Con un Gobierno que gana terreno en lo macroeconómico, la reorganización del peronismo es urgente si pretende evitar un mal desempeño en las próximas elecciones clave: las de la provincia de Buenos Aires y las nacionales. Ya sufrió derrotas en el norte y en CABA; ahora, el objetivo es resistir en su bastión y erigirse como oposición a nivel nacional.
Esto no es ninguna novedad. La necesidad de reordenarse y proponer ideas frescas es un consenso generalizado dentro del espacio. Pero, a pesar de la urgencia de “nuevas canciones”, las letras de esas melodías no terminaban de aparecer.
Hasta el 25 de mayo. Cristina Kirchner reapareció públicamente cuando se cumplieron 22 años de la asunción de Néstor. “Mi impresión era una foto en sepia”, sentenció Gustavo Marangoni en El Economista TV. Sin embargo, la expresidenta, por primera vez desde que asumió Javier Milei y siendo la figura más influyente del partido, lanzó un concepto nuevo y con potencial. “Una foto en sepia con algunos puntos en color que los puso Cristina”, agregó Marangoni.

La presidenta del PJ tomó el toro por las astas: “Seguir hablando del Estado presente significa no estar acorde con lo que está pasando hoy en la sociedad. Tenemos que volver a ver cómo logramos un Estado eficiente“. Un Estado eficiente, la autocrítica sobre si los votantes de Milei regresarían al peronismo y la necesidad de replantear el modelo económico son algunas de las ideas que puso sobre la mesa.
Guste o no, Milei y la sociedad (o la sociedad y Milei) sentaron las bases de un cambio de mentalidad. La motosierra y la dinamitación del Estado parecen reflejar lo que gran parte de los argentinos pidió, visible en el triunfo de La Libertad Avanza y el apoyo que mantiene.
Para el kirchnerismo, de tradición Estado-céntrica, imitar esos principios no es una opción. “La expresión de dejar la idea de Estado presente y plantear la de Estado eficiente es muy importante en un kirchnerismo que se había jactado de un modelo económico Estado-céntrico. Eso es una novedad”, indicó el consultor Carlos Fara a El Economista. La idea de un Estado eficiente tiene un potencial innegable, en tanto actualiza el discurso sin abandonar el espíritu kirchnerista.
Cristina planteó, con tono autocrítico: “Pareciera que aquellos que apostaron por Javier Milei tampoco quieren volver con nosotros, y tenemos que preguntarnos el porqué”. Aquí hay que tener en consideración que los violetas tienen mayor capacidad de penetración en el voto peronista clásico, como han demostrado en las elecciones provinciales. “La Libertad Avanza le roba votos como loco al peronismo en el interior. El voto que llevó a Milei a la presidencia fue transversal”, explicó Andrés Malamud en Fenómeno Barrial.
¿Cristina, Kicillof o ninguno de los dos?
Pero Cristina no deja de ser Cristina. “Es una persona muy inteligente, muy capaz, pero siento, por momentos, que te describe el agua mientras te ahogás”, sentenció Marangoni. Parece tarde para que la líder de las últimas dos décadas encabece la transformación del movimiento.
Importantes funcionarios del gobierno del Frente de Todos ya advierten el fin (o la imperiosa necesidad de él) del kirchnerismo. La clave sería encontrar propuestas innovadoras, ancladas en valores peronistas, y nuevos líderes que no revivan gestiones anteriores y escriban un nuevo capítulo, sin Cristina en el centro e incluso distanciándose de Alberto Fernández, como hizo Leandro Santoro en su campaña porteña. Si el nuevo líder fuera Axel Kicillof, también debería evitar lo que identifican como el error de Alberto y buscar su propio camino, como sugirió su distanciamiento en el desdoblamiento electoral bonaerense.

¿Y si Kicillof fuera el indicado? “Cristina es más incisiva en la enunciación de problemas respecto del presente y del futuro. En ese sentido, Kicillof parecería más ortodoxo: no avanza sobre qué es lo que se debería hacer, rechaza de plano al gobierno de Milei pero se queda ahí”, indicó Marangoni a El Economista. Por su parte, Fara afirmó: “La nueva canción finalmente la va a terminar escribiendo ella por este camino, porque va pasando el tiempo y ni Kicillof ni sus aliados dicen nada”.
Lara Goyburu, directora ejecutiva de Management & Fit, explicó a El Economista que “si bien Kicillof tiene menos imagen negativa que Cristina, los dos tienen una alta imagen negativa. Independientemente de la voluntad de ambos, hay una percepción social que no es positiva respecto de cada uno”.
Sobre su interna, agregó que “alrededor de 60% [de la opinión pública] considera que perjudica al espacio”. Además, en El Economista TV, señaló que es una interna que tiene importancia en la militancia peronista, pero no así en el resto de la ciudadanía, que no solo está ajena a ella sino que la ve negativamente.
Alberto Fernández mismo indicó que el peronismo hoy no se está reconstruyendo, y el principal obstáculo siguen siendo las peleas internas, tal como lo fueron durante su presidencia.
¿Y si la opción no es ni Cristina ni Kicillof? Ambos arrastran una imagen negativa. Ella, por más novedades que pueda traer, está en sepia. Él, joven y con menos pasado, pero sin ideas frescas. Si hay que correrse de la interna, exfuncionarios apuntan a figuras como Francisco Echarren -intendente de Castelli-, Jorge Ferraresi, Gabriel Katopodis y Victoria Tolosa Paz como posibles líderes de recambio. Sin embargo, la propia Cristina es la primera que parece ponerle un freno al recambio generacional, tal como lo hace hoy con Kicillof.
A meses de enfrentar los dos tests electorales más importantes del año, el peronismo parece atrapado en un círculo vicioso:
- La urgencia de nuevas melodías (con Cristina trayendo el primer contenido).
- Pero Cristina está en sepia (¿podría ser Kicillof?).
- Kicillof no plantea nuevas melodías (y Cristina le juega la interna).


