Las mejores frases del podcast
- El politólogo argentino Gerardo Scherlis demuestra que de las últimas 18 elecciones presidenciales en América Latina, 15 fueron ganadas por partidos que no existían 10 años antes, así que lo viejo no funciona.
- No es exclusivo de Latinoamérica. En Europa también es así. El politólogo inglés Simon Hicks habla de la holandización de la política europea. Por holandización quiere decir fragmentación.
- A la fragmentación se agrega la volatilidad porque no es fragmentación entre partidos establecidos, es surgimiento de nuevos partidos. Entonces no solamente hay un collage de muchos partidos pequeños, sino que esos partidos no son conocidos, son partidos vehículos de un líder, personales.
- Uno podría ver la emergencia de las redes sociales como una especie de baja de los costos de entrada al mercado político. Esto permite que emprendedores del mercado político puedan comunicar un mensaje a sus potenciales votantes de una manera mucho más efectiva, o efectiva en términos del capital invertido, y entonces necesitan mucho menos acordar con el sistema tradicional o con organizaciones fuera de los votantes.
- Hasta 2015, el costo de formar un partido y competir era carísimo. Si estabas instalado, tenías la capilaridad y el famoso comité en cada pueblo. Si tenías que crearlo, entonces estabas en problemas. El sistema electoral y las instituciones favorecían a los que entraron originalmente, a los pioneros. Las redes rompieron eso, porque no necesitás tener un comité en cada pueblo: basta con que cada persona tenga un teléfono en cada bolsillo. Entonces los partidos ya no sirven, no son necesarios como vehículos de comunicación. La política se desintermedió, y los partidos son la definición de la intermediación.
- Las redes sirven sobre todo para la política nacional. La política subnacional -provincias y municipios- se sigue manejando con mucha territorialidad: el cara a cara, el encuentro casual. El Presidente no se encuentra casualmente en una ciudad; el intendente, sí. Entonces ahí tenemos una política en dos niveles: el tradicional, para elegir gobernador y intendente; y el nuevo, que Milei conoce como nadie. Por eso él es presidente y no tiene gobernadores.
- La segunda parte de lo que cuenta Scherlis es que no solo los partidos viejos pierden elecciones: los nuevos, también. En los primeros 20 años del Siglo XXI, 18 partidos que no existían en el Siglo XX ganaron la presidencia. Es decir que en 20 años aparecieron, ganaron la presidencia, la perdieron y desaparecieron. 11 de 18. Dos gobiernan: México y El Salvador. Y los otros cinco están viendo qué les pasa, el PRO entre ellos, a ver si sobreviven y mantienen una cierta relevancia. La volatilidad y la fragmentación parecen haber venido para quedarse.
- Cuando en el radicalismo preguntan cuál es la persona adecuada para liderar en este momento, para mí el perfil es un tiktoker de 25 años. No sé si hay compatibilidad entre tiktoker de 25 años y radicalismo. Pero en todo caso no van a ser los viejos dirigentes de las provincias, que son buenos para administrar las provincias, pero no entienden cómo entrarle al conurbano ni cómo gestionar el país. Lo que la gente ve es que el radicalismo fue bueno para la democracia, pero no fue bueno para la estabilidad macroeconómica. Mientras haya inflación, el radicalismo no tiene mucho para aportar en la primera prioridad de los argentinos, pero tiene quizás mucho para aportar en otras cosas: controles republicanos, seguridad. Pero los partidos ya no venden, los que venden son los liderazgos. Si el radicalismo va a disputar el comité nacional, lo que debería pensar es quién es la mejor persona para encontrar un líder que pueda vender algo. Y lo que va a vender ese líder depende de cómo sea el líder, no es el partido el que se lo va a encomendar. El vendedor es el producto, el medio es el mensaje, diría McLuhan.
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Andrés Malamud se recibió con honores en la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y después hizo un doctorado en Ciencias Sociales y Políticas en el Instituto Universitario Europeo. Vive en Portugal y trabaja como investigador de la Universidad de Lisboa.
Pablo Castro es economista y politólogo. Ha sido docente en diversos cursos en la Universidad de Buenos Aires, consultor y analista financiero en Argentina y el Reino Unido.

