La Universidad de San Andrés detectó que la falta de trabajo (desempleo) era la preocupación dominante (40%), los bajos salarios en el segundo lugar (39%), la corrupción (39%) y la pobreza (28%), en ese orden.
Ese orden a pesar de que 24 horas por 24 horas se transmiten manotazos por dólares de los hermanos Adorni, jubiladas, escribana, contratista libertario, $Libra, Spagnuolo y ahora el diputado ex militante de Milagro Sala, “re K”, PAMI style, líder jujeño de la Libertad Avanza, propietario de un Tesla que “te muestro porque me gusta que lo veas”, mientras toneladas de aceite de motor usado abrillantan su figura…
A pesar de la exhibición impúdica del goce obsceno del Poder, lo que más duele es la falta de trabajo y el derrumbe del salario.
Para poner claridad. La única manera de armonizar “capital y trabajo” es “pleno empleo”. La falta de trabajo y el derrumbe del salario son consecuencia de la ausencia de procura de pleno empleo.
Pleno empleo es trabajo más capital productivo. No changa, ni autoempleo, no precariedad. Estar “dentro de la sociedad” aportando productividad.
Cuando se logra ese “pleno empleo” deviene la natural y lógica discusión por el reparto de “la distribución primaria”. Su progresividad es el segundo peldaño en la escalera ascendente de la promoción social. El tercer escalón es el “capitalismo de bienestar colectivo” al que la práctica política ha llamado “Estado de Bienestar”. Aquello que básicamente incluye es el futuro de los jóvenes (que es el de la sociedad) con la educación gratuita y las oportunidades disponibles y la seguridad social para los mayores.
Nos está pasando que la búsqueda de pleno empleo como objetivo de la política está ausente. Rigió desde 1930 hasta 1975. No se detuvo ahora. Aunque, en este tiempo, es el fruto de una decisión expresa. Pero el deterioro de la inclusión es acumulativo desde hace 50 años: el número de pobres, en ese período, se multiplicó por 20 en una población que se multiplicó por 2.
Fingir demencia ante este fracaso -que es la causa de todos los males- no arregla nada.
En la desesperación, al observar que las “pociones mágicas” (¡cuánta familiaridad con López Rega y los Caballeros del Fuego!) del mileismo no resuelven nada, se ha convertido a la boca presidencial, la del insólito presidente en el cargo que optó por la ciudadanía italiana, en una letrina. Un reflejo de la ausencia de palabra para explicar lo inexplicable o justificar lo injustificable.
Mientras tanto, como para certificar el deterioro de las instituciones, leyes que no sólo han sido dictadas sino ratificadas, luego del veto presidencial y confirmadas -si cabe- por la Justicia, son incumplidas por el Ejecutivo, mientras se espera la resolución de la Corte Suprema que debería informar, a los que no lo saben, que estamos en una República y que las leyes sólo se pueden derogar por otra ley o por inconstitucionalidad. Volvamos.
A ninguno de los dos problemas dominantes (desempleo y salarios) que la encuesta ha detectado, puede resolverlos este programa económico. Tanto en lo que se refiere al capítulo de “estabilidad” (en el corto plazo), como al programa económico de largo plazo, que es “el rumbo” de Caputo, Milei y el RIGI cuyo destino es la cosecha de dólares de la Cordillera.
Es decir, ni desempleo ni derrumbe del salario promedio pueden aspirar a ser resueltos por el programa de estabilidad en marcha, ni por “el rumbo”, que es el programa en expectativa.
No sólo ambos programas de Milei no los pueden, por diseño, resolver, sino que sus ejecutores (Toto y Fede) además no los quieren resolver. No sienten responsabilidad ni culpa por ello: no son almas sensibles. Tampoco por ser, necesariamente, “malas personas” (aunque tal vez lo sean) sino porque es condición necesaria de la “continuidad” de este “programa de estabilidad” (que procura “la consolidación de la caída de la tasa de inflación”) la baja del salario real (costo) que requiere para instalarse la presión de la baja del empleo. La consecuencia será la consolidación de la pobreza. Milei está dispuesto a generosas acciones directas de compensación, como la AUH, etc. Estas compensaciones tendrán como consecuencia la transitoria “mejora estadística” pero no un aumento de la “inclusión” que implica salir realmente de la pobreza.
Una política pública de recuperación del salario real sería un obstáculo para “este modelo de desinflación” y, además, una política pública de promoción del empleo sería, en este contexto, mucho más “desestabilizante” para la perspectiva de este gobierno que necesita “construir reputación de mercado” con una inflación cero o – como arrugó Milei -que “comience con cero”.
Para esta gestión, para Toto como para Javier, el “mercado” es el único “instrumento disponible” para lograr el empleo y el salario real.
Todo lo que hace Milei es despejar lo que él cree obstáculos para que el mercado se exprese plenamente. Y uno de los obstáculos es “la inflación” que hasta aquí goza de excelente salud. Salud que, en la medida que continúen los ajustes tarifarios más la clásica reacción de los servicios en tiempos de atraso cambiario, no presentará deterioros y ni le digo si, en una de esas, se pone en marcha la canasta del Indec que ya debería haber sustituido a la actual y que no se ha hecho justamente porque en la vida cotidiana, hoy pesan más los “servicios” públicos y privados que, como dijimos, tienen un largo trecho de avance por delante.
