{"id":49151,"date":"2026-03-22T14:00:00","date_gmt":"2026-03-22T14:00:00","guid":{"rendered":"http:\/\/69bd4913d2b756bfac627bb9"},"modified":"2026-03-22T14:00:00","modified_gmt":"2026-03-22T14:00:00","slug":"a-coser-que-se-acaba-el-mundo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/?p=49151","title":{"rendered":"A coser que se acaba el mundo"},"content":{"rendered":"<p><img src=\"http:\/\/economiapoliticacba.com\/wp-content\/uploads\/2026\/03\/a-coser-que-se-acaba-el-mundo.jpg\"><\/p>\n<p>En una colecci\u00f3n de ensayos de t\u00edtulo elocuente, <strong>Los demasiados libros<\/strong>, el mexicano Gabriel Zaid escrib\u00eda hace ya muchos a\u00f1os que, como ven\u00eda la mano, \u00edbamos hacia un mundo con m\u00e1s autores que lectores. Un mundo con m\u00e1s libros que ojos para leerlos y bolsillos para comprarlos. \u00a1Hay demasiados libros\u00a1, alertaba Zaid, y a ese ritmo lo \u00fanico que se lograr\u00eda ser\u00edan pilas gigantes o contenedores de ejemplares que volver\u00edan a ser pasta reiniciando un c\u00edrculo vicioso. \u00bfAcaso la soluci\u00f3n no ser\u00eda detener las m\u00e1quinas, frenar la mano?<\/p>\n<p>Fue uno de esos d\u00edas o de esas noches de encierro e incertidumbre pand\u00e9mica. Junto a Manuela Orosz, por entonces una piba de veinte y pocos, empezamos a perge\u00f1ar una manera de contradecir al mexicano Zaid. Imaginamos que la casa de Unquillo a la que llamamos \u201cRanchito\u201d pod\u00eda convertirse en una madriguera de publicaciones artesanales. Pensamos si ser\u00eda posible recuperar la vieja idea de casa-taller, es decir un lugar que fuera a la vez refugio y sitio de trabajo. Techo y comida. Nos respondimos que s\u00ed. Buscamos un nombre intrigante. As\u00ed naci\u00f3 (parece un chiste f\u00fanebre) Vaca Muerta Ediciones.<\/p>\n<p>La piedra fundacional fue un abrazo entre padre e hija. Ten\u00edamos entusiasmo, adrenalina, pavor por lo que parec\u00eda el fin de la humanidad o de la vida m\u00e1s o menos como la conoc\u00edamos. Nos dijimos: \u201cA coser que se acaba el mundo\u201d.<\/p>\n<p>Arrancamos, y ah\u00ed estamos, con una idea muy concreta de <i>hacer<\/i> libros: imprimirlos a escala hogare\u00f1a, manufacturarlos, coserlos, encuadernarlos. Ese primer impulso le otorgaba al hacer un sentido, digamos, rotundamente material. No quer\u00edamos ser editorxs. S\u00ed quer\u00edamos, perd\u00f3n, pero la carga de anhelo se recostaba m\u00e1s que nada en el impulso de trabajar en el \u00e1mbito dom\u00e9stico y meter mano. Manosear la materia vibrante de la que est\u00e1n hechos los libros.<\/p>\n<p>En uno de los primeros posteos en el que cont\u00e1bamos el inicio de la aventura dijimos que aprender a hacer libros con las manos era como haber adquirido el don de obrar milagros. Ah\u00ed vamos.<\/p>\n<p>Compramos hilos, agujas curvas, papel rosado de 220 gramos color rosa Aspirineta, papel para los interiores, una impresora que a veces se clava, una plancha de corte, una cuna de encuadernaci\u00f3n y un punz\u00f3n, una marca de cola vin\u00edlica como la que usan los carpinteros (al cabo de muchos libros entendimos que no es la que va, porque una cosa es encolar un lomo y otra pegar un mueble).<\/p>\n<p>Una frase famosa de Kakfa dice: \u201cA partir de cierto punto no hay retorno. Ese es el punto que hay que alcanzar\u201d. A ese punto llegamos cuando hablamos con la escritora e investigadora cordobesa Candelaria de Olmos, y le pedimos el libro <strong>Irremediable<\/strong>. Ya lo conoc\u00edamos, hab\u00edamos le\u00eddo el manuscrito con asombro y emoci\u00f3n. La llamamos por tel\u00e9fono y le contamos de qu\u00e9 iba la cosa: que reci\u00e9n est\u00e1bamos empezando, que no sab\u00edamos hacer casi nada pero que est\u00e1bamos enamorados de aprender a hacer lo que no que conoc\u00edamos, que nos ve\u00edamos juntes en una marat\u00f3n con final incierto y que no \u00edbamos a tener ISBN (la sigla en ingl\u00e9s de International Standard Book Number, una especie de DNI de los libros sin el cual hac\u00e9s libros que son como indocumentados en un pa\u00eds extranjero), ni distribuidora, quiz\u00e1s alguna presencia t\u00edmida en librer\u00edas y quiz\u00e1s algunas ventas por Instagram y Facebook. Era como invitarla a treparse a una versi\u00f3n serrana de la nave de los locos, un barco sin tim\u00f3n pero con viento de cola. La respuesta de Candelaria a esa mara\u00f1a de actitudes desmotivantes, como dec\u00eda Carlos Busqued, fue: \u201cMe encanta, me subo al barco\u201d.