Desde hace tiempo se califica a países como la Argentina de tener, financieramente hablando, una reacción de “alto beta”, porque nuestra vulnerabilidad económica y nuestra variabilidad política hace que las cotizaciones de casi todo se muevan a los saltos, muy hacia arriba o muy hacia abajo, con reacciones excesivas, casi histéricas, frente a lo que sucedía en los grandes mercados mundiales.
Pero en estos tiempos, en el que la tensión geopolítica global está cambiando todas las reglas del juego, abandonando la apertura comercial multilateral iniciada tras la Segunda Guerra Mundial, para pasar ahora a acuerdos comerciales muy definidos, con algunas ventajas entre países o bloques supuestamente aliados, se está generando gran tensión, con crisis económica y política, también en los mercados grandes, donde se producen acontecimientos de tal envergadura que llevan a los analistas a refregarse los ojos, por no creer lo que están viendo.
En este sentido, el elemento que claramente provocó un vuelco en las finanzas internacionales fue la decisión de la Corte Suprema de EE.UU., que anuló los aranceles decididos por el presidente norteamericano Donald Trump, atacando el foco de estrategia económica que lleva la Casa Blanca desde hace un año. Y, lo aún más sorpresivo fue que el propio Trump no se quedó quieto ante la decisión del máximo tribunal de la justicia de su país: señaló, de manera contundente “con base en la sección 122, voy a firmar hoy mismo tarifas adicionales del 10% por encima de las vigentes”.
Esto, que fue una verdadera bomba, llegó luego de dos torpedos que le pegaron de lleno debajo de la línea de flotación a Trump. Hoy temprano se conoció que el PBI del cuarto trimestre de 2025 de EE.UU. mostró una expansión de solo 1,4%, muy por debajo del 2,8% que esperaba el mercado y lejos del sólido 4,4% del trimestre anterior.
Y eso no fue todo: también se difundió el índice PCE norteamericano (que mide la evolución de los Precios de Gastos de Consumo Personal), algo a lo que le presta muchísima atención la Reserva Federal a la hora de tomar decisiones. Y este indicador también tuvo un resultado malo: el PCE General subió al 2,9% anual, por encima del 2,8% del mes anterior y superando las expectativas del mercado.
Y el PCE Core (núcleo) escaló al 3% anual, superando el pronóstico de 2,9%, luego de un dato previo de 2,8%. Esto fue porque el mes tuvo una variación mensual de precios con una suba del 0,4% contra el mes anterior, un salto importante frente al 0,2% registrado previamente.
Así, con EE.UU. presentando una pulseada entre Trump y su propia Corte Suprema, más menor crecimiento y más inflación, determinó que el dólar global anotara un cambio de tendencia: había subido en las últimas ruedas y esta vez le tocó bajar. Y, si se quiere, lo más notable del caso ya enfocándonos en lo argentino, es que expertos en comercio exterior empiezan a calcular que 2026 puede llegar a tener el superávit comercial más alto de todos los tiempos.
Hay oferta de dólares por todos lados, las cotizaciones de todos los dólares apuntan hacia abajo y convierten al peso argentino en la moneda más fuerte en lo que va de este año.
De hecho, el dólar mayorista (el más usado de todos los dólares por el volumen que involucra) anotó un descenso de $17,50, hasta $1376, lo cual lo coloca en el mismo valor que tenía hace seis meses, cuando el país salía de la derrota electoral bonaerense en manos de Kicillof, el 7 de setiembre pasado. Y al mismo tiempo, el BCRA sigue comprando dólares a dos manos y por gran liquidación de granos y energía, la autoridad monetaria logró ganar muchas reservas. Y el clima fue tan positivo que los bonos volvieron a subir, el riesgo país apuntó a la baja, con la Bolsa en alza y las ADR argentinas con mayoría de subas.
