Por Denise Chmois y Ramiro Gamboa
En la mesa de luz de Gabriel Sánchez Zinny conviven dos manuales de instrucciones para el mundo contemporáneo, aunque apuntan a direcciones opuestas. Por un lado, descansa Gambling Man: The Secret Story of the World’s Greatest Disruptor, la biografía de Masayoshi Son escrita por Lionel Barber, el ex editor del Financial Times. “Es la historia del creador de Softbank, una persona que cambió la manera de invertir en tecnología; un disruptor muy interesante”, explica el actual Jefe de Gabinete porteño, interesado en la visión estratégica detrás de las grandes transformaciones tecnológicas.
Por el otro, asoma Los ingenieros del caos, el ensayo de Giuliano da Empoli sobre cómo la política moderna ha sido hackeada por la ira y los algoritmos.
Esa tensión entre el orden institucional y la disrupción constante define su actual ubicación en el mapa político. Mientras la Argentina atraviesa un experimento libertario, Sánchez Zinny encarna la persistencia del método. Aunque es economista, su obsesión por los procesos lo ubica en la vereda opuesta a los protagonistas del libro de Da Empoli: Sánchez Zinny no es un ingeniero del caos, sino un ingeniero del orden. “Ahora tengo poco tiempo libre porque el trabajo es muy demandante, pero es una oportunidad fenomenal gestionar la ciudad”, cuenta.
Para rastrear el origen de esa estructura mental, hay que rebobinar la cinta hasta la década del noventa. Antes de los cargos y la gestión, hubo un momento fundacional donde se moldearon las ideas: la formación académica en una Argentina que prometía el ingreso definitivo al Primer Mundo.
La Universidad de San Andrés era, por entonces, el epicentro de un optimismo casi tectónico. “Los noventa fueron un período de reformas y transformaciones”, recuerda Sánchez Zinny, quien cursó allí su licenciatura en Economía. En las aulas, bajo la tutela de figuras como el historiador Carlos Floria o el economista Juan Carlos de Pablo, se respiraba un consenso global. “Existía una gran discusión sobre la libertad de mercado y la importancia del sector privado. Parecía haber un acuerdo mundial, dado que Europa del Este se abría y la Unión Soviética caía”, analiza Sanchez Zinny en diálogo con El Economista.
Allí, entre clases de macroeconomía, entendió temprano que los números sin política son herramientas ciegas. Junto a compañeros como Miguel Braun, fundó la revista Forum con una ambición clara: “Queríamos participar del debate público, generar conversación sobre políticas públicas”. Esa pulsión por trascender la academia lo empujó inevitablemente hacia América del Norte.
En 1998, aterrizó en Washington D.C. para cursar una maestría en Políticas Públicas en la Universidad de Georgetown. No era cualquier momento para estar en la capital estadounidense; era el apogeo del mundo unipolar, el instante preciso en que el Consenso de Washington funcionaba como el sistema operativo de Occidente.
—¿Cómo impactó esa experiencia en tu visión actual? —le pregunta El Economista.
—Viví mucho tiempo en Washington. Fue una etapa excelente, de mucho estudio. Y después de hacer la maestría colaboré en el programa de combate a la trata de personas del gobierno de Estados Unidos y trabajé en firmas de relaciones gubernamentales. La metodología, esa que luego nos gusta tener en el PRO, se utiliza mucho allá. Pude aprender sobre el funcionamiento de los diversos factores de poder con una dinámica y profundidad superiores —responde Sánchez Zinny.
Ese aprendizaje en Estados Unidos, que incluyó un track especializado en educación y capital humano, le inyectó un pragmatismo que hoy aplica en la Jefatura de Gabinete de Jorge Macri. Tras su paso por la Dirección General de Cultura y Educación bonaerense bajo la gestión de María Eugenia Vidal, Sánchez Zinny regresó a la Ciudad con la convicción de que la gestión es, ante todo, métrica y corrección constante.
Pero detrás de las pantallas de control y las reuniones de gabinete, asoma un perfil más personal, anclado en la cultura urbana que le toca administrar. Hay en él un disfrute por el presente cultural de Buenos Aires. “Escucho música de los años ochenta y noventa. Aunque ahora que estoy en Buenos Aires, trato de ir bastante al Colón. Hace dos fines de semana vi ‘Astor, Piazzolla eterno‘, que la recomiendo mucho. Trato de ir seguido, primero para ver lo que sucede como parte de la gestión, pero también para disfrutar de lo que está armando Julio Bocca allí, que es impresionante”.