<\/p>\n<p>Y la nave va. Hace unos d\u00edas, un escritor nos escribi\u00f3 para preguntar sobre la posibilidad de publicar en Vaca Muerta Ediciones. En la respuesta le dec\u00edamos que no quer\u00edamos pensarnos bajo esa figura de autoridad del editor o de la editora que es como un aduanero o un oficial de migraciones que permite que una cosa pase de un lado a otro. Que es necesario inventar alg\u00fan proceso de encuentro. Tenemos algunas intuiciones claras y distintas, como se dice en filosof\u00eda. Sensaciones, corazonadas, deseo de rozarnos: hacer libros (disculpen la insistencia), coserlos a mano, presentarlos, tomar cerveza, bailar si la gente se prende. Ayudar a darle forma al capricho de autoras y autores, como dec\u00eda Diego Cort\u00e9s que era el rumbo de la editorial Llanto de Mudo. Para hacer libros tenemos que cobijar los monstruos de los otrxs.<\/p>\n<p>En junio de 2022 recorrimos de civil la feria de editoriales independientes Tilde, en car\u00e1cter de p\u00fablico quiero decir, con un prototipo de <strong>Irremediable<\/strong> guardado en una bolsa de s\u00faper. Se lo mostr\u00e1bamos medio a las escondidas a gente amiga que estaba feriando. So\u00f1\u00e1bamos con la Manu estar del otro lado de los puestitos. Al cabo de un pu\u00f1ado de a\u00f1os, Vaca Muerta Ediciones peregrina por el pa\u00eds con una valijita de libros y un pa\u00f1o para feriar que se fue enriqueciendo.<\/p>\n<p>Al libro <strong>Irremediable<\/strong>, un conjunto de relatos que se disparan en todas las direcciones de la vida a partir de episodios de consumo de medicaci\u00f3n, le siguieron <strong>La aparici\u00f3n de Ettie Yapp<\/strong>, de Carlos Schilling, una fantas\u00eda alucinante inspirada en el amor imposible de Stephan Mallarm\u00e9; <strong>Todo lo que un textil<\/strong> puede, un artefacto po\u00e9tico-visual de las artistas Soledad Sim\u00f3n y Constanza Ruibal; <strong>Los dingos<\/strong>, una novela tremenda sobre la carne herida y las mentes lastimadas de personas alojadas en un hospital de Bell Ville, de Natalia Monasterolo; <strong>Mecanismos primitivos<\/strong>, una microdosis de la punzante narrativa de Waldo Cebrero; <strong>San Jorge y el drag\u00f3n<\/strong>, poes\u00eda y dibujos de Guiomar Barbeito; <strong>Me contaron, me acuerdo, vi en una foto, herencia, imagino<\/strong>, un dispositivo de rememoraci\u00f3n de Carolina Curtino en el que recupera escenas fragmentarias a partir de la muerte de su padre, cuando la autora ten\u00eda cinco a\u00f1os; <strong>Que reine la paz en tu d\u00eda<\/strong>, un cuento triste que escrib\u00ed hace mucho tiempo sobre la relaci\u00f3n singular entre dos hermanas.<\/p>\n<p>Lo que viene, en d\u00edas nom\u00e1s, es <strong>La indicaci\u00f3n de la luz<\/strong>, un pu\u00f1ado de cuentos muy crudos de Leticia Mart\u00ednez.<\/p>\n<p>Nuestra manera de intervenir en el campo cultural se sostiene en las pr\u00e1cticas artesanales como un proyecto existencial de amplio espectro. Nos concebimos, un poco en broma, como una editorial con tracci\u00f3n a sangre. Construimos objetos (no s\u00f3lo contenidos) que buscan hacer impacto en planos creativos, econ\u00f3micos y pol\u00edticos. El taller donde los libros se confeccionan a mano es un lugar en el mundo, a la vez casa y trinchera para una comunidad de semejantes, como dir\u00eda el sensei de la edici\u00f3n artesanal Eric Schierloh.<\/p>\n<p>Vaca Muerta Ediciones hace un poco de alarde de lo \u201cartesanal\u201d, digamos todo, como experiencia \u00edntima, casi secreta, pero adem\u00e1s apuesta laboriosamente a la construcci\u00f3n de cat\u00e1logos singulares en la l\u00ednea de trabajo para una expansi\u00f3n de la librodiversidad. A diferencia del concepto de bibliodiversidad, un t\u00e9rmino que migr\u00f3 de la biolog\u00eda al campo editorial para designar contenidos (b\u00e1sicamente textos) que por diversos motivos suelen quedar fuera del sistema industrial de publicaciones, la noci\u00f3n de librodiversidad refiere a una variedad material, a la posibilidad de hacer libros en formatos divergentes, con materias primas y t\u00e9cnicas inusuales o amparadas en procesos que no son ni quieren ser los de una imprenta.