Con todas esas novedades, todo fue muy caótico. Mientras Trump pelea por colocar en la Fed a un hombre que reemplace de una vez por todas a Jerome Powell, para que la Reserva Federal baje sus tasas de una vez por todas, ocurrió todo lo contrario. Siguen firmes las tasas largas de EE.UU.: se pagó 3,5% anual a 1 año de plazo, 3,6% anual a 5 años, 4,1% anual a 10 años y 4,7% anual a 30 años. Y, como consecuencia, en el exterior el dólar subió 0,1% en Japón, no se movió en China y Chile, pero bajó 0,1% contra el euro y el franco suizo, 0,3% contra la libra, 0,8% en México y 0,9% en Brasil.
Y mientras en el mundo los inversores medios se bajan del dólar, en la Argentina ocurre eso, pero más rápido. El dólar mayorista (el más operado) retrocede tanto que volvió a valores de principios de setiembre (desde ahí hubo 13% de inflación). Y, con el dólar oficial a $1399,15, el BCRA compró US$ 167 M en el mercado, pero -además, al final del día- la autoridad monetaria logró sumar reservas por nada menos que US$ 1.348 M.
Eso provocó una baja generalizada en casi todos los dólares. El dólar oficial bajó $21,05 hasta $1399,15, el blue bajó $10 hasta $1430, el Senebi bajó $11,15 hasta $1417,64, el MEP bajó $5,47 hasta $1403,40, aunque el contado con liqui subió $1,17 hasta $1452,34. Por lo que la brecha entre oficial y blue fue del 2% y la brecha entre el CCL y el mayorista fue del 6%.
Al mismo tiempo, luego de emitir su habitual informe sobre el estado de los bancos, el BCRA confirmó que el stock de depósitos tanto en pesos como en dólares continúa estancado en los bancos argentinos. En consecuencia, siguen en alza las tasas de los plazos fijos: por plata chica subió de 27,5 a 27,6% anual (21% en bancos grandes y 34% en bancos chicos) y por plata grande subió de 39,4 a 40,7% anual, es decir muy por encima del 26% de inflación que se espera para este año (con un nuevo aumento en el precio de la carne, un problema que insinúa extenderse para todo el año).
En medio de todo esto un informe de Bloomberg señaló que, con el avance laboral, la Argentina se acerca al acceso a los mercados de crédito voluntario. Por eso, con pocos negocios, los bonos argentinos subieron otro 0,3% y el riesgo país bajó 6 unidades hasta 518 puntos básicos (con analistas reiterando que los títulos públicos argentinos pueden tener pronto una suba del 15% en sus valores contado si el riesgo país se llega a acercar a los 400 puntos pronto, algo que no está descartado).
En papeles privados, a pesar del menor crecimiento del PBI, de la mayor inflación y de la pelea de Trump con la corte, los norteamericanos no quieren tener dólares y prefieren invertir en acciones, por lo que hubo cierre en verde en la Bolsa de Nueva York, ya que el Dow subió 0,4%, el S&P tuvo un alza del 0,6%y el Nasdaq mejoró 0,7%. En tanto que la Bolsa de San Pablo subió 0,9% y la Bolsa de México subió 0,8%.
Pero, nuevamente, el mercado bursátil local fue otra vez el mejor de todos, aunque sin tanta fuerza como el jueves. Luego de votada la reforma laboral, y con avance veloz en las comisiones del Senado para que se vote el próximo viernes, el índice MerVal siguió repuntando. Con $85.745 millones operados en acciones y $126.603 millones en cedears, la Bolsa de Buenos Aires subió 1,2%. Mientras que las ADR argentinas que se transan en NY terminaron con suba del 1 al 5% para IRSA, Galicia, Cresud, BBVA y Supervielle; con bajas del 2 al 3% para Bioceres y Edenor.
Finalmente, en commodities, el petróleo terminó sin cambios, con idas y vueltas entre EE.UU. e Irán. Los metales preciosos fueron nuevamente para arriba, sobre todo la onza de plata. Persiste también el aumento de los metales básicos. En Chicago, el maíz subió, pero el trigo y la soja cedieron. En cambio, en Rosario hubo suba para el girasol, el trigo y el maíz. Y, por último, también hubo suba del 1,3% para el bitcoin, con mejoras superiores para el resto de las criptomonedas.


