Las opiniones sobre la última dictadura cívico-militar hoy están fuertemente atravesadas por el voto. Según el “Informe 50 años: Memoria, Verdad y Justicia” de la consultora Zuban Córdoba, las diferencias se organizan con claridad en función de la elección de 2023, que tuvo como protagonistas del balotaje a Javier Milei y Sergio Massa.
A nivel general, hay una mayoría (57,1%) que define el período 1976-1983 como “una dictadura cívico-militar que llevó adelante un plan de desaparición de personas y violó sistemáticamente los derechos humanos”. Sin embargo, 25,2% lo interpreta como “un proceso de reorganización nacional que enfrentó una guerra contra el terrorismo“.
Esa mayoría se diluye cuando se observa el comportamiento electoral. Entre quienes votaron a Milei, las posiciones aparecen prácticamente empatadas: 41,2% adhiere a la caracterización vinculada a las violaciones a los derechos humanos mientras que 41,7% se inclina por la narrativa de la “guerra contra el terrorismo”.
En cambio, entre los votantes de Massa el consenso es amplio: el 80,5% respalda la primera definición y apenas un 9% la segunda.

La brecha se replica en otras dimensiones. Ante la afirmación de que el período iniciado en 1976 implicó violaciones a los derechos humanos, crisis económica y falta de libertades, el acuerdo general alcanza al 68,6%, con 18,6% en desacuerdo.
Pero nuevamente el corte por voto marca diferencias: entre los mileístas, el acuerdo baja al 56,8% y el desacuerdo escala al 31,3%. Entre los massistas, en cambio, el consenso es mucho más sólido (86,4%) y el rechazo es marginal (8%).
“El consenso memorial sigue siendo mayoritario, pero no homogéneo ni inmune a disputas de interpretación y sentido”, indica el informe.
Esta distancia también aparece al medir la importancia de mantener viva la memoria sobre lo ocurrido hace 50 años. Mientras que a nivel general se mantiene como un valor extendido, entre los votantes de Milei el acuerdo es sensiblemente menor (61,2%) que entre los de Massa (90,6%). En espejo, el desacuerdo asciende al 33,1% en el universo libertario, frente a apenas un 5,1% en el peronista.
Donde la grieta crece es en la evaluación del presente democrático. El 60,9% de quienes votaron a Milei considera que la democracia funciona adecuadamente, contra 32,9% que la evalúa de manera negativa. Entre los votantes de Massa, en cambio, predomina una mirada crítica: solo el 25% la considera adecuada, mientras que el 70,4% la califica como inadecuada.

“El concepto de democracia sigue siendo sólido, pero en su ejercicio empiezan a aparecer señales de fatiga. La irrupción de Milei implicó, de alguna manera, la ruptura del consenso democrático“, dijo Gustavo Córdoba, director de la consultora, a El Economista. Y agregó que ese quiebre puede rastrearse incluso antes, desde el intento de magnicidio contra Cristina Kirchner, cuando parte del arco político no condenó el ataque.
Aun así, la preferencia por la democracia se mantiene como un piso relativamente firme. El 66,3% sostiene que es preferible a cualquier otra forma de gobierno, aunque emergen zonas grises: un 13,4% afirma que le da igual el tipo de régimen y un 12,1% considera que, en ciertas circunstancias, un gobierno autoritario puede ser preferible.
También aquí hay matices según el voto: entre quienes eligieron a Massa, el respaldo a la democracia es mayor (77,4%) que entre los votantes de Milei (65,9%). A la inversa, estos últimos muestran mayor tolerancia a opciones autoritarias (13,4% frente a 8%).

Los datos emergen de una encuesta nacional realizada entre el 11 y el 14 de marzo, con un margen de error de ±2,53%.


