La X Semana de la Energía, organizada por la Organización Latinoamericana y Caribeña de Energía (Olacde), volvió a consolidarse como el principal espacio de debate estratégico del sector. En esta edición, dos temas atravesaron transversalmente los paneles y conclusiones: la mitigación del metano y el almacenamiento de energía como nueva frontera de la flexibilidad eléctrica.
Ambos desafíos, distintos en naturaleza pero complementarios en impacto, fueron señalados como determinantes para que la región pueda sostener su liderazgo en energías limpias sin comprometer sus objetivos climáticos, su seguridad energética ni su competitividad económica.
Metano: el talón de Aquiles en la transición
El control de las emisiones de metano emergió como un punto crítico para el futuro del gas natural en la matriz energética regional. “Si no encontramos las fugas de metano como la forma de propiciar la mitigación, no vamos a poder decir con claridad que el gas es un combustible de transición”, advirtió Marcelo Mena, director del Global Methane Hub.
El metano tiene un poder de calentamiento mucho mayor que el CO₂ en el corto plazo. Según el Compromiso Global de Metano, una reducción acelerada de estas emisiones podría evitar hasta 0,3 °C de aumento de la temperatura global hacia 2050, más del doble del impacto que lograría la descarbonización por sí sola en ese horizonte.
En América Latina y el Caribe, donde el gas aparece como aliado para respaldar la expansión de las renovables y reducir costos energéticos, el mensaje fue claro: sin control de fugas, el gas deja de ser un puente y se convierte en un freno climático.
La presión regulatoria externa también fue parte del debate. La Unión Europea, que importa cerca del 20% de sus emisiones, ya puso en marcha un Reglamento de Metano con alcance extraterritorial, considerado una de las políticas más efectivas para reducir el calentamiento global en el corto plazo. Replicar un estándar regional alineado con la UE podría aportar hasta 0,1 °C adicional de mitigación y evitar crecientes costos por daños climáticos.
Desde el plano técnico, los expertos coincidieron en que la información ya no es una barrera. “No es necesario que cada país genere su propio sistema satelital. Los datos están disponibles, son cada vez más transparentes y oportunos, y son clave para los sistemas de medición, reporte y verificación”, explicó Riley Duren, CEO de Carbon Mapper.
A su vez, Gastón Siroit, director del Observatorio de Emisiones de Metano de América Latina y el Caribe (OEMLAC), subrayó que el problema no es económico: “El 80% de las iniciativas para reducir metano son costo-efectivas. Las regulaciones no deben ser punitivas, sino organizativas, porque el sector ya ve el beneficio ambiental, técnico y económico”.

Almacenamiento: la pieza que falta
El otro gran eje de la Semana de la Energía fue el almacenamiento eléctrico, señalado como indispensable para sostener el crecimiento de la generación solar y eólica y reemplazar servicios que históricamente brindaron las centrales térmicas.
“El almacenamiento es un elemento clave para la transición energética. La región tiene las bases, pero falta una visión de largo plazo y un marco regulatorio robusto que genere incentivos claros”, afirmó Felipe Riveros, especialista en Código de Red de Huawei.
En la actualidad, América Latina y el Caribe cuentan con alrededor de 1,7 GW de capacidad instalada de almacenamiento, pero las proyecciones indican que podría superar los 23 GW hacia 2030. Sin embargo, el desafío regional no es solo tecnológico. Con matrices eléctricas ya altamente renovables y un peso significativo de la hidroelectricidad, el almacenamiento debe pensarse como parte de una “canasta de flexibilidad” adaptada a cada país.
Esa canasta incluye baterías (BESS), hidroelectricidad de bombeo, soluciones de larga duración y electrónica de potencia avanzada. El principal cuello de botella identificado no es la disponibilidad de tecnología, sino la falta de reglas claras que permitan a estas soluciones participar del mercado y ser remuneradas por los múltiples servicios que prestan: arbitraje de energía, capacidad firme y servicios complementarios.
El cierre estuvo a cargo del secretario ejecutivo de Olacde, Andrés Rebolledo, quien destacó que en apenas una década la región logró avances sin precedentes en renovabilidad y acceso energético, pero advirtió que persisten brechas profundas.
“La transición no es solo sustituir fuentes, sino crear un modelo que acelere la descarbonización, garantice seguridad, impulse innovación y fortalezca la competitividad”, señaló. Rebolledo subrayó además la necesidad de inversiones masivas, estabilidad regulatoria y decisiones políticas valientes, en un contexto marcado por la volatilidad de precios y el aumento de eventos climáticos extremos.
