
Horacio Rodríguez Larreta anunciará este lunes que volverá a competir por la Jefatura del Gobierno de la Ciudad. Más de un año largo antes de que los porteños vayan a las urnas, El Pelado Larreta planta bandera en un territorio que supo ser suyo durante 8 años.
¿Por qué el apuro? ¿Será que intuye el desembarco de caballerías pesadas, como el oficialismo local, el nacional libertario y el panperonismo, e intenta estar ahí, con su maquinaria disminuida ahora desde el llano, cuando todos lleguen? Estar tanto tiempo antes arriba del ring puede no ser bueno. La propia experiencia larretista de 2022-2023 sea, quizás, el mejor ejemplo de eso. Ahora, sin embargo, la realidad es otra.
La Batalla de Uspallata -nombre de la calle donde está emplazada la mole que diseñó Norman Foster y que oficia como sede del GCBA- ya arrancó hace rato. Pero este lunes da un paso más: ya hay un inscripto fromal para la batalla.
Larreta diseñó un recorrido mediático anfibio para tal fin. El lunes, Larreta estará con Carlos Pagni, un espacio premium para la alta política y los mayores de 45-50 años. El programa que mira el Círculo Rojo. El martes, con “Pepe” Rosemblat en Gelatina, un espacio más progre, descontracturado y enfocado en los menores de 40-45 años.
Además, obviamente, de las redes sociales. “Sale un vídeo que grabamos la semana pasada hablando de gestión y con propuestas nuevas, poniendo énfasis en la zona sur de la Ciudad”, anticiparon desde el larretismo. “Son ideas y propuestas sobre movilidad, salud, vivienda”, agregan. Según el larretismo, la Ciudad está abandonada. El “olor a pis” de 2025 es una suerte de síntoma de algo mayo. “La Ciudad abandonada está abandonada y hay que poder volver a transformarla”, dicen cerca del ahora legislador porteño. No va a confrontar directamente con Jorge Macri, pero sí marcará el “poco amor por la gestión que hay hoy en el Gobierno de la Ciudad”.
En 2025, Larreta hizo una elección de 8,08% y logró meterse en la Legislatura, con Guadalupe Tagliaferri y Emmanuel Ferrario.
En 2027, en un escenario que se avizora potencialmente caótico, Larreta vuelve al primer amor: la jefatura de Gobierno. Y con su bandera de siempre: la gestión.
