“El proteccionismo ha dejado de ser una unanimidad de los sectores populares: para un joven de los conurbanos, un celular barato puede resultar tan importante como el alimento barato”.
Son las palabras de Pablo Gerchunoff y Lucas Llach en “Ved en trono a la noble igualdad. Ascenso y caída de la economía argentina, de 1880 al presente“. Así de directos, contundentes y magnéticos son todas las argumentaciones que despliegan en la reciente publicación de este libro por la editorial Siglo XXI. Con una escritura accesible y fluida logran lo que pocos textos conquistan en este momento: la inmersión entre las palabras, las ganas de seguir leyendo. En definitiva, escriben sin poses alambicadas, pero tampoco sin bajar o diluir el contenido teórico.
La propuesta es estudiar el destino del país a través de las decisiones de economía política. Ahí los autores encuentran las claves de cómo llegamos hasta acá. Este libro es una reedición y revisión de otro originalmente publicado en 2004 por la misma editorial. No obstante, el contexto de su publicación impulsa la lectura del libro como una búsqueda de ensanchar la conversación pública. No se trata de opiniones personales sino de la exposición argumentativa profunda y de una invitación impostergable a pensar.
Gerchunoff y Llach buscan mantener viva la llama del pensamiento de un país no kirchnerista, es decir, intentan poner de manifiesto las claves de lectura de una economía política que se diferencia a la vez del mileísmo y del kirchnerismo.
En 120 páginas y tres capítulos, los autores desmontan mitos con precisión. El argumento central resulta ineludible: “La política económica puede ser decisiva“. Las decisiones de los gobiernos forjaron el presente; la culpa no reside en psicologías colectivas insondables.
El fracaso económico argentino suele invitar a explicaciones psicológicas, lamentos sociológicos o fatalismos culturales. Frente a esa pereza intelectual, “Ved en trono a la noble igualdad” marcha exactamente en la dirección opuesta y ofrece una explicación de alto tenor intelectual sin perder claridad.
Sus autores son expertos en la temática. Pablo Gerchunoff es historiador económico, profesor e investigador, y recibió, entre otras distinciones, el premio Konex. Lucas Llach es economista, profesor y fue vicepresidente del BCRA y del Banco Nación en 2019. Ambos dan clases en la Universidad Torcuato Di Tella. Este libro los encuentra llevando al papel un diálogo intelectual vivo.

La ilusión óptica de los altos salarios
Como señalan en los primeros capítulos, el declive se dio en parte por la falta de lectura de las élites políticas y económicas. Esa incapacidad trágica para leer el contexto global condenó al país a marchar a contracorriente del mundo. Para ilustrar esta desconexión, el texto expone un pasaje sobre la volatilidad del comercio internacional.
Ser una economía abierta resultó perjudicial durante el derrumbe de los años treinta, pero favoreció el desarrollo en la etapa posterior a la Segunda Guerra. Frente a esos cambios, las clases dirigentes operaron a destiempo. Señalan: “En los dos períodos (Depresión y posguerra) la Argentina se ubicó en la vereda más sombría“. La estructura nacional exhibía una apertura extraordinaria al desatarse la crisis de 1930, para luego transformarse en una de las plazas más cerradas del planeta hacia los años cincuenta. La consecuencia fue compleja: el crac financiero golpeó con fuerza y las ventajas del renacimiento económico posterior quedaron por completo desaprovechadas.
La obra retrocede al inicio para comprender el origen del drama. A fines del siglo XIX, la escasez de población y la abundancia de tierras fértiles convirtieron a la Argentina en una nación de altos salarios. Esa prosperidad inicial dependía de un socio fundamental: “En la intensa apertura previa a 1930 fue decisivo el engarce perfecto entre la capacidad de oferta de productos primarios que existía en las praderas de la pampa húmeda, en especial a partir de que el ferrocarril permitió transportar con rédito una voluminosa producción agrícola, y la demanda de ese tipo de bienes por parte de una economía poderosa y dinámica pero pobre en tierras e importadora de alimentos como Gran Bretaña“.
