Quiero que los bancos trabajen de bancos. La frase, repetida durante la campaña electoral por el entonces candidato Javier Milei, hacía referencia a la necesidad de que los bancos dejen de financiar al estado mediante la compra de bonos del Tesoro y del Banco Central para retornar a su función original de captar depósitos y otorgar créditos.
Más de dos años después, aquel deseo fue cumplido hasta ahora en forma parcial. “Los bancos están trabajando mucho más de bancos que hace dos años dado que están volcando más crédito al sector privado, pero con eso solo retornamos a los niveles de 2017/2018”, dijo a El Economista Guillermo Barbero, socio en First Corporate Finance Advisors. “Todavía no logramos quebrar ese techo de cristal porque, con tasas de interés altas y plazos cortos, los bancos solo acceden a prestar montos bajos para garantizarse el repago”, agregó.
Con la eliminación del déficit fiscal desde el inicio de la actual gestión, el Estado redujo su necesidad de recursos, lo que llevó a los bancos a reorientar su foco y a incrementar el financiamiento al sector privado. Ese drástico cambio de condiciones con respecto al escenario que existía hasta diciembre de 2023, sumado a la tendencia descendente de las tasas de interés nominales y a la eliminación de diversas regulaciones, impulsó un salto del stock de préstamos en términos reales superior al 50% en 2024. Ese ritmo sostenido se mantuvo durante el primer semestre del año pasado.
Sin embargo, la carrera se frenó en el tercer trimestre de 2025. Tras la sustitución de las Letras Fiscales de Liquidez (LEFIs) que provocó una fuerte inyección de pesos en el mercado, el gobierno echó mano a la suba de encajes y al alza de las tasas de interés para evitar que la mayor liquidez corriera al dólar. Esa dinámica fue amplificada por la incertidumbre electoral que impulsó una fortísima dolarización de las carteras. La expectativa era que con el proceso electoral ya superado, y más aún con el resultado favorable obtenido por el gobierno nacional, el nivel de las tasas descendiera con fuerza y volviera a rearmarse el círculo virtuoso de expansión del crédito. No obstante, si bien las tasas bajaron, no retornaron al nivel que registraban en el primer trimestre del año pasado, lo que mantiene frenada la expansión del crédito, sobre todo para las operaciones en pesos.
Ese escenario abre interrogantes de corto y mediano plazo. En lo inmediato, una rápida recuperación del crédito es una de las pocas opciones que tiene el actual esquema económico para dinamizar los niveles de consumo y actividad que, en el mejor de los casos, hoy están estancados. En tanto, si la mirada se extiende a más largo plazo, años de marchas y contramarchas de la economía derivaron en una incertidumbre estructural que sigue imponiendo un techo bajo con el que vienen chocando las cíclicas recuperaciones del crédito en los últimos 25 años.
Si bien el stock de préstamos medidos en relación al PBI pasó del 5% a fines de 2023 a cerca del 12% al cierre del año pasado, el salto se frenó en niveles que son apenas la mitad de los registrados a fines del 2000, un año antes de la crisis que derivó en el corralito y la pesificación asimétrica. El nivel alcanzado luce aún más bajo si la comparación se hace con el ratio promedio de préstamos/PBI en los países de la región, que ronda el 44%.
Qué falta
Para que el crédito en Argentina pueda cerrar la amplia brecha que aún lo separa tanto de los niveles alcanzados a comienzos de siglo como de los registros actuales en Chile, Brasil o Uruguay, desde los bancos apuntan a que, en primer lugar, es condición ineludible que se consolide una mejora de la macroeconomía.
“Sostener una inflación baja genera un círculo virtuoso: habilita tasas reales positivas, incentiva el ahorro dentro del sistema financiero y amplía los saldos prestables disponibles para financiar a la economía”, dijo a El Economista Ana Bartesaghi, Chief Investor Relations Officer de Banco Supervielle. “El mayor acceso al crédito también potencia la actividad económica, incrementando la demanda de financiamiento para capital de trabajo, y este proceso contribuye a la generación de empleo, al aumento del ingreso disponible de las familias y, en consecuencia, al crecimiento del consumo”, agregó.
Con el freno a partir de mayo del año pasado de la tendencia descendente de la inflación y, con eso, de la recuperación de los ingresos reales, sumado a un amesetamiento de los niveles de actividad, el crédito comenzó a exhibir señales de agotamiento. “Dejar el espacio para que los bancos puedan redireccionar su activo al sector privado en lugar de solo dirigirlo al estado es la primera clave, pero con eso solo no alcanza: también tiene que convalidar la demanda que necesita tasas más bajas y crecimiento de la actividad”, dijo a El Economista Diego Crochi, economista jefe de Banco Comafi. “Argentina no crece desde 2010 y es clave que el gobierno logre romper con ese techo de la actividad: para que aumente el crédito también debe haber más originación de negocios y tasas relativamente asequibles para las empresas”, añadió.
