El 57% de las personas de entre 18 y 45 años en Argentina no alcanzó la cantidad de hijos que le gustaría tener, una proporción que cae al 40% entre los mayores de 45 años hasta 70 años. Los datos, que surgen de la investigación “Deseos reproductivos en la encrucijada: motivaciones y barreras para decidir en un contexto de baja natalidad“, realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) junto a la consultora Voices!, revelan que la encrucijada demográfica no se reduce a si nacen más o menos bebés, sino a la imposibilidad que enfrentan las personas para decidir libremente si tener hijos, cuándo y cuántos tener.
“Estamos en un momento de grandes transformaciones demográficas, no las negamos, hay una baja fuerte de la fecundidad, pero la conversación sobre este tema está muy enfocada en esa cifra”, dijo Mariana Isasi, jefa de Oficina del UNFPA en Argentina. “Nosotros planteamos que la verdadera crisis es que las personas no pueden concretar sus deseos reproductivos”, agregó.
El estudio, realizado entre enero y febrero pasado a través de encuestas autoadministradas online a 1.515 personas de 18 a 70 años, refleja que el deseo de tener hijos sigue vigente en la sociedad argentina, pero se enfrenta a una brecha entre aquello que se anhela y lo que efectivamente puede concretarse. Condiciones como el costo de la crianza, la inseguridad laboral, la dificultad de acceso a la vivienda y la asimetría en la distribución de las tareas de cuidado operan como barreras materiales que fuerzan a las personas a postergar, limitar o hasta renunciar a sus proyectos familiares.
A eso se suma que los viejos mandatos se están debilitando. La investigación revela una transición desde mandatos biológicos hacia elecciones individuales basadas en la autorrealización. A la hora de responder qué dimensiones contribuyen a alcanzar una vida plena, los encuestados priorizaron la salud (97%), la seguridad económica (96%), la vivienda propia (95%), el desarrollo profesional (92%) y el afecto de los seres queridos (92%). En tanto, el 65% considera importante tener hijos, un aspecto que queda relegado frente a dimensiones de autonomía y bienestar material.
“Se trata de una estructura de valores que refleja modelos de felicidad complejos, en los que el bienestar integral depende de la posibilidad de las personas para agenciar simultáneamente su capital humano, económico y social, desplazando así las visiones tradicionales que subordinaban la plenitud femenina a una única dimensión doméstica o reproductiva. En este marco, tener hijos/as forma parte del universo de aspectos valorados, pero no aparece como la única ni la principal condición para alcanzar una vida plena”, señala el estudio.
Al interior de ese cambio social y cultural asoma una notoria brecha de género, sobre todo entre los jóvenes. En el segmento de 18 a 24 años, apenas el 34% de las mujeres considera que los hijos son importantes para una vida plena. Además, en esa franja etaria, el 22% de las mujeres no desea tener hijos.
En este sentido, la maternidad deja de aparecer como un destino obligado, sino que asoma cada vez más como una opción entre otras trayectorias vitales. “El porcentaje de mujeres, especialmente las más más jóvenes, que dicen no querer tener hijos es muy alto, y es muy interesante que sea más alto que el de los varones”, dijo Rafael Rofman, investigador principal del CIPPEC. “Los mandatos a los que estábamos acostumbrados parecen que no funcionan: ‘Susanitas’ ya no hay más”, añadió.
En el grupo de los varones más jóvenes, se observan actitudes más tradicionales que las mujeres de su misma edad. Para los hombres, la paternidad conserva con mayor fuerza una dimensión de validación social, legado y afirmación identitaria. Buena parte de esa brecha se explica en que, además de los factores económicos que pesan por igual a nivel género, entre las mujeres son también relevantes otros obstáculos críticos como la dificultad de conciliar la crianza con el trabajo remunerado, la falta de tiempo y energía, y la desigual distribución de las tareas de cuidado.
En todo caso, si bien la maternidad/paternidad aparecen menos asociadas que otros aspectos a la idea de una vida plena, eso no implica una ausencia de deseo reproductivo, ni mucho menos. El estudio de la UNFPA detectó que el ideal reproductivo de Argentina se concentra mayoritariamente en el modelo de dos hijos (34%) y al sumar a quienes desean entre uno y tres hijos, se alcanza al 59% de la población. Solo el 10% desea o hubiera deseado tener cuatro hijos o más.