<\/p>\n<p>Hoy somos, junto a Manuela, un proyecto cultural, sentimental y filos\u00f3fico. Somos un viaje. Encontramos en Vaca Muerta Ediciones una manera de estirar el tiempo juntxs. Fin.<\/p>\n<p><i>Demian Orosz<\/i><\/p>\n<p><strong>Botiqu\u00edn<\/strong><\/p>\n<p>Cuando yo era chica, mi madre guardaba los remedios en una caja que hab\u00eda sido el costurero de mi abuela o de mi bisabuela. Era una caja peque\u00f1a, de madera, rectangular. Ten\u00eda dos compartimentos para hilos y agujas y un alfiletero cuadrado pegado en la cara interna de la tapa. La caja y el alfiletero estaban forrados con una tela estampada con rositas rococ\u00f3. La tela hab\u00eda virado al sepia o hab\u00eda sido siempre de ese color. Como costurero, en cambio, madre usaba una caja tambi\u00e9n rectangular, tambi\u00e9n de madera, pero grande y tosca. El interior estaba forrado con un pa\u00f1o verde como de mesa de billar y no ten\u00eda ninguna sofisticaci\u00f3n de costurero: ni compartimentos, ni alfiletero, ni nada de nada. Para organizar el contenido, madre se val\u00eda de m\u00e1s cajas: en una lata vieja de tabaco guardaba los hilos; en otra, los botones; en otra, las cintas. Sueltos quedaban: la tijera, el cent\u00edmetro enrollado como un gusano y las bobinas del hilo que era para bordar y no para coser. Nada me gustaba tanto como ordenar el costurero: desenredar la telara\u00f1a multicolor que los hilos hab\u00edan tejido en secreto, eliminar los botones que ya no usar\u00edamos y que rebalsaban la lata, volver a sujetar la lengua amarilla del cent\u00edmetro en un rollito apretado. El botiqu\u00edn, en cambio, quedaba fuera de mi jurisdicci\u00f3n, no era asunto m\u00edo, no era asunto de los ni\u00f1os. Y no le dec\u00edamos \u201cbotiqu\u00edn\u201d: le dec\u00edamos \u201cla caja de los remedios\u201d.<\/p>\n<p>En mi casa, en mi casa de adulta, quiero decir, tambi\u00e9n hay costurero y hay botiqu\u00edn. Tambi\u00e9n el botiqu\u00edn es una caja peque\u00f1a: rectangular, de madera lavada. No s\u00e9 de d\u00f3nde sali\u00f3. Empujada por mis inclinaciones a la decoraci\u00f3n y al bricolaje, en la tapa le escrib\u00ed la palabra \u201cHome\u201d con ayuda de un est\u00e9ncil en letras <i>vintage<\/i> y de alguna idea que habr\u00e9 copiado de Pinterest. No habla bien de m\u00ed que el botiqu\u00edn sea el \u201cHogar\u201d. Igual, frecuento m\u00e1s la caja de herramientas y, en algunas \u00e9pocas, el costurero. Como el de mi madre, mi costurero es una caja que contiene otras cajas: la de los hilos con la huella del piecito de seis meses de mi hija \u2013regalo del jard\u00edn maternal para mi primer d\u00eda de la madre\u2013 la de las cintas que es una lata de chocolates Mamuschka; la de los canutillos, otra lata de algo que vino del costurero de mi otra abuela. A veces hay que ordenar el costurero. A veces hay que limpiar el botiqu\u00edn. Limpiarlo como se limpia la casa en enero: tirando a la basura todo eso que venci\u00f3, que ya no sirve.<\/p>\n<p>Abro el botiqu\u00edn. Ahora, en este preciso instante, y \u00bfqu\u00e9 encuentro? Hay una caja de Decidex Plus que mi hija tom\u00f3 durante su \u00faltima congesti\u00f3n. Hay otra de Paracetamol Grip vencida hace seis meses. Hay una latita de Vicks Vaporub Crema que les pongo a mis hijos: en el pecho, para aliviar la tos y debajo de la nariz, para aliviar los mocos.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en el costurero hay una latita de crema que mi amiga D. me trajo de Alemania cuando naci\u00f3 mi hija: \u201cPenaten-Creme\u201d dice en la tapa. Letras azules sobre un fondo dorado. Agot\u00e9 la crema en paspaduras de pa\u00f1al. La latita, ahora, contiene alfileres. Si la agito se comporta como una maraca enloquecida y met\u00e1lica.