El “arquetipo” del político, para J. Ortega y Gasset, fue (es) Mirabeau; quien señaló que “la Religión nos recuerda el espíritu fraternal, suaviza nuestro corazón”.
Cuando la “Guardia Pretoriana” de LLA, con pancartas de religiosidad, que invocaban a Dios, pronunció discursos en San Miguel, sus palabras no fueron “ni suaves de corazón ni convocaron a un espíritu fraternal”.
Lejos de ello, las “Fuerzas del Cielo” –brazo armado…de celulares, armas de difamación y agresión– dieron comienzo a una furiosa campaña contra la “gente de mal”, que son aquellos que no comulgan ni celebran la causa libertaria o, en el lenguaje de sus líderes, los “zurdos hijos de puta”. Según el Gordo Dan y el intelectual Agustín Laje, “esos” deben desaparecer para que reine el bien.
El mensaje de Laje fue “sabemos quién está en cada bando por primera vez en la historia. De un lado estamos los que defendemos la vida y la dignidad humana; y del otro lado están los zurdos hijos de puta” (LN 19/11).
Sólo falta que digan “sabemos dónde están e iremos por ellos”. ¿Usan la religión (“fuerzas del cielo”, invocaciones a Dios) para desatar el odio y enardecer al corazón? Sí.
Ya vimos en la historia reciente esas invocaciones de un bando y del otro. Nada nuevo y todo lamentable.
La LLA, partido nacional, ha formado su “Guardia Pretoriana”, para proteger a quien ellos quieren “emperador”. Recordemos que la “cohortes praetoriae”, luego de un tiempo, fue una amenaza para el poder imperial de Roma y éste debió “comprar” su favor para poder gobernar. Con el concurso de la Guardia, muchos emperadores fueron asesinados. Recibieron enormes privilegios, muchos en efectivo. “El valor” en los guardianes, nos enseña la historia, no apaga su codicia. Lo veremos.
Tal vez lo estamos viendo en el entusiasmo oficialista de algunos periodistas. Otra vez 678 y un clima turbio. El reciente episodio radial protagonizado por M. Longobardi, liberal y de derecha, insultado (“hijo de puta”); la vergonzosa gambeta radial del Jefe de Gabinete, kirchnerista hasta dos meses antes del triunfo de Javier Milei y la insólita lavada de manos de J. Viale, en el éter, señalan donde calienta el sol.
Hechos que forman el clima de época en que el insulto, de origen oficial, promueve la violencia: insultar es “saltar al otro”. Es una réplica de la violencia del kirchnerismo.
Si analizamos todos los gobiernos de nuestros 40 años de democracia hay un problema común en el entorno juvenil y el aislamiento del Gobierno que esos entornos producen. No es justo igualar las condiciones morales e intelectuales de esos distintos entornos juveniles. Pero desde la Junta Coordinadora de Alfonsín, la “Carpa” y la UCD de María Julia y los disimulados Montoneros travestidos, con Carlos Menem, los disparates del Grupo Sushi con Fernando de la Rúa y los estragos con Néstor, Cristina y Fernández, de La Cámpora y los infiltrados “progre” como A. Kicillof; o los jóvenes CEO (de cuarta) y el tridente de “la boca, los ojos y oídos de Macri”, hay algo poderoso en común. Y es que los gobiernos de la democracia, más allá de méritos y errores, estuvieron muy condicionados, lo permitieron sus líderes, por los “jóvenes” que rodearon al Palacio.

Los jóvenes transportan visión de “campaña” y esto produce el aislamiento del Gobierno respecto de los líderes de sus partidos y también de la realidad social, que sólo puede transmitir un permanente y fluido, contacto con todas las capas dirigenciales de la política, la dirigencia empresarial y sindical, los think tanks de distintas vertientes ideológicas, los miembros de los grupos culturales y religiosos.
Estas son las voces que reflejan el “escenario” dónde las cosas ocurren. Los jóvenes militantes, que rodean a sus gobiernos, son una claque que distrae de lo que ocurre en el escenario de la vida pública. Ayudan a ganar elecciones, mejoran las mediciones, pero perturban -por confundir- al que debe gobernar. Son siempre un “diario de Yrigoyen”. No es la realidad y distrae.
Los “entornos juveniles” son los entusiasmos de campaña. Es lo que alienta la Guardia Pretoriana de LLA que se suma a la influencia de los encuestadores que, en algunos casos, venden “fotografías del pasado inmediato retocadas” y “aseguran” la repetición a futuro de esas fotos. Este combo termina aislando de la realidad a quien gobierna: es el divorcio de la política.
Milei no tiene un partido previo a su candidatura: construyó el propio. No tenía los US$ 30.000 millones para dolarizar, ni un “equipo” que estuviera listo para gobernar. Sólo audacia y formidable capacidad de entusiasmar al público joven, más la astucia extraordinaria, sin límites, de Santiago Caputo. Ganó. Carambola.

