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Ayer Kirchner, hoy Milei: miren lo que hago y no lo que digo

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Las mejores frases del podcast

  • En política, se puede analizar la interna del peronismo y su posición frente a la economía. En cuanto a la economía, esta semana hubo dos noticias relevantes: por un lado, el voto en Diputados de la ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central; por el otro, el anuncio del Gobierno sobre la utilización de una parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para financiar hipotecas.
  • La cuestión argentina fue siempre la cuestión de Buenos Aires, es decir, cómo encajaba esa provincia con las demás. Tenía una estructura política y económica diferente, además del puerto y la aduana.
  • Yo no diría que el peronismo hoy es el puerto, porque al puerto se lo piensa como la Ciudad de Buenos Aires, sino que es el gran conurbano que lo rodea. 
  • Aquí también se hace un estiramiento demográfico conceptual, porque dentro del conurbano hay municipios muy peronistas, sobre todo en el sur, como La Matanza, Lomas de Zamora o Avellaneda. Pero también existen otros en el norte, como San Isidro y Vicente López, que fueron y siguen sin ser peronistas, aunque pertenecen al conurbano. 
  • Sin embargo, al sumar las dos secciones electorales —la primera, que es el norte, y la segunda, que es el sur—, en general, el peronismo saca más votos que los demás espacios. No los suficientes como para que eso determine la elección nacional, y aquí radica la cuestión.
  • El peronismo bonaerense no alcanza para ganar la presidencia; necesita al peronismo del interior. Allí aparecen dos interiores: el del norte, más tradicional, y el patagónico, más agreste, mientras que la zona centro o zona núcleo fue, por tradición, no peronista. Fueron grandes bases de apoyo de Macri y hoy son grandes sostenes de Milei.
  • ¿Cómo hace Kicillof, que representa más o menos una parte del conurbano, para erigirse en candidato nacional de un peronismo que, fuera del AMBA, es muy diferente? El primer problema que tiene es que la jefa del conurbano no lo acepta; él no es el candidato de Cristina. 
  • Una vez más, hay que adentrarse en la interna del peronismo para entender cómo funcionan esos movimientos a la vista, e incluso cuál es el posicionamiento respecto a la economía.
  • Hay cuatro grupos en el peronismo bonaerense: el de los Kirchner —Cristina y Máximo—; el de Kicillof; el de Massa, que es el Frente Renovador; y el de los intendentes y del juego, liderado por Insaurralde.
  • Insaurralde supo ser intendente, ahora tiene un delegado, siempre mantuvo buenas relaciones con Massa y hoy parece que decidió jugar con Máximo, cuando muchos esperaban que fuera el apoyo territorial de Kicillof.
  • Hasta hace un tiempo, la apuesta del grupo de los intendentes de Insaurralde parecía ser acompañar a Kicillof. Por eso, algunos divulgaron el video: para arruinar la candidatura del gobernador y tener a alguien más impresentable del lado del kirchnerismo. Así, por lo menos, lo leían desde el Gobierno.
  • Hoy Kicillof no tiene el apoyo de casi nadie, salvo de los propios. Cuenta con sus intendentes, esto tiene que quedar claro, y aquí aparece el segundo punto clave de la reforma política que viene: el primero es nacional y son las PASO; el segundo es si hay reelección o no de los intendentes bonaerenses.
  • Desdoblamiento parece que no habrá, se votará al mismo tiempo en la Provincia y en la Nación. Sin embargo, si los intendentes actuales que ya cumplieron tres mandatos en el cargo pueden reelegir, marcan una diferencia. De hecho, fueron ellos los que le permitieron a Kicillof ganar por 14 puntos la elección provincial el año pasado, no solo por la movilización que lograron, sino sobre todo porque muchas veces fueron candidatos a legisladores testimoniales o traccionaron para Kicillof. 
  • En los distritos donde los intendentes compiten, el espacio que los presenta suele sacar más votos.
  • ¿Qué pasa con ese debate? La situación actual es la siguiente: Kicillof necesita la reelección porque tiene muchos intendentes en esa condición; el kirchnerismo no la precisa tanto porque no cuenta con tantos jefes comunales en esa postura. Insaurralde sí la necesita, y Massa no. 
