La economía marca, otra vez, dos realidades que van por carriles completamente distintos. Por un lado, la abundancia de dólares con un Banco Central que lleva comprados más de US$ 6.500 millones en el año.
Fuentes oficiales dicen ahora que la meta autoimpuesta de US$ 10.000 millones para todo el 2026 va a quedar corta. No se juegan tanto, pero creen que algo alcanzable sería comprar US$ 12.000 millones en todo el año. “Es un número razonable dada la oferta de divisas que tiene el país”, dicen.
Es casualidad o causalidad que los sectores ganadores del modelo mileísta sean los aportantes de los dólares: agro, petróleo y minería.
Pero lo que no aportan son puestos de trabajo. Javier Okseniuk, de LCG, dice que en provincias como Neuquén, Río Negro, San Juan (este por la minería) el empleo aumentó en 7.500 puestos de trabajo privados formal en un año. Y que en el resto de las provincias cayeron 100.000. “O sea, ahí hay un tema de magnitud. No compensa a los desplazados, tanto en desempleo como en trabajos de menor calidad”, señala. Es claro: los desplazados del Conurbano no son compensados por otras provincias donde hay actividades pujantes.
El EMAE de febrero fue notoriamente malo. Luis Caputo le echó la culpa a menos días hábiles y un paro general. Lo cierto es que el 2,6% de caída borró lo que subió la actividad en enero y diciembre. “El traspié de febrero no parece un dato aislado”, advierte Fundación Mediterránea. En febrero cayeron 14 de las 16 ramas industriales y ese sector es el más golpeado. De hecho, la producción industrial volvió a quedar por debajo del nivel de noviembre de 2023 y acumula varios meses de tendencia declinante. Así y todo, marzo volvería a marcar para arriba. Pero está todo atado con alambres.
Okseniuk plantea que hay un interrogante de qué puede pasar durante el resto del año y durante el año que viene. “Esta heterogeneidad le incorpora una incertidumbre adicional, porque los sectores ganadores tranquilizan porque son los generadores de divisas en un país en donde las divisas son el bien escaso, y en donde la falta de divisas de dólares fue causa de crisis y de desempeños económicos magros. Pero, por otro lado, los sectores perdedores son los generadores del empleo“, advierte. “¿Cómo va a reaccionar la sociedad?”, se pregunta.
En las últimas horas se conocieron muchos datos de tres fuentes distintas marcando el derrumbe del consumo. Como diría el Presidente, “dato mata relato”:
- La confianza del consumidor medido por la Universidad Torcuato Di Tella se desplomó 5,7% en abril. Tanto las “condiciones presentes” como las “expectativas futuras” registraron caídas: del 9,03% y 3,30% respectivamente.
- El Indicador de Consumo (IC) de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) mostró una baja de 1,3% en marzo en la comparación interanual y un decrecimiento desestacionalizado de 0,5% frente al mes de febrero. “Completando un trimestre donde se combinaron descensos interanuales y estancamientos”, afirma la cámara.
- Y el Indec marcó que las ventas en supermercados cayeron 3,1% interanual en febrero de 2026 y subieron 0,3% respecto del mes previo. Además, en autoservicios mayoristas las ventas disminuyeron 1,2% interanual en febrero de 2026 y 0,7% respecto de enero; mientras que en los shoppings las ventas bajaron 2,1% interanual en febrero y 1,8% con respecto al mes previo.
La preocupación oficial, que ya no se esconde y habla de “paciencia”, es que la economía siga sin derramar y aleje al votante medio que llevó a Javier Milei al poder. “Milei impulsa reformas, pero cae la confianza: 4 meses de baja, fuerte entre jóvenes, con foco en economía y transparencia. ¿Alcanza el capital político sin respaldo social?”, dice el consultor político Carlos Fara.

Hay cada vez más preocupación en el exterior por la erosión de la imagen presidencial, de la mano del descontento de parte de la sociedad que no siente una economía que levante temperatura. Allianz, la gigante financiera que maneja seguros y activos a nivel mundial, les recordó a sus clientes “los riesgos” de apostar por la Argentina. Y detallaron sin pelos en la lengua:
- “Entre los riesgos internos se incluyen la persistente desigualdad, las presiones del alto costo de vida urbano y la posibilidad de que se reviertan las políticas si las condiciones económicas empeoran”.
- “Si bien el riesgo de incumplimiento contractual de la deuda ha disminuido, los cambios repentinos en las políticas o la gobernanza aún podrían desalentar la inversión a largo plazo”.
- “Una gobernanza coherente e inclusiva es esencial para mantener el impulso y evitar que se repitan los ciclos de crisis y recuperación del pasado”.
El BBVA, el grupo español que opera con su banco en la Argentina, también marcó ciertos reparos. Después de resaltar que el 2026 “confirma la continuidad del proceso de estabilización macroeconómica”, con un superávit fiscal sostenido, una política monetaria prudente y un progreso gradual en la normalización del régimen cambiario (algo que lo lleva a pronosticar que el PIB crecerá 3%), “la atención se centra ahora en la sostenibilidad del programa”.
Y el BBVA dice, textualmente: “En un contexto donde el margen para nuevos ajustes es más limitado, la acumulación de reservas se vuelve crucial y el desempleo cobra mayor relevancia entre las preocupaciones sociales”.
El mundo financiero aplaude la compra de reservas y el orden macroeconómico, pero duda cada vez de la sostenibilidad del plan libertario si el nivel de actividad y los salarios no repuntan. Por eso, quizás, de las reuniones del FMI de la semana pasada el equipo económico se llevó de primera mano lo que en la jerga se llama “posición técnica” del mercado. “Están afuera”, es la conclusión que incluso un miembro de Economía deslizó en charlas privadas. Se entiende, entonces, la frustración de Luis Caputo por la tímida baja del riesgo país. Los fondos, que son los que finalmente terminan invirtiendo vía los bancos (o sea, son sus clientes), tienen temor de lo que pueda ser el 2027. Los dólares ayudan, la micro no.
