El prestigioso politólogo argentino Gerardo Munck dialogó con El Economista y trazó las diferencias centrales entre Javier Milei y Donald Trump: desde la economía y el vínculo con el Congreso hasta la batalla cultural y los egos. Según advirtió, mientras el presidente de Estados Unidos rechaza la democracia, su par argentino “está haciendo el juego democrático”. En paralelo, analizó la concentración de poder, el mapa de la derecha en el país y el voto a la alternancia.
Munck es investigador y docente de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en la Universidad del Sur de California, especializado en democracia y América Latina.
Su visita al país se da en el marco del Día del Politólogo. Ofreció una conferencia a auditorio completo en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, invitado por la carrera de Ciencia Política, y recibió el título de Profesor Honorario de la universidad.
A continuación, la entrevista completa.
—¿En qué estado se encuentra la democracia a nivel global y regional?
—La situación no es tan negativa. Varios organismos que utilizan índices cuantitativos dicen que hay un retroceso en el nivel global de la democracia hace varios años. Hay algunos casos que son nuevos. En Estados Unidos hay amenazas serias a la democracia con el presidente Trump.
En América Latina hubo dos casos de quiebre de democracias hace ya un tiempo: Venezuela y Nicaragua. Se suman a Cuba como dictadura. Después hay muchos debates sobre otros casos. México, donde hay ciertos peligros, que se suma al caso de El Salvador con [Nayib] Bukele, donde la gente dice que hay señales de regresión.
Los analistas se enfocan en el corto y mediano plazo: ven una tendencia negativa y piensan que el país está en esa dirección. Pero después hay resiliencia. En la región, el sistema que ha tomado fuerza es la democracia. La gente no está contenta con varias cosas, pero nadie está diciendo “Yo quiero que mi país sea como Nicaragua”.
—¿Cuáles son las amenazas de Trump a la democracia estadounidense?
—Lo que Trump está haciendo son cosas que vimos en Venezuela y Nicaragua. Primer paso: tenés que ser popular y ganar una elección. Así es como se están generando estos casos en los que tienen el control de la presidencia y empiezan a acumular y concentrar poder. Primero, con el legislativo. Trump tiene una ventaja, comparado con Milei: empezó con mayoría en las dos cámaras y sabe cómo intimidar a los republicanos. Así concentró poder en el Legislativo, que no lo ha cuestionado.
Después, maneja el Departamento de Justicia. Debería ser no partidario. Trump usa un instrumento muy poderoso para iniciar juicios contra personas que son parte de una campaña de revancha.
Hay que ver qué pasa con la elección presidencial. Escuché a Trump, hace algunas semanas, decir que hay suplentes listos para jugar (J. D. Vance, Marco Rubio) y que los demócratas van a volver al poder. Un dictador no abre esa puerta.
—¿Qué similitudes y diferencias encuentra entre Trump y Milei? ¿El Presidente está intentando concentrar poder?
—Hay algunas diferencias entre Trump y Milei. A veces se los asimila demasiado. Trump entró con una economía que estaba funcionando con baja inflación, no había problemas económicos, entró con mayoría en las dos cámaras del Congreso. Milei, todo lo opuesto. Trump entró con experiencia en el gobierno. El “Trump II” es muy diferente a Milei.
Son parte del club de personalistas, con carácter. Pero Milei no hace mucho con las batallas culturales. En Trump, la parte cultural contra los inmigrantes es fundamental. La batalla cultural, la nación y la visión cristiana son más centrales para Trump. A Milei le interesa la economía. Parece que no le interesa dar la batalla cultural.
En economía política, Milei es una persona de libre mercado y quiere sacar el Estado. Trump está hablando de aranceles, Estado y quiere tomar el control de compañías. Eso es un proteccionista, le está dando más rol al Estado. Quiere tener ese poder personal: Trump no tiene una filosofía económica, tiene un ego, quiere que haya un show sobre él y generar noticias todos los días. Milei no genera tantas noticias como Trump. Para Trump ese es el fin. Milei tiene una visión fundamentalmente económica.
Por otra parte, el Congreso se plantó y rechazó los vetos de Milei. Es un papelón tremendo. No le ha pasado a Trump. En Argentina, la Justicia está actuando bastante independientemente. Milei no entró con esta vendetta con la Justicia. No lo veo con tanto poder como Trump.
—Cuando empezaba a surgir Milei como presidenciable, fue cuestionado por su relación con la democracia. Cuando le preguntaban si creía en la democracia, titubeaba, esquivaba la pregunta. ¿Considera que valora la democracia? ¿Su presidencia puede traer algún riesgo o la democracia argentina no está en peligro?
—Trump rechaza la democracia, activamente va en contra. Con los demócratas de Europa no se lleva bien; con los dictadores de Rusia y Arabia Saudita, le encanta.
