
30 junio de 2025
Suele afirmarse que los inversores esperan el resultado de las elecciones de octubre antes de tomar decisiones. Quieren asegurarse de que las políticas del Gobierno tienen el respaldo social suficiente como para asegurar su continuidad. Un resultado positivo generaría una confianza que se vería reflejada, entre otras cosas, en un descenso del riesgo país, condición esencial para volver a los mercados de deuda.
El resultado de las elecciones estará determinado, como siempre, por dos datos de la economía: la tasa de inflación y el comportamiento del dólar. Con la inflación controlada y el dólar estable, el oficialismo tendría asegurado un piso electoral de 40% en elecciones legislativas.
Es lo que enseña la experiencia de estos cuarenta años de democracia. Eso significa, que si se mantienen las actuales condiciones económicas, no haría falta esperar hasta el lunes 27 de octubre para tomar decisiones de inversión. Por el contrario, si eventualmente las condiciones económicas empeorasen, se generaría una ola de pesimismo en los mercados sin necesidad de esperar el resultado electoral que se descontaría adverso en ese caso.
Por lo tanto, no será el resultado de las elecciones el que anticipe lo que ocurrirá en los mercados sino que será la marcha de la economía la que determinará ese resultado.
La experiencia también indica que ni los resultados electorales, ni los acuerdos políticos ni los armazones legales pueden suplir los errores y las inconsistencias de una política económica. Una recordada prueba de ello ocurrió luego de los comicios de 2017.
Se descuenta que este año LLA incrementará su representación parlamentaria en ambas cámaras. De todas maneras, no tendrá el número suficiente para poder impulsar solo con sus legisladores, una agenda de reformas en línea con lo que espera el mercado. Sí tendrá las bancas necesarias para evitar que sus decretos o eventuales vetos (aunque poco probables a partir de diciembre), sean rechazados.
Pero un triunfo en una elección puntual en un contexto favorable no dice mucho sobre la continuidad de una política económica en línea con las preferencias del mercado. Un mejor aporte para ese objetivo sería lograr el apoyo de varios sectores políticos a las iniciativas del Gobierno. Debatir el Presupuesto, luego de dos años, sería un buen paso en ese sentido. Quizás los mercados deberían reclamar más diálogo y más acuerdos sobre algunas medidas económicas fundamentales con continuidad en el tiempo que apostar meramente a un resultado electoral positivo que puede estar atado a factores circunstanciales.
Pero lo relevante siempre será que la política económica sea consistente, porque ningún resultado electoral ordenará todas las variables. Y en ese frente, los desafíos que quedan por delante son muchos.
