
El equipo económico argentino, liderado por el ministro Luis Caputo y el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, viaja esta semana a Washington para participar de las Reuniones de Primavera del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, con un objetivo central: destrabar un desembolso pendiente de US$ 1.000 millones.
El encuentro, que se desarrolla entre el 13 y el 18 de abril, estará atravesado por el impacto global de la crisis en Medio Oriente, aunque la agenda argentina buscará avanzar en la revisión del programa vigente con el FMI. El foco estará puesto en cerrar esa instancia técnica y asegurar el giro de fondos, clave para la estrategia financiera del Gobierno.
El desembolso depende del cumplimiento de metas del primer trimestre, especialmente en dos frentes: acumulación de reservas internacionales y mantenimiento del superávit fiscal. En ese contexto, el Gobierno también solicitará un “waiver” (dispensa) por el incumplimiento en la meta de reservas del año pasado, que quedó US$ 11.000 millones por debajo de lo pactado.
En paralelo, el FMI mantiene una visión moderadamente optimista sobre la economía argentina. Según su último informe, proyecta un crecimiento del 4% para 2026 y 2027, por encima del promedio global (3,3%) y de países como Brasil (1,6%) y México (1,5%). Este escenario se apoya en el desempeño fiscal: en 2025, Argentina logró un superávit primario del 1,4% del PBI y un resultado financiero positivo del 0,2%.
El viaje se da en un contexto de mejora en los mercados, con el riesgo país en torno a los 550 puntos. Sin embargo, el equipo económico deberá convencer tanto al FMI como a inversores de que puede sostener el programa: el desafío es captar unos US$ 1.250 millones mensuales hasta 2027. Además, la delegación buscará avanzar en financiamiento para infraestructura y acuerdos bilaterales, en línea con el intento de consolidar la recuperación económica.
