Hace casi dos años, el por aquel entonces vocero presidencial, Manuel Adorni, lanzó una noticia que sorprendió a muchos: la eliminación de la AFIP y el nacimiento de ARCA, el actual organismo de recaudación.
Ese 21 de octubre de 2024, el funcionario aseguró que “el Gobierno les anuncia, muy felizmente, que hoy la Administración Federal de Ingresos Públicos dejará de existir y, en su lugar, se va a crear la Agencia de Recaudación y Control Aduanero“.
La noticia no sólo estaba acompañada de un nuevo nombre, sino también de una reducción de la planta de empleados (con la relocalización o baja de unos 3.100 integrantes) y con el fin de la denominada “cuenta de jerarquización”.
“Se van a reducir 45% las autoridades superiores, casta política, y 31% los niveles inferiores de la estructura actual. Es decir, en total se van a eliminar el 34% de los cargos públicos”, explicó a continuación Adorni.
La novedad no sólo generó impacto por la reducción del personal y de los pagos exorbitantes que realizaba el fisco nacional por medio de la “cuenta de jerarquización”, sino que encendió una chispa de expectativa sobre el accionar del naciente ARCA.
Un cambio de estas características, según la mirada de varios actores en ese momento, podría ser el primero de una serie de pasos que terminaran con un organismo de recaudación más moderno y eficiente.
A casi dos años de aquel anuncio, El Economista consultó con dos tributaristas sobre el significado de ese cambio y, especialmente, respecto al impacto que generó en los hechos el fin de la AFIP y el nacimiento de ARCA.
Sin cambios en el frente
Al ser consultado por este medio, el CEO de Lisicki, Litvin & Abelovich, César Litvin, manifestó: “No tengo claro cuál fue la motivación para hacer eso” y añadió que “de todas maneras es el organismo, las mismas normas, la misma estructura”.
Si bien rechazó la posibilidad de ser titular del fisco, consideró que es necesario que ARCA implemente más tecnología, dado que con la creación de la Ley de Inocencia Fiscal “va a tener una reducción de sus poderes ilimitados, que venía teniendo en los últimos 25 años”.
Desde su perspectiva, la norma “viene a restablecer derechos de los contribuyentes quitándole tanta discrecionalidad al organismo fiscal”. No sólo eso, sino que también aseguró que “va a tener que adecuarse a considerar que detrás de cada contribuyente no hay un evasor”.
“Cambia radicalmente, es muy disruptivo, es un cambio fundamental de paradigma y yo creo que ahora ARCA va a tener que adecuarse con una relación entre el fisco y el contribuyente, no una relación de poder sino una relación de derecho“, añadió.
Sin embargo, recordó que “igual todavía hay nichos de evasión que hay que combatir” y reforzó la idea de que “la evasión genera competencia desleal”. “Es un problema muy grande para un comercio que está en la misma cuadra de otro que no paga ningún impuesto, ya que es muy difícil poder competir”, remató.
Otro nombre, el mismo funcionamiento
Para el socio de Proyecta C, Diego Fraga, no fue solo un cambio de nombre, sino que vino de la mano de una reorganización y, sobre todo, con un planteo desde el Gobierno para cambiar profundamente la filosofía de la relación entre el Estado y el contribuyente.
Significó “menos controles sobre la vida cotidiana, menos regímenes de información, mayor confianza en el ciudadano y, con la Ley de Inocencia Fiscal, incluso la pretensión de dejar atrás una lógica basada en la sospecha permanente“.
“El discurso, en ese sentido, es muy atractivo y hasta podría decirse que tiene algo de romántico: recuperar la presunción de inocencia, volver a confiar en el contribuyente y terminar con la idea de que todo aquel que produce, ahorra o mueve su dinero debe justificar de antemano que no está haciendo nada malo”, añadió.
Sin embargo, el profesor de la Maestría en Derecho Tributario de la Universidad Austral sostuvo que “el problema es que cuando uno baja de ese discurso a la actuación cotidiana de ARCA, en gran cantidad de casos encuentra una realidad bastante diferente“.
“Sigo viendo inspecciones que parten de presunciones muy amplias, interpretaciones extremadamente fiscalistas, dificultades enormes para corregir errores evidentes y funcionarios que muchas veces parecen trabajar con una lógica muy parecida a la que tenía la vieja AFIP, e incluso, en algunos casos, más agresiva”, advirtió.
El especialistas considera que existe una dicotomía: por momentos da incluso la impresión de que existe una tensión entre lo que se predica desde los niveles más altos del Ejecutivo y del equipo económico y lo que después ocurre dentro de la administración tributaria.
“Mientras desde arriba se habla de confianza, buena fe y libertad, en determinados niveles de ARCA todavía parece subsistir una cultura administrativa construida durante décadas sobre la desconfianza hacia el contribuyente“, resaltó.
Cambiar la cultura burocrática
Fraga consideró que cambiar una ley, eliminar un régimen de información o incluso reemplazar un organismo puede hacerse relativamente rápido, pero que modificar una cultura burocrática es mucho más complejo. “Probablemente ése sea uno de los desafíos más difíciles”, advirtió.
Y añadió que “por eso creo que la verdadera medida del éxito de ARCA no va a estar en el cambio de nombre ni siquiera en las normas que se dicten, sino en lo que ocurra frente al contribuyente concreto cuando tenga una inspección, plantee una defensa o le pida a la Administración que reconozca que se equivocó”.
Por último, el socio de Proyecta C consideró que la Ley de Inocencia Fiscal es quizás la mejor prueba y resaltó que “si ARCA la interpreta de acuerdo con el espíritu con el que fue impulsada, puede representar un cambio de paradigma muy importante“.
“Si, en cambio, la burocracia termina reconstruyendo mediante interpretaciones restrictivas los mismos controles y presunciones que la ley quiso dejar atrás, el cambio habrá sido mucho más formal que real“, agregó.
A modo de síntesis, el abogado tributarista consideró que “hubo cambios y que la dirección política que se proclama es clara. Pero ARCA todavía conserva buena parte del ADN de AFIP“.
“El verdadero cambio llegará cuando esa filosofía que hoy se expresa desde el Gobierno logre atravesar toda la estructura del organismo y llegue hasta el funcionario que fiscaliza y resuelve cada caso concreto”, sentenció.
¿Llegará ese día?
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