Cuando una startup anuncia que “cerró una ronda Serie B de US$ 40 millones”, la noticia puede sonar técnica o lejana. Pero detrás de esa frase hay una lógica clara: las empresas tecnológicas en etapa de crecimiento no consiguen financiamiento de una sola vez, sino por etapas. Cada una tiene un nombre, un propósito y un tipo de inversor distinto.
Argentina tiene un ecosistema emprendedor que, pese a la volatilidad macroeconómica, sigue generando compañías capaces de atraer capital internacional. En 2026, en apenas cuatro meses, las startups locales ya superaron todo lo recaudado durante 2025. Esta guía explica cómo funciona ese sistema, etapa por etapa, con ejemplos reales.
¿Por qué en rondas y no todo junto?
La respuesta es simple: la dilución. Cada vez que una startup recibe inversión externa, cede un porcentaje de la empresa a cambio de capital. Si los fundadores entregaran demasiado en las etapas tempranas —cuando la valuación todavía es baja—, terminarían con una participación mínima al llegar a la madurez.
La estrategia, entonces, es levantar lo justo en cada momento para alcanzar el próximo hito y negociar desde una posición más sólida en la siguiente ronda. A mayor tracción, mayor valuación; a mayor valuación, menos dilución por cada dólar levantado.

Las etapas, una por una
Pre-Seed y Bootstrapping: el punto de partida
Antes de que lleguen los inversores formales, los fundadores financian el proyecto con recursos propios, ahorros personales o aportes del entorno cercano —lo que en la jerga se conoce como FFF: friends, family and fools. El objetivo en esta etapa es pasar de la idea a un prototipo funcional, también llamado MVP (Minimum Viable Product).
No hay ronda formal, no hay valuación oficial. Solo hay convicción y recursos escasos.
Ronda Seed: del prototipo al primer mercado
La ronda semilla (seed) es la primera entrada de capital externo estructurado. Llega cuando la startup ya tiene un MVP y busca validar que existe un mercado real para su propuesta. Los fondos suelen destinarse a mejorar el producto, contratar los primeros empleados clave y lanzar campañas iniciales de adquisición de usuarios.
Los inversores típicos en esta etapa son business angels, aceleradoras y fondos de venture capital de etapa temprana. El riesgo es alto —la empresa aún no tiene métricas sólidas de tracción—, pero también lo es el potencial retorno.
En Argentina, en 2022, el monto promedio de las rondas semilla mayores a US$ 1 millón fue de aproximadamente US$ 3,1 millones. Un ejemplo reciente es Eywa Biotech, que cerró una ronda seed de US$ 2,5 millones liderada por Draper Associates, el fondo del reconocido inversor Tim Draper, para escalar la producción de psilocibina con fines terapéuticos mediante biotecnología e inteligencia artificial.
Serie A: escalar lo que ya funciona
La Serie A aparece cuando la startup demostró que su modelo de negocio tiene product-market fit —es decir, que el mercado quiere lo que ofrece— y está lista para acelerar. No se trata de seguir experimentando, sino de crecer de forma sistemática: más equipo, más mercados, más canales de venta.
Los fondos de venture capital más consolidados entran en esta etapa, exigiendo métricas claras: tasa de crecimiento mensual, costo de adquisición de clientes (CAC), valor de vida del cliente (LTV) y proyecciones financieras detalladas.
En Argentina, el promedio de las rondas Serie A locales rondó los US$ 13,3 millones en 2022. Pero en 2026 ese número fue pulverizado: Humand, una HR tech argentina que desarrolla software de gestión de equipos, levantó US$ 66 millones en una Serie A, marcando un récord para el segmento en el país.
Serie B: expandir a velocidad
Una empresa en Serie B ya sabe cómo crecer; ahora necesita hacerlo más rápido y en mayor escala. El capital se destina a expansion geográfica, desarrollo de nuevos productos, contratación masiva y, en muchos casos, a alcanzar el break even operativo.
Los inversores esperan ver un modelo financiero predecible y un motor de crecimiento que funcione de forma repetible.
Pomelo, la fintech fundada en 2021 por Gastón Irigoyen, Hernán Corral y Juan Fantoni para ofrecer infraestructura de pagos con tarjeta en América Latina, cerró su Serie B por US$ 40 millones a comienzos de 2024, liderada por Kaszek —el mayor fondo de inversión de la región. Con esa inyección, la empresa acumulaba US$ 103 millones levantados desde su fundación y proyectaba duplicar su negocio ese año. En paralelo, Tapi —la fintech de pagos digitales fundada por Tomás Mindlin, Kevin Litvin y Nicolás Andriano— cerró una Serie B de US$ 27 millones también liderada por Kaszek.