El ordenamiento de la macroeconomía, un crecimiento sostenido y estabilidad en las reglas de juego son condiciones cruciales para fortalecer el ahorro doméstico y los depósitos a mayor plazo, claves para desarrollar líneas como el crédito hipotecario. “Mientras en Argentina los préstamos hipotecarios representan apenas el 5% de la cartera, en los países vecinos son el principal componente del crédito”, dijo Barbero. En Chile, por ejemplo, el crédito hipotecario representó el año pasado el 36,5% de las colocaciones, según datos de la Asociación de Bancos e Instituciones Financieras (ABIF).
El rezago de los créditos hipotecarios en Argentina está atado tanto a la baja relación entre ingresos y precios de las viviendas como a la falta de un mercado de capitales desarrollado. “Si el objetivo es llegar a niveles más altos de préstamos/PBI, el crédito hipotecario es clave, pero para los bancos comerciales esos préstamos tienen el problema que generan un descalce muy grande de plazos: dado que el grueso de los depósitos en Argentina es a 1 día o a 30 días, si se fondea un crédito a 30 años, el descalce en la hoja de balance de los bancos es gigantesco”, dijo Crochi, de Banco Comafi. “En otras economías, el fondeo de largo proviene de aseguradoras y fondos de pensión; el banco origina los préstamos hipotecarios, los empaqueta, los securitiza y los vende en el mercado, pero en Argentina no hay ni aseguradoras ni fondos de pensión con volumen suficiente para resolver eso”, agregó.
En la misma línea, para Bartesaghi, de Banco Supervielle, “un factor que será clave para lograr una expansión del crédito hipotecario, que nos lleve a los niveles de nuestros vecinos, es contar con un mercado de capitales más profundo para ayudar con la originación y su posterior securitización que permita, a su vez, liberar los balances de los bancos para seguir originando”. “El año pasado, la
Comisión Nacional de Valores (CNV) avanzó en este sentido estableciendo un régimen especial simplificado para la oferta pública de Fideicomisos Financieros Hipotecarios (FFH)”, dijo. “Sin embargo, el desarrollo de un mercado profundo para este tipo de activos aún está lejos”, agregó.
¿Necesita cambios la regulación?
Entre las herencias de la crisis de 2001/2002, aún están vigentes una serie de medidas macro prudenciales que fueron tomadas en base a las lecciones aprendidas de aquel derrumbe. Entre ellas sobresale la que establece que los bancos solo pueden otorgar préstamos en dólares a exportadores o agentes económicos que tengan ingresos en esa moneda.
Esta regulación, que limita la exposición cambiaria, fue clave para sostener la estabilidad del sistema bancario en crisis globales como la de las hipotecas subprime en 2008. Sin embargo, el rápido incremento de la liquidez en dólares -los depósitos pasaron de unos U$S 14.000 millones en noviembre de 2023 a U$S 36.681 millones en diciembre pasado- viene aumentando las presiones para que esa regulación sea, al menos, flexibilizada.
“A los banqueros, lo que más nos gusta es laburar de bancos; el problema es que en Argentina la base de depósitos es muy baja… Para que haya un crecimiento más rápido del sistema financiero, los bancos tenemos que poder volver a captar dólares, y para volver a captar dólares tenemos que estar habilitados a poder prestar dólares… Hay un temor del Banco Central que viene del 2002, pero pasaron veinte años y debemos ser un país que nos parezcamos más a cualquier otro de la región”, dijo Jorge Brito, presidente de Banco Macro en una entrevista periodística realizada a fines de enero.
A comienzos del año pasado, el Banco Central flexibilizó las condiciones al permitir que los bancos presten dólares de fuentes como Obligaciones Negociables (ONs) y líneas de crédito internacionales a sectores más amplios, no solo a exportadores. Sectores del gobierno y de la banca pretenden seguir en ese camino de eliminación de restricciones. En sentido contrario, se levantan voces que prefieren mantener las condiciones actuales sin grandes cambios. “Que los créditos en dólares solo sean para quienes generan dólares no está mal, es reconocer la realidad”, señaló Barbero. “Quizás se pueda dar algún margen de crédito en dólares para gente que tiene dólares o para empresas que no exportan pero trabajan muy ligadas a empresas exportadoras, pero no mucho más que eso”, añadió.
Ya sin un estado tan demandante de recursos, los bancos vienen reasignando la composición de su activo de forma más equilibrada entre la pata que va a títulos públicos y la que va a préstamos al sector privado. Eso representó un cambio muy favorable para el crecimiento del crédito, pero esa condición necesaria no es todavía suficiente. Sin nuevos impulsos, el techo de cristal seguirá sin romperse.