¿Cómo se reinventa un espacio político tras 19 años en el poder? Para Sánchez Zinny, la respuesta no está en la magia, sino en el método. A continuación, el Jefe de Gabinete detalla la estrategia para la reelección de Jorge Macri, la sintonía ideológica con las reformas de Milei y los planes para que Buenos Aires compita de igual a igual con las grandes capitales del mundo. Porque para el funcionario que se formó en la Washington del “fin de la historia” y hoy gestiona la Buenos Aires de 2026, el desafío final no es solo administrar el caos, sino demostrar que, en tiempos de disrupción, el método sigue siendo el refugio más seguro.

—Se sabe que su agenda está cronometrada minuto a minuto y que su perfil es netamente ejecutivo. ¿Ese rasgo despierta más críticas o elogios dentro del gabinete porteño?
—Jorge Macri me confió este cargo que resulta fascinante. Es un gobierno enorme, una administración de servicios de la ciudad más linda del mundo, y la más importante de Argentina.
La ciudad tiene seis líneas de subte, 1.200 escuelas, más de 100 ofertas de salud entre Centros de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) y hospitales. Además, otorgamos licencias de conducir y contamos con 27.000 policías.
Es una ciudad que brinda múltiples prestaciones y requiere un intenso trabajo de gestión. La gestión implica lograr que las cosas sucedan. La oportunidad que me dio Jorge Macri consiste en ayudar a que todo eso ocurra, y para ello es necesaria mucha metodología, precisión, tableros de control.
A Jorge Macri le importa observar los números, la evolución de las variables, cómo impactan los servicios que brindamos. Mi trabajo es ese, no necesariamente quedar bien con algún miembro del gabinete. Las reuniones deben ser puntuales; si existe un compromiso, debe respetarse. Son reuniones de una hora, con cifras, encuentros que realmente muestran indicadores de gestión, ya que eso esperan los porteños de nosotros.
Se debe considerar que aquí viven 3 millones de personas, a las que se suman casi otros 3 millones que ingresan a diario y a quienes también brindamos servicios. Los parques deben estar listos y en condiciones no para 3 millones, sino para 6. La seguridad debe funcionar para ese total, al igual que los 51 km de autopistas de AUSA. Asimismo, los 430.000 árboles deben estar podados para toda esa gente. Ese es el lugar que me toca ocupar; por eso pongo el foco en la metodología y en la obsesión por los indicadores para demostrar que la situación mejora, tal como se exhibe en estos dos años de gestión de Jorge.
“La gestión implica lograr que las cosas sucedan”
—¿Hubo algún recelo en alguna figura política a la que le haya costado aceptar su método más ejecutivo?
—No sé cómo se recibe el método; es el método PRO, no solamente el mío.
—¿A qué hora se levanta?
—Muy temprano, lo más temprano posible. Hay que dormir poco. Trabajo, avanzo. El método de gestión, de precisión, de metodología, de tableros de control y de indicadores es, probablemente, una de las principales innovaciones que el PRO aportó a la política argentina.
Se debe hacer política pública con metodología. De lo contrario, no hay impacto. Y luego, hay que medir ese impacto. Si no se mide, es difícil determinar si sirvió lo realizado en educación o en movilidad.
—¿Y cuál es la evaluación actual de la gestión?
—La evaluación es positiva desde cualquier perspectiva y mejora notablemente respecto al año pasado. Realizamos encuestas de gestión todos los meses, lo cual representa otra forma de mirar indicadores. La encuesta de gestión refleja la opinión de la población sobre lo que uno hace; lo único relevante es qué opinan los ciudadanos sobre las acciones del gobierno de Jorge Macri.
Esa aprobación crece mes a mes. La imagen de la gestión en general repunta significativamente tras la derrota electoral del año pasado.
Mejora la opinión de los porteños sobre el orden público en la ciudad, sobre la estrategia, la audacia y la decisión política de Jorge Macri de ordenar lo relativo a piquetes, manteros y ranchadas.
Avanzar con los desalojos, devolver la propiedad privada a sus dueños, poner más policía en la calle y más cámaras, conforma una agenda para que la ciudad esté ordenada y sea previsible, permitiendo que la gente pueda movilizarse. Y eso funciona muy bien.
Lo observamos en nuestros indicadores: bajaron los robos y los hurtos.
Todo lo vinculado a la oferta cultural y deportiva también ha mejorado mucho. Se nota en los indicadores de la gestión y en la opinión ciudadana, tanto la oferta cultural como las obras que se realizan en los diferentes teatros y museos.