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Debajo de las cajas de Ibuprofeno 400, hay una caja de gasa esterilizada n\u00famero cinco. \u00bfPara qu\u00e9 habr\u00e9 comprado gasa? \u00bfAlguna conjuntivitis que requiri\u00f3 de gotas y manzanilla? \u00bfO ser\u00e1 la gasa que qued\u00f3 del \u00faltimo nacimiento, del \u00faltimo ombligo que hubo que curar hasta que esa tripa asquerosa se puso negra y cay\u00f3 y dej\u00f3 toda la piel lisa y suave impregnada todav\u00eda de olor a fluidos, lista para recibir mis besos maternales? Mi hijo m\u00e1s chico es muy joven. La gasa, en cambio, est\u00e1 muy vieja. \u00bfSe vence la gasa? La caja dice que s\u00ed, que venci\u00f3 hace cinco a\u00f1os. Entonces, s\u00ed, debi\u00f3 ser la gasa para ombligo y postparto. Me resisto a tirar el \u00fanico sobre que queda: porque me parece que la gasa se puede usar aunque est\u00e9 vencida y porque es el <i>souvenir<\/i> que me queda de mi \u00faltimo puerperio. Si mi hija fuera chiquita le coser\u00edamos un velo de novia a la Barbie con esa gasa. Pero mi hija ha crecido: ya no juega con mu\u00f1ecas: ni Barbie ni Kent.<\/p>\n<p>Todav\u00eda la recuerdo con cuatro a\u00f1os, en Villa Gesell. Aquella vez, la ni\u00f1a conoci\u00f3 el mar, remont\u00f3 un barrilete, se perdi\u00f3 en la playa y nos encontr\u00f3, hizo un castillo y un monstruo de arena, junt\u00f3 caracoles, trep\u00f3 al muelle y mir\u00f3 de reojo las aguas vivas que el fr\u00edo y la corriente de vaya a saber qu\u00e9 trajeron los dos \u00faltimos d\u00edas de nuestra estad\u00eda. De ese viaje trajimos: una vincha de colores, una foca de peluche, el barrilete y unas sales de rehidrataci\u00f3n sabor a frutilla que, en un exceso de previsi\u00f3n, hab\u00eda comprado antes de viajar y que, por suerte, volvieron intactas. Siguen aqu\u00ed. Es hora de tirarlas.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>El peor susto de mi vida no me lo dio la espalda, no me lo dio la piel. Me lo dio el coraz\u00f3n una tarde que se desboc\u00f3 y empez\u00f3 a palpitar enloquecido como si yo estuviera corriendo una marat\u00f3n. Suced\u00eda que yo estaba muy sentadita surfilando individuales en mi flamante m\u00e1quina de coser que dice \u201cSinger\u201d justo arriba del selector de puntadas. En el costurero hay una lata negra que tambi\u00e9n dice \u201cSinger\u201d en letras blancas hallada en un anticuario de G\u00fcemes. Sirve para guardar las bobinas que me gusta manipular con aires de bioqu\u00edmica: cada vez que tomo una para meterla en la lanzadera, juego a que es una placa de Petri con la que hago experimentos importantes. Conforme avance la presbicia necesitar\u00e9 un microscopio para enhebrar la aguja.<\/p>\n<p>Al principio me hice la tonta con las palpitaciones: el pataleo no dol\u00eda pero tampoco paraba. Pod\u00eda seguir con mis hermosos individuales. De pronto record\u00e9 un art\u00edculo que hab\u00eda le\u00eddo hac\u00eda poco sobre los s\u00edntomas del infarto en las mujeres: nada del dolor de pecho que sufren los varones; en el caso de las mujeres, el infarto empieza con un dolor de espaldas. Entonces me di cuenta que me dol\u00eda la espalda. Llam\u00e9 al servicio de emergencias y saqu\u00e9 la llave de la puerta por si me mor\u00eda antes de que los m\u00e9dicos llegaran. O, con m\u00e1s raz\u00f3n, por si no llegaban nunca y me mor\u00eda as\u00ed: sin asistencia, sin haberme doctorado, sin haber le\u00eddo el <i>Ulysses<\/i>, sin haber visto la aurora boreal, sin haber terminado los individuales, sin una segunda oportunidad sobre la tierra, lejos de mis hijos y de mi pareja que estaban en la casa de mi suegra, lejos de los amigos, los hermanos, los padres que estaban cada uno en la suya sin saber que yo me mor\u00eda de un infarto de miocardio.<\/p>\n<p>El tiempo que transcurri\u00f3 hasta que los m\u00e9dicos llegaron me pareci\u00f3 una eternidad. Finalmente, entraron como si fueran un grupo comando: eran cuatro, armados hasta los dientes de botiquines y aparatos. Cama. Estetoscopio. Tensi\u00f3metro. Una pepa sublingual para bajar la tensi\u00f3n y las palpitaciones. Preguntas. Algunas un poco raras: \u00bfQu\u00e9 estaba cosiendo? \u00bfY por qu\u00e9 no hab\u00eda ido a la casa de mi suegra? \u00bfMe llevaba mal con mi suegra? \u00bfPor qu\u00e9 estaba sola? Estaba sola porque quer\u00eda estar sola, porque \u00faltimamente quer\u00eda cada vez m\u00e1s estar sola y no me animaba a estar sola, a tomar las decisiones que me garantizaran esa soledad que de pronto se me hab\u00eda vuelto tan necesaria. Cambiando la pepa sublingual de lado, dije solamente que no me llevaba mal con mi suegra. Ellos me aseguraron que no iba a morir. No ese d\u00eda, al menos.