Hay tradiciones que nacen en una cancha y terminan convirtiéndose en parte de la identidad de un Club. Gestos que atraviesan generaciones, que pasan de unos protagonistas a otros y que, aún cuando dejan de verse durante un tiempo, nunca desaparecen. Simplemente esperan el momento indicado para volver.
Durante la década del 70, una de las épocas más emblemáticas de la historia Albiazul, el primer equipo de Talleres tenía una costumbre que se transformó en una marca registrada. Antes de cada partido de local, los once jugadores se ubicaban sobre la mitad de la cancha, levantaban los brazos y saludaban a ambas populares. Era una manera de agradecer el acompañamiento de la gente y de reconocer que el partido empezaba mucho antes del pitazo inicial, con el aliento de miles de Matadores en las tribunas.

Aquellos equipos, integrados por futbolistas como Victorio Ocaño, Luis Galván, La Rana Valencia y tantos otros que marcaron una época, hicieron de ese saludo un símbolo. Sin embargo, con el paso de los años, los planteles cambiaron, el Club atravesó diferentes etapas y aquella tradición fue quedando en el recuerdo. La escasez de registros audiovisuales de aquellos años hizo que el saludo sobreviviera, principalmente, en la memoria de quienes lo protagonizaron y de los hinchas que tuvieron el privilegio de vivirlo.
Luis Galván, el encargado de trasmitir el legado
Muchos años después, Luis Galván encontró la manera de mantener vivo ese legado. Ya en su rol dentro del fútbol femenino de Talleres, acompañó desde sus comienzos el crecimiento de Las Matadoras, las vio consolidarse, alcanzar el profesionalismo y lograr el histórico ascenso a Primera División. En ese camino, entendió que también era importante construir una identidad propia.

Fue entonces cuando les habló de aquel viejo saludo que distinguía al Talleres de los años 70. Les explicó su significado, les enseñó cómo se realizaba y les transmitió el valor que representaba. Desde entonces, Las Matadoras lo adoptaron como propio. Antes de cada partido, el plantel se reúne en la mitad de la cancha, levanta los brazos y saluda a su gente, manteniendo viva una tradición que hoy distingue a Talleres en el fútbol femenino argentino.

Además de un gesto, el saludo, es una forma de entender lo que significa vestir esta camiseta. Un reconocimiento a quienes están en la tribuna, un puente entre generaciones y una manera de recordar que la historia del Club se construye honrando a quienes la hicieron grande.
Hoy, ese saludo tiene la oportunidad de volver al lugar donde nació. De regresar al primer equipo masculino y reencontrarse con el Pueblo Matador para que una tradición que marcó una época vuelva a ser parte de cada tarde en el Kempes.
Y vos, Matador… ¿te gustaría volver a ver este saludo antes de cada partido del primer equipo?