Otro eje se relaciona con la movilidad. Jorge Macri decidió que este sea el año de mayor inversión presupuestaria en movilidad en la historia de la ciudad. Se impulsa la mejora de diferentes formas. Mediante obras como los pasos bajo nivel; se pueden observar el de la Avenida Yrigoyen, en el Viaducto Sarmiento, o el de Lorca, el de Álvarez Tomás y Monroe, o el Puente Labruna que se termina pronto.
La autopista Dellepiane, con una inversión de casi US$ 100 millones para los 300.000 autos que circulan a diario, o el paso vehicular de La Pampa desde Belgrano hasta Costanera, también ayudarán a la circulación.
Aunque la movilidad también implica renovar la flota de los subtes. Habrá vagones nuevos en las líneas A y C. Para mediados o fines del año próximo, estarán los 174 vagones nuevos de la línea B. La línea F se podrá ver en 2031. En estos dos años, el primer tiempo de Jorge, se observarán algunas obras en Constitución y el inicio de la tuneladora, aunque para 2031 se verá una nueva línea de subte casi terminada, algo que no ocurre en la Ciudad de Buenos Aires desde hace casi 25 años.
La semana pasada aprobamos el primer cargador de energía eléctrica, similar a una estación de servicio; Jorge aprobó una resolución para fomentar ese mercado. Dado que ingresan muchos autos eléctricos a la Argentina, debe haber lugares de carga. Ayer aprobamos el primero, por lo cual habrá un sitio público en Córdoba y Medrano. Es una buena noticia para quienes posean autos eléctricos. También se establecen regulaciones para los colectivos: hay 1.500 unidades que inician y terminan su recorrido en la Ciudad de Buenos Aires. Tras la transferencia del gobierno nacional el año pasado, regulamos que los nuevos colectivos que ingresen a la ciudad a partir de 2027 utilicen energías limpias, ya sea gas o electricidad. Esto influye en la movilidad, en la contaminación y en el ruido urbano.

—El PRO ganó cinco elecciones y las expectativas de los ciudadanos son siempre incrementales. ¿Cómo ha evolucionado el paladar del porteño a nivel político y electoral? ¿Puede el PRO seguir satisfaciendo esa demanda?
—En términos de lo que el PRO ofrece a la ciudad, definitivamente. Por supuesto, hubo una derrota electoral en mayo de 2025 debido a diversas circunstancias políticas, con 16 ofertas electorales diferentes. Existe un partido como La Libertad Avanza que también ofrece algo a nuestro mismo electorado y con el cual compartimos muchos valores e ideas.
No obstante, a nivel local, el PRO ha transformado esta ciudad en los últimos 18 años. Por eso ganó elecciones: no solo por ser una buena oferta política, sino por ser una oferta de transformación. Porque posee esta metodología, porque hay mil parques y plazas de calidad a los que da gusto ir, porque se arreglan los baches y las veredas, o porque se implementó el sistema multipago en el subte, permitiendo viajar con tarjeta o billetera virtual.
En su momento fue el Metrobús, y ahora es el Trambús que cruzará la ciudad, otra gran reforma en términos de movilidad. Y porque de las 90 estaciones de subte, se renuevan 45 en estos primeros cuatro años de gestión de Jorge.
—Este año no hay elecciones, pero el ritmo de obra pública parece haberse acelerado. ¿Cuál es el objetivo central para 2026?
—Este año se caracteriza por la continuidad de las transformaciones. Se iniciaron numerosos proyectos en 2025 y durante 2026 comenzarán muchos otros. Al circular por la ciudad, se observan obras en múltiples puntos; si bien algunas pueden obstaculizar el tránsito o la circulación peatonal, existe una planificación urbana significativa.
Jorge Macri posee una mentalidad orientada a esa planificación: le interesa, conoce el tema y compara con otras ciudades.
Asimismo, se realizan obras en escuelas y hospitales, con una inversión récord en infraestructura sanitaria de US$100 millones anuales desde que Jorge asumió. Se renueva el equipamiento y se digitaliza la historia clínica de todo el sistema de salud de la Ciudad de Buenos Aires mediante un préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Este año estará muy enfocado en la gestión y en demostrar lo que el PRO realiza en la ciudad desde hace tiempo: mejorar la calidad de vida de la gente. El foco actual permanece en la gestión y en continuar brindando servicios de calidad a los porteños.
—¿Qué lugar ocupa la nueva cárcel de Marcos Paz dentro del plan penitenciario para este año?
—Ocupa un lugar clave, tratándose de una obra que se había demorado considerablemente. Marcos Paz es un complejo penitenciario que se finalizará en marzo, con capacidad para 2.420 detenidos. Se trata de una obra acordada hace años entre el Gobierno nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires en un predio federal.
