El affaire Adorni sigue desgastando a Javier Milei.
Patricia Bullrich, la candidateable más potable para un Círculo Rojo que busca un giro más “racional” y “democrático” en caso de que el Presidente no llegue a ser reelegido (algunos imaginan un regreso al Pro, algo que parece imposible), se distanció del salvavidas de plomo al cual se aferró incomprensiblemente Milei.
“Patricia siempre fue una alternativa de derecha democrática”, definió un banquero top que pasó por el Four Seasons en el evento de la calificadora Moody’s en Buenos Aires. “Sería un buen cambio para el país para el 2027 o incluso para el 2031. Hay que ir pensando en una alternativa antes de que se organice el peronismo más populista y tenga chances de volver”, comentó.
Los ejecutivos de los bancos coinciden, en parte, con Luis Caputo: hay indicios de que la economía está rebotando, pero en forma intermitente. La industria (en marzo) subió 5% interanual y 3,2% mensual, acumulando en el primer trimestre una caída de 2,3%. Y la construcción creció 12,7% interanual y 4,7% mensual. Lleva un avance del 3,9% en el primer trimestre.
Pero cálculos privados muestran que después de un marzo de recuperación, abril no viene bien. Los indicadores adelantados de abril muestran debilidad: despachos de cemento derraparon 13% interanual y producción automotriz se desplomó 17% interanual. Hay dudas del rebote. Habrá que acostumbrarse a los vaivenes del nivel de actividad: como dice el economista Fernando Marull, “ni estamos en Disney ni al borde del precipicio”.
Por lo pronto, los banqueros siguen enfocados en ver cómo solucionan una morosidad creciente que, estiman, tocó su techo. Caputo les pidió que bajaran las tasas y que estiraran plazos para refinanciar a los incobrables. Algunos ya empezaron con ese plan, otros todavía no. El Banco Santander, uno de los bancos privados más grandes del país junto a Banco Galicia, está aplicando un plan para empezar a limpiar su cartera de morosos.
El mismo Alejandro Butti, CEO de Santander, lo blanqueó en el evento de Moody’s: habló de dos gestiones que está haciendo su banco sobre la mora “temprana” y la mora “tardía”.
La cuenta que hacen en el sistema financiero es clara: el Gobierno puso la tasa arriba del 100% el año pasado y los bancos cobraban tasas del 150%, algo que generó el impago. La excusa de la crisis de morosidad que deslizó Caputo no fue muy avalada por los banqueros: “Los bancos no estaban acostumbrados y la gente se sobreendeudó a tasas muy altas, pensando que la inflación iba a licuar las deudas y eso no pasó”. No pareciera ser el caso, sino más bien que los salarios (con los que se pagan las deudas) pierden desde hace 6 meses y contando contra la inflación, dicen los ejecutivos que se atajan.
Sea como fuere, el plan del Santander es así: con la mora temprana, tratan de detectar en el sistema que el cliente está próximo a no pagar. Utilizan herramientas de inteligencia artificial para monitorear los movimientos de los deudores e intentar predecir el no pago. Por ejemplo, pagar el mínimo de la tarjeta es síntoma de que tarde o temprano el préstamo personal también se va a incumplir.
En ese caso, el banco se adelanta y le propone negociar antes de que entre en mora. Lo que hacen es bajarle la tasa al 48% anual. Pero si la entidad detecta que la persona ya es deudora serial (por ejemplo, no paga siquiera el mínimo de la tarjeta), ya entra al sistema de “mora tardía”. Léase, aquellas personas que hace más de 90 días que no pagan el préstamo personal. En ese caso, la negociación es otra: el banco le ofrece bajar la tasa al 25% anual y estira los plazos. O sea, una tasa negativa en términos reales. La lógica de los banqueros es que, como ese cliente va a estar muchos años fuera del sistema (ya está reportado en el Veraz), hay que “tentarlo” para no ser un paria y que pague algo para empezar a recuperar algo de lo que prestaron. Entre cero y una reducción drástica de la tasas, el banco se juega por la segunda.
Una alternativa más corporativa es la que impulsa la Asociación de la Banca Especializada (ABE), que agrupa a bancos minoristas y compañías financieras enfocados en consumo y pymes. Le llevaron al Banco Central un plan para armar un fideicomiso para limpiar la cartera de morosos y así poder dar nuevamente préstamos.
“Algunos bancos evaluaron crear un fideicomiso para agrupar créditos muy morosos y refinanciarlos a tasas más bajas, pero es complicado segmentar condiciones para personas físicas. La renegociación será necesaria, pero requiere coordinación con el Banco Central y no es sencillo discriminar tasas entre clientes según su situación”, explicó otro banquero al tanto de las negociaciones.
El tema de la morosidad, que llegó al 11% en los bancos pero al 25% en las fintech, y el impacto en el nivel de actividad llegaron a ser tema en Wall Street. Barclays Capital dijo que la baja tenue de las tasas “es una gota de agua en el desierto”. Sucede que bajó lo que los bancos pagan por un plazo fijo (la tasa activa) que ahora es negativa en términos reales (pagan 20%) mientras que para refinanciar el saldo de una tarjeta de crédito sigue en 130% (tasa efectiva anual).
El Gobierno se apalanca en la idea de que la economía va a empezar a derramar y se solucionarán los males actuales. Los bancos se atajan de que el crédito va a tardar en volver. Economía cree que mejorará en etapas, pero repiten que lo peor ya pasó y que se vienen meses de repunte económico. Lo que no se sabe es si ese rebote traspasará el Excel y se sentirá en la térmica de la calle. Para que eso suceda, tiene que mejorar notablemente el ingreso.
La consultora Empiria, del exministro de Economía Hernán Lacunza, mide el “ingreso disponible”. Esto es, la parte del ingreso que queda en el bolsillo luego de pagar todo lo esencial del mes (alquiler, tarifas, prepagas, servicios, alimentos, etc.). Eso equivale a más del 25% del ingreso. La plata que queda para “darse un gustito” sigue sin repuntar y, además, continúa por debajo de 2023. Novedad incómoda: la plata rendía más con el gobierno de Alberto Fernández que con el de Javier Milei.
El indicador, que genera malestar social y explica la caída de la imagen presidencial que todas las encuestadoras miden, dice que el ingreso disponible se contrajo 2,1% en términos reales mensuales en febrero respecto a enero, y casi sin variación respecto a igual del año anterior. Empiria señala que continúa “un proceso de deterioro que comenzó en septiembre de 2025, y actualmente se ubica 5,4% por debajo del nivel de 2023”. Cuando midan marzo, tampoco repuntará por el IPC de 3,4%. Abril y una esperada baja de la inflación podrían cortar la racha negativa. Pero, otra vez, la película no es tan clara en adelante.