<\/p>\n<p>(\u201c\u00bfVoy a morir?\u201d, le pregunt\u00e9 una vez a mi ginec\u00f3loga que miraba con el ce\u00f1o fruncido unos quistecitos mamarios bellamente fotografiados en Diagn\u00f3stico por im\u00e1genes. Y ella: \u201cTe tengo una mala noticia: no solo vos. Tambi\u00e9n yo y toda la gente que est\u00e1 en la sala de espera, nos vamos a morir. No ahora, alg\u00fan d\u00eda. En cualquier caso, vos no vas a morir de esto\u201d).<\/p>\n<p>Al episodio card\u00edaco que tampoco me llev\u00f3 a la tumba, le sigui\u00f3 una muy burocr\u00e1tica lista de consultas m\u00e9dicas: fui al cardi\u00f3logo que pidi\u00f3 electro y ergometr\u00eda. No encontr\u00f3 nada y me mand\u00f3 al cl\u00ednico. Fui al cl\u00ednico que pidi\u00f3 an\u00e1lisis. No encontr\u00f3 nada y me mand\u00f3 a la endocrin\u00f3loga. Fui a la endocrin\u00f3loga que me hizo estirar las manos, me palp\u00f3 la tiroides, me mir\u00f3 a los ojos, me pregunt\u00f3 si estaba por separarme y cuando vio que puchereaba me mand\u00f3 a la psic\u00f3loga.<\/p>\n<p>Mi endocrin\u00f3loga protesta cuando la visito porque no la visito. No con la frecuencia que ella quisiera. Cada vez que voy repetimos el ritual: mis manos estiradas hacia adelante para chequear que no tiemblen, sus manos en mi gl\u00e1ndula tiroides para chequear que no haya crecido, mi cuerpo sobre la balanza para chequear que no haya crecido todo el resto. Despu\u00e9s nos sentamos frente a frente. Ella sonr\u00ede siempre. Con la boca y con los ojos. Nunca hablamos de los hijos. En cambio, hablamos de nuestras respectivas madres que se conocen porque se dedican las dos a esa disciplina que a nosotras nos resulta un poco ajena. Todo eso mientras ella completa mi historia cl\u00ednica tecleando h\u00e1bilmente con sus dedos de ni\u00f1a. Despu\u00e9s me extiende las \u00f3rdenes para los an\u00e1lisis que, como los remedios en el botiqu\u00edn, acaban por vencerse y nunca me hago. Mi tiroiditis de Hashimoto permanece, desde hace a\u00f1os, m\u00e1s inexplorada que Urano y la Rep\u00fablica de Saj\u00e1. En el ritual sol\u00eda entrar la pregunta por mi hermana. Ahora mi endocrin\u00f3loga le pregunta a mi hermana por m\u00ed. Dice que ya no soy su paciente.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Sigo revisando el botiqu\u00edn menos con el af\u00e1n de constatar lo que falta que de tirar lo que sobra. As\u00ed y todo, advierto que no hay pastillas de carb\u00f3n. Otra p\u00e9rdida post separaci\u00f3n: para mi ex no deb\u00edan faltar en el botiqu\u00edn dom\u00e9stico. Mucho menos en el botiqu\u00edn del viajero. Yo raras veces he tomado. En cambio, tuve mi \u00e9poca de laxantes y diur\u00e9ticos: acompa\u00f1aban unas dietas muy severas a las que me somet\u00eda con tal de perder peso. Chicles y t\u00e9s que escond\u00eda culposa pero convencida de la imperiosa necesidad de no superar los cincuenta y siete kilos. Ten\u00eda una disciplina avasalladora que le impon\u00eda a mi cuerpo hasta estrujarlo.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Hay una caja de Supradyn efervescente que compr\u00e9 para mi hija y que ella nunca tom\u00f3 simplemente porque no le gust\u00f3 el brebaje. Mejor hubiera hecho en comprar comprimidos como los que tomaba yo cuando ella estaba en mi panza. Hay Novalgina jarabe e Ibuprofeno al cuatro por ciento para las fiebres de mi hijo que tambi\u00e9n tiene opiniones sobre el sabor de los medicamentos. Hay un Reliver\u00e1n que es, como se sabe, el campe\u00f3n de los remedios repulsivos. Hay caramelos antibi\u00f3ticos Fecofar. Esos s\u00ed son ricos. Sabor a menta. Son adem\u00e1s hermosos. Levanto el bl\u00edster. Saco uno. No lo llevo a mi boca. No me duele la garganta. No me duele nada. Atrapada la circunferencia entre el pulgar y el \u00edndice de mi mano derecha la pongo a contraluz y la miro: es redonda y transl\u00facida como un bot\u00f3n de n\u00e1car. Mejor har\u00eda en ir al costurero, pienso. Y entonces, mientras atardece y el calor de enero cede y mis hijos juegan en el patio, abro el costurero, mi caja de pandora textil, y cierro el botiqu\u00edn que hasta aqu\u00ed ha sido mi modesta usina textual.