La unidad resulta fundamental para la Ciudad, ya que permitirá mudar Devoto, la última cárcel remanente en territorio porteño desde 1927. Hace tiempo se buscaba concretar el traslado mediante este acuerdo y, finalmente, gracias al impulso de la gestión de Jorge, se logrará. Una vez terminada, se comenzará a trabajar con el Gobierno nacional —dado que ambos predios pertenecen a esa jurisdicción— para trasladar a los 1.500 internos de Devoto. Posteriormente, se derivará también a los detenidos alojados en las alcaidías de la Ciudad hacia Marcos Paz. Es una obra estructural para los vecinos, especialmente para los de Devoto.
—¿Existe alguna proyección sobre el destino del predio de Devoto?
—Al tratarse de un predio del Gobierno nacional —tanto Devoto como Marcos Paz terminan siéndolo—, probablemente la AABE (Agencia de Administración de Bienes del Estado), organismo encargado de regular los bienes públicos nacionales, será la responsable de diseñar el proyecto. Cualquier destino será mejor que una cárcel, aunque seguramente se contemple espacio verde, plazas o parques. Aún no está definido; nuestro foco este año reside en lograr la mudanza total del penal.
—¿La construcción de la cárcel de Marcos Paz es financiada por la Ciudad o por la Nación?
—Actualmente la financia la Ciudad de Buenos Aires.
—¿Se realiza debido al reclamo vecinal o se podría interpretar que se está ejecutando una tarea correspondiente a la Nación?
—No, se trata de un convenio y de un arreglo muy favorable: la Nación cede un espacio en Marcos Paz, un predio federal, para trasladar la cárcel de Devoto, mientras que nosotros financiamos la obra.
Este acuerdo se firmó hace años, no por nosotros, y se había demorado, aunque ahora lo llevamos a la práctica. Resulta beneficioso porque las grandes ciudades del mundo, en general, no poseen cárceles dentro de su tejido urbano.

—¿Cómo se evalúa la media sanción al traspaso del fuero laboral a la Ciudad y qué proyección se hace sobre la autonomía distrital?
—Es una gran noticia. Hay que considerar que la Ciudad posee una autonomía incompleta; de hecho, nuestro propio sistema penitenciario fue aprobado por la Legislatura recién en diciembre del año pasado, un paso muy importante.
Respecto a la Justicia, el fuero penal se encuentra parcialmente transferido, mientras que el fuero laboral no. En las mayores jurisdicciones de Argentina, estas competencias están transferidas a las provincias, que cuentan con su propio sistema penitenciario, judicial y Corte Suprema provincial.
Hasta 1996, la Ciudad no era autónoma; con ese estatus, se impulsan las transferencias pendientes. Este traspaso es fundamental. Se viene trabajando desde hace meses con el Gobierno nacional; firmamos el convenio la semana pasada y, afortunadamente, se pudo incluir en la reforma laboral sancionada por el Senado.
Es relevante porque es crucial contar con un fuero laboral local, donde los jueces de la Ciudad atiendan cualquier litigio del sector privado porteño. Creemos que es un ámbito donde podemos mitigar gran parte de la “industria del juicio” y los perjuicios que sufren tanto las pequeñas como las grandes empresas.
Nos parece muy positivo iniciar nuestro propio fuero laboral en la Ciudad de Buenos Aires para que supervise al sector privado y los pleitos laborales con una mirada especializada en el distrito.
—¿Cómo se desarrolla la coordinación en materia de seguridad con la Nación y la Provincia?
—En general, la coordinación con la Nación es muy buena. Lo fue cuando Patricia Bullrich era ministra y se mantiene ahora con la actual ministra nacional Alejandra Monteoliva en el cargo. Horacio Giménez, nuestro ministro de Seguridad, sostiene una excelente relación.
Con la provincia de Buenos Aires, en ocasiones, las cuestiones partidarias dificultan la articulación. Aunque nuestra coordinación más relevante es con la Nación, dada la necesidad que imponen los edificios nacionales, la frecuencia de las marchas y la interacción entre la Policía Federal y la Policía de la Ciudad. Ese esquema funciona muy bien.

—El año próximo se cumplirán 20 años de gestión del PRO. ¿Está previsto algún evento o aniversario particular? Por otro lado, ¿es posible seguir mejorando la gestión después de dos décadas?
—¿Acaso El Economista no mejora todos los días, pese a tener más de 20 años? Todo es susceptible de mejora continua; esa es parte de la metodología PRO. Se busca perfeccionar el estado de un parque, incorporar nuevos vagones en los subtes, optimizar la movilidad o transformar la escuela secundaria.
