La política argentina ya no se discute solamente en el Congreso, en los canales de noticias o alrededor de una mesa familiar donde alguien termina levantándose antes del postre. También se cocina en podcasts, videos de YouTube, cuentas de X, foros privados y comunidades digitales que hablan de masculinidad, relaciones, dinero, gimnasio, criptomonedas y, tarde o temprano, política.
Ese universo tiene un nombre: manósfera. Manosphere, en inglés, combinación de hombre (man) y esfera (sphere).
El último informe nacional de Zuban Córdoba decidió meterse en ese territorio y encontró una combinación inquietante. La enorme mayoría de los argentinos defiende derechos básicos como el voto femenino, pero al mismo tiempo existe un sector considerable que consume contenidos vinculados con estas comunidades y hasta justifica distintas formas de hostigamiento contra mujeres.
No es el único dato que enciende luces amarillas. La encuesta también muestra un Gobierno nacional con 65,3% de desaprobación, una mayoría que considera que el país va por el rumbo equivocado y casi seis de cada diez personas que quieren votar por un cambio político en 2027.
La motosierra podrá cortar muchas cosas. Por ahora, no parece haber conseguido cortar el malhumor.
El estudio fue realizado sobre 1.500 personas mayores de 16 años de todo el país, entre el 22 y el 26 de julio de 2026, con un margen de error de +/-2,53% y un nivel de confianza del 95%.
Qué es la manósfera y por qué empezó a preocupar a la política
La manósfera es un ecosistema bastante amplio y difícil de encerrar en una sola definición. Incluye desde creadores de contenido que hablan sobre entrenamiento físico, inversiones, seducción o desarrollo personal hasta comunidades abiertamente antifeministas.
No todos los que miran un podcast sobre masculinidad terminan pidiendo la derogación del voto femenino. Sería una conclusión tan exagerada como decir que cualquiera que vea un tutorial de cocina está a dos videos de abrir un restaurante.
El problema aparece en el recorrido.
Muchos de esos espacios comienzan con contenidos aparentemente alejados de la política: deportes, humor, relaciones personales, frustraciones laborales o consejos para ganar dinero. Sin embargo, en algunas comunidades aparecen luego discursos contra la liberación femenina, la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo, el Estado de bienestar o los movimientos feministas.
El informe de Zuban Córdoba utiliza como ejemplo a The Joe Rogan Experience y describe un universo en el que conviven figuras como los cryptobros, los “Chads” y los llamados incels. Distintas tribus digitales que, pese a sus diferencias, suelen compartir valores como el hiperindividualismo, la competencia permanente y la agresividad discursiva.
La promesa es seductora: el éxito depende exclusivamente de vos. Si te va bien, es por tu talento. Si te va mal, probablemente sea culpa del Estado, del feminismo, de la corrección política o de alguien que todavía no viste en un podcast de tres horas.

Para Zuban Córdoba, parte de ese imaginario tiene puntos de contacto con el discurso económico y cultural de La Libertad Avanza, especialmente en su cuestionamiento del Estado y en la exaltación del individuo como único responsable de su destino.
Casi la mitad consume contenidos sobre género en plataformas y foros
El 25% de los encuestados asegura que utiliza diariamente plataformas como X, Reddit, YouTube o foros privados para informarse o consumir contenidos relacionados con cuestiones de género.
Otro 12,6% lo hace una vez por semana y un 7,2%, una vez por mes. En total, el 44,8% reconoce alguna frecuencia concreta de utilización.
En el otro extremo, el 45,2% afirma que nunca usa esas plataformas con esa finalidad, mientras que el 10% no sabe o no responde.
El resultado impide reducir el fenómeno a un pequeño grupo de usuarios escondidos en algún rincón oscuro de internet. Estamos hablando de una circulación considerable, aunque eso no significa que todas las personas que ingresan a esos espacios adhieran a sus posiciones más radicales.
La manósfera no funciona necesariamente como un partido político, con afiliados, autoridades y un local que abre los martes de 18 a 20. Es más difusa. Sus ideas circulan mezcladas con entretenimiento, consejos financieros, memes y conversaciones sobre relaciones personales.
Precisamente por eso puede resultar más difícil advertir su impacto.
El dato más preocupante: la justificación del acoso contra mujeres
La encuesta planteó la siguiente afirmación: “En algunos casos el acoso online contra mujeres que critican a ciertos grupos está justificado”.
El 7,6% respondió que el hostigamiento está justificado frecuentemente y otro 12,7% consideró que puede estarlo a veces. Es decir, un 20,3% lo convalida con frecuencia o en determinadas ocasiones.
