Las mejores frases del podcast
- Lo que más cambió, además de que la economía para algunos es sufriente, es que el presidente perdió el humor. Mantiene la agresividad, pero carece de esa cualidad. Esto es lo que lo distinguía en la campaña de 2023 e, incluso, en los años posteriores. Hoy se lo ve enojado y amargado. Ese no era el Milei que se reía y se divertía, aunque de vez en cuando explotase.
- Lo que se sabe hasta ahora es que es cada vez más difícil que se eliminen o suspendan las PASO. Todavía no está descartado que las reformen y que la “O” pase de ser obligatoria a optativa, pero con el mantenimiento de un sistema simultáneo en el cual todos los partidos definan sus candidatos al mismo tiempo.
- Si se mantienen las PASO, aunque con modificaciones, no habría desdoblamiento en la provincia de Buenos Aires. Esto significa que se votará el mismo día, aunque en cuartos oscuros separados: por un lado, los candidatos a intendente y a gobernador; por el otro, los postulantes a presidente.
- Esto es importante porque quienes controlan el territorio son los que movilizan el voto cuando se usa la boleta partidaria.
- La experiencia del año pasado en la provincia de Buenos Aires marca que el territorio movilizó la elección provincial, en la que ganó el peronismo, pero no tuvo el mismo impacto en la nacional, donde ese espacio político perdió.
- Si los comicios son el mismo día, los intendentes contribuirán con sus candidaturas o con sus aparatos para que la gente vaya a votar. Por lo tanto, habrá una movilización más favorable al peronismo en comparación con la que habría frente a un desdoblamiento.
- Plantear que Kicillof le disputaría la candidatura a Massa me parece una reversión de las pruebas. Hasta ahora, lo que se observa es que Kicillof se considera un candidato natural y Massa, por el momento, no se postuló. Lo evaluaría a bordo de algunos aviones que hoy se le recriminan por sus salidas desde otros países y por la utilización de pasaportes distintos en destinos caribeños.
- En cualquier caso, esto es parte de la interna del peronismo. Kicillof tiene la intención de ser candidato y cuenta con una estrategia para lograrlo. Según sus últimas e inteligentes declaraciones respecto al conflicto en Medio Oriente, busca evitar los problemas en los que no fue llamado, focalizarse en la situación social de la Argentina y de la región —un típico discurso del kirchnerismo—, no salir mucho más allá de ese marco y, después, hacer la plancha. Algunos lo llaman ambigüedad; otros, definición.
- La definición es no pelearse, no echar a los ministros de Cristina y continuar el trabajo junto con Massa. En el fondo, él colabora un poco con todos y es el hombre en el que confían para una traición posterior. Cuando en el peronismo todos piensan que quien negocia los va a traicionar, Massa es aquel en quien pueden confiar para que lo haga más adelante y no en lo inmediato, porque su cálculo suele ser a largo plazo.
- En cualquier caso, revierto la idea inicial: Massa es el que se tiene que animar. Por ahora, no hay espacio para dos candidaturas; no hay margen para que Massa y Kicillof sean los dos postulantes. Es uno o el otro.
- El círculo rojo es, más o menos, el Grupo de los Seis, un cónclave que reúne a las seis cúpulas empresarias más importantes del país. A esto se suma la dirigencia sindical —sobre todo la CGT, hoy prácticamente unificada— y los periodistas que consultan a estas cúpulas y las representan en los medios. Es decir, los periodistas a través de los cuales los empresarios y los sindicalistas hablan en público.
- ¿Qué engloba el Grupo de los Seis? La Unión Industrial Argentina, la Cámara de Comercio, la Cámara de la Construcción, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Sociedad Rural y la Asociación de Bancos Argentinos (ADEBA).
