
El Gobierno nacional finalmente envió al Congreso de la Nación un proyecto para eliminar las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), a través de la llamada Ley de Reforma para el Fortalecimiento Electoral, que también incluirá modificaciones a la Ley Orgánica de Partidos Políticos y al sistema de financiamiento de las campañas electorales. Este conjunto de propuestas busca justificar la eliminación de las PASO argumentando su alto costo, su aparente inutilidad y el cansancio electoral de los ciudadanos. Desde estas líneas, intentaremos mostrar algunas consideraciones a las críticas que le realizan y analizar cómo se podría mejorar la herramienta.
Desde que se implementaron en 2011, las PASO tuvieron un objetivo claro: democratizar la selección de candidatos, ordenar el panorama electoral y fomentar la competencia interna dentro de los partidos. Algunos objetivos fueron mejor cumplidos que otros, pero sin dudas las PASO no solo ordenaron el panorama electoral, sino que también frenaron la fragmentación descontrolada del sistema de partidos.
Gracias al umbral del 1,5%, muchas fuerzas políticas se vieron obligadas a construir alianzas más fuertes y competitivas, evitando la proliferación de candidaturas unipersonales. Coaliciones exitosas electoralmente como Juntos Por el Cambio usaron las PASO como regla para dirimir diferencias y candidaturas. De hecho, Cambiemos, su marca anterior, arrancó con una competencia entre los líderes que dieron forma a esta alianza.
Aunque debemos reconocer que las PASO no lograron transformar profundamente las estructuras partidarias —que siguen dominadas por sectores con control del aparato interno—, sí abrieron espacios para la competencia interna. Y esto, aunque no siempre sea visible, es un avance en términos de democratización política.
Además, el uso de las PASO ha crecido con el tiempo. Según un análisis reciente de Aguerre, Cruz y Magnasco (2023), el promedio de listas que compiten internamente ha aumentado en categorías como diputados y senadores nacionales. Desde el Observatorio de Instituciones Políticas del Instituto Lebensohn, actualizamos la información disponible a 2023, y medimos la pendiente de uso de las primarias que arroja un resultado positivo. Incluso provincias que antes ignoraban esta herramienta ahora la están usando más.
Alternativas para mejorar las PASO
Si el problema son los costos o la percepción de su utilidad, tal vez no sea necesario eliminarlas por completo. Existen propuestas que podrían mejorar su funcionamiento y reducir su impacto económico:
- Para la reducción de costos, el Congreso ya avanzó en la consecución de la reforma más importante: la boleta única. Con la boleta partidaria, para que exista igualdad de acceso, el dinero destinado a la impresión de boletas se transforma en uno de los mayores gastos, que se ve reducido luego en las generales. Hoy, con la boleta única, el gasto destinado a la impresión se verá reducido.
- Reducir el tiempo entre las PASO y las generales: Esto evitaría las transiciones políticas interminables, como la de 2019, y le daría mayor dinamismo al sistema.
- Incluir a los perdedores en las listas finales: Permitir que los precandidatos que pierden en las internas tengan chances de integrar las listas mediante un sistema proporcional incentivaría la unidad y fortalecería las alianzas.
- Analizar la conveniencia de hacer obligatoria la elección sólo para las fuerzas políticas que tengan alguna interna. De esta manera, definen los electores, hay un tercero no involucrado (el Estado) y se promueve el debate interno en las fuerzas y los partidos.
¿Y ahora qué?
El futuro de las PASO está en juego, y la discusión que se viene en el Congreso será clave para definirlo. Por un lado, tenemos un gobierno que apuesta a eliminarlas como parte de un paquete de reformas más amplio.
Por el otro, sectores opositores y ‘dialoguistas’ que proponen mantenerlas con ajustes. Pero hoy, más que nunca, el futuro de las primarias argentinas dependerá de las negociaciones políticas en el Congreso, donde el oficialismo y sectores del peronismo tendrán un rol central en alcanzar acuerdos decisivos.
Más allá de las posturas, lo que está claro es que cualquier decisión que se tome tendrá un impacto profundo en la política de nuestro país. Las PASO no son perfectas, pero demostraron ser una herramienta útil para ordenar la política y garantizar un mínimo de competencia interna en los partidos. El desafío ahora es encontrar un equilibrio entre los costos y los beneficios, sin sacrificar la calidad de nuestra democracia.
Porque al final del día, la pregunta no es si las PASO cuestan demasiado, sino si estamos dispuestos a pagar el precio de una política más fragmentada, desordenada y menos representativa.
