{"id":51079,"date":"2026-05-02T17:26:00","date_gmt":"2026-05-02T17:26:00","guid":{"rendered":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/?p=51079"},"modified":"2026-05-02T17:26:00","modified_gmt":"2026-05-02T17:26:00","slug":"el-laberinto-legal-argentino-o-por-que-tantos-jovenes-quieren-ser-abogados","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/?p=51079","title":{"rendered":"El laberinto legal argentino (o por qu\u00e9 tantos j\u00f3venes quieren ser abogados)"},"content":{"rendered":"<div><img src=\"http:\/\/economiapoliticacba.com\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/el-laberinto-legal-argentino-o-por-que-tantos-jovenes-quieren-ser-abogados.png\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<p><i>Por Luciano Zubillaga (*) y Carlos Celaya (**)<\/i> <\/p>\n<p><strong>\u00bfPor qu\u00e9 tantos j\u00f3venes argentinos quieren ser abogados? <\/strong>No es una pregunta frecuente en muchos pa\u00edses, pero en Argentina tiene todo el sentido. <\/p>\n<p>Seg\u00fan datos del Ministerio de Educaci\u00f3n, casi 14% de los titulados universitarios hizo la carrera de <strong>Derecho<\/strong>. De hecho, esos datos muestran que hay aproximadamente tres licenciados en Derecho por cada licenciado en Medicina. La OCDE ofrece una imagen similar: uno de cada cinco graduados en Argentina estudi\u00f3 Derecho o carreras de negocios. Dato m\u00e1s, dato menos, la idea es la misma: <mark class=\"marker-yellow\">una parte muy significativa de los j\u00f3venes argentinos ve en el mundo jur\u00eddico una forma razonable de futuro.<\/mark> <\/p>\n<p><strong>La respuesta m\u00e1s simple tal vez sea la verdadera: porque perciben all\u00ed m\u00e1s oportunidades de prosperidad que en otros sectores.<\/strong> O, dicho de otra manera, porque ven mejores posibilidades de navegar el laberinto que de transformarlo. <mark class=\"marker-yellow\">Sea por familia, por amigos, por reputaci\u00f3n, por televisi\u00f3n o por experiencia cotidiana, para muchos j\u00f3venes ser abogado aparece como una profesi\u00f3n de poder, de informaci\u00f3n y de intermediaci\u00f3n. En una sociedad donde la regla rara vez es transparente, quien aprende a interpretar la regla adquiere una ventaja.<\/mark> <\/p>\n<p>Entonces se abre una pregunta m\u00e1s espinosa: \u00bfpor qu\u00e9 hay tantos despachos de abogados, tantos negocios de abogados, tantos tr\u00e1mites de abogados? O, dicho de otro modo, \u00bfpor qu\u00e9 la intermediaci\u00f3n jur\u00eddica y administrativa ocupa un lugar tan grande en la vida institucional argentina? <\/p>\n<p>Hay sociedades con alta densidad de abogados, como Estados Unidos, Israel, Italia o Brasil. Pero esas hipertrofias jur\u00eddicas surgen de historias muy distintas: una cultura litigiosa, el entrelazamiento entre lo religioso y lo civil, el estatismo procesal, la judicializaci\u00f3n de la pol\u00edtica o la expansi\u00f3n permanente de los derechos formales. <strong>Argentina no reproduce exactamente ninguna de esas historias.<\/strong> <\/p>\n<p>En la nuestra conviven corporaciones que generan su propia ventaja regulatoria, una presencia estatal desmesurada pero muchas veces ineficaz, una alta litigiosidad laboral, un entramado de excepciones y una multiplicaci\u00f3n de negocios vinculados a la norma. A diferencia del mercado litigioso estadounidense, el laberinto argentino parece alimentarse, sobre todo, de la propia ineficiencia del Estado. <\/p>\n<p>Sin embargo, conviene no pensar la ineficiencia solo como atraso. El capitalismo contempor\u00e1neo no funciona \u00fanicamente eliminando fricciones. Muchas veces tambi\u00e9n las captura. Extrae valor de diferencias de precio, demoras, asimetr\u00edas de informaci\u00f3n, vac\u00edos normativos, arbitrajes financieros, cambios regulatorios, permisos, licencias y desajustes entre jurisdicciones. La eficiencia absoluta no siempre es el horizonte del capitalismo; a veces, su materia prima es precisamente la diferencia. <\/p>\n<p><strong>Ese es uno de los puntos m\u00e1s inquietantes para pensar el caso argentino.