  • Massa afronta una cuestión reputacional: en su momento acordó con Cambiemos la sanción de la ley que prohibía más de una reelección consecutiva para los intendentes —luego prorrogada a dos períodos—, por lo que este debate no se cerrará hasta el vencimiento del plazo de presentación de listas. Recién cuando se conozca quiénes son los postulantes, cada sector decidirá si le conviene o no apoyar la reforma en la provincia de Buenos Aires. 
  • Por esta razón, las discusiones sobre las reformas se estiran y es posible que no se defina este año ni el plano nacional de las PASO ni el provincial de las reelecciones, ya que el calendario electoral fijará la postura final de cada grupo en pugna.
  • Esto refleja la visión de las distintas facciones peronistas sobre las reglas de juego institucionales, pero no explica su postura frente al peronismo federal ni ante el rumbo de la economía.
  • El peronismo nacional está fragmentado en todo el país. Hay sectores en disputa, alineamientos cruzados y gobernadores que cambian de bando: el caso de Misiones es el más novedoso, en Tucumán hay ruptura, en Santa Fe conviven tres grupos y en Córdoba el kirchnerismo no logra hacer pie mientras el peronismo cordobés gobierna la provincia, lo que muestra dos realidades opuestas. 
  • Quienes operan en la provincia de Buenos Aires desconocen en buena medida la dinámica del peronismo en el interior. Así, se observa un collage de fragmentos cuya unificación u ordenamiento dependerá de la marcha del Gobierno.
  • Si al oficialismo le va mal en materia económica, el peronismo tenderá a la convergencia ante la certeza de una victoria electoral, bajo la lógica de que conviene estar adentro. 
  • Si el Gobierno muestra signos de recuperación, la oposición continuará fragmentada. Por eso, el riesgo electoral del peronismo depende de la gestión oficial: la propia acción del Gobierno determinará si el kirchnerismo representa o no un riesgo para la política o para los mercados.
  • En la semana hubo una especie de conferencia, convención o encuentro entre referentes económicos del peronismo; entre ellos estaban Mercedes D’Alessandro, Santiago Fraschina y Guillermo Michel. La idea del encuentro era discutir qué ofrecer a la sociedad, tener un mensaje y una propuesta, y aprovechar el tiempo fuera del poder para debatir qué se haría en una futura gestión, con el fin de evitar llegar sin ideas.
  • Al pasar en limpio la conversación, se perfilaban dos posturas. Una de ellas, sostenida más que por los economistas por Teresa García —senadora ultrakirchnerista y voz de Cristina—, planteaba la necesidad de emitir un mensaje nítidamente opuesto a Milei: oponerse a todo y situarse de manera radical en las antípodas del presidente. Cero esperanzas, entonces, para quienes esperaban ver una vuelta mejorada de ese espacio.
  • Del otro lado se ubicaba Guillermo Michel, extitular de la Aduana durante la gestión de Massa. Si bien en algún punto mostraba una postura menos intransigente —al sostener que, más allá de los reparos frente al RIGI, litigar en el exterior era impráctico o poco viable por la estructura técnica del régimen—, en otros aspectos mantenía argumentos similares.
  • Por ejemplo, uno de los puntos planteados por Michel es el tema del FMI: insistir en la idea de que el Fondo Monetario Internacional es una especie de impedimento. 
  • Sin embargo, la deuda argentina con todos los organismos multilaterales, incluido el FMI, representa menos del 15% del PBI.
  • Si la deuda total argentina con terceros ronda el 45% del PBI —de la cual los multilaterales son un tercio, los acreedores privados otro tercio y los títulos en pesos el tercio restante—, esos números son muy manejables. 
  • Por eso, plantear que el FMI es el principal obstáculo para el crecimiento es difícil. Una de las ideas que el peronismo expuso con frecuencia es que el préstamo del organismo incumple ciertos fundamentos técnicos. 
  • El FMI funciona como una cooperativa y existen criterios por los cuales presta a los países en función de su cuota. La Argentina está ampliamente excedida de ese límite: el crédito otorgado supera con creces lo previsto teóricamente. 
  • A menudo esto se presenta como una falla del Fondo por haber prestado de más, pero hay una mala interpretación sobre la función de esos límites: la lógica de la cuota existe para proteger al propio FMI y evitar que concentre demasiado crédito en pocos prestatarios, no para impedir que los países reciban fondos. 
