Luego de haber recuperado este año toda la caída acumulada en 2023 y en el primer cuatrimestre de 2024, las proyecciones indican que la actividad económica mantendrá el año próximo el sendero de crecimiento, aunque lo hará a un ritmo moderado y con alta heterogeneidad entre sectores. Mientras hidrocarburos, agro e intermediación financiera seguirán empujando hacia arriba, industria y comercio se asoman a otro año difícil. La novedad es que la construcción, luego del derrumbe de 2024 y la muy tenue recuperación desde el pozo registrada este año, podría acelerar la mejora de la mano de algo más de obra pública en las provincias y del gradual retorno de los créditos hipotecarios.
Según el Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) -un promedio de los pronósticos de consultoras y bancos recopilados por el Banco Central-, el crecimiento del PBI en 2026 sería del 3,3% luego de un rebote proyectado para este año del 4,4%. “Es un buen nivel de crecimiento, pero por debajo de la media”, dijo a El Economista Sebastián Menescaldi, director en EcoGo Consultores. “La razón es que la transición hacia un nuevo modelo económico va a traer ganadores pero también perdedores, y hay sectores, como la industria, que van a sufrir”, agregó.

La expansión que registrará el PBI este año se explica casi en su totalidad por arrastre estadístico: entre puntas, desde diciembre del año pasado al cierre de 2025, casi no habrá crecimiento real. “Ese freno se debió en buena parte a que estaba la duda de qué iba a suceder después de las elecciones parlamentarias”, dijo Menescaldi. “El resultado electoral confirmó que vamos hacia un cambio de modelo, lo que va a desencadenar un conjunto de decisiones de empresas que implicarán probablemente un salto de la inversión, el factor que más va a movilizar a la economía en 2026 dado que el consumo avanzará apenas en línea con el PBI”, añadió.
Ganadores con el impulso de la inversión
Sin elecciones a la vista, la menor incertidumbre política promete actuar este año como catalizador de proyectos que estaban en espera. A eso se suma que ya con menor volatilidad cambiaria, iniciativas en sectores capital intensivos como hidrocarburos, minería y construcción podrían acceder a financiamiento en mejores condiciones.
Vaca Muerta promete sostener su vertiginoso crecimiento en 2026. La Fundación Contactos Energéticos proyectó para el año próximo el desarrollo de 28.040 etapas de fractura, lo que implicaría un incremento del 22% con respecto a las estimaciones para 2025 y un salto del 57,4% frente a 2024. Sin embargo, ese incremento, que permitiría acercar los niveles de producción a la meta de 1 millón de barriles diarios, está condicionado a que el precio del crudo frene su tendencia a la baja. Luego de superar los U$S 80 por barril a inicios de este año, el valor del barril de crudo Brent ronda los U$S 60. Agencias y consultoras prevén un precio promedio que rondaría entre U$S 50 y U$S 60 a lo largo de 2026, lo que podría moderar el ritmo de expansión proyectado para Vaca Muerta.

En tanto, la producción agrícola, luego de una sucesión de años en los que las condiciones de humedad del suelo no fueron las ideales para la siembra, también promete traccionar el crecimiento el año próximo. Las mejores expectativas están puestas en el maíz y, sobre todo, en el trigo que espera una cosecha record. Según estimaciones de la Bolsa de Comercio de Rosario, en la campaña 2025/26 Argentina produciría 27,7 millones de toneladas, un 37% más de trigo que en el ciclo previo.
A esa lista de sectores ganadores promete sumarse, aunque con menor intensidad, la construcción. Luego de un derrumbe del 27,4% registrado en 2024, la construcción acumuló en los primeros diez meses de este año una recuperación parcial del 7,9%. Desde niveles todavía muy bajos, el rebote podría tomar algo más de fuerza en 2026. Por un lado, la obra pública podría salir de la parálisis de los últimos dos años. Con la baja de los niveles de riesgo-país registrada tras el resultado electoral, provincias como Santa Fe y Córdoba, además de la Ciudad de Buenos Aires, salieron a buscar financiamiento internacional para encarar obras de infraestructura postergadas.
- Además de esa estrategia a la que podrían sumarse otras provincias en los primeros meses del próximo año, se prevé un alza en el monto de las transferencias del gobierno nacional a los provinciales, una opción que toma fuerza como prenda de negociación para agilizar en el Congreso reformas que el Poder Ejecutivo considera claves.
En paralelo a los proyectos de infraestructura, las obras privadas también podrían retomar un ciclo de expansión. “Cuando asumió este gobierno, el indicador de Zonaprop señalaba que el stock de unidades usadas no vendidas se podía absorber en dos años y medio; actualmente, ese ratio ya da 1,1”, señaló Damián Tabakman, presidente de la Cámara Empresaria de Desarrolladores Urbanos (CEDU). “Nuestra expectativa es que siga bajando ese stock y que en algún momento la gente encuentre más atractivo comprar lo nuevo que lo usado”. Si eso se concreta, los nuevos desarrollos se acelerarán a partir del año próximo, más aún si empieza a extenderse el todavía tímido repunte de los créditos hipotecarios.
Industria y comercio, nada cambia
A contramano de la fiesta en los sectores ganadores, la consolidación del modelo económico amenaza con profundizar la derrota de los perdedores. La industria, que aún mantiene niveles de producción 10% por debajo de los registrados a fines de 2023, seguirá sin poder cerrar esa brecha el próximo año. La debilidad de la demanda, en un contexto de avalancha de importaciones y suba de costos, continuará arrastrando hacia abajo a rubros como el textil, automotriz y el de electrodomésticos. “En 2026 se consolidará el cambio en el mix de oferta local e importada”, dijo Menescaldi. “Muchas decisiones que hasta ahora no se habían tomado porque implicaban echar gente y aplicar cambios muy importantes en la estructura de las empresas se tomarán el año próximo en pos de sobrevivir”, añadió.
Tampoco el comercio espera mejoras significativas para 2026 ante ingresos que apenas avanzarían en línea con la inflación y a un mercado laboral cada vez más tensionado. “Mientras los ganadores en el actual modelo son minería, hidrocarburos, intermediación financiera y agro que explican apenas el 9,2% de los puestos registrados del sector privado, los perdedores -construcción, industria y comercio- representan casi el 45% de los empleos en blanco”, dijo a El Economista Guido Bambini, economista del Centro de Política Argentina (CEPA). “Ese modelo va a seguir profundizándose el año próximo”.

Con un arrastre estadístico estimado en 1,2%, la actividad económica sumará en 2026 otro año de expansión, aunque moderada. “La actividad cayó hasta abril de 2024, rebotó hasta febrero de este año y desde entonces entró en una meseta irregular dado que lo que empuja ya no es suficiente para mover a lo que está abajo”, dijo la semana pasada el economista Esteban Domecq, presidente de Invecq Consultora Económica en el Seminario ProPymes organizado por el Grupo Techint. “Esa meseta está en el techo de un canal de estancamiento estructural que ya lleva 15 años”.
Luego de cerca de dos décadas de subas y bajas que mantienen a la economía casi en el mismo nivel, el desafío del próximo año será salir de esa dinámica para iniciar un sendero de crecimiento sustentable. El 2026 entregará respuestas acerca de si el actual esquema económico es el adecuado para encarar esa tarea.