Serie C y siguientes: camino al liderazgo de mercado o al IPO
En la Serie C, la startup ya es una empresa consolidada. El objetivo es ganar participación de mercado de forma agresiva, financiar adquisiciones estratégicas, expandirse a nuevos países o preparar el terreno para una Oferta Pública Inicial (IPO). Entran en juego fondos de private equity, hedge funds y, en algunos casos, fondos soberanos.
En Argentina: Pomelo cerró en enero de 2026 su Serie C por US$ 55 millones, co-liderada por Kaszek e Insight Partners, con participación de Index Ventures y Adams Street Partners, entre otros. Desde su fundación, la compañía acumula US$ 160 millones recaudados y opera en todo el continente, procesando miles de millones de dólares en volumen de pagos.
Serie D, E y más allá: los unicornios
Las rondas avanzadas están reservadas para empresas que ya tienen escala regional o global y buscan consolidar su liderazgo antes de salir a bolsa. Una valuación de US$ 1.000 millones convierte a una startup en unicornio.
El caso Ualá es el más ilustrativo del ecosistema argentino. La fintech fundada en 2017 por Pierpaolo Barbieri para promover la inclusión financiera cerró en 2021 una Serie D de US$ 350 millones, liderada por SoftBank y Tencent, que la convirtió en unicornio con una valuación de US$ 2.450 millones. En 2024, completó su Serie E por US$ 366 millones. Ya en 2026, sumó una nueva ronda de US$ 195 millones liderada por Allianz X, elevando su valuación a US$ 3.200 millones. La empresa acumula más de US$ 900 millones levantados desde su fundación.
El caso Vercel: cuando el fundador argentino juega en otra liga
No todas las startups fundadas por argentinos operan desde Buenos Aires. Vercel, creada en 2015 por Guillermo Rauch, oriundo de Lanús, desarrolla infraestructura cloud para la creación y despliegue de aplicaciones web. Con sede en San Francisco, en 2025 alcanzó una valuación de US$ 9.300 millones tras levantar US$ 300 millones en una ronda liderada por Accel y GIC. Entre sus clientes globales figuran OpenAI, Nike y PayPal.

El ecosistema argentino en números
El mercado de venture capital local mostró resiliencia incluso en contextos de alta incertidumbre macroeconómica. En 2022, 54 rondas entre semilla y Serie A concentraron US$ 480 millones de inversión, con el 80% del capital aportado por fondos estadounidenses. En 2025, las startups locales levantaron US$ 270 millones en 73 transacciones. Y en apenas los primeros cuatro meses de 2026, esa cifra ya se duplicó, superando los US$ 400 millones.
El sector fintech concentra la mayor actividad, pero también ganan terreno la HR tech y la biotecnología.
¿Por qué importa entender estas etapas?
Las rondas de inversión no son solo noticias del mundo emprendedor: son un termómetro del tejido productivo e innovador de un país. Cada ronda cerrada implica que inversores globales apostaron por un modelo de negocio, un equipo y una oportunidad de mercado argentinos. Implica empleo de alta calidad, transferencia de conocimiento y, en el mejor de los casos, empresas que cotizan en las bolsas más importantes del mundo.
Entender la diferencia entre una Seed y una Serie C es entender en qué estadío de madurez está una empresa, qué tipo de riesgo asumen sus inversores y cuán cerca —o lejos— está de convertirse en un jugador global.
