Según el Gobierno de Javier Milei, con el PIB, el consumo y las exportaciones en ATH (All Time High), los que sostienen que hay malestar en la población con los ingresos disponibles son operadores de la casta.
Pero estamos en un proceso de crecimiento de la producción -que existe y nadie niega- que convive, en simultáneo, con otro de pérdida del poder adquisitivo. Así lo asegura el último informe del Bapro.
“Esta dinámica no fue muy frecuente en los últimos veinte años: entre 2004 y 2024, en solo 1 de cada 5 meses el nivel de actividad creció y el salario real se contrajo -si tomamos el promedio tres meses en lugar del dato mensual, que refleja mejor las evoluciones tendenciales que los vaivenes puntuales-. En cambio, esta dinámica se verificó en los últimos tres meses con datos (noviembre, diciembre y enero), en tanto que en octubre los salarios permanecieron virtualmente estancados (+0,1%) y ya podemos hablar de una tendencia de caída del poder adquisitivo”, agrega el reporte.

Estamos en un proceso de deterioro de la masa salarial, un cálculo que inlcuye salarios y, además, el nivel de empleo.
Dice el Bapro: “Entre junio y diciembre, último dato disponible, se perdieron 82.000 empleos privados formales y 23.000 en el total, ya que entre monotributo y autónomo sumaron 37.000, a la vez que el monotributo social aportó 27.000”.
Si el crecimiento de la economía no viene acompañado de mejores ingresos, “no solo no traerá ‘bonaza’, sino que convivirá con una expansión de la ‘malaria'”, dice el Bapro.
Según el Indec, los salarios reales registrados del sector privado se ubican actualmente 2,3% por debajo de noviembre de 2023, el mes previo a la asunción de Milei, y muestran una caída de 3,0% respecto a su nivel de enero de 2025.
Algo que puede estar pasando es que se proyecta que la inflación futura será menor a la que efectivamente se observa. Desde julio de 2025, la inflación esperada por el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que publica el Banco Central viene ubicándose por debajo de la inflación efectiva. Por caso, en enero, la mediana del informe arrojó 2,5%, 0,4 p.p. de lo que terminaron subiendo los precios según el índice que elabora Indec. Esto provoca que que las actualizaciones salariales se cierren con ajustes de precios esperados que, ex post, no terminan alcanzando para evitar nuevas caídas del poder adquisitivo.
El salario real privado registrado retrocedió en 62 de los 109 meses comprendidos entre enero de 2017 y enero de 2026. En 48 de estos 62, es decir, en más del 75% de los meses de caída, la inflación efectiva fue mayor que la esperada (y en 14 menor: 22,5%). En cambio, en 29 de los 47 meses en que creció el poder adquisitivo, la inflación esperada quedó por debajo de la realizada.
Así, en 77 de los 109 meses (70% del total), si la inflación estuvo por debajo de lo esperado, el salario creció y al revés, si la inflación estuvo por encima el poder adquisitivo cayó, mientras que en los 32 meses restantes o bien los salarios pudieron crecer a pesar de que la inflación quedó por encima de lo esperado o no pudieron hacerlo, aun cuando las negociaciones colectivas tomaron de base una inflación mayor que la esperada.
En consecuencia, la primera clave no será tanto que la inflación baje como que las expectativas se alineen con la realidad: es decir, que las subas de precios que sirven de base para las actualizaciones salariales no queden rezagadas frente a los datos.
“Lamentablemente, en febrero esto no pasó (la inflación esperada al comienzo del mes era levemente mayor que 2%, y terminó en 2,9%) y marzo tampoco sería el caso, ya que la mediana del REM era de 2,5% al comienzo del mes”, dice el Bapro.