Fruto de ese modelo, surgió una sociedad caracterizada por una “pasión igualitaria“. Los datos abruman: “Hacia 1929 la distribución funcional del ingreso era más equitativa en la Argentina que en Gran Bretaña y que en los Estados Unidos“. Sin embargo, la Gran Depresión alteró el tablero. Factores estructurales externos explican el derrumbe comercial posterior. La respuesta local frente a esa crisis mundial fue cerrar la economía, una decisión estrictamente política.
En palabras de Gerchunoff y Llach se trata siempre de desglosar cuándo “una política económica guiada por consideraciones distributivas de corto plazo acaba frustrando el crecimiento”.

1975: El año de la auténtica debacle
El libro identifica un quiebre estructural incuestionable. La caída definitiva no comenzó en 1930. La radiografía de esa bisagra histórica resulta demoledora. Desde 1975, desde el Rodrigazo, cambió la Argentina. Con Martínez de Hoz se institucionalizó la ruptura del modelo previo. Se creó otra Argentina.
Gerchunoff y Llach escriben: “Para 1975, la Argentina se encontraba en una posición relativa similar a la de cien años atrás“. Y agregan: “Tomando solo las seis décadas anteriores a 1975, la Argentina se había retrasado frente a una mayoría de los países aquí analizados, pero no a todos: entre 1913 y 1975 creció casi lo mismo que el Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda, y bastante más que Chile“.
La fractura posterior destruye cualquier atisbo de normalidad. “Lo que sucedió después de 1975 fue de otra naturaleza“. El texto describe el desplome: “Ya no hubo, como hasta entonces, oscilaciones dentro de una franja entre el 80 y el 110% de la muestra, sino una auténtica debacle, especialmente en los quince años posteriores a 1975. De representar el 83% del ingreso de los países de toda la muestra en 1975, el ingreso per cápita argentino retrocedió hasta un 50% en 1990, valor alrededor del cual giró en los treinta y cinco años siguientes, tocando mínimos (44%) en la crisis de 2001 y valores mayores en lo mejor de los años noventa y del ciclo expansivo kirchnerista, para estacionarse en un 50% en 2022, poco antes de escribirse estas líneas”. Para dimensionar la tragedia, basta un contraste: “La Argentina era rica como España en 1975 y en 2023 su ingreso era la mitad del español“.
¿Qué significa este porcentaje exacto? Revela que, hasta mediados de los años setenta, el país lograba sostener el ritmo de sus pares globales. En la práctica, un ciudadano argentino generaba ochenta y tres centavos por cada dólar de riqueza promedio que producía el grupo de naciones evaluadas, un pelotón heterogéneo compuesto por potencias industriales, países europeos y vecinos latinoamericanos. La Argentina integraba ese esquema de igual a igual. El derrumbe al 50% ilustra un desacople inédito y letal: la riqueza relativa nacional se partió literalmente por la mitad frente a la del resto de los países analizados.
La trampa democrática y el fetichismo del cepo
¿Por qué un país elige repetidamente el estancamiento? La respuesta del libro reside en la dinámica electoral y las demandas sociales. El proteccionismo sin límites y el atraso del tipo de cambio funcionaron como atajos facilistas. Los autores exponen el núcleo del problema: “En nuestro país una política que atrajera las simpatías populares era aquella que combinara proteccionismo aduanero con una moneda nacional artificialmente cara, pero subrayamos que eso frenaba el crecimiento económico y le quitaba sustento a la felicidad social“.
La democracia argentina quedó apresada en un hechizo difícil de romper, paradoja resumida en una frase magistral: “Ganar elecciones es caro en dólares, ganar crecimiento es caro en votos“. El instrumento definitivo de esta trampa es el control de cambios. El cepo no es un mero accidente administrativo; sintetiza las políticas de atraso cambiario y proteccionismo utilizadas para sostener los salarios de manera artificial. Es una barrera infranqueable al progreso material.
