En respuesta a los bombardeos de Irán a las instalaciones de cinco países árabes que hay en el Golfo Pérsico, el Presidente norteamericano Donald Trump redobló la apuesta y le advirtió al régimen iraní que “podría destruir el yacimiento de South Pars de Irán (uno de los mayores de gas y condensados del mundo) con una fuerza y poder nunca vistos”, con esto escaló la guerra y tanto el petróleo como el gas volvieron a anotar un nuevo salto.
Al mismo tiempo, el titular de la Casa Blanca llamó “cobardes” a los aliados de la OTAN por su falta de apoyo en la guerra con Irán y, como la Unión Europea es petróleo dependiente, al tiempo que EE.UU. es un exportador neto, la diferencia de precios entre la versión del petróleo norteamericano y la versión del petróleo de mar del norte se estiró a máximos que no se veía desde el año 2013, con el con el WTI a US$ 98,40 y el Brent a US$ 112,60.
Este hervidero energético, con la casi total seguridad de que, aunque la guerra terminara mañana no habría normalización de cotizaciones del barril de crudo por al menos seis meses, agudizó la expectativa de un mundo con más inflación, tasas de interés más altas y estancamiento económico. Y eso generó una generalizada aversión al riesgo, con marea roja en todas la Bolsas del mundo, con una particularidad: el dólar global subió en todo el mundo, al tiempo que los activos de reserva como metales preciosos y criptomonedas siguieron perdiendo terreno.
Por supuesto, el encarecimiento de petróleo está empezando a generar diferentes reacciones. En general hay países como EE.UU. que transfiere de manera inmediata la suba a los surtidores de las estaciones de servicio, por lo que el galón de gasolina superó los 4 dólares promedio, una cotización que según los analistas termina condenando al gobierno de turno a perder indefectiblemente la elección de medio término (o sea, en noviembre Trump perdería el dominio de las dos cámaras del Congreso). Al tiempo que hubo países de Europa, como España o Italia, que le están quitando temporalmente impuestos a las naftas, y empiezan a subsidiar a los consumidores países que ya de por sí tienen déficits fiscales importantes.
El traslado a los centros de venta es muy diferente según cada lugar. Mientras el petróleo sube 43% en lo que va de marzo, en los surtidores de EE.UU. la suba se acerca al 26%, en España es casi 20%, en Alemania 16% y en Argentina 13%. Y especialistas del sector afirman que si el petróleo Brent sigue colocado durante unas semanas más arriba de US$ 100, seguramente veremos en las estaciones de servicio argentinas una suba adicional del 12 o 14%, lo cual sería un detonante para la inflación.
Por supuesto, esta condición de guerra tiene económicamente costados a favor y en contra para la Argentina. Como están subiendo el petróleo, el gas, los minerales y los granos, todo eso complicará a las familias con más inflación, pero todo eso tiene retenciones y la Argentina recibirá gruesos dólares extras, que podrían significar un agregado de unos US$ 12.000, lo cual simplificaría el pago de la deuda de este año y parte del enorme vencimiento que hay para 2027.
Frente a todo esto, mientras los bonos de la Fed siguen perdiendo valor contado, con tasas a vencimiento cada vez más altas, el dólar global escala, pero en la Argentina sigue para abajo, por lo que la moneda local está pasando a convertirse en el súper peso argentino de lo que va de 2026. Y eso llegó con una gran compra de dólares de parte del BCRA (US$ 172 M), en un día en el que además logró sumar reservas (US$ 106 M).
Pero, al tiempo que todas las bolsas del mundo anotaron fuertes bajas, con algunos casos resonantes, el día tampoco resultó alentador para los títulos argentinos. Los bonos no levantan cabeza, el riesgo país escaló otras 9 unidades hasta 623 puntos básicos, el mayor nivel desde mediados de diciembre. Y a la Bolsa de Buenos Aires tampoco le fue bien, con caída en bloque de hasta el 7% para las ADR argentinas que cotizan en NY.
Además, esta posición de dólar local débil y existencia de súper peso, está cambiando la dirección de los depósitos que hay en los bancos, ya que el stock de depósitos privados en dólares empezó a bajar, mientras que el stock de depósitos a plazo fijo en pesos vuelve a estar en crecimiento, con muchos inversores haciendo carry trade, ganándole al dólar, pero perdiendo claramente contra la capacidad de compra, porque las tasas están en la zona del 2,4% mensual, al tiempo que se espera para marzo un IPC cercano al 3%.
Toda esta situación de guerra, que de fondo tiene la puja sideral entre EE.UU. y China, llegó además con un detonante peligroso. Luego de que hayan aparecido fondos de inversión que empezaron a armar corralitos para evitar salidas masivas de determinadas colocaciones, empiezan a aparecer condiciones posiblemente político estratégicas que van llevando a la emoción del mercado a un nivel completamente diferente.
Por ejemplo, hizo algo de ruido una movida inesperada, ya que Harvard enfrenta un demanda del Departamento de Justicia por presuntas violaciones de derechos civiles. Pero lo que hizo volar la cabeza bursátil del día, y colocar a Wall Street en estado de emergencia fue que un papel tecnológico clave como Super Micro Computer terminara hoy con un hundimiento del 33% en su cotización. Esto sucedió porque el Departamento de Justicia de los Estados Unidos acusó hoy a SMC y procesó a tres personas vinculadas a la empresa, entre ellas un cofundador (Yih-Shyan Liaw) y un gerente de ventas en Taiwán, por presuntamente evadir controles de exportación para enviar tecnología de inteligencia artificial hacia China.
