En el discurso de apertura de sesiones ordinarias fue evidente la intención del presidente Javier Milei de colocar al kirchnerismo como el rival a vencer en 2027. La estrategia no es novedosa. Mauricio Macri la utilizó en 2019 también, pero con una diferencia.
Mientras que por aquel entonces mucha gente señalaba que era un error “subir al ring” a Cristina de Kirchner la realidad es que Macri jamás podría haber subido al ring a quien nunca se había bajado del mismo.
- El kirchnerismo era el rival por derrotar y la duda era si podría lograr un acuerdo con el resto del peronismo, cosa que ocurrió tras postular como candidato a Alberto Fernández.
Las circunstancias actuales son diferentes. En 2019 La Argentina se encontraba en medio de la crisis desatada en abril de 2018, la cual llevó a una violenta depreciación del peso y forzó al gobierno de Cambiemos a realizar un duro plan de ajuste en el año previo a la elección. Más aún, el kirchnerismo de entonces no es el de hoy y la situación en la que asumió Macri la presidencia no tiene nada que ver con la herencia que recibió Milei de la administración de Fernández-Fernández-Massa.
En 2019 la perspectiva de un retorno del kirchnerismo era una posibilidad cierta y el miedo a que ello ocurriera era menor al deseo de poner un freno a la política económica de Macri.
Hoy en día pareciera que la mayoría de la opinión pública puesta a elegir entre un retorno del kirchnerismo y la continuidad de las políticas de Milei, optaría por lo segundo. Falta más de un año y medio para las elecciones y esto podría cambiar. Pero hoy, no parece ser el caso. ¿Milei sube entonces al ring al kirchnerismo?
Nuevamente, el kirchnerismo aunque en fase menguante, con su líder en prisión domiciliaria y con agudas disputas internas, sigue teniendo un poder de fuego electoral nada desdeñable, pero que no es el de antaño. En 2019 el peronismo unificado rozó el 49% de los votos; en 2023 hizo en la primera vuelta la peor elección presidencial de su historia quedando por debajo del 37%. La pésima gestión del gobierno del Frente de Todos, hoy Unión por la Patria, agudizó los problemas que el peronismo en general venía arrastrando desde el final del segundo gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

No sabemos en qué condiciones económicas llegaremos a las elecciones de 2027. Pero si el gobierno tuviera que elegir a un rival a derrotar ¿qué preferiría? ¿una fuerza nueva no vinculada al fracaso del kirchnerismo? ¿o a un candidato kirchnerista? La opción es obvia: ha pasado muy poco tiempo desde el final del mandato de Alberto Fernández. El recuerdo del caótico final de su gestión aún está fresco. Aunque la herencia económica recibida por Milei fue mucho más pesada que la de Macri, Fernández dejó la vara muy baja y esto ha sido una notable ventaja para Milei respecto de Macri.
Éste no recibió el gobierno en el contexto de una crisis expuesta, sino de una economía con graves desequilibrios, pero que no eran evidentes para la sociedad, que en diciembre de 2015 difícilmente hubiera tolerado mansamente la motosierra, como lo hizo en los primeros meses del gobierno de Milei. No había espacio en ese momento para “sangre, sudor y lágrimas”.
¿Mantiene vivo Milei al kirchnerismo? Aún en esta etapa de crisis al kirchnerismo no se le han agotado las vidas. El año pasado obtuvo 47% y 41% en las elecciones legislativas bonaerenses del 7 de septiembre y nacionales del 26 de octubre respectivamente. La provincia da cuenta de un 37% del padrón a nivel nacional, lo cual implica que una votación como la de octubre le otorgaría un piso de 15 puntos a nivel nacional.
Desde el punto de vista de Milei a la hora de elegir un rival parece claro que “mejor malo conocido, que bueno por conocer”. Si llegara al 2027 con un desempeño económico mediocre, el gobierno podría apelar al razonamiento de “¿alguien quiere volver a lo anterior?”, una estrategia que ha rendido frutos en otros países.
Daniel Noboa fue reelecto como presidente de Ecuador a pesar de no haber solucionado el problema de la inseguridad. Así y todo, tener el correísmo enfrente le permitió triunfar con comodidad en el ballotage de abril de 2025.
Es evidente que frente a un escenario en el que a) la mayoría del electorado no desea la vuelta del kirchnerismo y b) el gobierno llega con poco combustible en el tanque, un candidato novedoso que no cargue con el lastre de las gestiones kirchneristas es mucho más amenazante para Milei.
Hoy esta posibilidad se ve remota, pero nada puede descartarse en un país en el que la mayoría de los presidentes han sido verdaderos “tapados”. Por ello, el kirchnerismo, a pesar de un potencial piso alto, es el mejor rival que podría tener Milei en 2027.

Pero, lo que es bueno para Milei, no necesariamente es bueno para el mercado. Desde el punto de vista del inversor, la mejor elección presidencial es aquella en la que los candidatos con chances de ganar son pro-mercado y donde ninguno plantea un cambio radical respecto de un esquema de reglas de juego razonable para los estándares del mercado. La elección presidencial se vuelve un evento poco relevante para el inversor dado que cualquiera sea el resultado, el valor de los activos no se verá sustancialmente modificado
Por el contrario, el peor escenario es aquel en el que la disyuntiva es entre un aspirante pro-mercado y otro que propone cambios disruptivos. Allí, la elección se vuelve un evento binario: si triunfa el candidato pro-mercado se produce un rally que reporta cuantiosas ganancias, pero si el resultado es el contrario, las pérdidas pueden ser igual o más cuantiosas.
- Las PASO de 2019 son un buen ejemplo de ese tipo de elecciones.
Ello genera una paradoja: si el principal desafiante de Milei es un candidato kirchnerista, ello probablemente incremente sus chances de ganar. Pero a la vez, el riesgo de que la elección sea más competitiva de lo esperado puede sembrar un nivel de duda suficiente como para dar lugar a un episodio de volatilidad cambiaria y un aumento en el riesgo país en la etapa previa a la elección, una reedición de lo que vimos el año pasado entre la elección del 7 de septiembre y la del 26 de octubre.
