miércoles, 06 mayo
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Lo que no hemos hecho

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Semana corta signada por el entusiasmo de Javier Milei en un discurso en el que repitió su “Resumen Lerú” de economía. Fue titulada por él: “Conferencia sobre el crecimiento económico”. 

Primero: para a aclarar a los jóvenes (y recordar a los muy mayores), que aquél “Resumen” era un librito “compañero de ruta de los machetes y técnicas de copiado”, creación de Víctor Lerú. Ayudaba a los “vagos” a aprobar. Comparado con el telegrama que leen hoy sería una Enciclopedia para cada materia del secundario. 

Segundo: si Camilo José Cela estuviera vivo, habría incorporado la Conferencia a su “Diccionario Secreto” (inconcluso) de “malas palabras” o palabras que suenan mal, de las que Cela hizo un análisis linguístico y un viaje por la literatura de siglos, detrás del origen muy noble de esas palabras. 

Milei se dedicó a burlar, insultar y convocar al odio a economistas, políticos y periodistas. No fue “el loco de la bandera”. No. Por el entusiasmo del salón, fue un “abanderado”: acompañaron esos insultos con espíritu de masas. Ministros, legisladores -a sueldo de Milei- y empresarios: los mismos que aplaudían a Cristina, que se juntan con JL Manzano empresario, o que adoran a Patricia B. montonera (los que secuestraban y asesinaban empresarios) que cantaba “no somo putos, no somos faloperos, somos de FAR y montoneros”. Hay videos. 

Monedas de carry

Tercero: los insultos del presidente fueron aplaudidos por el público. Personas con mucho Lerú encima y activos atletas del pedal financiero que, gracias a los destacados miembros de la consultora Anker (de la que todos somos “punto”), practican con garantías el generoso sudor del carry trade. Para una definición de “aplauso”, acudimos al “Diccionario del Diablo” de Ambrose Bierce, que del “aplauso” dice: es “el eco de una tontería, monedas con que el populacho recompensa a quienes lo hacen reír y lo devoran”. Monedas de carry. 

¿Dónde estamos? No hemos llegado aquí por obra de Javier. Estamos aquí como consecuencia de muchísimos años de políticas equivocadas si es que las juzgamos por sus resultados. Nadie puede negar dónde estamos. Hay allí coincidencia. 

El debate es por las causas que se pueden sintetizar en la fecha donde, para cada uno, comienza el quiebre o la decadencia. La “decadencia” es un concepto que requiere la existencia de un período previo de “progreso”. Podemos tener diferentes ideas acerca de qué es “progreso”. 

"Si devaluamos explota todo por los aires, se acabó Milei. Se acabó todo", dijo Arriazu.
Ricardo Arriazu.

Ricardo Arriazu, el mentor de la tablita de la Dictadura Genocida que hizo estallar la economía a base de deuda externa e inspirador de la tablita Caputo que acaba de fracasar, sostiene que “venimos de 120 años de decadencia” (LN, 5/6/24). Es 1900 el punto de quiebre. Para Milei “venimos de una decadencia de más de 100 años” (en España, 17/5/24, eldoce.TV). 

Punto de quiebre: 1975

Pero medida por la caída del ritmo de crecimiento del PIB ph o el crecimiento de la pobreza o de la desigualdad, en general los economistas -incluyo a exponentes del liberalismo o del monetarismo o de la ortodoxia como G. della Paolera y F. Sturzenegger en sus libros recientes, o la mayor parte de los miembros de la profesión- identifican (por distintas razones) como punto de quiebre el año 1975

El gráfico del Banco Mundial que refiere la relación de la inversión de capital, formación bruta de capital fijo en las Cuentas Nacionales, como porcentaje en relación con el Producto Interno Bruto, pone en evidencia dos economías argentinas abismalmente distintas desde el punto de vista del crecimiento, el desarrollo y el progreso que, como nos enseñó Julio H.G. Olivera, no significan lo mismo. 

El gráfico que parte de 1960 refiere un período de casi 20 años en el que las decisiones de inversión alcanzan, en el extremo, un máximo de 31% del PIB. Esas decisiones, naturalmente, se toman dos, tres o cuatro años antes de comenzar a materializarse. En promedio, entre 1960 -comienzo del gráfico- y  1978 -cuando alcanza el máximo de 31% sobre el PIB-, en esos 18 años la relación inversión / PIB es el doble o más del doble, que desde 1979 hasta 2023, período en el que ocurre la debacle con que comienza el Siglo XXI.

Inversión de Capital/PIB (%) Serie Histórica del Banco Mundial 

EE
 

El gráfico viene a cuento del tema que, supuestamente, expuso el presidente en su conferencia. 

