Cada año, chicos de distintos puntos del país llegan al Centro de Formación Talleres con un bolso llena de ilusiones, dejando atrás su casa, sus afectos y las rutinas de todos los días para perseguir un sueño que empezó cuando eran muy chicos. Entre ellos está León, de 13 años, oriundo de Marcos Juárez, quien recientemente contó su experiencia en el CFT.
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Su llegada estuvo atravesada por emociones intensas. La bienvenida, los nuevos compañeros y el ambiente del Club marcaron un primer impacto positivo, aunque también apareció rápidamente el desafío más grande que enfrentan quienes comienzan este camino, aprender a estar lejos de casa.
León recuerda ese momento con sinceridad y emoción. La comodidad del lugar, el compañerismo y la alegría de compartir con otros chicos que persiguen el mismo objetivo convivieron con la ansiedad propia de un cambio tan grande. La primera noche fue larga, casi sin dormir, atravesada por pensamientos y recuerdos familiares.
Extrañar se vuelve parte del proceso. La distancia se siente especialmente en los pequeños hábitos cotidianos, no compartir la mesa familiar, no dormir en su habitación, no tener cerca a mamá, papá, hermanos y también a esas personas que forman parte esencial del día a día, como su abuela y su primo, con quienes compartía gran parte de su tiempo.
«Lo más difícil es dejar el amor de tu mamá, de tu papa, de tus hermanos», confesó emocionado.
Sin embargo, detrás de cada dificultad aparece una enseñanza que se repite en muchos jóvenes del Club, entender que los sueños requieren esfuerzo. León lo resume con una convicción que emociona por su madurez, «luchar por aquello que uno desea desde chico» implica sacrificios, y muchas veces lo más valioso también es lo más difícil de alcanzar.
La historia encontró un eco inmediato en su familia. A través de las redes sociales, su mamá compartió un mensaje cargado de orgullo y acompañamiento, destacando la valentía:

«¡Mi hijo! me emociona tu valentía, tu esfuerzo, tu lucha por lo que te gusta, tu proyecto de vida. Te amamos y siempre estamos cerca, para alentar ante todo en los bajones y en los logros. Sos enorme León, gracias CFT por cuidar y formar íntegramente a nuestros hijos.»
Historias como la de León reflejan el verdadero espíritu de las Divisiones Formativas de Talleres, chicos que crecen no solo como futbolistas, sino también como personas, aprendiendo valores como la responsabilidad, la perseverancia y el trabajo en equipo. Detrás de cada entrenamiento hay kilómetros recorridos, despedidas emocionales y familias que acompañan a la distancia confiando en un proceso formativo integral.
En el Centro de Formación Talleres, cada paso cuenta. Cada esfuerzo suma. Y cada sueño empieza, muchas veces, con el coraje de animarse a estar lejos de casa para ir en busca de un futuro.