Más allá de que la porción de la sociedad que desea tener hijos sigue siendo relativamente alta, hay un profundo cambio de las razones que impulsan la maternidad/paternidad. Según la encuesta, se evidencia una transición desde mandatos sociales o económicos hacia una dimensión estrictamente emocional y de autorrealización. Los motivos más valorados son la satisfacción de guiar el desarrollo y aprendizaje de un hijo y la alegría que éstos brindan. También en estas motivaciones hay claras diferencias de género: los varones atribuyen mayor importancia que las mujeres al fortalecimiento del vínculo de pareja, la preservación del apellido, el estatus social y la confirmación de su fertilidad. Nuevamente en el grupo más joven de varones, se observa un resurgimiento de valores tradicionales.
Otro aspecto interesante del estudio es que revela una menor centralidad asignada a la actividad sexual entre los jóvenes de 18 a 24 años: solo el 45% la considera clave para una vida plena, frente a niveles superiores al 75% en adultos de 35 a 54 años. Esta menor centralidad es más marcada entre las mujeres.

¿Podrá revertirse la tendencia?
Argentina atraviesa una transformación demográfica profunda cuya consecuencia más saliente es una acelerada caída de la fecundidad. Luego de un largo período de estancamiento en torno a 3 hijos por mujer, la tasa global de fecundidad comenzó a descender a partir de 2001, una tendencia que se viene acelerando desde 2014. Ya en 2024, la tasa de fecundidad estaba en torno a 1,2 hijos por mujer, muy por debajo del índice de reemplazo poblacional (2,1).
Buena parte de este fenómeno es consecuencia de algunos avances sociales muy relevantes. De hecho, más de la mitad de la caída de la tasa de natalidad registrada en el último decenio se explica por el descenso de la fecundidad adolescente, que en muchos casos corresponde a embarazos no deseados. La implementación de políticas públicas de salud reproductiva y el mayor acceso a métodos anticonceptivos explican esa caída.
A eso se sumaron otros factores como la postergación de la maternidad hacia los 30 a 39 años, una tendencia que no solo responde a una búsqueda de estabilidad, sino a la gestión de un conflicto de intereses entre las esferas productiva y reproductiva. Según la encuesta de la UNFPA, el 41% acuerda con la idea de que, para cumplir objetivos personales, es necesario postergar la maternidad o la paternidad.
La postergación es un fenómeno extendido que, cuando se prolonga, puede transformarse en renuncia. Una de cada cuatro mujeres encuestadas señala haber deseado tener hijos en algún momento de su vida sin poder concretarlo cuando lo deseaba. La mayoría de ellas pospuso ese proyecto (64%), pero el resto (36%) tuvo que renunciar a él. Esto significa que el 9% del total de las mujeres abandonó definitivamente el deseo de tener un hijo. Además, crece el número de personas y parejas que deciden no tener hijos o tener menos hijos que las generaciones previas.
73% considera que el principal motivo por el que las parejas hoy no tienen más hijos es la situación económica
Hacia adelante, más allá de los cambios en los mandatos culturales, la cuestión económica y social será clave para que se revierta la tendencia a la baja en la natalidad. De acuerdo a la encuesta del Fondo de Población de Naciones Unidas, el 73% consideró que el principal motivo por el que las parejas hoy no tienen más hijos es la situación económica. De hecho, entre las razones para no tener un hijo figuran al tope del ranking ítems como “no poder ofrecer un bienestar económico” (79%) y “no poder ofrecer una vivienda digna” (78%).
Estos condicionantes estructurales reflejan cómo el costo de criar impacta en la toma de decisiones. De hecho, los factores económicos están muy por encima de otros motivos como la falta de una pareja adecuada (20%) y el bajo involucramiento de la pareja en las tareas del hogar/cuidado de los hijos/as (13%).
Los resultados que arroja la primera encuesta de intenciones reproductivas en Argentina dan cuenta de que la caída de la fecundidad en Argentina es un fenómeno multicausal. La transformación de los proyectos de vida y la mayor autonomía, especialmente entre las mujeres jóvenes, convive con aspiraciones reproductivas que una proporción significativa de la población no logra concretar.
“La distancia entre los hijos/as deseados y los efectivamente tenidos no responde a una causa única, sino a la interacción entre la postergación de la maternidad y la paternidad, la inseguridad económica y laboral, las dificultades de acceso a la vivienda, las desigualdades en la distribución de los cuidados, las limitaciones a la autonomía reproductiva y los condicionantes biológicos asociados a la edad. Este escenario exige políticas públicas capaces de reconocer la diversidad de proyectos familiares y, al mismo tiempo, reducir las barreras que restringen la posibilidad de decidir libremente si tener hijos/as, cuántos y en qué momento”, concluye el estudio.
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