Milei no critica la democracia. Bolsonaro reivindicaba el periodo militar; Milei no ha dicho eso. Sí critica derechos sociales, les saca presupuesto a los hospitales, la universidad, más servicios públicos. Pero no critica activamente a la democracia como proceso.
El primer año estaba en contra del Congreso. Ahora dice: “El Congreso está ahí”. Está haciendo el juego democrático. Está actuando dentro de las leyes: elecciones, cómo se pasan leyes. Los decretos me parecen una desviación, pero es algo que ha pasado mucho. No es el primero en hacerlo.
No lo veo reivindicando dictaduras y actuando contra democracia. Cristina Kirchner ha criticado la Justicia. No hemos visto eso en él. No ha hecho de eso una parte central de su discurso, que algunos de los líderes de derecha lo hacen.
—¿Hay una reconfiguración del sistema de partidos argentino?
—Está cambiando. Lo que cambió con el kirchnerismo es que el peronismo era una mezcla de varias cosas. Con el kirchnerismo había un grupo que tenía mucho control, más de izquierda, centro izquierda. Tiene un liderazgo que es más tirando para un lado, que antes era una mezcla. En las provincias hay distintos tipos de líderes peronistas.
Después estaban los radicales, que perdieron con el PRO. Empezabas a tener -y es importante para Argentina y su alternancia entre distintos polos ideológicos- un partido de derecha que pueda ganar las elecciones.
Milei vio que había un apetito para algo más a la derecha y le ganó al PRO, entonces hay una crisis del PRO. Eso está cambiando en la derecha.
No sé si Milei va a tener el apetito para hacer una construcción política. Parece no tener la paciencia para hacer el trabajo político. Delega a otras personas, a veces a su hermana.
En el peronismo, también está por verse. Está en cuestionamiento el liderazgo de Cristina Kirchner, está [Axel] Kicillof. La única cosa fuerte y clara es Milei. En todo lo otro, hay partes que no suman algo muy claro.
Una cosa que dicen entre la elección de 2023 y la de 2025 es que cambió el electorado de Milei haciéndose más tradicional, como era el PRO, con más apoyo en las clases ricas que en los pobres. Esto es lo opuesto a Trump. La base social de Milei y Trump es diferente. Trump es un populista nato: el pueblo contra las élites. Eso era lo que Milei tenía en 2023, pero está ocupando el sector tradicional que tenían estos grupos de derecha. Cada elección va cambiando. Está fluctuando mucho y muy rápido.
—¿Considera que la figura de Milei, pionera y disruptiva, tiene influencia en el resto de los países de América Latina? ¿O los triunfos de la derecha en la región se vinculan con el típico movimiento en conjunto?
—Tuvimos dos periodos largos en términos de ideología. En los 90 eran gobiernos de derecha que implementaban reformas de mercado. A principios de siglo, tuvimos el giro a la izquierda. Desde 2015, cuando termina el commodity boom, entramos en otra etapa: se vota la alternancia.
En Chile: [Michelle] Bachelet, [Sebastián] Piñera, Bachelet, Piñera, Boric. En Argentina lo vemos también: [Mauricio] Macri, [Alberto] Fernández, Milei. Si la gente quiere algo diferente, se tiene que ir al otro lado del espectro, no le queda otra alternativa. Es más una falta de apoyo a la gestión de gobiernos y buscar algo nuevo cada vez. Por un lado es algo positivo: no hay autoritarismo, hay elecciones transparentes con alternancia en el poder. Por el otro, no le sale bien a nadie.
Esto es, tal vez, un reto para la derecha. Ningún gobierno no peronista ha ganado dos elecciones seguidas desde que surgió el peronismo en los 40.
A veces demasiada alternancia es que nada funciona, al país no le hace bien. Argentina, con los polos que tiene, cambia de un modelo al otro muy radicalmente.
—Cuénteme acerca de su conferencia en el marco del Día del Politólogo.
—Vine invitado por la carrera de Ciencia Política de la UBA. Di una charla sobre el futuro de la democracia en América Latina. Dije que hay amenazas a la democracia, pero que la cosa no es desesperante.
Otro mensaje fue que los analistas se enfocan demasiado en la cosa política, el día a día, pero es importante ver la relación entre la política y la economía. En un proyecto de país, se necesita inversión económica, un marco en que las empresas puedan generar ingresos y usar las ganancias para reinvertir. Pero eso puede entrar en tensión con el bienestar social y los derechos sociales. Es muy difícil hacer las dos a la vez. Los países más exitosos en términos de democracia manejan esa tensión. En Argentina se va de un polo al otro. Eso genera problemas.
Argentina, con Venezuela, es el único país en la región que, después de haber superado los problemas de inflación, vuelve a tener problemas de inflación. Eso es un desmanejo de la economía que trae costos económicos y sociales. Es porque no hay el mínimo consenso. Ese es el reto.