Vencer ese obstáculo, para que “el mercado” invierta no será fácil. Y como no hay lugar para instrumentos de política estatal, si el Mercado no invierte…
En estas condiciones, de reducción sistémica de la masa salarial (reducción del empleo formal y reducción del salario real), el mercado “per se” no encuentra oportunidades de inversión.
Como esa sería la única vía posible de recuperación, vía exclusiva “el mercado”, del empleo y potencialmente del salario, la conclusión es que -en ausencia de política específica- la masa salarial y las oportunidades de inversión “de mercado interno” se encogen al ritmo del estancamiento. Crecer no es volver a niveles previos.
Además, como la condición de ancla del tipo de cambio desalienta la exportación de valor agregado (sólo se hace posible la primaria) tampoco se justifica la inversión urbana exportadora.
Sin mercado, este programa no apunta a esa inversión que potencia empleo y salario masivamente.
La “encerrona” desespera y de ahí la letrina salpicante.
La estimación de O. Ferreres sobre la Inversión Bruta Fija (IBF) en relación con PIB, en toda la gestión Milei, tuvo un promedio de 12,6%. Simplemente como referencia: con menos de 25-30% anual sobre PIB de la IBF, una economía no puede “crecer” en empleo y salarios. Con este patrón de inversión (12,6%) se puede “volver” a años mejores: pero “volver” no es crecer sino permanecer. “Aquí, ves, tienes que correr tan rápido como puedas para permanecer en el mismo lugar. Si quieres desplazarte a otro, ¡Tienes que correr el doble de rápido!” (L. Carroll en “Alicia através del espejo”).
Este, en sus dos dimensiones, estabilidad y rumbo, es un programa sin oportunidades de inversión de mercado, excepto en la Cordillera. No hay “oportunidades de inversión” fuera del “rumbo” cuyo destino es la geografía de la Cordillera, explotación de minería y energía. Inversiones posibles que han sido premiadas, con enormes, exagerados, beneficios que, en la Argentina, nunca se otorgaron a ninguna actividad, incluido la renuncia a la custodia del medio ambiente: la nueva ley de glaciares reemplazó al requerido permiso científico, de la legislación anterior, por la “autorización de la burocracia política provincial”.
Es lógico pensar que la urgencia de la próxima elección prime sobre los criterios de cuidado de las próximas generaciones: un clásico. Un ejemplo, la moratoria impositiva legislada a propuesta de Cristina K y Massa: cientos de miles de personas que nunca trabajaron por no tener necesidad de hacerlo, que disponían y disponen de patrimonio y flujos de ingresos abundantes, están cobrando sin haber aportado y sin necesidad de ayuda. La demagogia construye tragedias a futuro. Volvamos.
El éxito de la “Cordillera” no tienen posibilidad de resolver el problema de empleo, ni la bajísima productividad del autoempleo.
Si toda la política económica es esta y todo depende de la estabilización y de los incentivos en la Cordillera, en dos, tres, cinco años, el problema del conjunto de la sociedad, lo más probable es que siga siendo el que es hoy.
Sin embargo, en marzo, la encuestadora Trezpuntocero,detectó que 21% de las personas manifestaron esperanza (34% una mirada favorable) y 36% enojo (60% una mirada negativa).
La “esperanza” es difícil de reemplazar por otra, y el “enojo” es fácil de “distraer”.
Arturo Illia, virtuoso presidente (1963/66), dijo “Arturo (Frondizi) es como los cuervos, cuando grazna, llueve”. Le asignaba a su virtuoso correligionario y presidente (1958/62) una vista de cuervo, “una visual de adaptación estratégica para detectar peligros y recursos”.
P. Bullrich ha demostrado que “cuando grazna”…el tiempo va a cambiar y ella cambia de ropa. Como “Carolina Serrano” (nombre de guerra) en 1979 integró (en París) la Mesa Promotora del Peronismo Montonero Auténtico (R. Galimberti, J. Gelman, P. Langieri, R. Magario); en 1989, menemismo; en 1996, FREPASO; en, 1999 Alianza y en 2007, C. Cívica…y sigue. En 2015, Cambiemos; en 2019 Juntos por el Cambio y en 2023, La Libertad Avanza.
Cambio de ropa, distracción, a tiempo. De lo “muy emocional” de Javier a lo “racional” de Patricia que quiere capitalizar “el enojo” y sumarse a “la esperanza”.
Sin ideas ni mucha cabeza y sin otro recurso que la apelación a la violencia, que es su mantra, Patricia es la elegida por miembros del establishment para mantener “el rumbo”, porque canta como nadie “hoy un juramento, mañana una traición”. Pero la “mona vestida de seda, mona queda”. Y el problema es el programa. Eso es lo que hay que cambiar, no los actores.




