{"id":30431,"date":"2024-10-10T02:45:00","date_gmt":"2024-10-10T02:45:00","guid":{"rendered":"https:\/\/comercioyjusticia.info\/?p=443340"},"modified":"2024-10-10T02:45:00","modified_gmt":"2024-10-10T02:45:00","slug":"para-que-sirve-el-premio-nobel-de-literatura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/economiapoliticacba.com\/?p=30431","title":{"rendered":"\u00bfPara qu\u00e9 sirve el Premio Nobel de Literatura?"},"content":{"rendered":"<div><img src=\"https:\/\/comercioyjusticia.info\/wp-content\/uploads\/2014\/03\/libros-antiguos-apilados-lentes-y-pergamino-sobre-libro-abierto.jpg\" class=\"ff-og-image-inserted\"><\/div>\n<p><em>Por Anthony Oliver Scott * Para The New York Times<\/em><\/p>\n<p>La Academia Sueca otorgar\u00e1 el Premio Nobel de Literatura, el \u00e1rbitro mundial preeminente -quiz\u00e1 \u00fanico- de la grandeza literaria.<\/p>\n<p>Lo que distingue al Nobel no es que destaque los mejores nuevos poemas, novelas, ensayos y obras de teatro: ese tipo de servicio para los lectores es tarea de los National Book Awards, los Booker, los Pulitzer y otros premios. <strong>La academia no celebra los grandes libros, sino que consagra a los grandes escritores<\/strong>, recopilando no un canon, sino un pante\u00f3n; no una lista de lecturas, sino una lista de inmortales.<\/p>\n<p>Es muy f\u00e1cil cuestionar las elecciones, contar los ganadores que han ca\u00eddo en la oscuridad (sin faltarle el respeto a Salvatore Quasimodo) y enumerar a los escritores que no han ganado y han quedado para la posteridad (Vladimir Nabokov fue totalmente ignorado). Cuestionar la sabidur\u00eda del Comit\u00e9 del Premio Nobel es un <strong>ritual paraliterario<\/strong> muy apreciado, junto con la compra culpable de las obras de un autor del que nunca has o\u00eddo hablar.<\/p>\n<p>Sin embargo, la mayor\u00eda de los lectores, ocupados y distra\u00eddos, se contentan con tomarle la palabra a los <strong>eruditos suecos<\/strong>, equilibrar el escepticismo y la perplejidad -espera, \u00bfqui\u00e9n se lo gan\u00f3?- con un cierto alivio. Podemos estar seguros de que, un a\u00f1o m\u00e1s, se ha mantenido un importante principio cultural.<\/p>\n<p><strong>Pero, \u00bfpara qu\u00e9 sirve ese principio? \u00bfPara qu\u00e9 sirve la grandeza?<\/strong><\/p>\n<p>El concepto suena anticuado, incluso retr\u00f3grado. Hace una generaci\u00f3n, a principios de la d\u00e9cada de 1990, el canon literario fue atacado por su estrechez, una cr\u00edtica al programa de estudios -demasiado europeo, demasiado masculino, demasiado familiar- que a menudo se extend\u00eda a los escritores que lo habitaban. La sospecha de los hombres blancos muertos y sus aspirantes a hom\u00f3logos vivos se ha intensificado desde entonces, en parte gracias a las agitaciones de los movimientos #MeToo y Black Lives Matter. Cada gran artista es un monstruo del arte en potencia; <strong>cada canonizaci\u00f3n es una cancelaci\u00f3n a punto de producirse.<\/strong><\/p>\n<p>Adem\u00e1s, la idea de que un c\u00f3nclave de eruditos escandinavos se atreva a decidir cu\u00e1l es el escritor que importa m\u00e1s parece pintoresca, si no absurda. Por lo general, <strong>estas decisiones se dejan en manos del mercado<\/strong> o de mecanismos \u00fatiles afines que agregan, clasifican y ordenan. Los cr\u00edticos elaboran listas, los peri\u00f3dicos hacen encuestas, los algoritmos y las plataformas ofrecen consejos.<\/p>\n<p>Nadie le da a ninguno de esos mecanismos demasiada autoridad. Si no te gusta lo que hay en mi lista, puedes hacer la tuya. La forma en que evaluamos las cosas que nos gustan parece, por lo tanto, basada en datos, democr\u00e1tica y subjetiva, algo que instituciones como el Nobel no hacen. Lo que equivale a decir que<strong> lo especial del Nobel proviene de su distanciamiento<\/strong>, de su ajenidad. El anacronismo forma parte de la marca.