Apareció el viento de frente. O, al menos por ahora, una brisa.
La guerra en Medio Oriente despabiló al Gobierno que venía con la agenda abierta y un triunfo legislativo en la reforma laboral. Los primeros cálculos que hacen en el equipo económico son que en el “neto”, por ahora, la situación global podría ser incluso positiva para la Argentina.
El argumento es que el país es exportador neto de energía y que al no haber necesidad de conseguir dólares en Wall Street, lo que ocurra con las tasas de interés no juega tan en contra. Un integrante del equipo de Luis Caputo, en diálogo con un directivo de una ALyC importante de la Argentina, decía lo siguiente:
- “En enero tuvimos superávit energético de US$ 618 millones porque vendimos combustibles y energía por US$ 781 millones. Y prevemos que este año sea de más de US$ 10.000 millones, otro récord. Si sube el precio del crudo a nivel mundial nos favorece”.
- “La economía ya está ordenada. La inflación bajará y el nivel de actividad va a seguir recuperando. Lo que pase internacionalmente por ahora no cambia el panorama porque las variables están acomodadas. Nos agarra en otro momento”.
- “Hay que tener la guardia alta porque el shock externo todavía no lo vimos. Esto está en proceso. Pero hoy tenemos un Banco Central saneado y la cantidad de dinero la vamos monitoreando para que no haya riesgos”.
En ese sentido, el tipo de cambio (variable siempre compleja ante la reversión de los flujos) se comportó sin cimbronazos. Eso fue, en parte, por la venta de cobertura cambiaria que hizo el Gobierno: el martes se operaron más de US$ 300 millones de bonos dollar-linked y en la City dicen que es muy probable que el Tesoro haya vendido dólares. Y el riesgo país tampoco voló: está en la zona de los 550 puntos básicos. Si bien se alejó de Ecuador (el comparable), no fue una tragedia. Caputo reiteró que no habrá emisión internacional ni canje de bonos este año. Pasará la “gorra” entre los dólares del colchón.
La visión desde el exterior tampoco es dramática con la Argentina por la guerra en Medio Oriente.
Morgan Stanley, uno de los bancos de Wall Street más importantes, resaltó que la Argentina es un “exportador neto” de petróleo y que eso mejorará la posición de divisas. Ese es el consenso en Nueva York, que ve el tema de la guerra como algo que incluso podría ayudar al país en términos del ingreso de divisas. Bank of America también recalcó eso en su nota a clientes: “Argentina se ha convertido en exportador neto de petróleo, con una producción cercana a los 860.000 barriles por día, lo que impulsa los ingresos en dólares y respalda la inversión en petróleo y en el sector energético”.

Para el BofA, los precios más altos del petróleo también incrementan el atractivo de los grandes proyectos de gas natural licuado (GNL). “Argentina es vulnerable a un aumento de la aversión global al riesgo y a mayores costos de financiamiento para los mercados emergentes. Pero si los precios del petróleo se mantienen elevados en el mediano plazo, eso beneficiaría a la Argentina, dado que el saldo comercial energético ahora se encuentra en superávit”, advierte la entidad estadounidense que cerró un trade (el del Global 2035) pero sigue “overweight” con los bonos argentinos.
Y desde el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), el hecho de que Argentina haya vuelto a ser un exportador neto de energía hace que por cada aumento de US$ 10 en el precio del petróleo se genere una ganancia en divisas de US$ 1.700 millones (0,25% del PIB). “Hace unos años, el mismo shock habría erosionado la cuenta corriente. Ahora la apuntala”, advierten.
Lo que se discute en el mundo es la extensión del conflicto, algo que en Hipólito Yrigoyen al 200 tampoco se jugaban a vaticinar. El mayor fondo de inversión del mundo, que tiene sus oficinas en Nueva York, advirtió que el peligro global tiene nombre y apellido: “estanflación”, o sea, inflación con estancamiento económico.
“Prevemos una transmisión global, si la hay, a través de las cadenas de suministro: ya sea una restricción del transporte de energía a través del Estrecho de Ormuz o daños a la infraestructura de producción energética en la región. Esto crea la posibilidad de un aumento repentino en los precios de la energía y riesgo de estanflación”, sostuvo BlackRock, el fondo neoyorquino que maneja US$ 14 billones.
La firma, cuya cabeza visible es el multimillonario Larry Fink (que estuvo en la Argentina y fue recibido por Javier Milei), dice que estos acontecimientos se ven influenciados por tres variables fundamentales: la duración de las hostilidades, el grado de interrupción del transporte energético y el resultado político.
“Su interacción determinará si esto se mantiene como un shock de volatilidad a corto plazo o se convierte en algo más persistente. Un shock de oferta sostenido es un riesgo creciente que estamos observando de cerca. Consideramos estos eventos principalmente como un shock de volatilidad. Lo que importará es cuánto se prolongue el conflicto“, advierte BlackRock que mantiene su estrategia de inversión sin cambios hasta nuevo aviso.