Cualquiera sea el ámbito o la causa, por la que deciden invertir los agentes económicos, desde el entorno de 1975 la tasa de inversión se derrumbó. 

De acuerdo con las estadísticas del Banco Mundial hoy, sobre 154 países ocupamos el puesto 128 con una tasa de inversión a PIB de 17,6%. Pero no somos un país “capitalizado”. Y tampoco con un alto nivel de PIB ph. Nuestro PIB ph a dólares corrientes es de US$ 14.187: ocupamos el puesto 66 en el ranking. 

Con poca inversión estamos muy arriba: vivimos del pasado. 

Pero de este presente no van a vivir nuestros hijos si no cambiamos. O volvemos a las “espantosas épocas en las que invertíamos y crecíamos”. 

En el país la participación en la fuerza laboral es de 60,8% y  ocupamos el puesto 99 a nivel mundial. En Suecia es 67% y en Nueva Zelanda es 72%. Pocos trabajamos.

En exportaciones de bienes y servicios ocupamos el lugar 142 en el ranking mundial con 12,7% sobre el PIB. 

Ninguno de estos números per se dice mucho acerca de nosotros, pero es necesario ponerlos en blanco y negro para señalar que no está bien que el ministro de economía o el presidente de la Nación postulen cosas tan poco sensatas como que “somos el mejor alumno” o que somos uno de los cuatro o cinco países del mundo que…cualquier cosa. No hay números comparados que hablen bien de nosotros.

Los discursos entusiastas son, en el mejor de los casos, propios de adolescentes que adoran el autoelogio. La economía argentina está muy, pero muy mal. Pobreza, desinversión, estancamiento, deuda externa. No por Milei. El heredó una economía espantosa. 

Los economistas que analizan la coyuntura señalan una década de estancamiento y este momento “Anker” a duras penas y de una manera temerosamente heterogénea (desequilibrada) está alcanzando los máximos de una economía que, para el gráfico del Banco Mundial, es una economía sin futuro porque es una economía sin inversión. Lo que se arrastra hace 50 años. 

Aún estos picos que nos llevan a los picos de hace 10 años, la salida en “V” y el “pedo de buzo” (tan distinguido) se derrumban si lo hacemos en términos por habitante. 

Crece la desigualdad y se estaciona la pobreza

Si volvemos a 10 años atrás hay que aceptar que, siendo muchos más habitantes, hay menos para cada uno. Por eso crece la desigualdad y se estaciona la pobreza.   

Los argentinos para sobrevivir la dureza cotidiana necesitan “esperanza”. A la mayoría y parece que a los más jóvenes, el gobierno de Milei se la está ofreciendo: los encuestadores, todos, sostienen que una proporción mayoritaria de los argentinos (los jóvenes) tienen esperanza en lo que Milei les ofrece. 

Hasta aquí Milei les ofrece un futuro inmediato de demolición. Demoler el fracaso. Los insultos a todos los que no están sometidos, embelesados, con su discurso, generan un entusiasmo y, como hemos visto esta semana, una cadena de aplausos. Ni hablar de los periodistas, casi la totalidad, de los grandes medios, radios, televisión, prensa gráfica, que le rinden admiración y hasta festejan un lenguaje arrabalero, procaz, impresentable. 

Los debe motivar la esperanza porque, salvo a los muy pocos que facturan el carry trade, al resto de los argentinos las bonanzas del supuesto equilibrio de la macro, no les ha llegado en términos ni de presente ni de horizonte concreto. Es más, para mucha de la gente de la clase media, como sostiene el analista Oliveto, se les está picando el boleto del viaje a la pobreza. 

Pero hay esperanza. Y haberla generado, con tan poco, es una virtud que hay que reconocer. 

Pero la esperanza en la Tierra no es eterna. Supone que nos asomamos al progreso, al desarrollo o al crecimiento. Pero ninguna de esas dimensiones del futuro se presenta si no asistimos a un proceso de inversión sistémico. Y la palabra sistémico sugiere “completo” y al mismo tiempo. No alcanza ni con Vaca Muerta ni con el litio. 

Para eso “la política” -la que llevan a cabo los libertarios y la que deberían llevar a cabo los que aspiran a reemplazarlos- debe construir un “proyecto sugestivo de vida en común” y si Ud. quiere un proyecto de “vida buena” en común, sin excluidos, sin desigualdades extremas y con la idea solidaria que nos enseñó Francisco “nadie se salva solo” y con la certeza, no aprendida, que no hay derechos sin acumulación previa. Es decir lo que no hemos hecho este medio siglo.

papa mate
 

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