Carola Rawson, presidenta del IAPG Houston, destacó el salto de la formación neuquina y el creciente interés de las petroleras internacionales. Infraestructura, RIGI, exportaciones y hasta centros de datos ya forman parte de la nueva agenda energética.
Vaca Muerta dejó atrás una de las principales dudas que durante años condicionaron las expectativas sobre el shale argentino: ya no se discute si el recurso existe, sino cómo llevar la producción a los mercados y cuánto puede crecer la industria.
La lectura surgió con fuerza en Houston, donde se realizó la quinta edición del encuentro organizado por el IAPG Houston bajo el lema Unleashing Vaca Muerta to the World. El evento reunió a ejecutivos, funcionarios y representantes de la política neuquina y mostró, según Carola Rawson, presidenta de la entidad, un nivel de interés muy superior al esperado.
“La verdad que creo que hasta nosotros mismos nos sorprendimos. Cuando lo empezamos a organizar, arrancamos con menos expectativas”, reconoció Rawson según publicó LM.
La dirigente, que llegó a Estados Unidos hace 12 años, fue testigo de la evolución de la industria argentina desde sus primeros pasos. Y resumió el cambio de escenario con una comparación contundente.

“Todo el mundo sabía que Vaca Muerta tenía los recursos, pero hablábamos de cómo sacar la producción en Neuquén. Esa era la duda o el cuestionamiento”, recordó.
Ese interrogante, sostuvo, quedó atrás. El desafío ahora es construir la infraestructura que permita transformar el crecimiento productivo en exportaciones y sostener la llegada de inversiones de largo plazo.
Del potencial a la infraestructura
La nueva etapa de Vaca Muerta tiene como protagonistas a los oleoductos, los proyectos de exportación y el financiamiento. En ese escenario, Rawson destacó la importancia de obras como VMOS, que permitirán ampliar la capacidad de evacuación de petróleo de la Cuenca Neuquina.
“Ahora la producción la vamos a evacuar”, afirmó. A la infraestructura petrolera se suman los proyectos vinculados con el gas, el GNL y los líquidos del gas natural.
Para la titular del IAPG Houston, la transformación de la cuenca ya no puede analizarse únicamente desde el desarrollo de los pozos: la discusión se trasladó a toda la cadena de valor.
En paralelo, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) aparece como una de las herramientas que la industria observa para reducir riesgos y favorecer nuevas inversiones.
Sin embargo, Rawson reconoció que Argentina todavía arrastra una pregunta que los inversores internacionales se hacen cada vez que analizan el país. “Argentina como que está siempre esta duda. Dos años sí, cuatro años no”, señaló.
La diferencia respecto de otros momentos, según su mirada, es que ahora existe una industria en expansión y empresas globales que ya tomaron posiciones en la formación.
Las grandes petroleras miran a Neuquén
La llegada de compañías internacionales como Continental Resources y la creciente apuesta de Chevron son, para Rawson, señales de un cambio profundo en la percepción de Vaca Muerta.
El interés ya no se limita al potencial geológico. Las compañías evalúan la posibilidad de desarrollar proyectos a gran escala, acceder a infraestructura de exportación y aprovechar una formación que puede convertirse en una fuente relevante de petróleo y gas para los mercados internacionales.
La coyuntura internacional también juega un papel. Rawson consideró que los conflictos globales y la necesidad de contar con nuevas fuentes de energía generan una oportunidad para Argentina.
“Hay un montón de necesidad de energía en el mundo y hay conflictos que, si se quiere, lamentablemente nos ayudan a Argentina”, sostuvo.
La afirmación resume una de las principales apuestas de la industria: aprovechar la demanda energética global para convertir el crecimiento de Vaca Muerta en una plataforma exportadora.
Del petróleo a los centros de datos
El salto de escala también empieza a modificar la agenda futura de la industria. Durante el encuentro en Houston, varios de los expositores mencionaron a los centros de datos y los grandes operadores tecnológicos como potenciales nuevos consumidores de la energía producida en la Argentina.
La posibilidad de atraer este tipo de inversiones abre otra discusión: ya no se trata solamente de exportar moléculas, sino también de utilizar la abundancia energética para desarrollar nuevas actividades económicas dentro del país.
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