  • Es un criterio de prudencia del propio organismo, no una señal de que el monto sea impagable, sobre todo porque el total adeudado es relativamente bajo en comparación con la deuda global y con el tamaño de nuestro producto.
  • Siempre hay una discusión muy válida sobre cuánto puede pagar un país y no es que exista un criterio estrictamente rígido. Hay países que tienen muchísima más deuda que la Argentina y pagan con regularidad vencimientos de capital e intereses mucho mayores en relación con el tamaño de su economía o incluso de sus exportaciones.
  • Es cierto que la Argentina es un país muy cerrado al mundo, cuya economía recién ahora empieza a abrirse otra vez, y es verdad que, en comparación con el comercio exterior, la deuda es más alta que la de otros países.
  • Al observar el panorama general, el volumen de deuda debería ser manejable. No es la situación más cómoda, porque hay países con niveles inferiores, pero es manejable.
  • El otro punto respecto al FMI es que nadie condona nada: la deuda con el Fondo nunca se perdona, jamás hay quita sobre los pasivos con organismos multilaterales. Lo que sí puede haber es una quita en términos reales a partir de la reprogramación de vencimientos, y eso lo va a hacer cualquier administración. Cualquier gobierno que asuma se sentará con el Fondo, discutirá y anunciará un nuevo cronograma de pagos, y cinco años más tarde otra gestión hará lo mismo. Esa es, en definitiva, una de las ventajas del Fondo: permite refinanciar los compromisos casi de forma indefinida.
  • Al pasar en limpio las conclusiones, este encuentro demuestra que todavía hay muy poco consenso dentro del peronismo sobre si conviene ir a las urnas con un mensaje de rechazo absoluto a lo realizado por este gobierno o con una postura más moderada, orientada a rescatar ciertas medidas y revisar otras, por ejemplo en materia tributaria.
  • En ese sentido, la votación de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central expuso algo similar. Para mí, el oficialismo, al poner este debate sobre el tapete, le ofreció una oportunidad interesante al peronismo. La oposición podría haber planteado su pleno acuerdo con la independencia del Banco Central, haber acompañado la ley en general y haber rechazado únicamente la designación como presidente de Santiago Bausili, socio y amigo del ministro de Economía. Podría haber aprovechado esa ocasión para mostrar un aprendizaje y, al mismo tiempo, correr al Gobierno por el lado de la verdadera independencia de la entidad.
  • Sin embargo, lo que se escuchó en el Congreso fue exactamente lo opuesto. Voces como las de Miguel Ángel Pichetto o Agustín Rossi expresaron, en el fondo, que lo que buscan es precisamente la potestad de utilizar los recursos del Banco Central en caso de considerarlo necesario.
  • Se sabe que el peronismo ofrece discursos públicos, como los de Quintela, o privados en las embajadas, como los de Kicillof, en los que siembran dudas sobre su futura conducta fiscal. Sin embargo, al observar las preferencias reveladas o el principio de revelación, lo que hicieron en el poder fue pagar todas las deudas. Néstor Kirchner le pagó al Fondo y Kicillof le pagó al Club de París: les llenaron la cara de US$dólares.
  • Aun así, el discurso asusta mucho más que la práctica. El hecho de haber sido pagadores seriales no pesa frente a las barbaridades que dicen ahora sobre la economía. Los inversores internacionales y el círculo rojo argentino prefieren dudar. Algo parecido ocurre en Brasil: aunque hoy tiene un déficit mucho mayor que el nuestro, la conducta fiscal de Lula desde 2003 en adelante fue ejemplar.
  • Bolsonaro con Guedes no estuvo mal, pero cuenta con antecedentes de actitudes antiempresarias. Sin embargo, existe la identidad de clase, que parece prevalecer sobre el interés de clase.
  • En muchos casos, los dueños del capital prefieren votar a quienes son como ellos y no a quienes realmente los benefician.
  • ¿Qué aprobó la Cámara de Diputados en relación con el Banco Central? Básicamente, prohibir los adelantos transitorios y el financiamiento al Tesoro, aspectos relativamente habituales.