Además, un 9,6% contestó “rara vez”.
Por lo tanto, al incorporar todas las respuestas que admiten algún grado de justificación, el porcentaje llega al 29,9%. Prácticamente tres de cada diez encuestados no rechazan de manera absoluta el acoso digital contra mujeres que expresan opiniones críticas.
El 54,7% respondió que nunca está justificado y el 15,4% no tomó posición.
La diferencia importa. No es lo mismo compartir una opinión conservadora sobre relaciones o roles familiares que considerar legítimo hostigar a una mujer por lo que publica. En este segundo caso, la discusión deja de ser ideológica y entra en el terreno de la violencia como mecanismo de disciplinamiento.
El mensaje implícito es bastante sencillo: podés opinar, siempre que no molestes demasiado.
Los derechos de los hombres y una identificación todavía minoritaria
El informe también consultó a los participantes si se sienten identificados con comunidades online que aseguran defender los derechos de los hombres.
El 14,6% contestó que sí, mientras que el 62,8% respondió que no. El 22,6% no supo qué responder.
La identificación explícita es minoritaria, pero no irrelevante. Representa aproximadamente a uno de cada siete encuestados.
Además, la elevada proporción de personas que no responde puede reflejar desconocimiento sobre el término, falta de identificación clara o cierta incomodidad para reconocer afinidad con comunidades que cargan con una imagen cada vez más polémica.
No todo reclamo vinculado con los hombres es necesariamente regresivo o antidemocrático. Existen problemas reales relacionados con salud mental, suicidio, violencia, paternidad o fracaso escolar masculino.
La frontera aparece cuando esas preocupaciones dejan de buscar soluciones y comienzan a presentar a las mujeres como responsables colectivas de las frustraciones de los hombres.
Ahí el debate se transforma rápidamente. Y no siempre para mejor.
El voto femenino conserva un respaldo abrumador
La buena noticia del informe es que los consensos democráticos más elementales permanecen firmes.
El 92,6% está de acuerdo con que el derecho al voto de las mujeres es una conquista adquirida que ya nadie puede discutir. Apenas el 4,4% está en desacuerdo y el 3% no sabe.
A su vez, el 94,5% rechaza eliminar el derecho al voto femenino. Solo el 2% acepta esa posibilidad y el 3,5% no responde.
- Otro 92,6% se opone a que únicamente vote el varón jefe de hogar en representación de toda la familia. La propuesta consigue apenas un 4,3% de adhesión.
En otras palabras, por ahora la idea de volver a una Argentina donde el voto familiar lo maneja un señor con libreta de enrolamiento tiene bastante menos apoyo que una reunión de consorcio un domingo a las ocho de la mañana.
No obstante, hay algunos matices.
El 73% considera que el simple hecho de que se discuta el voto femenino constituye una señal de alarma. El 20,6% está en desacuerdo y el 6,4% no sabe.
Además, el 43,5% cree que en la Argentina ya existen dirigentes que piensan de esa manera, aunque no lo reconozcan públicamente. Un 28,3% no está de acuerdo y otro 28,2% no sabe.
Es decir, la mayoría no considera que los derechos políticos de las mujeres estén realmente disponibles para ser eliminados, pero una porción importante percibe que esas posiciones existen dentro de la dirigencia.
Empleo: casi uno de cada cuatro daría prioridad a los hombres
La encuesta incluyó otra afirmación que permite medir hasta dónde llegan las concepciones tradicionales sobre los roles de género: “Cuando faltan empleos, los hombres deberían tener prioridad para conseguir trabajo”.
El 23,9% estuvo de acuerdo.
El 71,8% se manifestó en desacuerdo y el 4,3% no respondió.
- La mayoría vuelve a rechazar una propuesta discriminatoria, pero casi uno de cada cuatro encuestados considera que, ante una escasez de puestos laborales, los hombres deberían pasar primero.
No se trata de una discusión puramente teórica. En una economía atravesada por el deterioro de los ingresos, el desempleo y la precariedad, las ideas sobre quién “merece” trabajar pueden convertirse rápidamente en decisiones familiares, empresariales o políticas.
La crisis económica no necesariamente inventa esos prejuicios. Pero puede darles combustible.
Del antifeminismo digital al “antifeminismo de Estado”
El informe advierte sobre la posibilidad de que ideas nacidas en comunidades digitales terminen trasladándose al discurso oficial y a las políticas públicas.
A ese proceso lo presenta como un eventual “antifeminismo de Estado”: posiciones que primero aparecen en espacios marginales de internet, luego son recogidas por influenciadores y finalmente ingresan a la conversación política institucional.