- La semana pasada hablé con el presidente de una de estas asociaciones, quien me contó qué conversan en ese ámbito. Allí noté que todavía hay mucho apoyo al rumbo y, en algunos casos, un gran aprecio por el presidente; en otros, algo menos. De todos modos, la presencia o ausencia de aprecio ya no interesa; lo que empieza a notarse es preocupación.
- Esta inquietud se vincula, en ciertos casos, con el rumbo, o al menos con los costos económicos de dicho rumbo. Por otra parte, surge la duda sobre la sustentabilidad, es decir, el costo político.
- El costo político se traduce en una idea: la economía va por el camino correcto, pero la política no lo soportará, la gente votará otra opción y, por lo tanto, hay que actuar. Milei diría que le piden ser populista. No es así: le piden que gane las elecciones, porque ante una derrota puede volver el pasado.
- Así habla el círculo rojo: “No queremos que vuelva el pasado”. Y esto no se limita a dicho sector, sino que se refleja en las encuestas y en los grupos motivacionales sobre dos tercios de los argentinos. La mayor parte de la sociedad, esté o no satisfecha con la situación actual, rechaza un regreso al pasado. Esto coincide en casi todos los sondeos, con un nivel de apoyo que oscila entre el 60% y el 70% de la población.
- ¿Qué hacen al respecto? Primero, tratan de influir para cambiar las actitudes o algunas políticas; luego, buscan alternativas u opciones. Algunos las buscan fuera del peronismo, en figuras ajenas a la política tradicional, y otros las buscan dentro del peronismo, pero fuera del kirchnerismo.
- Allí es donde aparece Sergio Massa, el candidato que todos esperan que traicione más tarde. Lo que se compra con Massa es tiempo. Es la persona razonable con la que uno puede sentarse a conversar; por supuesto, intentará seducir a sus interlocutores y decirles lo que piensan, ya que de esa manera trabaja. Con el tiempo que se gana, el objetivo posterior es ver si se lo puede maniobrar o manipular.
- Eso es lo que tratan de hacer todos: Kicillof, Cristina y el círculo rojo. Por supuesto que a Massa le conviene esta dinámica: parecer el menos inconfiable de todos los interlocutores y, en consecuencia, generar la expectativa de que es capaz de sentar a todos a la mesa.
- Ya pasó, ya fue ministro de Economía, sentó a todos a la mesa y el resultado fue la inflación. Claro que puede echarle la culpa al gobierno del cual formó parte, al entorno o al contexto, porque Cristina Kirchner mantenía su rol de hipervicepresidenta.
- Guillermo O’Donnell desde la ciencia política, con su texto Estado y alianzas en la Argentina, 1956-1976, explica el péndulo argentino como producto de la oscilación de una de tres fracciones de clase. El autor divide a la Argentina en tres clases, grupos o conjuntos fundamentales: la burguesía rural y financiera, vinculada con el mercado internacional; la burguesía urbana, sobre todo industrial, vinculada con el mercado doméstico; y los trabajadores, que a su vez son consumidores. Sobre este punto, Pablo Gerchunoff y Martín Rapetti hablan seguido: el valor del dólar determina a los ganadores y a los perdedores.
- Los consumidores quieren un dólar barato, mientras los exportadores buscan un dólar caro. Aquí, el destino de la política en la Argentina se definía en función del péndulo de la burguesía industrial o urbana, y de la pequeña burguesía. Los exportadores rurales y financieros siempre preferían el dólar alto; los trabajadores y consumidores siempre optaban por el dólar barato. La posición de la burguesía variaba según sus necesidades: si precisaba insumos, si requería exportar algo o si buscaba viajar por vacaciones. Ese era el ciclo de stop and go, la variación de la postura de esta burguesía.
- Al hablar con el círculo rojo, con el Grupo de los Seis, se observa que algunos sectores aún representan a la burguesía vinculada con el mercado internacional, como los bancos y la Sociedad Rural. Otros, en menor medida, se relacionan más con el mercado doméstico, y estos son los que se modifican en la actualidad.