Siglo XXI: el péndulo infernal
Gerchunoff y Llach sostienen que la Argentina previa a 1975 funcionaba bajo otra lógica. Mientras los pilares del modelo —industria local protegida, subsidios y un Estado activo— permanecieron en pie, el país mantuvo niveles aceptables de desarrollo e integración social. El quiebre definitivo llegó con la dictadura militar. Los autores afirman: “Cuando esos fundamentos comenzaron a ser derrumbados (fecha que puede ubicarse exactamente en marzo de 1976) se inició la verdadera decadencia argentina“.
Para reflexionar sobre el tiempo presente, los autores suman un análisis que la edición original no contenía: el primer cuarto del siglo XXI.
Del dolor de 2001 nació una oportunidad. El país recuperó de forma fugaz una matriz que no visitaba desde los años veinte: economía abierta, dólar competitivo y superávit comercial. En el inicio del kirchnerismo, esa épica del dólar alto fue popular porque generaba empleo. Pero la ilusión fue breve. A partir de 2007, advierte el libro, la dirigencia recurrió a “formas más tradicionales de redistribución de la abundancia”. La economía se deslizó hacia un modelo de salarios subiendo por encima del tipo de cambio, inflación camuflada y un esquema plagado de trabas e impuestos a las importaciones. El cierre de ese ciclo fue el cepo de 2011, un instrumento que “sintetiza la trampa histórica nacional: el uso de atraso cambiario y proteccionismo para sostener salarios de forma artificial“.
“A partir de 2011 todos los gobiernos tuvieron al menos algún período con cepo, aunque muy breve y postrero en el caso del gobierno de Macri. En un conteo aproximado, en los noventa y seis años desde 1930 a 2025 la Argentina tuvo unos treinta y tres con libertad de cambio y sesenta y tres con alguna forma relevante de restricciones administrativas en la compraventa de divisas (y, como consecuencia, tipos de cambio múltiples)”, enfatizan Gerchunoff y Llach.
Lo que siguió fue un “experimento de laboratorio” sobre el impacto destructivo del corto plazo. Los autores describen el período entre 2011 y 2024 como una “larga década perdida” en la que “el crecimiento fue particularmente inestable, con seis años de expansión y ocho de recesión”.
La obra desmenuza la lógica de un stop and go impulsado por las urnas, donde “fueron muy frecuentes los ‘años impares’ de apreciación cambiaria en busca de un resultado electoral y los años pares, sin elecciones, con la inevitable corrección”. Es la confirmación empírica de la tesis central de “Ved en trono a la noble igualdad”: subordinar el futuro a las exigencias distributivas inmediatas acaba ahogando cualquier proyecto de desarrollo. Y sin futuro no hay país posible.
Hacia el final, el libro interpela al presente y la irrupción de Javier Milei. Tras analizar el fracaso de las últimas dos décadas, los autores sugieren: “Está claro que no hubo una fuerza política dispuesta a pagar los costos distributivos de corto plazo que parecen necesarios para retomar […] un camino de crecimiento”. La pregunta que deja picando el libro es si el gobierno de Javier Milei podrá hacerlo. La pregunta que deja picando la lectura es si Milei lo hiciese, ¿a qué costo? ¿Hay sociedad que lo aguante?
“Ved en trono a la noble igualdad” funciona como una brújula para leer el presente sin bajadas de línea ni soluciones prefabricadas. Al interrogar al pasado para descifrar un presente quebrado, Gerchunoff y Llach nos devuelven al punto de partida, despojados de excusas o fatalismos. Son capaces de ir hacia la zona más incómoda, esa que implica pensar “incluso” a contrapelo de una época.
La lección final es que la ruina o la riqueza no están ganadas ni perdidas de antemano; en última instancia, la política económica es siempre el factor decisivo. Minuto a minuto, día a día, año a año. Un gobierno es, en definitiva, las decisiones de política económica que es capaz de tomar. Un país es, en definitiva, lo que puede hacer con lo que esas decisiones hacen de él.