No significa que cualquier crítica a una política de género sea automáticamente misógina. Tampoco que todo votante libertario participe de estas comunidades.
El punto central es otro: internet ya no es una realidad paralela.
Los códigos, las bromas y los enemigos construidos en las plataformas pueden modificar el vocabulario de los dirigentes, ordenar identidades políticas y volver aceptables ideas que hace algunos años habrían resultado difíciles de expresar en público.
La batalla cultural, después de todo, no siempre se libra con tratados de filosofía. A veces alcanza con un video de 40 segundos, una música épica y un muchacho explicando por qué el mundo está en decadencia desde que las mujeres empezaron a elegir.
Milei enfrenta 65,3% de desaprobación
Después de analizar la manósfera, el estudio ofrece una radiografía general de la situación política de Javier Milei. Y los resultados son duros.
El 65,3% desaprueba la gestión del Gobierno nacional, mientras que apenas el 33,4% la aprueba. El 1,3% no sabe.
La imagen personal del Presidente muestra un resultado parecido: 61,3% tiene una opinión negativa de Milei y el 33,4% conserva una imagen positiva. El 1,9% no lo conoce y el 3,4% no responde.
Hay un número que aparece una y otra vez en la encuesta: 33,4%.
Ese es el porcentaje que aprueba al Gobierno. También el que tiene una buena imagen de Milei. Y, como se verá más adelante, el que votaría por la continuidad del oficialismo en 2027.
No necesariamente se trata exactamente de las mismas personas —el informe no presenta los cruces individuales—, pero los resultados dibujan un núcleo político cercano a un tercio del electorado.
Es un piso competitivo. Aunque, por ahora, también parece un techo bastante bajo.
El 64% cree que la Argentina va por el rumbo incorrecto
La percepción sobre la dirección general del país tampoco favorece al Gobierno.
El 64% considera que la Argentina avanza por el rumbo incorrecto bajo la administración de Javier Milei. Solo el 30% cree que el rumbo es correcto y el 6% no sabe.
La distancia es de 34 puntos.
Ese resultado complica uno de los principales argumentos oficiales: que el programa económico necesita tiempo y que, pese a las dificultades presentes, el país se dirige hacia un futuro mejor.
Una mayoría amplia no solamente está disconforme con algunos resultados. También cuestiona la dirección del proceso.
No es un problema menor de comunicación. Cuando alguien considera que un colectivo avanza en sentido contrario, probablemente no alcance con explicarle que el chofer tiene un plan.
Más de la mitad dice estar económicamente peor
La evaluación general se vincula directamente con la economía cotidiana.
El 53,9% de los encuestados afirma que su situación personal está peor, en términos económicos, que cuando asumió Javier Milei.
- Solo el 13,2% asegura estar mejor.
Además, el 16,7% dice seguir igual de bien, mientras que el 14,4% continúa igual de mal. El 1,8% no sabe.
Si se suman quienes están peor y quienes continúan igual de mal, el 68,3% describe una situación económica negativa.
En cambio, quienes están mejor o siguen igual de bien representan el 29,9%.
Este dato ayuda a entender por qué el relato sobre una recuperación económica no logra traducirse automáticamente en una mejora de la opinión pública. Los indicadores macroeconómicos pueden mostrar determinados avances, pero la experiencia personal funciona con otra unidad de medida: cuánto alcanza el sueldo, qué deuda queda en la tarjeta y cuántos días faltan para cobrar.
Una recuperación que requiere demasiada explicación corre el riesgo de parecerse a esos restaurantes donde el mozo tarda diez minutos en describir un plato y uno termina recibiendo dos ravioles.
Elecciones 2027: el 61,9% quiere cambiar de Gobierno
El malestar económico y político ya tiene una expresión electoral.
Ante la pregunta sobre qué haría en las elecciones presidenciales de 2027, el 61,9% respondió que votaría por un cambio respecto del Gobierno actual.
El 33,4% elegiría la continuidad y el 4,7% no sabe.
La diferencia entre cambio y continuidad alcanza los 28,5 puntos porcentuales.
Es un dato muy negativo para el oficialismo, pero no equivale automáticamente a una victoria opositora. Desear un cambio es una cosa. Coincidir sobre quién debe encabezarlo es otra bastante más difícil, especialmente en la Argentina.
El rechazo a un Gobierno puede ser una avenida ancha. El problema suele aparecer cuando todos quieren manejar.
El peronismo supera a La Libertad Avanza, pero no capitaliza todo el descontento
Cuando la encuesta presenta un escenario con varios espacios políticos, el peronismo aparece primero con 31,3%.
