En la semana se viralizó un comentario de Martín Lousteau donde afirmó que si el gobierno tiene superávit, alguien más tendrá déficit y donde agregó que ese déficit se refleja en el desahorro y el endeudamiento de las familias. A pesar de ser bastante evidente lo que dijo, recibió una enorme cantidad de respuestas críticas, incluyendo un posteo en X de Juan Ramón Rallo, el cual fue citado por Milei.
En ese tweet, el economista español de la escuela austríaca, que además subió un video a Youtube, sostiene que los dichos de Lousteau coinciden con un supuesto error de la Teoría Monetaria Moderna donde se malinterpreta la famosa fórmula de balances sectoriales: (S−I)+(T−G)+(M−X) = 0. La misma explica la relación entre los superávits y déficits del sector público, del sector privado y del sector externo.
¿Por qué la crítica de Rallo no es válida?
Antes que nada, digamos que, más allá de si la crítica que hace Rallo sea o no válida, lo que dijo el exministro de economía es importante porque pone sobre la mesa una verdad incómoda para Milei y que la mayoría del público no registra; si el gobierno tiene superávit, alguien más tendrá déficit. Rallo coincide con esto, con lo cual, la próxima vez que alguien diga que el gobierno debe tener superávit, sería bueno que explique quién tendrá déficit.
Dicho esto, veamos por qué no es válida aquella crítica.
En primer lugar, Lousteau, en sus dichos, claramente se está refiriendo a activos monetarios mientras que la fórmula mencionada incluye variables reales. Por ejemplo, en la misma se suma como “ahorro” o como “inversión” al stock que las empresas producen y no logran vender.
Por otro lado, Rallo critica a Lousteau por olvidar el sector externo y suponer una economía cerrada. No es así, el exembajador dijo que la “economía tiene dos sectores: el gobierno y todo el resto”. Pues bien, el sector externo está incluido obviamente en “todo el resto” y, cuando dice que Milei le pasó su déficit a las familias, lo que está implicando es que el déficit del sector externo no es suficiente para evitar que al menos una parte del sector privado esté en déficit.
Es por eso que el diputado y exsenador explica que el sector privado tuvo que endeudarse para respaldar el superávit del gobierno, lo cual es muy incómodo para Milei.
A esto, Rallo contesta que ello no implica un déficit privado debido a que esos nuevos créditos simplemente implican el traslado de ahorro previo de unas personas a otras. Esta afirmación del español contradice la contabilidad bancaria que muestra que cuando un banco hace un préstamo crea nuevos depósitos “de la nada” y que no traslada ahorros previos para transferirlos al prestatario. Esto fue explicado claramente por el artículo “Creación de dinero en la economía moderna” publicado por el Banco de Inglaterra en 2014 y, sin embargo, los austríacos se niegan a aceptarlo.
¿Qué diría la Teoría Monetaria Moderna?
Lousteau no es un proponente de la Teoría Monetaria Moderna (TMM), pero Rallo (¿Y Milei?), por alguna razón, los asocia. Sea cual sea la razón, creo que es productivo entender qué diría en este caso esa escuela de pensamiento a la que Rallo hace referencia en el tweet citado por Milei.
En primer lugar, para la TMM es importante referirse al superávit o déficit de “pesos” y, por lo tanto, no incorpora en ese análisis a variables reales como podría ser la acumulación de inventarios. Por ejemplo, Warren Mosler, que desarrolló esa manera de entender la economía, suele referirse a la compra de reservas que hace el Banco Central como un déficit “por fuera del balance”.
Otro que se refiere al superávit o déficit en términos de “pesos” es el ministro de Economía Luis Caputo, quien solía decir que, dado que el gobierno tenía superávit, estaba “absorbiendo” pesos de la sociedad.
Antes de seguir, déjenme hacer una aclaración para economistas. Cuando la TMM habla de “pesos”, se está refiriendo a activos financieros denominados en pesos, más allá de si estos pagan un interés o si tienen un plazo. La distribución entre base monetaria y pasivos remunerados (del Tesoro o el BCRA) se determinará en base a la política monetaria que defina el gobierno.
Hecha la aclaración, sigamos.
Hoy el gobierno tiene déficit fiscal escondido en la capitalización de intereses pero, dado que este es relativamente pequeño o incluso negativo en términos reales, voy a fingir demencia como hace la mayoría y aceptar que el gobierno tiene superávit fiscal.
Para que exista superávit de pesos, debe existir un déficit de pesos, como solía explicar Toto. Por otro lado, suele pasar que, por el crecimiento de la economía o por la inflación, la sociedad demanda más pesos (nominales) para mantener su capital de trabajo. De no obtenerlos, probablemente caerá en recesión y dejará de pagar impuestos, generando, por las malas, déficit de pesos del gobierno.
Las dos fuentes actuales de pesos son la emisión del banco central para comprar reservas y el crecimiento del crédito bancario que, como dijimos, implica una creación de depósitos en pesos. Nótese, además, que el sector externo no puede tener déficit de pesos, salvo que los pida prestados en un banco, simplemente porque no tiene pesos y que, si quisiera importar, debe primero ingresarlos a su patrimonio vendiendo dólares.
De todos modos, lo más importante para señalar es que esas dos fuentes se pueden estar agotando. La primera porque el sector bancario no financia eternamente y la segunda porque el gobierno está comprando muchos menos dólares. En agosto compró 60% menos que el promedio de enero-julio.
Esa caída en las fuentes de pesos podría implicar que la actividad no exportadora se resienta mucho más y con ella el empleo y la recaudación impositiva. Si este fuera el caso, sería bueno que el gobierno no se convirtiera en un perro que intenta morderse la cola bajando aún más el gasto y que, en vez, generara déficit fiscal primario bajando impuestos o aumentando el gasto.
Ello evitaría repetir el error de Macri que le costó la elección, lo cual podría opacar las buenas medidas de productividad que está tomando este gobierno, como la apertura de importaciones o las desregulaciones del ministro Sturzenegger.
Aclaro, por las dudas, que esto último es una opinión personal que podría no ser compartida por otros proponentes de la TMM. Lamentablemente, es una expresión de deseo que no es probable que ocurra.
Martínez Mosquera publicó “No es el déficit, stupid!”, cuya segunda edición fue prologada por Martín Lousteau

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