Tras su paso por Argentina, El Economista dialogó con Manuel Muñiz, Rector Internacional de IE University y Presidente de la Junta Directiva de IE New York College.
Muñiz, exviceministro de Asuntos Exteriores de España (en el período 2020-2021), participó, entre otras actividades en el marco de una agenda apretada, en el 61° Coloquio de IDEA en Mar del Plata.
A continuación, el diálogo completo.
Estuviste recientemente en el Coloquio de IDEA. No voy a pedirte que resumas tu exposición, pero sí que identifiques el núcleo: ¿cuál fue el mensaje central que buscaste transmitirle al empresariado argentino?
-El mensaje central fue que el orden internacional se está fracturando y que esto afecta a América Latina y a Argentina. En un contexto global de enorme volatilidad y reconfiguración de cadenas de valor, los países que prosperan son aquellos capaces de ofrecer estabilidad institucional, claridad regulatoria y una estrategia de desarrollo coherente. Argentina tiene recursos extraordinarios —energía, agroindustria, minerales, talento humano. Lo tiene todo para ofrecer valor a otros socios.
En los últimos años, factores como la desconexión energética de Europa respecto de Rusia y el potencial argentino para exportar GNL han generado expectativas sobre un rol protagónico de nuestro país en el suministro energético de Europa. ¿crees que Argentina puede convertirse realmente en un proveedor estable de energía para Europa en el mediano plazo y qué haría falta para que eso ocurra?
-Argentina puede convertirse en un proveedor relevante y estable de energía para Europa, pero eso requiere cumplir varias condiciones. Europa busca reducir su dependencia de Rusia y diversificar orígenes energéticos, y en ese esquema América Latina, y en particular Argentina, pueden jugar un rol importante. Sin embargo, el salto de potencial a realidad depende de tres factores: una infraestructura adecuada formada por gasoductos, plantas de licuefacción, puertos, un marco regulatorio estable y contratos de largo plazo que garanticen financiamiento. Europa quiere seguridad y trazabilidad ambiental; Argentina debe ofrecer previsibilidad y estándares. Si logra articular estos elementos, podría ser no solo un proveedor, sino un socio energético estratégico del continente.
Con respecto al tan demorado acuerdo UE-Mercosur, ¿qué nivel de expectativa realista se puede tener hoy sobre ese acuerdo? ¿Pensás que puede entrar en vigor dentro de los próximos 5 años?
-El acuerdo tiene un valor estratégico que va más allá de lo comercial: es una herramienta de integración política y de alineamiento regulatorio entre dos regiones que comparten valores. Sin embargo, también es cierto que enfrenta resistencias en materia ambiental, productiva y política. Aun así, soy moderadamente optimista. Si se logra un entendimiento realista, que contemple transiciones graduales, compromisos creíbles en sostenibilidad y mecanismos de cooperación industrial, podría entrar en vigor en los próximos cinco años. Más que un tratado arancelario, debería concebirse como una alianza de futuro: un marco de convergencia en innovación, energía y cadenas de suministro críticas.
En el marco de la disputa EEUU vs China, estimo que lo ideal es poder tener una relación positiva con ambos y poder maximizar esas relaciones. Últimamente, Argentina se acercó mucho a Washington y frizó las relaciones con Pekín. ¿Es posible poder tener una buena relación con ambos?
-En el actual contexto de competencia sistémica, los países medianos deben aspirar a una “autonomía responsable”. Eso significa cooperar con ambos polos, pero evitando dependencias que comprometan la capacidad de decisión. Argentina puede mantener vínculos positivos tanto con Estados Unidos como con China si adopta una política exterior basada en reglas claras, transparencia y diversificación. La cuestión no es “elegir bando”, sino actuar con coherencia y previsión: en sectores sensibles —infraestructura, tecnología, datos— conviene priorizar marcos compatibles con estándares de gobernanza global. Lo ideal es construir relaciones maduras, basadas en el interés nacional y no en alineamientos automáticos.
Una última pregunta sobre Europa. Pareciera que ha quedado un poco eclipsada en los últimos años con la disputa entre Estados Unidos y China. ¿Cómo describirías vos el presente de Europa? ¿Sería honesto decir que está perdiendo relevancia global? ¿Crees que está excesivamente hiperregulada, como critican algunos y está más anclada en el Siglo XX que en el XXI?
-Europa no ha perdido relevancia, pero atraviesa un momento de redefinición. La guerra en Ucrania, la crisis energética y la competencia tecnológica han puesto de manifiesto la necesidad de reforzar su autonomía estratégica. Europa sigue siendo una potencia normativa, un referente en derechos, sostenibilidad y regulación, pero necesita más agilidad, más capacidad de ejecución y una narrativa de crecimiento. A veces se la acusa de estar “hiperregulada”, y en parte es cierto: sus estándares son altos, pero sus procesos son lentos. El desafío es regular mejor, no menos. En lugar de estar anclada en el siglo XX, Europa está reconfigurando su modelo para el XXI, buscando combinar innovación, sostenibilidad y democracia en un equilibrio que otros aún no han logrado.


