
Hay artistas que construyen una trayectoria y otros que, además, construyen un universo propio. Litto Nebbia pertenece a esta última categoría. Su historia está ligada a los comienzos del rock argentino, pero su recorrido nunca quedó encerrado en un género. El tango, el jazz, el folclore, el cine y la literatura forman parte de un mundo creativo que sigue alimentando su música.
En una conversación telefónica con José Luis Herrera, conductor del programa Costumbres, en las radios de SRT Media, el histórico cantautor repasó algunos momentos de su vida y reflexionó sobre las razones que lo mantienen activo, escribiendo, grabando y recorriendo escenarios. La charla se produjo antes de su regreso a Córdoba, previsto para el domingo 8 de noviembre, a las 21, en el Teatro Ciudad de las Artes. Este concierto se pospuso debido a las restricciones dispuestas con motivo de la visita del papa León XIV.
“Todo lo que hago está relacionado con la emoción. Si yo no me emocionara, no haría absolutamente nada de esto”, explicó Nebbia cuando Herrera quiso indagar sobre aquello que lo había impulsado a seguir un camino artístico durante tantas décadas.
Escribir, tocar, cantar, grabar, viajar y mostrar sus canciones forman parte, según contó, de un hábito de vida que comenzó muy temprano. Tenía apenas siete u ocho años cuando, en la habitación de una pensión que compartía con sus padres, empezó a respirar ese mundo de música y cine que terminaría definiendo su destino.
No había abundancia material. Sus padres eran bohemios y, según recordó, en su casa no sobraba el dinero. Sin embargo, había algo que considera decisivo: una libertad que supieron transmitirle. “Cualquier penuria que pudiéramos pasar se disimulaba con esta pasión por el cine y la música”, evocó.
Aquella formación temprana fue el punto de partida de una curiosidad que nunca abandonó. Con los años, su interés por las distintas expresiones artísticas fue ampliando horizontes y alimentando una concepción de la cultura en la que las fronteras entre los géneros pierden sentido.
Para Nebbia, el tango puede convivir naturalmente con Frank Zappa, el jazz con el folclore y una grabación de otra época con una búsqueda musical contemporánea. Como ejemplo, contó que algunas mañanas elige comenzar el día escuchando discos de Aníbal Troilo, grabados incluso antes de su nacimiento, para después pasar a composiciones de Zappa.
“No es que una cosa esté distante de la otra. Yo lo vivo y lo disfruto de esa manera”, explicó. En su mirada, las diferentes músicas tienen vasos comunicantes: cambian los idiomas, las banderas y los territorios, pero el arte que nace de una emoción genuina puede llegar a personas muy diferentes.
Esa apertura no significa, sin embargo, una aceptación indiscriminada. También implica desarrollar una sensibilidad propia, elegir, investigar y nutrirse. Nebbia destacó la importancia de la curiosidad y de las referencias culturales que se reciben en la familia o en los vínculos cercanos, pero advirtió que después cada persona debe hacer su propio recorrido.
Una independencia sostenida en el tiempo
La conversación también permitió detenerse en una de las características centrales de su trayectoria: la decisión de sostener una independencia artística que no siempre coincide con las reglas del mercado.
“Siempre he luchado y lucho mucho por hacer nada más que lo que a mí me gusta”, afirmó. Aclaró que esa elección no fue sencilla ni producto de una situación económica resuelta. Por el contrario, significó trabajar para construir un camino propio, alejado de las fórmulas más directas del entretenimiento comercial.
Nebbia graba para su propio sello, Melopea, y mantiene una relación particular con la exposición mediática. No busca estar permanentemente en televisión ni persigue la fama como objetivo. “Mi deseo con esta carrera no es ser súper famoso y súper conocido, ya soy súper conocido. Lo que quiero es que me dejen hacer lo que quiero”, resumió con su habitual franqueza.
Esa libertad también se expresa sobre el escenario. No suele llevar un repertorio idéntico de una presentación a otra. Le interesa recuperar canciones de distintas épocas, alternar composiciones propias con obras de otros autores y darles a estas últimas una impronta personal, incorporándolas a su particular sonoridad.
La posibilidad de modificar los repertorios es, además, una manera de mantenerse en contacto con su propia obra y evitar que cada concierto se convierta en una repetición de las mismas canciones.
El tango, una tarea de recuperación
Uno de los pasajes más interesantes de la entrevista estuvo dedicado a su trabajo como productor discográfico y a la distinción recibida de la Academia Nacional del Tango.