  • Hay un par de puntos menos convencionales o más expuestos a la manipulación de cualquier gestión, sea la actual o una futura administración peronista.
  • Uno de ellos es la posibilidad de hipotecar las reservas para operaciones propias del Banco Central. La entidad podría tomar crédito y, si en el futuro una conducción busca sostener un tipo de cambio inviable, podría recurrir a esa herramienta para quemar dólares en defensa de un objetivo cambiario.
  • Otro aspecto es que el Banco Central tiene prohibida la compra de deuda en el mercado primario, pero no enfrenta ningún límite en el mercado secundario. ¿Qué significa esto? Si a un gobierno le vence deuda mañana y hoy sale a tomar nueva deuda para repagarla, no puede vendérsela al Banco Central. Sin embargo, la entidad puede comprar de forma ilimitada el título que vence mañana. El Banco Central no financia de manera directa al Tesoro, pero cuenta con la vía para hacerlo. Si el Tesoro no le pagara al Banco Central, se entraría en un terreno gris e interpretable sobre los impedimentos reales para utilizar esa herramienta. Hay varios elementos que se prestan a cierta manipulación.
  • El punto central de la Carta Orgánica es que el directorio y el presidente de la entidad solo pueden removerse con los dos tercios de ambas cámaras presentes. Sobre esto, el peronismo podría haber planteado su acuerdo con la norma, pero exigiendo la designación del directorio antes del final del mandato, o la elección del presidente bajo una regla que impida la continuidad de las autoridades actuales.
  • De todas maneras, esto es para la tribuna: ninguna norma se puede constituir por encima de sí misma. Una ley no puede fijar que solo será modificada por una mayoría superior a la requerida para su propia sanción. Es una norma superior la que determina el procedimiento para definir una norma inferior.
  • La Constitución puede exigir los dos tercios de los presentes, el 51% o el 58,5%, pero una ley ordinaria depende de la voluntad de acatarla, y las mayorías necesarias las fija la Constitución.
  • Sorprende que el peronismo no haga ruido con este tema, quizás por falta de interés o porque también le habla a la tribuna. Por un lado, envía señales a sus bases o a los diplomáticos sobre sus intenciones; por el otro, al igual que Néstor Kirchner y, según algunos, Javier Milei, pide que miren lo que hace y no lo que dice. Y lo que hace es ajuste.
  • En buena parte de las provincias peronistas, empezando por la de Buenos Aires, el peronismo ajusta. Si se considera que el peronismo aplica ajustes en los distritos provinciales y pagó la deuda a nivel nacional, el temor responde más a afinidades personales e identidades de clase que a intereses de clase: buena parte del círculo rojo y de los empresarios gana mucho dinero durante gestiones kirchneristas, pero no se siente cómoda con ese marco.
  • ¿Cuál es el mensaje electoral del peronismo? Por ahora, al votar de esta manera en la Cámara de Diputados, transmite la idea de “cuanto peor, mejor”. Es un intento por generar temor y advertir: “No confíes en esto, porque te vamos a pasar por encima”.
  • En este escenario, resulta interesante la aparición de figuras ajenas al sistema partidario que buscan darle volumen conceptual a la llamada “pecera del ningunismo”. El objetivo es captar a ese 40% de los argentinos que hoy está en “modo avión” o manifiesta que no votará por ninguna de las opciones tradicionales: ni a kirchneristas, ni a kicillofistas, ni a libertarios.
  • La mayoría se encuentra afuera de las estructuras tradicionales. El caso más visible hoy es el de Daniel Hadad, quien gana mucha presencia pública. Cuesta imaginar un perfil más afín al círculo rojo, aunque dentro de los espacios ya mencionados también figuran Patricia Bullrich, en el oficialismo, y Sergio Massa, en el kirchnerismo.
  • Son dirigentes con llegada al empresariado, acceso a financiamiento, capacidad de diálogo directo con inversores y la intención de representar esa identidad por encima del interés concreto. Se trata de esa identidad de clase media que se horroriza ante la corrupción, pero solo la percibe en el adversario político.
  • Hay un hilo conductor entre Massa, Bullrich y Hadad: todos intentan representar esta identidad de clase más allá de los intereses económicos directos, mientras por debajo prometen los acuerdos y negocios correspondientes.