<\/p>\n<p>La Academia Sueca no est\u00e1 aqu\u00ed para decirte cu\u00e1les son los escritores que te pueden gustar. La grandeza no es lo mismo que la popularidad. Incluso puede ser lo contrario de la popularidad. <strong>Los grandes libros no son, por definici\u00f3n, los libros que lees<\/strong> por placer, y a los grandes escritores, al estar la mayor\u00eda muertos, no les importa si son tus favoritos. Los grandes libros son los que se supone que debes sentirte mal por no haber le\u00eddo. Los grandes escritores son los que importan tanto si los lees como si no.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 extra\u00f1o. Y, sin embargo, qu\u00e9 normal.<strong> \u201cEs natural creer en los grandes hombres\u201d<\/strong>, escribi\u00f3 Ralph Waldo Emerson. \u201cDamos sus nombres a nuestros hijos y a nuestras tierras. Esos nombres est\u00e1n grabados en las palabras del idioma; sus trabajos y efigies se hallan en nuestras casas y cada acontecimiento del d\u00eda nos recuerda una de sus an\u00e9cdotas\u201d. As\u00ed comienza <strong>Hombres representativos<\/strong>, una colecci\u00f3n de ensayos de 1850, influida por <strong>Sobre los h\u00e9roes, el culto al h\u00e9roe y lo heroico<\/strong> en la historia de Thomas Carlyle, que persigue el principio de la grandeza a trav\u00e9s del tiempo, localiz\u00e1ndolo en media decena de individuos ejemplares.<\/p>\n<p>Dado el t\u00edtulo de Emerson y su \u00e9poca, no sorprende que todos sus ejemplares sean varones. Pero es notable que la mayor\u00eda sean escritores y pensadores, incluidos Plat\u00f3n, Montaigne, Shakespeare y Goethe, y el favorito de Emerson, el te\u00f3logo Emanuel Swedenborg. Napole\u00f3n es el \u00fanico l\u00edder pol\u00edtico del grupo, quiz\u00e1 en consonancia con la desconfianza temperamental de alguien de Nueva Inglaterra de mediados del siglo XIX hacia el poder mon\u00e1rquico o imperial. <strong>Y aunque la \u00e9poca de Emerson (1803- 1882) fue la de Bismarck, la reina Victoria y Abraham Lincoln, se recuerda sobre todo por su desfile de gigantes art\u00edsticos e intelectuales.<\/strong><\/p>\n<p>En las primeras d\u00e9cadas del siglo XX se mantuvo el ritmo, y para llevar la cuenta se crearon los Premios Nobel, concedidos por primera vez en 1901. Adem\u00e1s de la literatura, el<strong> legado del industrial sueco Alfred Nobel <\/strong>especificaba un grupo de ciencias y la paz (la econom\u00eda se a\u00f1adi\u00f3 en 1968.) Los cinco campos originales sugieren un ramillete idealizado del esfuerzo humano, no contaminado por la lucha por la riqueza, el poder o la fama. Los galardonados se dedicaban, al menos en teor\u00eda, a la b\u00fasqueda de la verdad, la belleza y el progreso, indiferentes al dinero y la fama que, gracias a la generosidad de Nobel, eran su recompensa.<\/p>\n<p><strong>En nuestra \u00e9poca, m\u00e1s c\u00ednica y cuantificada, el dinero y la celebridad forman parte de la sustancia de la grandeza. <\/strong>Preferimos los logros indiscutibles y mensurables de las estrellas del pop y los atletas a juicios m\u00e1s nebulosos sobre la importancia cultural. Seg\u00fan un poema de Stephen Spender, los \u201cverdaderamente grandes\u201d son aquellos que \u201cen el aire v\u00edvido dejaron la r\u00fabrica de su honor\u201d, pero el honor dif\u00edcilmente es un rasgo definitivo de la grandeza moderna. Los h\u00e9roes que se ofrecen de manera m\u00e1s agresiva a nuestra adoraci\u00f3n son los multimillonarios de la tecnolog\u00eda y los l\u00edderes autoritarios. Sus logros se calibran en ingresos y atenci\u00f3n; a menudo, construyen sus propios monumentos y forjan sus propias medallas.