<\/p>\n<p>\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026\u2026..<\/p>\n<p><strong>Evanol<\/strong><\/p>\n<p><strong>(Clorhidrato Cinamedrina)<\/strong><\/p>\n<p><i>Para Gisela Amadey<\/i><\/p>\n<p>Tuve mi primera menstruaci\u00f3n a los trece a\u00f1os. Sucedi\u00f3 en la escuela. No s\u00e9 c\u00f3mo lo resolv\u00ed. Probablemente el asunto no pasara de una mancha insignificante en la bombacha. S\u00ed recuerdo que volv\u00ed a mi casa y no sin cierta emoci\u00f3n se lo comuniqu\u00e9 a madre. Madre me abraz\u00f3 igualmente emocionada. Al lado nuestro, Celia, la chica que ayudaba en casa, planchaba camisas. Creo que tambi\u00e9n se emocion\u00f3, pero no me abraz\u00f3. Cuando mi hermana y yo \u00e9ramos chiquitas y cuando ella ten\u00eda ganas, Celia nos hac\u00eda jugar, nos hac\u00eda re\u00edr. Ahora yo ya era grande, no daba para que me hiciera jugar, ni re\u00edr, ni para que me abrazara.<\/p>\n<p>La menstruaci\u00f3n era algo que las chicas esper\u00e1bamos como un rito de pasaje a la vida adulta. \u201c\u00bfA vos ya te vino?\u201d. \u201cNo, \u00bfa vos?\u201d. \u201cTampoco\u201d. Las viejas preguntaban distinto, con un eufemismo que me parec\u00eda el colmo del mal gusto y que me reventaba por lo inc\u00f3modo y lo inoportuno porque generalmente las viejas preguntaban en reuniones familiares, a los cuatro vientos: \u201c\u00bfY\u2026 ya sos se\u00f1orita?\u201d. Menstruar, indisponerse, tener la regla eran peores que el eufemismo. La elipsis del \u201cte vino\u201d era lo m\u00e1s decoroso. Era como un c\u00f3digo secreto.<\/p>\n<p>La primera en menstruar del grado fue A. Ten\u00eda apenas once a\u00f1os. Ahora las chicas menstr\u00faan temprano. Alguien me dijo que es por el consumo indiscriminado de electricidad. Otra persona me dijo que es por el consumo igualmente indiscriminado de pollo y hormonas o de pollos inflados a hormonas. En esa \u00e9poca, \u201cen mi \u00e9poca\u201d, no era com\u00fan menstruar tan temprano. Pasa que A. era primera en todo: primera en matem\u00e1ticas, primera en lengua, primera en menstruar. En s\u00e9ptimo grado ya era abanderada vitalicia.<\/p>\n<p>Nunca olvidar\u00e9 una vez que en un cumplea\u00f1os de doce especulamos sobre la posibilidad de ser abusadas. No era un tema instalado, no era algo de lo cual las chicas habl\u00e1ramos. Tampoco era un tema del cual los adultos nos hablaran. Tanto as\u00ed que la vez que un hombre quiso que le hiciera un favor sexual (ten\u00eda catorce, volv\u00eda de la escuela, me intercept\u00f3 en la calle), tard\u00e9 en darme cuenta de lo que me estaba pidiendo. Logr\u00e9 escaparme, me fui a mi casa y no dije nada a nadie de pura incredulidad y verg\u00fcenza. Esa vez, la del cumplea\u00f1os, conjeturamos las consecuencias de una violencia as\u00ed, de una violencia que llegara a violaci\u00f3n. Hablamos de las secuelas f\u00edsicas, de las secuelas psicol\u00f3gicas. A. dijo: \u201ca m\u00ed podr\u00eda sucederme quedar embarazada porque ya menstr\u00fao\u201d. Fue una especie de revelaci\u00f3n brutal: menstruar, embarazarse, embarazarse como consecuencia de un acto violento.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Yo quer\u00eda ser var\u00f3n. Me parec\u00eda mucho m\u00e1s conveniente que ser nena, se\u00f1orita o mujer. Supongo que era porque de pronto hab\u00eda empezado a preferir lo que culturalmente estaba previsto para los chicos y no lo que estaba previsto para las chicas: el azul antes que el rosa; los juegos de fuerza, antes que las mu\u00f1ecas; los piratas de Salgari antes que las mujercitas de Alcott y m\u00e1s adelante: hablar de porquer\u00edas antes que de ropa y peluquer\u00eda. En estos d\u00edas leo a Virginie Despentes. Ella (me) dice: \u201cTodas las cosas divertidas son viriles, todo lo que hace que ganes terreno es viril\u201d. Y detalla: \u201cLas cosas peque\u00f1as. Las monadas. Femenino. Pero beber: viril. Ganar mucha pasta: viril. Tener un coche enorme: viril. Comportarse, no importa c\u00f3mo: viril. Tener esp\u00edritu de competici\u00f3n: viril. Responder con agresividad a algo que te amenaza: viril. Ser agresivo: viril. No perder el tiempo en arreglarse por las ma\u00f1anas: viril. Llevar ropa pr\u00e1ctica: viril\u201d.