Nebbia contó que el reconocimiento, que había quedado pendiente por un accidente sufrido en 2023, llegó finalmente como homenaje a su tarea de producción y recuperación del patrimonio tanguero.
A través de Melopea, durante la década de 1990, impulsó la grabación y edición de numerosos discos de tango en un momento en que las grandes compañías discográficas habían relegado al género y hasta se escuchaba decir que el tango había muerto.
Mientras buena parte de la industria concentraba su atención en los productos de mayor circulación comercial, Nebbia decidió dedicar esfuerzos a una música que consideraba fundamental para la identidad cultural argentina.
“Yo voy a tener este sello para grabar mis aventuras, para mis discos personales, pero voy a producir muchos discos de tango”, recordó sobre aquella decisión.
El resultado fue una tarea mucho más extensa de lo que él mismo había imaginado: la producción de cerca de 200 álbumes. La distinción de la Academia Nacional del Tango tuvo, por eso, un significado especial. No se trató de un premio competitivo, sino de un reconocimiento al trabajo realizado y al aporte para preservar una parte de la historia musical argentina.
El diálogo con las nuevas generaciones
A pesar de su extensa trayectoria, Nebbia no parece mirar el presente desde la nostalgia. Por el contrario, encuentra en el acercamiento de músicos jóvenes una de las satisfacciones que le ofrece su actividad.
Recordó que cuando era chico escuchaba discos de artistas que tenían treinta y tantos años y que, desde su perspectiva de niño, pertenecían a otra generación. Mencionó a figuras del jazz como Art Blakey, Chico Hamilton y Gerry Mulligan, además de sus primeras aproximaciones a la música de Astor Piazzolla.
Hoy reconoce una experiencia similar cuando músicos de veinte años se acercan a contarle que descubrieron una canción o un disco suyo.
“Me gusta que me suceda eso”, señaló. Para él, ese encuentro entre generaciones forma parte de una continuidad natural: alguien escucha una obra que lo conmueve, quiere saber más y comienza a recorrer hacia atrás la historia de quien la creó.
También compartió su mirada sobre las divisiones que suelen instalarse alrededor de los gustos musicales, literarios o culturales. Considera que no es necesario convertirse en enemigo de aquello que no nos gusta y que una obra puede estar bien realizada aunque no nos llegue personalmente.
“Puede no gustarme, pero está bien hecho”, planteó. Una reflexión sencilla que invita a distinguir entre la preferencia individual y el valor artístico, en tiempos en que las diferencias suelen transformarse rápidamente en enfrentamientos.
En ese sentido, su recorrido parece sostener una misma idea: la cultura se enriquece cuando hay disposición a escuchar, descubrir y reconocer otras expresiones.
Una vida que sigue en movimiento
En otro tramo de la charla, Herrera le preguntó por el ritmo de actividad que mantiene. Nebbia contó que duerme poco, que continúa viajando y que disfruta incluso más que antes de las distintas etapas de su trabajo.
Describió su oficio como una sucesión de momentos que se complementan: primero, la soledad de escribir canciones, letras y arreglos; después, el estudio de grabación, donde las ideas toman forma con otros instrumentos y sonidos; finalmente, la salida a los escenarios para compartir ese material con el público.
Es una trilogía que, según dijo, disfruta especialmente poder cumplir.
La presentación en Córdoba, programada en un principio para el 8 de noviembre, también iba a incluir un espacio para el encuentro con músicos de otra generación. Estaba prevista la apertura del espectáculo con José Francisco Ingaramo y Julio Ponce, a quienes Nebbia elogió por su calidad musical. Reiteramos que esta presentación se pospuso debido al protocolo de seguridad vigente en esa fecha por la visita del papa León XIV.
La conversación dejó, entre otras cosas, una definición que parece sintetizar su manera de entender el oficio y la vida: no se trata de perseguir un destino de fama, sino de sostener un camino elegido, con vocación, libertad y emoción.
Después de tantos años, Litto Nebbia sigue encontrando razones para escribir, tocar y salir a encontrarse con la gente. Y acaso allí resida una de las claves de su permanencia: la música no es para él un capítulo de su historia, sino una manera de seguir viviendo.
El dato: la entrevista se difundirá nuevamente el jueves 12 de noviembre en AM 580 y 102.3 FM, las radios de SRT Media. Además, es posible escucharla en los archivos exclusivos de #Costumbres.
