El peronismo federal irrumpió en escena con dos definiciones novedosas de cara a 2027 que dan cuenta de la eterna capacidad del justicialismo para adaptarse al clima de época. Primera: la centralidad del orden macroeconómico y el superávit. Segunda: la necesidad de preguntarse por qué los activos argentinos se derrumban cada vez que el PJ gana una elección. Son dos aprendizajes -o al menos dos reconocimientos- que plantean con una mirada de centro. En eso, al menos, Javier Milei ya ganó: logró que hasta sus adversarios hablen el idioma del equilibrio fiscal.
Todo el peronismo comparte, a priori, la necesidad de gobernar con orden macroeconómico -superávit y baja inflación-, aunque cuestiona con énfasis el superávit de Milei. Donde sí hay diferencias es en cuánto peso darle a esta propuesta en una campaña. Mientras los armados de centro lo consideran esencial, un funcionario de máxima confianza de Axel Kicillof -que aún no lanzó oficialmente una candidatura presidencial pero está activo en el armado nacional con esa posibilidad en mente– evalúa que una campaña peronista debería girar en torno al trabajo, el salario, la salud y la educación. Hablarle al mercado -postula- es una abstracción que se olvida de la gente.
Hay algo, por otra parte, que unifica a todas las facciones del peronismo: la autocrítica al gobierno del Frente de Todos. Ya no se trata de gestos aislados ni de reconocimientos superficiales. Hoy la autocrítica se ejerce a la luz del día, incluso -y sobre todo- entre quienes tuvieron roles protagónicos en aquella experiencia. Los cuestionamientos apuntan en dos direcciones: las internas que paralizaron la gestión y los errores económicos que allanaron el camino a Milei.
“El superávit de Néstor”, ¿eje de campaña?
Durante el lanzamiento del peronismo federal el 1° de mayo en Parque Norte, el diputado Guillermo Michel fue el abanderado del equilibrio fiscal: “Nosotros creemos en el superávit, pero no el trucho de Javier Milei, sino el de Néstor (Kirchner), con crecimiento, desarrollo y trabajo”.
Uno de los organizadores del encuentro de esta vertiente del peronismo, Juan Manuel Olmos, titular de la Auditoría General de la Nación (AGN), profundizó la distinción esta semana en Cenital. Sostuvo que el kirchnerismo tuvo superávit fiscal y comercial entre 2003 y 2008, y lo contrastó con el actual: “Este superávit no paga nada: la discapacidad, las transferencias a las provincias, no hay obra pública ni financiamiento a la educación. Este superávit es vicioso. El de 2003-2008 fue virtuoso“, algo que Cristina Kirchner ha rescatado previamente. Y formuló una pregunta que busca interpelar al propio espacio: “Nosotros ganamos y los activos argentinos se van a pique. Perdemos y los activos argentinos rebotan hasta la estratósfera. ¿No vamos a tomar nota de eso? Eso quiere decir que tenemos un problema de confianza en cuestiones económicas”.
En el entorno de Sergio Massa comparten ese diagnóstico. Cerca del exministro de Economía sostienen que el superávit -a la Néstor- es necesario para generar confianza y para que el peronismo se convierta en una alternativa real al gobierno de Milei, “que no sea un salto al vacío ni al pasado”.
Hablar de superávit y orden macroeconómico no es rendirse ante la agenda del Gobierno, sino evitar que una eventual victoria peronista provoque el derrumbe de los mercados, afirman. “El sector empresarial debe ver que con el peronismo se puede crecer, porque tiene un modelo de país que busca generar oportunidades para las empresas”.
La lectura estratégica implica que, sin este reconocimiento, el peronismo no puede captar a los sectores de centro que necesita para construir una mayoría amplia y ganar en primera vuelta -algo que consideran indispensable para evitar que el antiperonismo se reagrupe en un eventual balotaje-.
La posición del kicillofismo es matizada. En La Plata también consideran el superávit “un factor fundamental”, aunque no el de este gobierno, al que describen como un equilibrio logrado “a costa de matar todo”. Reivindican, además, decisiones propias: la estatización de YPF -que, argumentan, es la base del superávit energético del que hoy goza el gobierno libertario- y los dos años de Kicillof como ministro de Economía, en los que la inflación medida extraoficialmente por el IPC Congreso habría sido menor que la registrada en esta gestión de Luis Caputo.

Pero ahí termina la coincidencia con los federales. Para el entorno del gobernador bonaerense, hacer del orden macroeconómico el eje de una campaña peronista sería “hacerle el juego a la derecha”. El programa de gobierno, razonan, tiene que ser votable para la sociedad, no para los mercados -que “están de fiesta mientras la gente la pasa mal”-. La agenda debería ser el salario digno, el empleo, la educación, la salud y el modelo productivo.
“¿Qué le importa cómo le caigo al mercado al señor que se quedó sin los remedios?”. La frase resume una convicción sobre quién debe ser el interlocutor de una campaña peronista.
Todos contra el Frente de Todos
Hay un punto en el que todo el peronismo converge sin matices: la autocrítica al gobierno del Frente de Todos. Una fuente cercana a Massa reconoce que el proceso inflacionario del último tramo de su gestión “no fue positivo”, aunque menciona la pandemia, la sequía y las internas como factores que condicionaron el rumbo económico.
La autocrítica también alcanza a la política: su entorno cuestiona el método con el que fue ungido Alberto Fernández como candidato y las disputas internas que terminaron afectando la administración. La explicación de cómo Massa se despegará de ese legado pasa, justamente, por asumir esa historia y explicarla. Por ahora, aclaran, el exministro no está lanzado a ninguna candidatura, aunque sí trabajará para que el peronismo vuelva al gobierno.

En las huestes de Kicillof el tono es similar. Reconocen que el Frente de Todos “no le dio respuestas a la gente”, que la inflación de 2023 “fue un desastre” y que hubo falta de decisión política para corregirlo a tiempo. Y citan al propio gobernador: Kicillof suele decir, sin cuidarse demasiado, que no hubiera habido Milei si no hubiese sido tan malo el gobierno del macrismo, pero también el del peronismo.