No tiene un partido al que consultar ni al que nada que explicar.
La Guardia Pretoriana, los ejércitos de Caputo, forman un cuerpo de ataque. Pero terminan por aislar al gobierno de la realidad que debe gobernar. El síndrome del Quinto Piso -los edulcorados informes de la “realidad” que alimentan al ministro de Economía- es una enfermedad habitual y más grave cuando algunos indicadores “brillan” y por lo tanto “encandilan” al funcionario. Cuando Milei se ufana de que los salarios se hayan triplicado en dólares, la oscuridad en la que lo colocan los miembros de la Guardia y el periodismo militante, es preocupante.
Existen economistas de cuño liberal y formación académica; sectores empresariales y sindicales de la producción que, si bien celebran muchas de las decisiones y resultados de las políticas que Milei ejecuta, tienen diagnósticos críticos que sólo se pueden expresar en un clima de concordia y con tiempo. Pero hay primero que aventar el miedo que silencia, hasta a quienes coinciden con la doctrina y la política. Entre el insulto y el miedo. ¿Y si está desnudo?
Cuando Milei avala la existencia amenazante de una Guardia Pretoriana que grita que los que no aplauden son “hijos de puta”, establece una muralla de incomprensión: el fin del diálogo, de la palabra y de la civilización que es el proceso que implica el fin de la violencia. El insulto como práctica es la prédica de la incivilización. Una medida de nuestra decadencia que, como muchos sostienen, no es sólo económica. La económica, que la hay, es una consecuencia de la decadencia de la vida social cuya manifestación es la violencia, que es una forma de la corrupción.
En este clima de monólogo y de ímpetu imperial, las noticias de la economía que importan al Gobierno no pueden ir mejor: la inflación declina, la brecha cambiaria se desvanece, el tipo de cambio paralelo se derrumba, los bonos vuelan y el riesgo país se desploma aceleradamente.
Nada mejor es posible para los indicadores que mira el Gobierno cuya política es “mantener el equilibrio fiscal” y reducir el gasto público y también, como ya lo ha hecho, reducir la carga impositiva a los ricos; y ahora los impuestos y aranceles a las importaciones para presionar a la baja de la inflación en pesos. Porque la inflación en dólares vuela. Volvió la Argentina cara. Las consecuencias de las políticas, que es lo único importante, a Milei no le importan. No es nuevo.
El Gobierno no frena la lengua (alienta pasiones de la Guardia Pretoriana) pero despliega un “sentido práctico” que avala el ejercicio de la contradicción.
Los libertarios del poder, que repiten que los controles de precios han fracasado desde hace 4.000 años, sin embargo, mantienen programado el tipo de cambio y lo atornillan con un cepo. El precio clave de la economía está atornillado y hay inflación en dólares.
Tal vez sin esa contradicción todos los éxitos, antes citados, no estarían vigentes.

Ese solo hecho habla de una “debilidad” que la reunión del G20 ha revelado: Milei no sólo firmó lo que no iba a firmar sino que se reunió con el líder del Partido Comunista de China para lograr la continuidad del swap sin el cual la estantería corre el riesgo de desmoronarse. No es cierto que China no ponga “condicionalidades”: por ejemplo, tendremos que continuar la construcción de las represas de Santa Cruz que habrán de generar una energía (por ahora sin transporte) a un costo imposible y una deuda gravosa por demás.
Los Kirchner, con su irresponsabilidad habitual, lo hicieron, pero la estrategia de Caputo se torna difícil sin la continuidad del swap chino y otras cositas habrá que poner a disposición del Celeste Imperio. Los dólares mineros y gasíferos tardan en llegar.
Mientras tanto, un análisis de la capitalización bursátil de 21 empresas argentinas (La Nación17/11) revela que, desde que asumió Milei, las empresas valen mucho más del doble que lo que cotizaban antes del triunfo de los libertarios. ¡¡Guau!!
El cuadro revela gran coherencia entre números (los resultados) e ideas del equipo económico. Caputo es “las finanzas” y los 5 bancos que integran el panel vieron crecer el valor de sus empresas, desde que Caputo maneja, en 383%. La política beneficia sin fisuras al sistema financiero: los bancos y el carry trade. Las finanzas obviamente apoyan.
Le siguen nueve “concesionarias”, algunas empresas que fueron del Estado: con Javier el valor de esas empresas aumentó 273%. No hay quejas en el mundo de las finanzas y las concesiones. Por eso cuando se lanzó la Fundación Faro, la batalla cultural, entre los primeros en el abrazo a los líderes, estaba J. L. Manzano. Todo vuelve.
En el listado (Cocos Capital) dos grandes empresas industriales exportadoras perdieron el 25% de su valor.
La radiografía revela de donde viene el entusiasmo, mientras el empleo no sube y la formación de capital, según O. Ferreres, promedia 17,2% del PIB, que apenas alcanza para reponer stock y está lejos de anunciar crecimiento, aunque haya recuperación.
Con estos datos, que hacen felices a pocos, que son nafta que alcanza para algún tiempo, es astuta la estrategia de insultar, insuflar miedo y poner en marcha una Guardia Pretoriana, porque alguien puede gritar que “el emperador está desnudo”. Y se puede provocar una estampida: es que hay pocos dólares, “lo de siempre en la calle y en mi”.
