o limitación de la publicidad y el aumento de impuestos al consumo para reducir la demanda son algunas de las medidas adoptadas en los últimos 20 años.
De acuerdo a la OMS, esas restricciones tienen resultados muy positivos para exhibir: la prevalencia mundial del consumo de tabaco se ha reducido en un tercio desde entonces. Sin embargo, en un contexto en el que todavía existen más de 1.000 millones de fumadores activos en el planeta, hay países que optaron por dar un giro en sus estrategias. A contramano de los cuestionamientos públicos de la OMS al vapeo, el tabaco calentado y las bolsas de nicotina por considerar que contienen sustancias altamente adictivas e igual de tóxicas que los cigarrillos tradicionales, surgen lentamente políticas que diferencian esos riesgos.
El caso más emblemático es el de Suecia. El país escandinavo incentiva a que sus fumadores cambien el cigarrillo tradicional por productos sin combustión como el snus, las bolsas de nicotina y los vapeadores como política de reducción de daños. De hecho, el presupuesto 2025 en ese país reconoció explícitamente que “los cigarrillos y el tabaco combustionado presentan un mayor riesgo para la salud que el tabaco sin humo y los productos de nicotina”.
Ya a fines de 2024, Suecia había reforzado esa estrategia mediante una clara señal de precios: mientras, por un lado, incrementó un 9% el impuesto a los cigarrillos y al tabaco, redujo, por el otro, un 20% el impuesto al snus tradicional y mantuvo una baja tributación para las bolsas de nicotina sin tabaco. Esos cambios procuran llevar a los fumadores a opciones que, según las autoridades suecas, serían menos riesgosas. Lo cierto es que con esa combinación de medidas, solo el 3,7 % de los adultos suecos fuma a diario cigarrillos tradicionales, por debajo del umbral internacional del 5% que define a un país “libre de humo”.

Aunque en menor medida que Suecia, otros países europeos también vienen flexibilizando sus políticas. Chequia aprobó entre 2021 y 2023 tres normas complementarias referidas a las bolsas de nicotina. Además de establecer controles de acceso como la venta restringida a comercios habilitados y protección de menores, se impusieron límites de nicotina de 12 miligramos por bolsa y advertencias sanitarias del 30% del empaque. Ese punto intermedio entre las prohibiciones y el permiso total terminó habilitando un mercado trazable. Grecia, en tanto, aprobó en 2023 el primer mensaje de riesgo relativo para un producto de tabaco calentado luego de más de dos años de evaluación.
¿Qué pasa en América Latina?
Gran parte de los países latinoamericanos sigue la línea marcada por la OMS resumida en que todos los productos con nicotina son igualmente nocivos para la salud dado que generan adicción severa y daños cardiovasculares o neurológicos.
- Brasil, que prohíbe los cigarrillos electrónicos desde 2009, endureció aún más la regulación hace un par de años. A través de una resolución unánime, la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (ANVISA) reafirmó en 2024 el veto total a la fabricación, importación, comercialización, distribución y publicidad de los cigarrillos electrónicos y productos de tabaco calentado, bloqueando incluso su entrada para uso personal.
- En tanto, en México el Congreso aprobó en enero pasado una reforma a la Ley General de Salud que prohíbe en todo el país la producción, importación, distribución y venta de vapeadores y cigarrillos electrónicos.
No obstante, algunos países empiezan a escapar a la regla general. Uno de ellos es Chile. Si bien la Ley 21.642, sancionada a fines de 2023 y puesta en marcha el año pasado, prohíbe tanto la venta de los productos de tabaco y nicotina de nueva generación a menores de 18 años como su uso en espacios cerrados de uso públicos al igual que el tabaco tradicional, la implementación completa de la norma fijó un límite de nicotina de 45 mg/ml, muy por encima del 20 mg/ml establecido en la Unión Europea. Esa diferenciación busca dar una alternativa de transición a fumadores adultos con alta dependencia al tabaco tradicional, además de preserva el acceso a estos productos de nicotina a través de canales regulados.
“Después de tres años y medio de un proceso legislativo, el Congreso en forma unánime -de izquierda a derecha, de oposición a oficialismo- determinó legalizar la comercialización y el consumo del cigarrillo electrónico”, dijo el diputado chileno Marco Antonio Núñez Lozano en el encuentro denominado “El Poder de la Innovación: cómo Argentina cambió de rumbo y qué significa para la región”, organizado por Somos Innovación -una red de personas, instituciones y ONGs que promueve la adopción de tecnologías innovadoras- junto a la Fundación Internacional Bases. “A un ultra liberal se lo puede convencer con el argumento de la libertad personal después de estar informado, y a un izquierdista se lo puede persuadir con la evidencia de la reducción de daños tomando el ejemplo de Suecia”, agregó.
El otro caso a contracorriente en la región es el de Argentina. La Resolución No. 549/2026 de mayo pasado puso fin a la prohibición de la importación y comercialización de vapeadores, dispositivos de tabaco calentado y bolsas de nicotina.
- “Muchos países tratan de solucionar el rompecabezas de la cuestión del tabaquismo, pero les falta una pieza; entonces, tratan de forzar las piezas del control tradicional del tabaco -prohibiciones, regulaciones, campañas de concientización, impuestos- que tienen un efecto, pero les falta la innovación”, dijo Federico Fernández, CEO de Somos Innovación y presidente de la Fundación Internacional Bases.
“El mejor ejemplo de la adopción de la innovación para derrotar al tabaquismo es Suecia, donde si bien el consumo de nicotina es casi igual al del promedio europeo, la gente no prende cigarrillos y con eso las enfermedades vinculadas al tabaquismo se derrumbaron y no fueron reemplazadas por nuevas enfermedades”, agregó.
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