<\/strong> El pa\u00eds produce diferencias, demoras e ineficiencias todo el tiempo. Pero rara vez logra articularlas a favor de una transformaci\u00f3n productiva. No las convierte en inteligencia institucional, coordinaci\u00f3n, innovaci\u00f3n t\u00e9cnica o nuevas capacidades colectivas. Con demasiada frecuencia las transforma en gestor\u00edas, contactos, cautelares, excepciones, litigios, reg\u00edmenes especiales y saberes defensivos. All\u00ed donde otros sistemas convierten la complejidad en escala, inversi\u00f3n o tecnolog\u00eda, Argentina suele convertirla en intermediaci\u00f3n. <\/p>\n<p>Por eso el giro desregulador actual tiene una fuerza pol\u00edtica tan poderosa. <mark class=\"marker-yellow\">El gobierno de Javier Milei convirti\u00f3 la desregulaci\u00f3n en uno de los sellos m\u00e1s claros de su agenda.<\/mark> El atractivo de esa promesa es f\u00e1cil de entender. Para muchos argentinos, la vida cotidiana est\u00e1 lastrada por normas contradictorias, retrasos administrativos, permisos que se multiplican, ventanillas que no responden, requisitos que cambian y expedientes que parecen existir para justificar otros expedientes. <\/p>\n<p><mark class=\"marker-yellow\">La desregulaci\u00f3n llega, por tanto, no solo como un programa econ\u00f3mico, sino como una promesa de liberaci\u00f3n. Al eliminar normas, el Gobierno establece una conversaci\u00f3n sobre la libertad. Construye el marco desde el cual quiere que se juzgue su acci\u00f3n pol\u00edtica. Si el debate se reduce a libertad contra burocracia, un gobierno que se define a s\u00ed mismo como libertario parte con ventaja.<\/mark> <\/p>\n<p>Pero la verdadera cuesti\u00f3n no es solamente si Argentina tiene demasiadas normas. <strong>La pregunta m\u00e1s importante es qui\u00e9n pag\u00f3 el precio de la regulaci\u00f3n, qui\u00e9n aprendi\u00f3 a sacar provecho de ella y qui\u00e9n se beneficiar\u00e1 de su eliminaci\u00f3n. <\/strong>Un mal orden regulatorio nunca es neutral. Puede funcionar como una carga para los d\u00e9biles y como un foso protector para quienes cuentan con los recursos necesarios para sortearlo. <\/p>\n<p>Carlos Nino vio parte de este problema con una claridad poco habitual. <mark class=\"marker-yellow\">En&nbsp;&#8220;Un pa\u00eds al margen de la ley&#8221;, publicado en 1992, sosten\u00eda que la patolog\u00eda argentina no era una simple ausencia de ley, sino un exceso de leyes inestables e ineficaces. La cuesti\u00f3n no era que los argentinos carecieran de normas, sino que estas pod\u00edan proliferar hasta perder autoridad pr\u00e1ctica. La ley se multiplicaba y, al mismo tiempo, se degradaba.<\/mark> <\/p>\n<p>Hay aqu\u00ed una conexi\u00f3n casi literaria con una figura ret\u00f3rica muy argentina: la hip\u00e9rbole. La desmesura permanente, la exageraci\u00f3n como estilo, la inflaci\u00f3n de palabras, promesas y normas. As\u00ed como la repetici\u00f3n excesiva degrada las palabras, la producci\u00f3n excesiva de reglas puede degradar la autoridad de la ley. Cuando todo es urgente, nada es urgente. <strong>Cuando todo est\u00e1 regulado, la regla deja de ordenar y empieza a pedir excepciones.