<\/p>\n<p>Con los mu\u00f1ecos estilo bebotes hab\u00eda dejado de jugar hac\u00eda rato. Segu\u00ed jugando con las Barbies como hasta los once o doce. Lo m\u00e1s lindo de jugar a las Barbies era hacer la casita. Si hubiera le\u00eddo a Walter Benjamin entonces, hubiera justificado esa inclinaci\u00f3n con una fascinaci\u00f3n por la miniatura que de adulta me hizo recorrer los pasajes de Paris (los mismos de Benjamin) en busca de una instalaci\u00f3n el\u00e9ctrica para una casita de mu\u00f1ecas que le hice a mi hija, con tanto detalle que una amiga me sugiri\u00f3 ofrecerla por Airbnb.<\/p>\n<p>Pero lo m\u00e1s, m\u00e1s lindo de jugar a las Barbies era la interacci\u00f3n con Kent. Por eso, no hab\u00eda como ir a jugar a las Barbies a la casa de mi amiga C. Mi amiga C. ten\u00eda, adem\u00e1s de la cocinita, la camita y largo etc\u00e9tera de muebles que en casa hab\u00eda que improvisar con libros como en <i>El Palacio de la luna<\/i>, de Paul Auster (muebles con libros)\u2026 mi amiga C. ten\u00eda, digo, a Kent. Desnud\u00e1bamos a Kent, desnud\u00e1bamos a Barbie, los met\u00edamos a la camita: Kent se trepaba arriba de Barbie: hac\u00edan el amor. A veces, la mam\u00e1 de mi amiga C. se asomaba: \u201cChicas\u2026 \u00bfvan a merendaaaaaar?\u201d. Rapidito sac\u00e1bamos a Barbie y a Kent de la cama y as\u00ed desnudos como estaban los mand\u00e1bamos a la cocina. Kent no ten\u00eda pito. Barbie no menstruaba. Nada pod\u00eda resultar de esa relaci\u00f3n. O todo. Mi amigo R. jugaba al mismo juego con el pesebre: la virgen Mar\u00eda se acostaba con los reyes magos. De esas relaciones solo pod\u00eda resultar el esc\u00e1ndalo.<\/p>\n<p>Cuando empez\u00e1bamos a menstruar dej\u00e1bamos las mu\u00f1ecas. O antes. Cuando empez\u00e1bamos a menstruar dej\u00e1bamos la infancia y la felicidad. Porque, una vez pasada la emoci\u00f3n inicial de la primera menstruaci\u00f3n (tambi\u00e9n inicial e inici\u00e1tica), la alegr\u00eda se disipaba r\u00e1pidamente. Todos eran dolores de cabeza (en sentido figurado) y dolores de ovarios (en sentido literal). Para el dolor de ovarios tom\u00e1bamos Evanol. El Evanol se llamaba Evanol, no Ibu-evanol. Acaso porque no ten\u00eda Ibuprofeno o porque el Ibuprofeno no ten\u00eda prensa. Adem\u00e1s, el Evanol era uno solo. Como la madre y la quiniela. No hab\u00eda Ibu-evanol R\u00e1pida Acci\u00f3n, Ibu-Evanol Max, Ibu-Evanol Forte, Ibu-Evanol-Plus como hay ahora: verde, violeta, naranja y rojo. El Evanol era blanco y era Evanol. Una droga potente, capaz de acabar con el dolor de ovarios m\u00e1s empedernido.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>Mis menstruaciones fueron dolorosas al principio. Usaba Evanol a discreci\u00f3n pero sin miedo. Alguna tarde el Evanol me fall\u00f3 y me lo pas\u00e9 tirada en la cama, las rodillas al pecho, las manos sosteniendo el bajo vientre como si los ovarios fueran a caerse o salirse por la vagina. No era lo habitual. Mi hermana, en cambio, la pasaba horrible: dolores, mareos, presi\u00f3n baja y al cabo, anemias. No era una menstruaci\u00f3n, era una sangr\u00eda, una vampirizaci\u00f3n, como si en la toallita femenina tuviera al bicho del almohad\u00f3n de plumas de Horacio Quiroga. Parec\u00eda que iba a morir desangrada y sufriendo. No recuerdo si tomaba Evanol.<\/p>\n<p>El dolor, sin embargo, no era la peor tragedia de la menstruaci\u00f3n, ni la peor tragedia de ser mujer. Ahora que ya no sangraba por las rodillas sino por la vagina, otra vez quer\u00eda ser var\u00f3n con mucha m\u00e1s raz\u00f3n que antes, con mucho m\u00e1s sentido de la injusticia: los hombres no menstruaban, no par\u00edan, no se depilaban, no eran silbados, perseguidos, ni acosados, ni violados. Como dice Virginie Despentes que tiene la valent\u00eda de contar c\u00f3mo fue violada: \u201cla violaci\u00f3n es lo propio del hombre; ni la guerra, ni la caza, ni el deseo crudo, ni la violencia o la barbarie, la violaci\u00f3n es lo \u00fanico que las mujeres \u2013hasta ahora\u2013 no se han reapropiado\u201d.