La política carente de pragmatismo es poco más que una vía rápida hacia la irrelevancia. Frente a un ecosistema político alterado de raíz por el avance de La Libertad Avanza, la administración porteña decidió reescribir su propio manual de supervivencia. Jorge Macri avanza con determinación hacia un terreno donde la austeridad estatal y el orden irrestricto operan como las nuevas deidades.
El movimiento más audaz involucra la concesión a manos privadas de los medios públicos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: La Once Diez (AM 1110), La 2×4 (FM 92.7) y el Canal de la Ciudad.
El proyecto busca transferir la administración, gestión y operación de estas emisoras por un período inicial de cinco años.
Para dimensionar el contrato, el Gobierno estimó un monto base total para los 60 meses de concesión: $645.225.000 para la señal de televisión y $73.740.000 para las frecuencias radiales. Estas cifras representan el presupuesto de referencia oficial que las empresas interesadas deberán contemplar al momento de diseñar y presentar sus propuestas comerciales.
La iniciativa generó fuertes turbulencias dentro de la coalición oficialista, aunque la decisión ya dejó de ser un mero borrador en debate. El anuncio es oficial: el proceso de licitación pública se publicará en el Boletín Oficial sin marcha atrás.
Ceder emisoras con un peso histórico innegable conlleva un costo político evidente. La Radio de la Ciudad, a modo de ejemplo, cumplirá cien años de existencia en 2027. Este conglomerado mediático cuenta con casi medio millar de trabajadores, figuras reconocidas y una tradición cultural específica, manifiesta en el enfoque tanguero exclusivo de La 2X4 a nivel mundial.
La intención gubernamental resulta transparente: finalizar el uso de recursos impositivos para sostener operaciones viables para el sector privado. Las empresas oferentes deberán competir por la adjudicación bajo una premisa oficial clara: el ahorro financiero logrado con esta medida se redirigirá hacia prioridades estatales de mayor urgencia para los vecinos.
Quienes resulten adjudicatarios deberán asumir exigencias estrictas:
- Transmisión ininterrumpida las veinticuatro horas.
- Preservar el perfil de La 2×4 y garantizar 70% de música nacional.
- Proveer estudios propios dentro del territorio porteño con tecnología de punta.
- Ceder hasta 30% de la programación semanal para contenidos institucionales y de interés público.
¿Cuál es el motor real detrás de esta repentina vocación privatizadora? La respuesta anida en la disputa por la narrativa política. El Ejecutivo porteño intenta cerrarle los espacios discursivos a la derecha libertaria, encarnada en figuras del oficialismo nacional. Asumir las banderas del cuidado extremo del erario público funciona como un escudo táctico frente a un electorado ávido de recortes estatales.
Esta estrategia de contención no se limita a las frecuencias de radio o televisión. Abarca la totalidad del control del espacio urbano y la seguridad ciudadana. Durante el inicio del ciclo lectivo en el Instituto Superior de Seguridad Pública, frente a miles de cadetes, el Jefe de Gobierno adoptó un tono marcial: “La época del vale todo en la Ciudad se terminó”.
Los datos recientes respaldan esta postura inflexible. Las autoridades porteñas lograron:
- Restituir más de 600 propiedades usurpadas a sus dueños legítimos.
- Erradicar acampes y piquetes con un fuerte despliegue policial.
- Desalojar a vendedores informales de las principales arterias comerciales.
El discurso oficial promete buscar a los criminales hasta el conurbano y exige la deportación inmediata de extranjeros involucrados en actos ilícitos.
Para completar este traje a medida del nuevo clima de época, la Ciudad sumó reducciones tributarias directas. La eliminación del impuesto de sellos para tarjetas de crédito y la exención total del mismo tributo para la compra de vivienda única constituyen señales inequívocas hacia una clase media necesitada de alivio fiscal.
“Nuestro orden fiscal nos permite hacer esto: eliminar impuestos y aliviar la carga impositiva de los porteños”, dijo Macri.
Hasta la karinista porteña Pilar Ramírez reconoció el giro de la gestión macrista e intentó capitalizarlo: “En la Ciudad, La Libertad Avanza”.
Al igual que las formaciones conservadoras clásicas obligadas a mutar ante el surgimiento de nuevas fuerzas insurgentes, el macrismo porteño recalcula su ruta. Despojarse del aparato de comunicación estatal, bajar impuestos y exhibir mano dura conforman un tridente diseñado para retener a su núcleo duro y evitar fugas hacia el espacio libertario.
Queda por ver si esta metamorfosis logrará consolidar su liderazgo o si desdibujará definitivamente su identidad histórica.