<\/strong> <\/p>\n<p>El debate actual no deber\u00eda reducirse, entonces, a un contraste simple entre burocracia y libertad. Se trata, m\u00e1s profundamente, de una disputa sobre qui\u00e9n soporta la complejidad y qui\u00e9n la domina. En cierto modo, es otra forma del eterno conflicto distributivo argentino. <strong>No solo se distribuyen ingresos, subsidios o impuestos. Tambi\u00e9n se distribuye complejidad. Algunos la padecen; otros viven de administrarla.<\/strong> <\/p>\n<p><mark class=\"marker-yellow\">La narrativa oficial, junto con la eliminaci\u00f3n de cientos de leyes y normativas menores, puede agotar pronto el primer marco discursivo de la libertad. <\/mark>Cuando la consigna inicial pierda novedad, aparecer\u00e1 otro binomio m\u00e1s exigente: leyes que ayudan a convivir contra leyes que protegen intereses corporativos. Esa ser\u00e1 una discusi\u00f3n menos euf\u00f3rica y m\u00e1s dif\u00edcil. <\/p>\n<p>Una alerta para lo que viene: <strong>si las reformas funcionan y la econom\u00eda crece, pero el modelo se consolida con una parte muy grande de los argentinos fuera del sistema, las leyes justas ser\u00e1n las que ayuden a evitar el conflicto. <\/strong>O, al menos, la violencia dentro del conflicto. El derecho no es solo una traba. Tambi\u00e9n es un dep\u00f3sito de demandas sociales: protecciones laborales, garant\u00edas p\u00fablicas, instituciones mediadoras, derechos adquiridos, mecanismos de reparaci\u00f3n. <mark class=\"marker-yellow\">El problema empieza cuando ese dep\u00f3sito se vuelve ininteligible, capturable o econ\u00f3micamente inviable.<\/mark> <\/p>\n<p>Las tradiciones solidarias argentinas siempre convivieron con h\u00e1bitos poderosos de evasi\u00f3n y supervivencia t\u00e1ctica, agudizados por la inflaci\u00f3n, las crisis y la desconfianza institucional. Los argentinos piden al derecho que proteja lo colectivo, pero han aprendido a sortearlo. Esa tensi\u00f3n ayuda a explicar tanto la densidad como la fragilidad de la legalidad argentina. Un orden sobrecargado de regulaciones puede ser, al mismo tiempo, el residuo de una aspiraci\u00f3n solidaria y el s\u00edntoma de una profunda desconfianza institucional. <\/p>\n<p>Pero hoy aparece una pregunta nueva. \u00bfQu\u00e9 ocurre cuando ese laberinto legal se encuentra con una transformaci\u00f3n econ\u00f3mica acelerada? La Argentina que parece emerger ya no se piensa principalmente desde la vieja imaginaci\u00f3n industrial, basada en trabajo formal, mercado interno, empresas medianas, integraci\u00f3n territorial y capacidades tecnol\u00f3gicas distribuidas. Cada vez m\u00e1s, el horizonte de crecimiento se organiza alrededor de energ\u00eda, miner\u00eda, agroindustria, infraestructura, finanzas y recursos naturales exportables. <\/p>\n<p>Esa transformaci\u00f3n puede traer divisas, inversi\u00f3n, infraestructura y crecimiento. No conviene negarlo con nostalgia industrial ni con reflejos autom\u00e1ticos. Pero s\u00ed conviene hacer una pregunta inc\u00f3moda: \u00bfqu\u00e9 tipo de legalidad necesita una econom\u00eda que se desplaza desde una promesa industrial hacia una matriz m\u00e1s extractiva y exportadora? \u00bfUna legalidad simple para todos, o una legalidad excepcional para pocos? \u00bfUn orden com\u00fan capaz de generar confianza, o un conjunto de atajos jur\u00eddicos para grandes actores con escala, asesores, contactos y espalda financiera? <\/p>\n<p>El riesgo es que la desregulaci\u00f3n no simplifique el laberinto, sino que lo redise\u00f1e. Que reduzca obst\u00e1culos para sectores estrat\u00e9gicos mientras la vida cotidiana de