Es decir, las derivaciones empiezan a tomar ribetes inesperados. Con la caída del oro y el freno en las criptomonedas, los bancos centrales del mundo, que colocaron parte de sus reservas en esos valores, están viviendo situaciones de stress porque esos activos están perdiendo entre 15 y 20% de sus valores respecto de sus picos. Sin embargo, con todavía importante venta de bonos de la Fed, está bajando el precio contado de estos valores y, como consecuencia, las tasas largas de EE.UU. suben más: se pagó 3,8% anual a 1 año de plazo, 4% anual a 5 años, 4,4% anual a 10 años y 4,9% anual a 30 años. Y eso determinó una generalizada suba del dólar global, que subió 1,8% en Brasil, 1,6% en Chile, 1,3% en México, 1% en Japón, 0,7% contra la libra y 0,2% contra el euro, no cambió contra el franco suizo y bajó 0,2% en China.
Y debe advertirse que Brasil enfrenta situaciones que empieza a inquietar. Cuando faltan siete meses para la elección presidencial en la que Lula juega su lugar, siguen los ecos del colapso del Banco Master Brasil y de Will Bank (su brazo digital): hay demandas por u$s 7.000 M de unos 800.000 inversores y fondos de pensión. Con ese contexto, el ministro de Hacienda de Brasil Fernando Haddad anunció su renuncia. Las reservas de efectivo de Brasil se reducen mientras el Tesoro intensifica las intervenciones en el mercado. Y, además, el multimillonario Batista negocia el rescate del magnate siderúrgico brasileño.
En la Argentina, con virtual estancamiento económico con inflación persistente, el mercado cambiario está absolutamente anestesiado. A las puertas del inicio de la liquidación de una cosecha gruesa que viene con arcas más que llenas, el blue y los tipos de cambio oficiales siguieron bajando, aunque los dólares financieros repuntaron apenas. Con el dólar oficial a $ 1414,02, el BCRA compró US$ 172 M en el mercado local y, al final del día, la autoridad monetaria logró sumar reservas por US$ 106 M.
Frente a eso, con los que hace carry trade festejando, el dólar oficial bajó $ 2,64 hasta $ 1414,02, el dólar blue bajo $ 5 hasta $1425, el dólar senebi bajó $ 2,23 hasta $ 1423,30, el dólar mep subió $ 2,60 hasta $ 1421,94 y el contado con liqui subió $ 4,97 hasta 1473,99. Por lo que la brecha entre el oficial y el blue fue del 1% y la brecha entre el ccl y el mayorista fue del 6%.
Así, con Caputo liberando liquidez de manera escalonada y destrabando otra capa del cepo, ya que desde mayo las empresas subsidiarias ubicadas en la Argentina podrán empezar a girar dividendos en tres etapas. Y, con ese marco, sigue bajando la tasa de los plazos fijos: por plata chica bajó de 25,7 a 25,2% anual (21% en bancos grandes y 30% en bancos chicos) y por plata grande bajó de 30,8 a 30% anual.
En línea con esta tendencia, la morosidad por créditos no bancarios superó el 27% y genera preocupación en el mercado. Y apareció una advertencia de Wells Fargo sobre la vuelta de Argentina a los mercados de deuda. Todo eso sigue colocando en un pantano a la realidad de los títulos públicos: con menos negocios, los bonos argentinos subieron 0,1%, pero el riesgo país subió otras 9 unidades, hasta 623 puntos básicos, el mayor desde mediados de diciembre 25.
En papeles privados, con este notable desequilibrio energético y esta gran tensión geopolítica global, hubo otra rueda en rojo en la Bolsa de Nueva York, con descenso del 1% para el Dow, del 1,5% para el S&P y del 2% para el Nasdaq. En tanto que la Bolsa de San Pablo bajó 2,2% y la Bolsa de México bajó 1,8%.
Y al mercado bursátil local tampoco le fue bien. Con $ 140.599 M operados en acciones y $ 227.832 M en cedears, la Bolsa de Buenos Aires bajó 1,6%. Mientras que las ADR argentinas en NY mostraron una baja en bloque del 1 al 7% para Bioceres, IRSA, Central Puerto, Supervielle, BBVA, Edenor, Pampa E, TGS, Telecom, Galicia, Macro, Mercado Libre y Cresud.
Finalmente, lo que marca el compás de todo este momento es lo que ocurre con los commodities. El petróleo saltó 6,5%. Los metales preciosos se alejan de sus récords. Los metales básicos terminaron mixtos. En Chicago hubo bajas para todos los granos, especialmente para el trigo (la postergación de la reunión entre Trump y Xi causó decepción). En Rosario hubo subas para la soja, el girasol y el sorgo, pero baja para el maíz. Y, por último, el Bitcoin terminó casi sin cambios, pero hubo bajas de hasta el 6% para el resto de las criptomonedas.