  • Más allá del debate económico, lo que subyace es un discurso político orientado a captar a ese 40% de indecisos que aún no tiene una opción definida.
  • El otro hecho relevante de la semana, vinculado al intento oficial por captar a ese sector no alineado, fue la decisión de utilizar una parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) para otorgar hipotecas, en el marco de un plan de reactivación del crédito para la vivienda.
  • El FGS se originó en 2007, cuando comenzó el proceso de estatización de las AFJP. En una primera etapa, se dio la opción de traspaso voluntario desde el régimen de capitalización privada hacia el sistema estatal de reparto. Quienes optaron por el cambio aportaron sus fondos, que empezaron a conformar el FGS. Sin embargo, la mayor parte de los afiliados y del dinero no eligió esa vía, sino que permaneció en las administradoras privadas hasta la estatización definitiva del sistema en 2008, momento en el que se absorbieron todos los recursos.
  • Aunque el origen del fondo estuvo ligado a los haberes previsionales, en la práctica no existe una vinculación directa ni la obligación de pagar jubilaciones con ese patrimonio. El fondo invierte en bonos y acciones. Ese dinero no se destina al pago corriente de prestaciones, sino que permanece en una cuenta de inversión. Durante la gestión actual, el fondo incrementó fuertemente su valor: pasó de cerca de US$30000 millones a US$80000 millones, lo que representa unos 12 o 13 puntos del PBI invertidos, en su mayor parte, en títulos públicos y acciones de empresas argentinas.
  • Una porción menor se utilizó para otros fines, como los créditos Procrear o proyectos de infraestructura, pero el grueso está en activos financieros. Ahora, el Gobierno busca destinar hasta $2 billones al crédito hipotecario. Para ponerlo en perspectiva, el stock total de crédito hipotecario ronda los $16 billones, por lo que se trata de un monto acotado frente al volumen existente. 
  • El FGS opera como un fondo soberano —más allá de que se evite esa denominación—, con autonomía para acumular recursos.
  • En el último año, el rendimiento del FGS mostró números destacados: en el segmento en pesos ganó el 45% —entre 11 y 12 puntos por encima de la inflación— y en dólares rindió el 25%. En el ámbito privado, sería considerado un fondo sumamente exitoso.
  • ¿Sirve para financiar hipotecas? La ventaja de este tipo de fondos es su horizonte de inversión de muy largo plazo. Al no tener urgencias de liquidez ni gastos inmediatos, puede financiar proyectos de plazos extendidos, como los créditos a 20 o 30 años. Sin embargo, cabe una observación técnica: si el objetivo es maximizar los recursos, en lugar de financiar la totalidad del crédito hipotecario, el fondo podría asumir únicamente el tramo más largo. En el mercado local ya existen actores dispuestos a tomar bonos CER en el tramo corto y bancos que compran deuda a uno o dos años. Para potenciar el impacto de la medida, en vez de constituir plazos fijos de mayor duración con las entidades financieras, el FGS podría adquirir el tramo subordinado y dejar que el sector privado financie el resto de la operación.
  • Ese esquema resultaría virtuoso tanto por el destino de los fondos como por el instrumento elegido, ya que no afectaría recursos de otras áreas de la economía y cumpliría una función genuinamente anticíclica: actuar como amortiguador en épocas de escasez y acumular en momentos de holgura.
  • El Gobierno actúa de una forma distinta a la que pregona: muestra un perfil muy similar al de Néstor Kirchner, con doctrina y retórica liberal, pero con una práctica sumamente pragmática. Esto se advierte tanto en la reforma de la Carta Orgánica —mediante una ley que exige mayorías que una norma ordinaria no puede imponer, mientras sostiene al frente del Banco Central al socio del ministro de Economía— como en el impulso a medidas de fomento justificadas bajo el concepto de “justicia social”.
  • Al final del día, la ejecución concreta del Gobierno siempre es mucho más pragmática que su propio relato.

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Andrés Malamud se recibió con honores en la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y después hizo un doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo. Vive en Portugal y trabaja como investigador de la Universidad de Lisboa.



Pablo Castro es economista y politólogo. Fue docente en diversos cursos en la Universidad de Buenos Aires, consultor y analista financiero en Argentina y el Reino Unido.

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