La historia del fútbol femenino en Talleres está hecha de sueños, esfuerzo y perseverancia. Aquellas primeras jugadoras que se pusieron la camiseta albiazul lo hicieron en canchas que apenas tenían pasto, con piedras, tierra y yuyos que había que sacar a mano para poder entrenar. El agua se buscaba en bidones a la distancia y los entrenamientos se sostenían con lo que había: pecheras prestadas, conos, ropa propia y, sobre todo, una enorme ilusión.
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Ese fue el inicio de un camino que parecía imposible, pero que con sacrificio y pasión se fue construyendo paso a paso. Lo que en aquel entonces era apenas un lugar para empezar, hoy se transformó en el Centro de Alto Rendimiento Deportivo Amadeo Nuccetelli, un espacio de primer nivel que recibe a Las Matadoras con la infraestructura que se merecen.
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El contraste emociona a quienes vivieron ambas etapas. Las pioneras que vieron nacer al fútbol femenino en el Club no solo sienten orgullo por lo logrado, sino también por el legado que hoy reciben las más chicas. Y para quienes regresaron después de hacer carrera fuera del Club, reencontrarse con Talleres en este presente es volver al lugar de pertenencia, pero con un entorno que acompaña sus sueños.

La evolución del Club no se mide solo en instalaciones: se mide en la certeza de que Talleres abrazó definitivamente al fútbol femenino, dándole el lugar que merece en la vida institucional y en el corazón del Club. Hoy, nuestras jugadoras aseguraron la permanencia en la categoría, clasificaron a la fase final y se consolidaron cómo únicas punteras del grupo.

De entrenar en canchas de tierra a competir en un predio modelo, la historia de Las Matadoras refleja el espíritu de Talleres: crecer siempre, sin olvidar de dónde venimos.