<\/p>\n<p>(\u2026)<\/p>\n<p>La mancha era la m\u00e1cula: la posibilidad de ser burlada, especialmente por los varones que tambi\u00e9n quer\u00edan saber cu\u00e1les de las compa\u00f1eras menstruaban y cu\u00e1les no. Pero a ellos no les dec\u00edamos. Acaso ya intu\u00edamos que la menstruaci\u00f3n en boca de hombres da p\u00e9simos resultados: canci\u00f3n de Arjona o chiste machista: \u201cla mujer es el \u00fanico animal que sangra cuatro d\u00edas seguidos y no muere\u201d, escuch\u00e9 una vez. Otra vez un novio idiota me pregunt\u00f3 si las mujeres menstru\u00e1bamos todas al mismo tiempo. Le dije que s\u00ed y le pregunt\u00e9 si no hab\u00eda notado c\u00f3mo a mediados de mes se agotaban las toallitas en los supermercados porque las menstruaciones de todas las mujeres en edad f\u00e9rtil estaban regidas por un ciclo lunar que nos gobernaba a todas por igual.<\/p>\n<p>\u201c\u00bfQuerer ser un hombre?\u201d, se pregunta Despentes. Y se responde: \u201cYo soy mejor que eso. No me interesa el pene. No me interesa ni la barba ni la tetosterona, yo tengo todo el coraje y la agresividad que necesito. Pero claro que quiero todo lo que un hombre puede querer, como un hombre en un mundo de hombres, quiero desafiar la ley. Frontalmente. Sin atajos y sin excusas. Quiero obtener m\u00e1s de lo que me prometieron al principio. No quiero que me cierren la boca. No quiero que me digan lo que tengo que hacer. No quiero que me abran la piel para hincharme los pechos. No quiero tener un cuerpo esbelto de adolescente cuando me acerco a los cuarenta. No quiero huir del conflicto para esconder mi fuerza y evitar perder mi feminidad\u201d.<\/p>\n<figure class=\"multimedia\" data-tadevel-template=\"web\/multimedia\" data-type=\"photo\">\n<div class=\"content\">\n<div class=\"sizer\" data-sizer=\"aspect-ratio\" data-tadevel-template=\"web\/aspect-ratio\"><img alt=\"A coser que se acaba el mundo\" loading=\"lazy\"><\/div>\n<\/div>\n<\/figure>\n<p>,,,,,,,,,,,,,<\/p>\n<p>Contratapa de <strong>Irremediable<\/strong><\/p>\n<p>Un vademecum experimentado en carne propia, <strong>Irremediable<\/strong> despliega un conjunto de relatos sobre las sustancias, los cuerpos, las emociones. P\u00edldoras, gotas, jarabes. Drogas, venenos, preparados sanadores con base cient\u00edfica. Los medicamentos adquieren para Candelaria de Olmos el rango de entidades con las que interactuamos, en procura de calma o euforia, y se instalan como personajes apenas secundarios de un delta de historias que rebotan en los mitos de la infancia, en las inclemencias de las obligaciones adultas, en los tropiezos del deseo o del amor y tambi\u00e9n en los libros, las canciones, las pel\u00edculas y los programas de TV que ayudan a entender las contraindicaciones de una vida construida como se puede. Elogio subrepticio de la automedicaci\u00f3n, de las variadas maneras de hacernos cosas, <strong>Irremediable<\/strong> ensaya una veta de autoficci\u00f3n con altas dosis de intimidad desnuda, por momentos tierna, en ocasiones cruda, en un <i>in crescendo<\/i> que se asoma a los abismos para volver y contar lo que se ve y lo que se siente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En una colecci\u00f3n de ensayos de t\u00edtulo elocuente, Los demasiados libros, el mexicano Gabriel Zaid escrib\u00eda hace ya muchos a\u00f1os que, como ven\u00eda la mano, \u00edbamos hacia un mundo con m\u00e1s autores que lectores. Un mundo con m\u00e1s libros que ojos para leerlos y bolsillos para comprarlos. \u00a1Hay demasiados libros\u00a1, alertaba Zaid, y a ese [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":49152,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0},"categories":[18],"tags":[],"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/49151"}],"collection":[{"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=49151"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/49151\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/49152"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=49151"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=49151"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=49151"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}