- ¿Dónde radican territorialmente? Esta pregunta es interesante porque permite volver a la Argentina del siglo XIX, época en la que las coaliciones se definen en el territorio, es decir, en las provincias. Existen tres tipos de coaliciones: las partidarias, que son las menos importantes y de las cuales hablan los politólogos puros; las territoriales, formadas por provincias, situaciones y gobernadores que representan intereses más complejos; y las de clase.
- En este caso, se advierte que la clase y el territorio se combinan en el siglo XXI de una manera inédita, o al menos no vista desde la transformación de la Argentina en un país capitalista. Durante la etapa colonial, la minería tenía importancia y las minas se encontraban lejos, fuera del centro. Posteriormente, la economía pampeana determinó la forma de estructuración de la sociedad argentina, y hoy ese escenario se altera. La pregunta es si alcanza.
- ¿Alcanzan los nuevos sectores de clase conformados a la luz de las nuevas exportaciones? ¿Compensan la minería y la energía lo que se pierde a nivel doméstico en las zonas urbanas? Porque el campo sigue en el mismo lugar y hoy está bien.
- La respuesta es que todavía no. Allí entra en juego la batalla cultural, si se la quiere denominar de una manera, o el hartazgo, si se prefiere otra.
- Días atrás, un empresario lo expresaba en el encuentro con Milei: “Estamos dispuestos a sacrificarnos, si es lo que el país necesita para cambiar”. Hay mucha gente alineada con este rumbo por decisión propia en las urnas; no la pasa bien, pero votar otra alternativa implicaría reconocer una equivocación. En este punto intervienen los sesgos cognitivos y el funcionamiento del cerebro: preferimos tener la razón.
- Aun cuando muchas personas se ven perjudicadas, creen que la medida las beneficiará en el futuro o quizás no, pero admitir un error es más duro que continuar con el sufrimiento. Esto también se puede medir.
- Días atrás, Milei se enojaba por los pedidos de empatía. No sé si es empatía, porque él nunca fue muy empático; lo que tenía era gracia. A través del humor, lograba el cortejo de las personas que lo seguían y que convencían a sus padres de acompañarlo también. Cuando solo está enojado, pierde esa frescura que hoy caracteriza a Myriam Bregman, aunque parezca extraño. Si este planteo es correcto y una cuestión psicológica lleva a sostener el voto hacia algo perjudicial para no admitir un error, esa misma dinámica psicológica determina el éxito o fracaso de Milei.
- La coalición que él logre constituir se basa en lo que consiga transmitir, no solo en lo que pueda producir. No se trata únicamente de los resultados económicos, sino también de la forma en que se interpretan y se sienten. Y esto, aunque se pueda medir, es mucho más cualitativo que cuantitativo.
- Kicillof y Bregman son los candidatos preferidos por el Gobierno, sobre todo si se presentan ambos, es decir, si van divididos.
- Massa es un candidato que le haría daño al oficialismo, porque le disputa una parte del voto urbano moderado y el apoyo del círculo rojo. Este sector no determina los resultados ni eligió nunca a un presidente, pero financia las campañas y puede definir una elección cuando la diferencia es escasa. Se debe recordar que Massa casi gana en primera vuelta: obtuvo el 37% de los votos mientras era el ministro de Economía de la inflación. Tiene una gran capacidad de disimulo.
- Una vez más, Massa vende psicología; no ofrece resultados. Estos últimos carecen de demasiada prensa. Lo que él vende es una promesa, la garantía de un canal de diálogo: “Conmigo se puede conversar y podemos sentarnos a hacer negocios”. Cuando enfrente hay un interlocutor que
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Andrés Malamud se recibió con honores en la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y después hizo un doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo. Vive en Portugal y trabaja como investigador de la Universidad de Lisboa.
Pablo Castro es economista y politólogo. Fue docente en diversos cursos en la Universidad de Buenos Aires, consultor y analista financiero en Argentina y el Reino Unido.
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