<\/p>\n<p><strong>\u00bfHas visto Megal\u00f3polis, la nueva pel\u00edcula de Francis Ford Coppola?<\/strong> Lo m\u00e1s probable es que no; su pobre rendimiento en taquilla ya se ha convertido en una leyenda de Hollywood. Es posible que la pel\u00edcula pase a engrosar las filas de los fracasos que luego son aclamados tard\u00edamente como obras maestras, pero su fracaso puede tomarse como un refer\u00e9ndum sobre la grandeza, que tambi\u00e9n es su tema. Los m\u00e1s ardientes defensores de Coppola son los cr\u00edticos deseosos de defender una concepci\u00f3n heroica del cine en la era de la emisi\u00f3n en continuo, cuando las im\u00e1genes se han hecho peque\u00f1as.<\/p>\n<p>Tras d\u00e9cadas de gestaci\u00f3n, Megal\u00f3polis es una \u201cf\u00e1bula\u201d colosalmente ambiciosa sobre la ambici\u00f3n colosal. A trav\u00e9s del personaje de su h\u00e9roe, un visionario arquitecto y urbanista llamado C\u00e9sar Catilina (Adam Driver), Coppola se esfuerza por honrar el tipo de aspiraci\u00f3n que busca cambiar el mundo y que f\u00e1cilmente podr\u00eda caricaturizarse como monstruosa o man\u00edaca.<\/p>\n<p>C\u00e9sar, que resulta ser un premio Nobel (en una de las ciencias, al parecer), sue\u00f1a con construir una comunidad ut\u00f3pica dentro de la ciudad de Nueva Roma, proyecto que da t\u00edtulo a la pel\u00edcula. En cierto modo, los obst\u00e1culos a los que se enfrenta predicen el destino de la pel\u00edcula. Es un genio arquet\u00edpicamente incomprendido, alternativamente adorado y vilipendiado por un p\u00fablico voluble, socavado por los pol\u00edticos y plut\u00f3cratas que deber\u00edan ser sus aliados.<\/p>\n<p>M\u00e1s que eso, C\u00e9sar encarna la <strong>tensi\u00f3n entre grandeza y grandiosidad.<\/strong> Sus instintos democr\u00e1ticos luchan contra su ego; su esp\u00edritu c\u00edvico est\u00e1 enredado con su ensimismamiento. Concibe Megal\u00f3polis como un lugar din\u00e1mico de preguntas, debates y experimentaci\u00f3n, una ciudad Estado republicana m\u00e1s que imperial, con edificios que parecen m\u00e1s flores que fortalezas. Pero el desarrollo de esta visi\u00f3n choca con la cruda realidad del poder, la violencia y el enga\u00f1o, y con su propio narcisismo.<\/p>\n<p>Construir Megal\u00f3polis <strong>requiere la s\u00edntesis de imaginaci\u00f3n, pol\u00edtica y dinero<\/strong>, cada uno encarnado por un gran hombre: C\u00e9sar, el arquitecto; Franklyn Cicero (Giancarlo Esposito), el alcalde de Nueva Roma, y Hamilton Crassus III (Jon Voight), el principal banquero de la ciudad. A menudo enfrentados entre s\u00ed, este triunvirato cuenta con la oposici\u00f3n de los medios, las masas y un grupo de decadentes nepo babies. Durante la mayor parte de Megal\u00f3polis, la megal\u00f3polis parece condenada al fracaso.<\/p>\n<p>La pel\u00edcula ha sido criticada como un embrollo de autor, pero en mi opini\u00f3n su confusi\u00f3n -su ambivalencia no resuelta sobre el hero\u00edsmo y el culto al h\u00e9roe, su inestable aleaci\u00f3n de futurismo y nostalgia, su <strong>mezcla de fanfarroner\u00eda patriarcal y feminismo gestual<\/strong>, de iconograf\u00eda fascista y liberalismo de coraz\u00f3n sangrante- es, como el confuso remolino de emociones que despierta anualmente el Nobel de literatura, lo m\u00e1s oportuno y aut\u00e9ntico de ella. La misma confusi\u00f3n gira en torno al Premio Nobel pero, por supuesto, no solo se trata de pel\u00edculas o libros.<\/p>\n<p><em>(*) Cr\u00edtico literario y de cine (m\u00e1s conocido como A.O. Scott).<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Anthony Oliver Scott * Para The New York Times La Academia Sueca otorgar\u00e1 el Premio Nobel de Literatura, el \u00e1rbitro mundial preeminente -quiz\u00e1 \u00fanico- de la grandeza literaria. 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