ciudadanos, pymes, trabajadores, profesionales y peque\u00f1os productores sigue atrapada en la vieja mara\u00f1a. En ese caso, el nuevo modelo no eliminar\u00eda la complejidad argentina: la concentrar\u00eda alrededor de quienes pueden financiarla, entenderla y negociarla. <\/p>\n<p><mark class=\"marker-yellow\">Una econom\u00eda energ\u00e9tica, minera o agroexportadora requiere reglas claras, estabilidad contractual, infraestructura, seguridad jur\u00eddica y velocidad administrativa. Pero tambi\u00e9n requiere legitimidad social, controles ambientales cre\u00edbles, acuerdos territoriales, capacidad t\u00e9cnica del Estado y mecanismos de distribuci\u00f3n que no se limiten a promesas futuras.<\/mark> Si el pa\u00eds se limita a destrabar proyectos sin construir instituciones confiables alrededor de ellos, el crecimiento puede volverse jur\u00eddicamente sofisticado y socialmente estrecho. <\/p>\n<p>All\u00ed aparece el aspecto cultural del laberinto legal. No se trata solo de normas. Se trata de una forma de convivencia. El laberinto ense\u00f1a a sospechar antes que confiar, a buscar un contacto antes que una regla, a pedir permiso antes que proyectar, a sobrevivir antes que planificar. La ley deja de ser un lenguaje com\u00fan y se convierte en un terreno de maniobra. El ciudadano aprende que cumplir no siempre alcanza, que entender la regla no siempre sirve y que, muchas veces, lo decisivo es saber por d\u00f3nde entrar. <\/p>\n<p>Ese aprendizaje tiene consecuencias econ\u00f3micas. Un pa\u00eds que necesita m\u00e1s m\u00e9dicos, ingenieros, t\u00e9cnicos, cient\u00edficos, programadores, investigadores y empresarios productivos puede terminar premiando la mediaci\u00f3n por encima de la creaci\u00f3n. La cuesti\u00f3n no es que el derecho carezca de importancia. Al contrario: sin derecho no hay convivencia ni inversi\u00f3n durable. El problema es que la hiperinflaci\u00f3n jur\u00eddica puede convertirse en un sustituto de la transformaci\u00f3n productiva. En vez de producir valor, se produce interpretaci\u00f3n. En vez de crear capacidades, se administran obst\u00e1culos. <\/p>\n<p>La Argentina no puede pensar su futuro solamente como una salida de la burocracia. Tambi\u00e9n debe preguntarse qu\u00e9 tipo de capitalismo quiere organizar. <strong>Si el nuevo ciclo se apoya en energ\u00eda, minerales, commodities y grandes inversiones, el desaf\u00edo no ser\u00e1 solo atraer capitales. Ser\u00e1 construir una legalidad capaz de convertir diferencias en capacidades, fricciones en coordinaci\u00f3n y crecimiento en convivencia.<\/strong> <\/p>\n<p>De lo contrario, el pa\u00eds corre el riesgo de salir de una econom\u00eda industrial frustrada para entrar en una econom\u00eda extractiva jur\u00eddicamente sofisticada, pero socialmente fr\u00e1gil. El laberinto no habr\u00e1 desaparecido. Solo habr\u00e1 cambiado de escala. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p><i>(*) Ex decano de investigaci\u00f3n de la School of Cultural Technology en Xi&#8217;an Jiaotong-Liverpool University, Suzhou, China.<\/i> <\/p>\n<p><i>(**) Experto en comunicaci\u00f3n y analista de discurso y sentimiento p\u00fablico. Periodista y consultor.<\/i> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Luciano Zubillaga (*) y Carlos Celaya (**) \u00bfPor qu\u00e9 tantos j\u00f3venes argentinos quieren ser abogados? No es una pregunta frecuente en muchos pa\u00edses, pero en Argentina tiene todo el sentido. Seg\u00fan datos del Ministerio de Educaci\u00f3n, casi 14% de los titulados universitarios hizo la carrera de Derecho. 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