La Libertad Avanza queda en segundo lugar con 28%.
Más atrás aparecen el PRO, con 6,8%; el Frente de Izquierda, con 4,4%; Provincias Unidas, con 2,4%; y la UCR, con 2,3%. Otro 7,5% optaría por una alternativa diferente y el 17,3% no sabe.
La distancia entre el peronismo y los libertarios es de apenas 3,3 puntos, dentro de un escenario todavía muy fragmentado.
El contraste es importante: el 61,9% quiere cambiar al Gobierno, pero el principal espacio opositor solo obtiene 31,3%.
La conclusión es evidente. El oficialismo enfrenta un rechazo mayoritario, aunque la oposición todavía no consigue cobrar todo ese cheque.
En un escenario polarizado, la diferencia se reduce todavía más
Cuando las opciones se concentran, el peronismo alcanza el 35,3% y La Libertad Avanza sube al 33,8%.
El Frente de Izquierda obtiene 6,6% y el 24,3% no sabe.
La diferencia entre los dos principales espacios queda reducida a 1,5 puntos porcentuales.
Por lo tanto, la encuesta presenta dos fenómenos simultáneos.
Por un lado, existe una mayoría muy clara que desaprueba al Gobierno, considera incorrecto el rumbo y desea un cambio en 2027.
Por el otro, cuando llega el momento de elegir entre las principales fuerzas, la competencia se vuelve mucho más pareja.
El antikirchnerismo continúa siendo un activo potencial para el oficialismo. Pero el informe plantea que confiar exclusivamente en ese recurso puede ser insuficiente si no aparece una mejora concreta en salarios, consumo y actividad económica.
La gente puede sentir rechazo por el pasado y, al mismo tiempo, estar enojada con el presente. La política argentina ha demostrado una capacidad casi artesanal para fabricar esas dos sensaciones a la vez.
El desafío de Milei: salir del tercio propio
La encuesta muestra que Javier Milei conserva una base de aproximadamente un tercio del electorado.
No es una cifra despreciable. En un escenario fragmentado, puede permitirle seguir siendo competitivo y hasta llegar a una segunda vuelta.
El problema es que el resto de los indicadores muestra un aislamiento creciente: 65,3% de desaprobación, 61,3% de imagen negativa, 64% de percepción de rumbo incorrecto y 53,9% que asegura estar económicamente peor.
El informe de Zuban Córdoba sostiene que los oficialismos suelen terminar compitiendo contra sí mismos. Para recuperar respaldo, no alcanza con señalar los defectos de la oposición ni con insistir en que la economía ya mejoró y que el problema es comunicacional.
La recuperación, dice el estudio, no puede instalarse en la cabeza de la población como si fuera una publicidad. Se siente o no se siente.
En una de sus frases más filosas, el trabajo asegura que el “cisne negro” que irrumpió en 2023 corre el riesgo de convertirse en “una gallina más del corral”: otro Gobierno que prometió romper con todo y terminó enfrentando frustraciones parecidas a las de sus antecesores.
La manósfera y la economía cuentan una misma historia
A primera vista, los datos sobre masculinidad digital parecen pertenecer a un estudio diferente de los números sobre aprobación presidencial, situación económica o intención de voto.
Pero existe un hilo que los conecta: la frustración.
La incertidumbre económica, la pérdida de expectativas y la sensación de falta de control generan una demanda de explicaciones simples. Las comunidades digitales ofrecen respuestas rápidas, culpables reconocibles y una identidad a la cual pertenecer.
La política hace algo parecido.
En ese contexto, los discursos que prometen devolver orden, autoridad o una supuesta normalidad perdida pueden crecer incluso cuando sus propuestas más extremas siguen siendo rechazadas por una mayoría abrumadora.
La encuesta muestra que la sociedad argentina no está dispuesta a discutir seriamente el voto femenino. Pero también revela que una parte considerable tolera el hostigamiento digital, acepta privilegios laborales para los hombres o cree que algunos dirigentes sostienen posiciones regresivas en secreto.
No parece haber una contrarrevolución lista para comenzar mañana a las nueve. Pero tampoco conviene mirar para otro lado.
Las ideas políticas raramente llegan al poder con una etiqueta que dice “cuidado”. Primero aparecen como una provocación, después como un chiste, más tarde como contenido viral y, cuando alguien quiere darse cuenta, ya forman parte de una plataforma electoral.
La manósfera argentina todavía es un universo fragmentado. El informe de Zuban Córdoba, sin embargo, muestra que dejó de ser apenas una rareza de internet.
Y la política, que suele llegar tarde a casi todo, debería empezar a prestarle atención.
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