Además, el mundo cambia constantemente. Hace 20 años, la penetración de los teléfonos inteligentes no se comparaba con la actual y la inteligencia artificial no existía. Pronto lanzaremos una renovación integral de la interacción del Estado con los ciudadanos. Lo que fue BOTI, una enorme innovación años atrás, evolucionará con la incorporación de inteligencia artificial. Trámites como licencias de conducir, aprobaciones de desarrollo urbano o gestiones comerciales se automatizarán.
El PRO incorpora nuevas tecnologías y formas de hacer que surgen en el mundo. ¿Quién imaginaba el transporte eléctrico o los cargadores de autos hace 20 años? Estamos diseñando el marco para que eso suceda en la ciudad. Se integran tecnologías y procesos globales para el bienestar de los porteños.
La afluencia de personas desde fuera de la ciudad es mayor que antes, y el trabajo remoto ha influido en ello. Hoy observábamos un estudio muy interesante del programa Study Buenos Aires sobre la inmensa labor que realizamos para atraer residentes: jóvenes que vienen a vivir, a trabajar o a realizar intercambios de seis meses. La Universidad Minerva de California trae anualmente a 180 estudiantes para sus prácticas; Georgetown aporta entre 25 y 30 por año, al igual que Columbia.
Existe un cambio global: las ciudades compiten entre sí. Nosotros competimos con Montevideo en la industria audiovisual; por eso implementamos el Buenos Aires Cash Rebate, para incentivar que las películas se filmen en Buenos Aires y no afuera. También competimos en la oferta de conciertos y recitales.
La llegada de artistas como Bad Bunny o María Becerra vuelve a la ciudad más interesante y atrae a brasileños, uruguayos y paraguayos. Se realizan obras de renovación en el Luna Park y en el Parque de la Ciudad, donde Jorge estableció como prioridad la construcción de un gran estadio en la zona sur para generar un hub de entretenimiento.
Las ciudades atraen también por su oferta de ocio.
La llegada de Julio Bocca al Teatro Colón como director artístico del Ballet Estable realmente lo ha transformado de manera maravillosa. Se han presentado nuevas obras y nuevos talentos. El talento atrae talento, lo cual ha convocado a profesionales de otros países para trabajar allí, aportando una mirada más internacional.
—¿Electoralmente, el PRO se encuentra más cerca de La Libertad Avanza o de la antigua configuración de Juntos por el Cambio, junto a la UCR y la Coalición Cívica, entre otros?
—Todo lo que promueve La Libertad Avanza en términos de desarrollo económico, así como la actual reforma laboral aprobada con el apoyo del PRO, son iniciativas que siempre hemos impulsado. Creemos en un liberalismo con un Estado que garantice el imperio de la ley y en la promoción del sector privado como motor de desarrollo del país y de las ciudades.
Las ideas que sostiene el presidente Milei son las mismas que venimos promoviendo y apoyamos totalmente. Lo mismo ocurre con el alineamiento internacional: desde la postura que inició Mauricio Macri contra Hugo Chávez en su momento, y luego contra Nicolás Maduro, hasta el trabajo conjunto con Estados Unidos, la apertura de mercados y la atracción de inversiones extranjeras. Todo eso siempre ha sido promovido por el PRO, y en ello coincidimos con el Presidente.
Asimismo, compartimos la visión de que la educación y el capital humano son fundamentales, al igual que el desarrollo cultural de los países. Para nosotros, el desarrollo se vincula estrechamente con la salud, la educación y la cultura. En este aspecto, el rol de los gobiernos locales es trascendental, ya que son las administraciones provinciales o de las ciudades las que generan y gestionan esos servicios. Resulta crucial que funcionen bien, de manera efectiva y eficiente —aun con recursos limitados—, para brindar un buen servicio a los ciudadanos.
—¿Se imagina a Jorge Macri buscando la reelección?
—Sí, claro. Imagino a Jorge Macri con las ganas y el entusiasmo para presentarse para un segundo mandato y logrando la reelección en octubre del año próximo.
—¿Y la interna será con Horacio Rodríguez Larreta o con Manuel Adorni?
—Veremos qué dicen los electores y los dirigentes el año próximo. Jorge está preparado para enfrentar una interna con cualquiera. Por ello, trabajaremos este año para consolidar una muy buena gestión, de modo que él pueda presentar su propuesta el año que viene, continuar gobernando cuatro años más y seguir transformando la Ciudad bajo la dirección del PRO.

